Concordia, Entre Ríos, es una de las principales ciudades del litoral argentino. En esta sección se abordan noticias vinculadas a la política local, economía, desarrollo social, pobreza estructural, empleo y gestión municipal, con análisis y contexto regional.
En el año 2020, bajo la gestión del ex intendente Enrique Cresto, medio centenar de familias adquirieron lotes con la promesa de servicios incluidos. Sin embargo, en pleno 2026, descubren que las tierras ubicadas en la zona noroeste de Concordia pertenecen al IAPV, las medidas son menores a las pactadas y no cuentan con una sola conexión de agua o cloaca.
La ilusión de la casa propia se ha transformado en una pesadilla legal y económica para un grupo de 50 familias concordienses. Lo que comenzó como una operatoria legítima de compra-venta con el Estado Municipal hace seis años, hoy se revela como un entramado de «errores gruesos» y promesas incumplidas que mantiene a los compradores en un limbo jurídico.
Terrenos ajenos y trámites frenados
La irregularidad más grave radica en la titularidad dominial, los terrenos que el municipio vendió como propios en el 2020 pertenecen, en realidad, al Instituto Autárquico de Planeamiento y Vivienda (IAPV).
En diálogo con este medio, uno de los damnificados relató la angustia de la espera: «Compramos en 2020, pero estamos en 2026 y todavía no podemos ocupar nada. El escribano nos informó que el presidente del IAPV aún no firmó la resolución para ceder los terrenos al municipio. Es una falta de respeto total». La próxima semana, los profesionales legales volverán a la delegación del IAPV para intentar destrabar un trámite que lleva años de retraso.
El «achique» de los lotes y la estafa de los servicios
Como si el conflicto de papeles no fuera suficiente, los agrimensores se encontraron con un problema físico: el espacio no alcanza. La gestión de Cresto vendió 50 lotes con dimensiones de 10×20 metros, pero al momento de medir en el territorio, se percataron de que no entran.
«Ahora nos quieren dar terrenos de 9×18 metros. Nos vendieron una medida y nos entregan otra porque calcularon mal», denunció el vecino, quien también puso el foco en otra promesa incumplida: los servicios básicos.
«Nos vendieron los lotes con cloaca, agua y todo incluido. Hoy, esos servicios no existen. Y lo peor es que ahora pretenden que paguemos nuevamente para que nos den las conexiones. Ya pagamos la totalidad de los terrenos a la gestión anterior y nos quieren volver a cobrar por lo que ya era nuestro», graficó indignado.
El impacto económico: entre el alquiler y la desidia
La mayoría de los afectados son familias trabajadoras que hoy deben afrontar el pago de alquileres cada vez más altos mientras ven cómo su capital permanece inmovilizado en un lote que no pueden tocar.
Hasta el momento, ninguna autoridad de la gestión anterior ni de los organismos involucrados ha brindado una respuesta clara que solucione el conflicto de fondo. Mientras tanto, los vecinos de Concordia siguen esperando que el Estado, ese que les cobró por un sueño, finalmente les entregue la realidad que compraron.
Con la publicación de la Ordenanza 38.793 en el Boletín Oficial y el Decreto 274/2026, la Municipalidad de Concordia oficializó la disolución del InVyTAM y dejó por escrito cómo se manejará de ahora en más: el municipio absorbió todos sus bienes, funciones y deudas —incluso las que puedan aparecer después—, dio de baja los cargos políticos y trasladó a Rentas el cobro de las cuotas, concentrando en la órbita municipal el control total y la toma de decisiones sobre tierras y viviendas.
Tras la aprobación del Concejo Deliberante, el Departamento Ejecutivo Municipal formalizó la medida mediante el Decreto 274/2026. Así, el organismo dejó de existir y todas sus funciones pasaron a la órbita de la Municipalidad de Concordia.
La clave está en cómo se concreta el traspaso. La ordenanza establece que el municipio se convierte en “continuador jurídico” del ente. En la práctica, esto significa que asume todo: bienes, programas en curso, expedientes, contratos y también las deudas..
Deudas y responsabilidades: lo que aparezca, se paga
El Artículo 2° deja claro que la Municipalidad absorbe activos y pasivos. Pero además, contempla que si surgen deudas no registradas con posterioridad al cierre, también deberán ser asumidas por el Estado local.
Al mismo tiempo, el Artículo 7° aclara que esta absorción no implica eximir responsabilidades. Es decir, si hubo irregularidades en la gestión del InVyTAM, pueden ser investigadas. La norma lo permite; quedará por verse si ocurre.
Funcionarios: se desarma la estructura, con una excepción
La ordenanza deja sin efecto todos los cargos políticos del organismo. Sin embargo, mantiene al presidente del InVyTAM, quien pasará a encabezar la Comisión Transitoria de Transferencia.
Esa comisión, integrada por tres miembros, tendrá la tarea de realizar el inventario y determinar el estado contable y financiero real antes del cierre definitivo. Es decir, ordenar qué se entrega y en qué condiciones.
En cuanto al personal, el Ejecutivo podrá redistribuirlo en distintas áreas municipales según las necesidades.
Cuotas de viviendas
Para quienes están pagando viviendas o lotes, no hay cambios en las condiciones:
– Las obligaciones siguen vigentes.
– La Municipalidad será ahora la encargada de cobrar.
– La Dirección General de Rentas administrará cuotas, deudas e intereses.
– El Ejecutivo podrá implementar planes de pago o regularización.
En síntesis, cambia quién gestiona el cobro, pero no la deuda.
Reorganización en Obras Públicas
Las funciones que tenía el InVyTAM se integrarán a la Secretaría de Obras Públicas. Allí se formalizan áreas como la Dirección de Regularización Dominial, que se encargará de tierras y escrituración, y la Dirección de Gestión Comunitaria, orientada al vínculo con los barrios.
El esquema apunta a concentrar en una sola estructura la política habitacional y territorial.
Un cierre formal, con impacto abierto
Con la publicación en el Boletín Oficial, el cierre del InVyTAM pasa a ser un hecho administrativo consumado. El municipio gana control directo sobre una de las áreas más sensibles de la gestión, pero también asume una mochila completa, cuyo peso real —sobre todo en materia de pasivos— recién empezará a medirse con el tiempo.
Un grupo de dirigentes y militantes justicialistas confirmaron que promueven el regreso del ex intendente al Palacio Municipal. Lo definen como el referente capaz de lograr el consenso necesario para que el PJ recupere la conducción de la ciudad tras la histórica derrota de 2023.
El tablero político de la «Capital del Peronismo» comienza a registrar movimientos sísmicos. Mientras la oposición interna y externa aún procesa el nuevo escenario político de la ciudad, un sector de la militancia justicialista ha decidido romper el silencio y lanzar una propuesta que promete agitar las aguas del PJ: el regreso de Enrique Cresto a la intendencia en 2027.
¿El regreso del “mariscal de la derrota”? Cresto empieza a moverse en un PJ sin rumbo claro
Por lo bajo, pero cada vez con menos disimulo, comienza a tomar forma un operativo retorno. Quien supo ser señalado en su momento como “el mariscal de la derrota” intenta ahora reposicionarse en un escenario donde el peronismo local todavía no logra digerir la caída de 2023.
Desde su entorno, la narrativa ya está en marcha: aseguran que Enrique Cresto es “el dirigente con mayor capacidad para amalgamar a las distintas vertientes del peronismo concordiense”. En ese sentido, fuentes cercanas al armado deslizan que se trata de “uno de los máximos referentes que puede lograr el consenso necesario en este momento crítico”.
Pero más allá del discurso, lo que aparece es una jugada política clara: ocupar el vacío. En un PJ golpeado, sin conducción definida y aún en estado de shock tras perder un bastión histórico, moverse primero no es un detalle menor.
El eje en la gestión… y en la memoria selectiva
Los impulsores de su candidatura apuestan a una estrategia conocida: poner en valor la gestión. Hablan de una “trayectoria de obras” y de “buena administración” durante sus dos mandatos como intendente, intentando reinstalar la idea de experiencia como activo central.
El argumento no es casual. En medio de un contexto social y económico complejo, buscan posicionarlo como una figura con “capacidad probada” y “convicción para sacar adelante la ciudad”.
Sin embargo, la apuesta también abre interrogantes. ¿Alcanza con reivindicar el pasado cuando ese mismo pasado fue parte del ciclo que terminó en derrota? ¿Se trata de memoria política… o de memoria selectiva?
Un peronismo que empieza a moverse (aunque tarde)
La reaparición de Cresto no ocurre en cualquier momento. Llega en medio de un peronismo local que, tras perder 40 años de hegemonía en Concordia, había entrado en una especie de letargo político.
Sin nombres lanzados, sin conducción clara y sin un relato renovado, el PJ parecía más enfocado en procesar la derrota que en construir futuro.
En ese contexto, el movimiento del “crestismo” cumple una doble función: ordenar hacia adentro y provocar hacia afuera. Marca la cancha dentro del partido y, al mismo tiempo, obliga al resto de los sectores a salir de la indefinición.
Lo que no se dice
El intento de regreso también expone una tensión de fondo: la dificultad del peronismo local para generar nuevos liderazgos. Cuando las caras vuelven a ser las mismas, el mensaje hacia la sociedad puede resultar ambiguo.
¿Es experiencia… o falta de renovación?
La pregunta, por ahora, queda abierta. Pero lo cierto es que la carrera hacia 2027 en Concordia ya empezó. Y algunos, como Cresto, decidieron no esperar.
Guillermo Paulino denunció que su expareja viajó con el menor a Eldorado bajo promesa de retorno en febrero, pero nunca volvió. Al acudir al domicilio de la madre en Concordia, descubrió que estaba desocupado. La justicia local ya interviene en el pedido de restitución.
Lo que comenzó como un viaje familiar de verano se transformó en una pesadilla legal y emocional para Guillermo Paulino, un joven padre de nuestra ciudad. En diálogo con 7Páginas, Paulino relató el calvario que vive desde enero, cuando autorizó a la madre de su hijo, Jairo, a viajar a la provincia de Misiones para pasar las vacaciones.
Una partida sin retorno
Según explicó Guillermo, el viaje se inició el 26 de enero de 2026 con destino a Eldorado, donde la madre tiene familiares. «La fecha de retorno era para los últimos días de febrero, antes de mi cumpleaños», detalló el padre. Sin embargo, con el paso de los días, las respuestas de la mujer se volvieron evasivas.
El momento de mayor alarma ocurrió cuando Paulino decidió acercarse al departamento donde residía la madre en Concordia: se encontró con que el inmueble estaba completamente desocupado. «Instantáneamente hice la denuncia en la Policía del Menor e iniciamos con mis abogadas una medida cautelar por restitución», afirmó.
El conflicto judicial: ¿Dónde está el «centro de vida»?
A pesar de que las clases ya comenzaron, el pequeño Jairo continúa en Misiones. La defensa de Guillermo, encabezada por las doctoras Daniela Maciel (Mat. 9095) y Victoria Gallo (Mat. 9749), enfrenta hoy una serie de dilaciones procesales.
El punto de mayor conflicto radica en que el abogado de la madre interpuso una excepción de incompetencia, argumentando que el «centro de vida» del niño se encuentra ahora en Eldorado. Para Paulino, este argumento es infundado: «Sostienen que su centro de vida está allá, cuando solo estuvo un mes de vacaciones residiendo en esa ciudad, mientras que toda su vida se desarrolló en Concordia».
A la espera de una resolución
Actualmente, la Jueza de Primera Instancia de Concordia ya se declaró competente para entender en la causa, reafirmando que el caso debe resolverse en nuestra ciudad. No obstante, la contraparte ha apelado esta decisión, por lo que el expediente se encuentra ahora en manos de la Sala correspondiente.
«Estamos a la espera de que la Sala resuelva. Jairo debe volver a su hogar, a su escuela y a su entorno», concluyó Guillermo, quien espera que la justicia actúe con celeridad para garantizar el derecho de comunicación y la restitución inmediata del menor.
Efectivos de la Comisaría Frigorífico Yuquerí intervinieron este domingo en un siniestro vial ocurrido sobre la Ruta 22, a la altura del establecimiento “Don Luis”, aproximadamente un kilómetro antes de llegar al paraje El Blanqueado.
El hallazgo del vehículo
Al arribar al lugar, los funcionarios policiales se encontraron con una camioneta Ford Maverick XLT 2.0L, tipo pick-up de cabina doble, que presentaba “indicios de un despiste”. Sin embargo, el dato que llamó la atención de los uniformados fue que la unidad se encontraba “sin ocupantes” al momento del hallazgo, lo que dio inicio a una serie de diligencias para determinar qué había sucedido con las personas que viajaban en ella.
Investigación y localización del conductor
Ante la ausencia de responsables en la escena, se iniciaron “arduas tareas investigativas para dar con el paradero de quien habría conducido la camioneta”. En el operativo participó personal de la División Investigaciones e Inteligencia Criminal, quienes tras las pesquisas correspondientes lograron identificar y localizar al propietario.
Según el parte oficial, los efectivos lograron establecer contacto y “entrevistó al conductor” para sumar su testimonio a las actuaciones de rigor. Hasta el momento, no se han informado de manera oficial las causas que provocaron el despiste ni los motivos por los cuales el vehículo fue dejado en el lugar tras el incidente.
En la jornada de este jueves 9 de abril se llevó a cabo en los tribunales de Concordia, la audiencia de juicio abreviado contra el abogado Pedro De La Madrid, imputado en el marco de una causa investigada por la fiscal Daniela Montangie.
Durante la audiencia, De La Madrid reconoció los hechos que se le atribuían y admitió su responsabilidad penal en una serie de delitos que se le imputaban en la investigación.
En concreto, aceptó ser autor material y penalmente responsable de los delitos de ejercicio ilegal de la profesión y quebrantamiento de inhabilitación judicial (tres hechos), en concurso real con lesiones leves, falsificación de instrumento público y uso de documento público falsificado, estafa procesal (dos hechos), además de hurto y sustracción y ocultamiento de documentos. También se le atribuyó falsificación de documento público en concurso ideal con administración fraudulenta.
En el marco del acuerdo abreviado, el imputado aceptó una pena de tres años y seis meses de prisión de cumplimiento efectivo, la cual fue acordada entre la fiscalía y sus defensores.
De homologarse el acuerdo, el vocal Germán Dri procederá a dictar la correspondiente sentencia, que según se informó a Concordia Policiales sería la próxima semana.
Posteriormente, De La Madrid será trasladado a una unidad penal donde deberá cumplir la pena establecida.
La Municipalidad de Estancia Grande informó oficialmente la postergación del “4° Festival Provincial del Gaucho Entrerriano”, que estaba previsto para el próximo domingo 12 de abril. La medida fue adoptada ante las adversas condiciones climáticas que afectan a la región, con el objetivo prioritario de resguardar la seguridad e integridad de los animales y de los jinetes, así como también de garantizar el adecuado desarrollo de todas las actividades programadas. Desde la organización destacaron que el festival, que año tras año convoca a un importante número de participantes y público, requiere condiciones óptimas para su realización, tanto en lo logístico como en lo sanitario. En este sentido, se confirmó que el evento ha sido reprogramado para el domingo 17 de mayo, manteniéndose el mismo cronograma de actividades previsto originalmente. Las autoridades municipales agradecieron la comprensión de la comunidad, jinetes, tropillas y visitantes, e invitaron a acompañar esta nueva fecha, en la que se espera vivir una jornada plena de tradición, cultura y encuentro popular.
Este sábado, alrededor de las 6, personal de la Comisaría Segunda intervino en un domicilio ubicado en la intersección de calles Sargento Cabral y 53, en Concordia, tras un llamado de alerta.
Según informaron, los vecinos escucharon gritos de auxilio provenientes de una de las habitaciones donde convivía una pareja. Al acercarse, observaron salir corriendo al hombre, mientras que la mujer fue hallada tendida en el suelo, cubierta de sangre.
En el lugar trabajó personal de la División Policía Científica, que realizó las pericias correspondientes.
La víctima fue asistida de inmediato por una unidad sanitaria y trasladada al Hospital Masvernat, donde se informó que presenta múltiples heridas de gravedad: traumatismos punzocortantes en la región occipital (derecha, central e izquierda), lesiones en la región cervical derecha, interescapular y supraescapular derecha, así como en el trapecio derecho. Además, presenta una herida cortante penetrante en el tórax (segundo espacio intercostal, línea mamilar derecha).
La paciente se encuentra en asistencia respiratoria mecánica, con pupilas hiporreactivas y diagnóstico de neumotórax derecho con débito hemático. El carácter de las lesiones fue determinado como de 35 días.
En relación al hecho, la Fiscal interviniente, Dra. Espinosa, libra Mandamiento de captura y detención para el presunto autor, pareja de la víctima, con quien convivia en el domicilio del hecho.
Tras un rápido operativo de búsqueda, personal policial logró localizar al masculino en el domicilio de su hermana, en inmediaciones de calles T. Ibáñez y Larroca, donde fue aprehendido. Asimismo, se procedió al secuestro de prendas de vestir tanto de la víctima como del detenido.
Se llamaba Francisco Fehrenbacher y tenía 57 años cuando Revista GENTE lo entrevistó en Concordia, Entre Ríos. Había participado en la guerra como cabo primero maquinista del destructor Comodoro Py. Fallecido hace cuatro meses, escribió, sin saberlo, una historia que sería recordada -y honrada- para siempre, y precisamente hoy, a 44 años del conflicto en el Atlántico Sur, replicamos.
“¡Acá estaba!”, extendía orgulloso la chaquetilla azulada, clavando sus ojos en los del fotógrafo y los del periodista, como esperando una aprobación que no nos correspondía dar y, sin embargo, dábamos. “¿Se la habían entregado en la Guerra de Malvinas?”, inquirimos. “Claro… Más vale”, explicaba (recurriendo a dos palabras que repetiría bastante) aquello que nos había adelantado cuando le pedimos algún elemento, alguna prueba, si se quiere, de 1982… Y sí, decíamos “azul marino” pese a que la capa gris de tierra que cubría su tela y la falta de luz artificial de la cocina hacía que lo dudáramos. También generaba un fuerte interrogante cierta fragilidad de dicha prenda. Parecía que si uno la doblaba, terminaría quebrándola como un papel húmedo. El olor a leña, que impregnaba el ambiente y todo cuanto moraba en él, alimentaba la idea. “¿Vieron que la tenía?”, desafiaba un tanto infantil el dueño del lugar, tomándola en sus manos, consciente de que la chaquetilla, anónima, una de las varias colgadas en la oscuridad de su placard durante las últimas tres décadas, era una parábola de sí mismo, a la sombra del mundo durante tal lapso. “A la sombra como yo, lógico”, revalidaba Francisco Fehrenbacher (57 años, por entonces), el soldado desconocido que -casi treinta años luego del conflicto armado que enfrentó a Argentina y Gran Bretaña en el Atlántico Sur- había dejado de serlo.
“QUERÍA ENFRENTARME CARA A CARA CON LOS GURKAS”
Fehrenbacher sosteniendo la foto del crucero General Belgrano, “que nosotros custodiábamos firmes desde el destructor ARA Comodoro Py”.
Erica Schmidt y Andrés Fehrenbacher, sus padres, le habían descubierto la cara el 22 de mayo de 1954 en la casa del campo Windeck, distrito de Colonia San Bonifacio, La Criolla (capital del arándano), departamento de Concordia, exactamente donde su abuelo se afincó en 1925 recién llegado desde Alemania, exactamente donde Francisco había vivido, vivía y “viviría siempre”, y exactamente donde nos recibía con unos mates dulces. “Me sorprende su visita. ¿Saben que guardo una revista GENTE de cuando murió Perón?”, contaba a su estilo, de breves frases, por lo general construidas como preguntas.
Francisco a los 28 años, a bordo del destructor en el que era cabo primero y maquinista.
“Yo no había pisado Malvinas, pero había estado en la lucha. Formé parte del destructor Comodoro Py, que custodiaba el andar del crucero General Belgrano, la joya de la Armada nacional, a cargo del notable capitán Héctor Bonzo. Mi cargo, cabo primero maquinista. En un momento iba a subir al Belgrano y me cambiaron por un compañero que terminó muriendo cuando los ingleses lo hundieron. La guerra me había dejado un dolor grande en el corazón y una enorme bronca en el alma. Apenas hablaba del tema con mis cercanos, y punto. Nunca me interesó revolver el sufrimiento. Yo quería pisar las islas, enfrentarme cara a cara con los gurkas y pisarlos…”, explicaba su ostracismo y su bronca, mientras observaba imágenes de archivo que le acercábamos. “¿No me regalarían esa foto del crucero Belgrano?”, consultaba bajando su voz, celebrando el “sí” y adelantando: “¡La voy a poner en un marquito y colgarla en la pared!”.
Con su hijo Andrés, residente en Mar del Plata y quien conservaba la foto que vemos más arriba: de su padre en plena acción marítima durante los tiempos de guerra en el Atlántico Sur.
-Parece que le gusta guardar recuerdos, Francisco… -Mucho. Bueno, ahora que se movió el avispero, además saqué a la luz la medalla que me habían dado en lo de las Malvinas. -Relátenos cómo había llegado “a lo de las Malvinas”. -Sabía que me iba a tocar el servicio militar y decidí adelantarme, anotarme y adiestrarme para seguir una carrera. Desde el conflicto, permanecí dos años en el Py, dos en la Base Aeronaval Comandante Espora, Bahía Blanca, y dos en la de Puerto Belgrano, Punta Alta. Después me degradaron porque me rajé.
“Todo había comenzado el lunes 23 de mayo -contaba Guillermo Pérez (titular del Centro de Veteranos de Guerra de Malvinas, delegación Concordia)-. Junto al ex soldado Martín Albornoz (ambos arriba), brindábamos una charla en la escuela Nº 5 Salto Grande, de La Criolla, a 20 kilómetros de Concordia. Pronto nos consultaron si sabíamos de algún ex combatiente, para bautizar la sala de Informática. Respondimos que no. Sin embargo, un alumno mencionó que conocía uno, ‘pero padece problemas mentales’. Rosana Laner, empleada de la escuela y vecina del citado caballero, lo confirmó. Intentamos averiguar desde la página de la Armada Argentina, y nada. Hasta que Rosana consiguió en la Policía el número de documento. Volvimos a cotejar y apareció: en lugar de tener su apellido escrito como Fehrenbacher, estaba como Fherenbacher. Chequeamos, la Marina confirmó y el Ministerio de Defensa refrendó. El jueves 26 le aparecimos con Jorge Piedrabuena (el tercero en la foto). ‘¡Somos veteranos de Malvinas!’. ‘¡Yo también!’, contestó el Gringo. Le pedimos su identificación y comparamos. ‘Tiene la misma pinta. Su bigote no confunde’, confirmó Piedrabuena. Lo abrazamos, lloramos… Y, sí, hallarlo equivalía a izar la bandera en un territorio recuperado”, simbolizaba Pérez, quien, chequeados los datos, se encargó de ayudar a acelerar los trámites que acreditaran los derechos de Francisco como ex combatiente.
-¿Desertó? -Je, me había ido con una chica, en 1986. -¿A partir de ahí se le había perdido el rastro? -Sí… Más vale.
“EN EL HOSPITAL LO LLAMABAN ‘EL LOCO BUENO’”
El comienzo del proceso de registro y confirmación del ex combatiente Fehrenbacher como tal.
Cerca del Gringo o Francis, Andrés (34, uno de los tres hijos de Fehrenbacher) confirmaba que existían capítulos que su padre, por omisión o elección, prefería obviar. “Había leído y escuchado montones de versiones hirientes sobre su situación -explicaba el hermano mayor de Leandro, 32, y José, 30-. A él no lo habían encontrado en el monte, desequilibrado, desprotegido, abandonado, como circuló. Yo me la banco, pero me dolía por mi tío Luis, que era dueño junto a mi viejo de las cincuenta hectáreas que habitaba, por sus primos-hermanos Berta y Carlitos Garlin y el hijo, Lalo, y por sus vecinos, Rosana y Andrés Laner”, nos contaba uno de sus herederos de sangre. Y continuaba:
El documento que presentó.
“Las seis personas que te nombré residían cerca, lo cuidaban y me ayudaban a mí, que una vez al mes manejaba de noche completa desde la costa para acompañarlo y solucionarle las necesidades que le surgían”, explicaba el suboficial segundo y buzo táctico de la Base Naval de Mar del Plata, quien le había comprado a Francisco el generador de electricidad que lo abastecía, logró poner en marcha su tractor modelo 1968 arrumbado en el galpón, le arreglaba la bomba de agua, trasladó un centenar de colmenas para generar un ingreso económico extra en venta de miel al campo de mandarina, naranja y limón e, incluso, le había regalado el celular Samsung que los mantenía a padre e hijo comunicados.
Francisco luego de que se le tomaran sus diez huellas dactilares.
“Siempre me había sentido orgulloso de mi viejo, de ahí que me enrolé en la ARA (Armada Argentina) a los 15. Me sacó la boina por él -añadía Andrés-. El tema era que por el 1993 recibió un golpe duro: se había suicidado, acá, de un tiro, su hermano Andrés, y empezó cuesta abajo. Al punto que, intentando prevenir otros dramas, alejamos de su alcance el revólver y la escopeta de la casa. Para colmo, en 1997 lo sorprendió el fallecimiento de su madre (mi abuela), quien nos crió. Ahí comenzó a derrumbarse mal”.
Tras consumarse el registro central, Fehrenbacher prosiguió sus trámites en la Administración Nacional de Seguridad Social (ANSeS), encargada de extenderle la pensión al veterano de guerra. Y terminó en el Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (PAMI), que ya podía atenderlo sin cargo. En medio de semejante derrotero, el Canal 26 local transmitía en vivo aquel extraordinario hallazgo.
Continuaba el hijo de Francisco: “A principios de 2007 lo internamos por esquizofrenia en el Hospital Felipe Heras, Sala 8 de Salud Mental. En esos tiempos traté de demostrar su condición de ex combatiente. Contraté a una abogada, pedimos informes en el edificio Libertad y me vine a tramitar los papeles en Concordia. No recibí demasiado apoyo. Entre los requisitos, me hablaban de testigos. Se dilató y se dilató. Volvimos a internar a papá el año pasado, a lo largo de tres meses. Las enfermeras lo llamaban ‘el loco bueno’. Nada violento el tipo. Hoy consume seis clases de pastillas distintas y anda bastante compensado… Aunque ayer, tras la movida que generó su noticia, me abrazó fuerte y se me puso a llorar”, contenía las lágrimas Andrés Fehrenbacher.
Cuando finalmente Francisco Fehrenbacher -a partir del registro de la Armada Argentina- dejó de ser el “soldado Ryan” para convertirse en el “soldado H”.
“AHORA EL INTENDENTE ME DEBE LA ELECTRICIDAD, CHE”
En julio de 2011, cuando se reencontró en Concordia con sus compañeros de guerra y desfiló junto a ellos. Con la bandera al hombro, confesó: “Es la primera vez que alguien me aplaude”. “ Lucía la chaquetilla recibida en 1982, igual que la medalla distintiva, aparte del gorro que le obsequiaron los veteranos de guerra de la ciudad.
Por aquellos días de descubrimiento y ratificación de identidad, Francisco Fehrenbacher disfrutaba señalando: “Cuando le comentaba al intendente local sobre mi condición de ex soldado de Malvinas, me respondía: ‘Vos estás loco’. Y yo le replicaba: ‘Estoy loco pero no como vidrio: combatí en el frente’… Ahora va a tener que acercar el cableado, que pasa a doscientos metros de distancia, hasta mi domicilio”, pretendía entre risas el hombre de documento casi ilegible, entradas prominentes, bigote en herradura “que luzco desde que dejé la Armada”, ojos verdes, 1,76 metros y 92 kilos (“aumenté 17 respecto a los que pesaba en mi juventud”); el abuelo al que le costaba acordarse de sus cuatro nietos; el hincha de Boca que no sabía del descenso de River al Nacional B; el cocinero de “potentes guisos y riquísimos asados”; el amante de los libros de Jorge Luis Borges y las gaseosas de manzana y naranja; el oyente de Radio Mitre y admirador del chamamé, la cumbia y el cuarteto; el soldado religioso que rezaba cada noche y le agradecía a Dios “haberse acordado de mí”.
La medalla que le habían dado “en lo de las Malvinas” y sacó a la luz para Revista GENTE.
-¿Qué va a hacer con el dinero que puedan entregarle tras corroborarse su condición de ex combatiente? -le preguntábamos, entretanto. -Comprarme mi primer televisor, y pintar la casa de rosa por fuera y de celeste por dentro.
Tras su manto de neblinas y junto a sus pares del Centro de Veteranos de Guerra, a orillas del río Uruguay. “Queremos devolverle la alegría que le conocimos, pese a los males que debió soportar”, coincidieron antes de asarle un surubí recién pescado.Frente al. homenaje local hacia las Islas Malvnas.
-¿También va a animarse a salir, a visitar el Centro de Veteranos de Concordia, a…? -Seguro. Aparte, me habían comunicado que desfilaría con uniforme en el acto patrio del 9 de Julio y que le dedicarían una plaqueta en la escuela que lo encontró. Quizá los chicos me empezarán a mirar con admiración. Ojalá. Capaz que me reciba la presidenta Cristina Fernández… Ayer me habían dado por muerto, y hoy siento que nací de nuevo. Soy sensible, por cualquier cosa lloro. No voy a dejar de manejar el tractor, dormir mi siestita, picar leña, lavarme la ropa, cocinarme, y pienso abandonar cosas densas de la mente, aunque algunas marcas siempre iban a quedar.
-¿Y esa cicatriz que le vemos? ¿También es de la guerra? -No, de mi perro, mitad dóberman, mitad policía. Un día tiró toda su bronca en mi brazo derecho, a centímetros de la muñeca. Se notaba que andaba enojado. Tal vez porque lo mantenía atado. -¿Una metáfora del dueño? -¿Metáfora?
De regreso a su casa, en el paraje de 1.852 habitantes al nordeste de Entre Ríos, dentro del campo abundante en citrus que le había pertenecido a su abuelo.
-¿Es ese perro blanco y negro que a tres metros de distancia viene chumbando endiablado y encadenado, con ganas de atacarnos? -Ése mismo. -¿Cómo se llama? -Se llama Capitán… Más vale.
Tras conocerse el viernes 21 de noviembre de 2025 la muerte de Francisco Fehrenbacher, cabo primero maquinista de la Armada Argentina y veterano de la guerra de Malvinas, el gobierno municipal de La Criolla decretó tres días de duelo, expresó “gran tristeza” y destacó que el ex combatiente “sirvió a la Patria como tripulante del destructor ARA Comodoro Py”. La intendencia transmitió “las más sinceras condolencias a su familia y seres queridos”, y subrayó que “su legado vivirá por siempre en nuestros corazones”.
Fotos: Gentileza de la familia Fehrenbacher y Archivo Grupo Atlántida (archivo@atlantida.com.ar) Jefa de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)
Concordia vuelve a encabezar el ranking de pobreza en Argentina con un 49,9% de su población bajo la línea y un 13,6% en la indigencia, según datos del INDEC. A 23 años de una crisis estructural persistente, el análisis expone la falta de planificación, datos e indicadores en las gestiones locales y advierte sobre la ausencia de un rumbo claro para revertir la situación.
Hay aniversarios que no se celebran. Se señalan. Se interpelan. Se exponen.
Concordia cumple 23 años instalada en un lugar incómodo, persistente y cada vez más difícil de justificar: el podio de la pobreza en la Argentina. No es un dato coyuntural ni una foto aislada. Es una construcción sostenida en el tiempo, con múltiples responsables y una constante que atraviesa gestiones: la ausencia de planificación real.
Lo que alguna vez fue símbolo de opulencia —y que aún se refleja en su patrimonio urbano, en sus edificios, en las huellas de aquella Concordia próspera— hoy aparece degradado por décadas de decisiones erráticas, improvisación y utilización política de la pobreza como herramienta de supervivencia.
Una pobreza que se administra, pero no se resuelve
Los datos más recientes del INDEC no dejan margen para interpretaciones complacientes: Concordia cerró 2025 con un 49,9% de su población bajo la línea de pobreza y un 13,6% en la indigencia, consolidándose como la ciudad más pobre del país.
El contraste es brutal. Mientras el promedio nacional se ubica en torno al 28,2%, Concordia no solo lidera el ranking, sino que supera ampliamente a la segunda ciudad más pobre, profundizando una brecha que ya no admite excusas políticas ni ideológicas.
Más grave aún: la pobreza no solo se mantiene, sino que se transforma en indigencia. Es decir, el deterioro social no se estanca: avanza.
Y sin embargo, la respuesta estructural sigue ausente.
Responsabilidades compartidas y silencios cómplices
Durante años, la dirigencia política local —de distintos signos— evitó abordar el problema en su verdadera dimensión. Nunca se impulsó un debate serio, ni se construyó una estrategia de desarrollo sostenida. Se administró la emergencia, pero nunca se planificó el futuro.
A esa cadena de responsabilidades se suma otro actor clave: el sindicalismo local. Durante décadas, muchos dirigentes optaron por el silencio o la complacencia frente a gestiones deficientes, amparados en afinidades políticas. Hoy, cuando la crisis golpea con mayor crudeza, aparecen los reclamos, pero sin autocrítica ni memoria.
El resultado está a la vista.
El síntoma de estas horas
La actualidad ofrece una postal elocuente: comerciantes que no venden, empresas que cierran, despidos sostenidos y una economía local en retracción permanente.
Mientras tanto, los controles se multiplican, las inspecciones se intensifican y la presión sobre quienes aún intentan sostener una actividad formal se vuelve asfixiante. En paralelo, la informalidad crece, el consumo cae y la ciudad entra en un círculo cada vez más difícil de revertir.
No es un fenómeno aislado. Es la consecuencia lógica de años sin rumbo.
En ese contexto, el avance del narcotráfico encuentra terreno fértil. La pobreza no solo genera exclusión: genera economías paralelas. En muchos barrios, la venta de droga deja de ser un delito aislado para convertirse en un mecanismo de subsistencia.
Los operativos policiales se multiplican, los procedimientos se repiten, las detenciones se acumulan. Pero el circuito se regenera. Se cierra un punto de venta y aparecen dos nuevos.
La respuesta estatal, centrada casi exclusivamente en lo represivo, no logra modificar la raíz del problema. Y mientras tanto, la dirigencia política suele confundir control con solución.
Cuando el relato reemplaza al gobierno: la “in-gestión” de Concordia
El cierre de un año de gestión suele ser el momento propicio para evaluar con seriedad qué se hizo, qué no y hacia dónde se dirige una ciudad. En Concordia, ese balance vuelve a dejar una sensación conocida: sobran diagnósticos discursivos, faltan planes concretos y resultados medibles.
El actual intendente, Francisco Azcué, insiste en conceptos como orden, eficiencia y cambio cultural. Sin embargo, no se presenta un plan integral de gobierno, ni metas verificables, ni indicadores que permitan evaluar avances reales.
La enumeración de proyectos —Centro de Convenciones, Centro Comercial a Cielo Abierto, Cinturón Verde etc, etc — aparece más como una expresión de deseo que como una estrategia en ejecución.
La pregunta central sigue vigente: ¿cómo impacta todo esto en la pobreza estructural de Concordia?
Sin datos, sin mediciones y sin resultados, los anuncios quedan atrapados en el terreno del relato.
Apropiaciones, omisiones y falta de rumbo
En materia de seguridad, se observan discursos que atribuyen al municipio logros que corresponden a la órbita provincial. En desarrollo social, se promueven programas sin evaluación pública de resultados. En lo económico, no existe una política clara de generación de empleo privado.
A esto se suma una debilidad estructural: la falta de información estratégica y estadística como base para la toma de decisiones.
Sin datos, no hay diagnóstico. Sin diagnóstico, no hay plan. Y sin plan, solo queda la improvisación.
Veintitrés años después, la misma pregunta
Concordia no necesita más diagnósticos. Necesita decisiones.
Existen innumerables ejemplos —en Argentina y en el mundo— de ciudades que lograron revertir situaciones críticas a partir de planificación, inversión inteligente y articulación público-privada. No es un problema de imposibilidad. Es un problema de voluntad y capacidad.
Mientras tanto, la dirigencia insiste en afirmar que sabe qué hacer. Los resultados, sin embargo, dicen otra cosa.
Un último margen
El tiempo no se detiene, pero aún ofrece oportunidades.
El actual intendente todavía está a tiempo de dar el primer paso real: construir un plan serio, basado en datos, con objetivos claros y medibles, que permita al menos empezar a discutir una salida estructural.
Lo que no se dice
Concordia no solo es la ciudad más pobre: es la que más lejos está de salir de esa condición.
La pobreza dejó de ser un problema a resolver y pasó a ser una variable administrada políticamente.
No existe un plan estratégico público, medible y auditable que proyecte a la ciudad a 10 o 20 años.
La falta de datos no es casual: sin datos no hay control, y sin control no hay responsabilidades.
La discusión política sigue girando en nombres, no en modelos de desarrollo.
La seguridad actúa sobre las consecuencias, pero la raíz sigue intacta: exclusión y falta de oportunidades reales.
Porque seguir administrando la pobreza ya no es una opción.