Un grupo de dirigentes y militantes justicialistas confirmaron que promueven el regreso del ex intendente al Palacio Municipal. Lo definen como el referente capaz de lograr el consenso necesario para que el PJ recupere la conducción de la ciudad tras la histórica derrota de 2023.
El tablero político de la «Capital del Peronismo» comienza a registrar movimientos sísmicos. Mientras la oposición interna y externa aún procesa el nuevo escenario político de la ciudad, un sector de la militancia justicialista ha decidido romper el silencio y lanzar una propuesta que promete agitar las aguas del PJ: el regreso de Enrique Cresto a la intendencia en 2027.
¿El regreso del “mariscal de la derrota”? Cresto empieza a moverse en un PJ sin rumbo claro
Por lo bajo, pero cada vez con menos disimulo, comienza a tomar forma un operativo retorno. Quien supo ser señalado en su momento como “el mariscal de la derrota” intenta ahora reposicionarse en un escenario donde el peronismo local todavía no logra digerir la caída de 2023.
Desde su entorno, la narrativa ya está en marcha: aseguran que Enrique Cresto es “el dirigente con mayor capacidad para amalgamar a las distintas vertientes del peronismo concordiense”. En ese sentido, fuentes cercanas al armado deslizan que se trata de “uno de los máximos referentes que puede lograr el consenso necesario en este momento crítico”.
Pero más allá del discurso, lo que aparece es una jugada política clara: ocupar el vacío. En un PJ golpeado, sin conducción definida y aún en estado de shock tras perder un bastión histórico, moverse primero no es un detalle menor.
El eje en la gestión… y en la memoria selectiva
Los impulsores de su candidatura apuestan a una estrategia conocida: poner en valor la gestión. Hablan de una “trayectoria de obras” y de “buena administración” durante sus dos mandatos como intendente, intentando reinstalar la idea de experiencia como activo central.
El argumento no es casual. En medio de un contexto social y económico complejo, buscan posicionarlo como una figura con “capacidad probada” y “convicción para sacar adelante la ciudad”.
Sin embargo, la apuesta también abre interrogantes. ¿Alcanza con reivindicar el pasado cuando ese mismo pasado fue parte del ciclo que terminó en derrota? ¿Se trata de memoria política… o de memoria selectiva?
Un peronismo que empieza a moverse (aunque tarde)
La reaparición de Cresto no ocurre en cualquier momento. Llega en medio de un peronismo local que, tras perder 40 años de hegemonía en Concordia, había entrado en una especie de letargo político.
Sin nombres lanzados, sin conducción clara y sin un relato renovado, el PJ parecía más enfocado en procesar la derrota que en construir futuro.
En ese contexto, el movimiento del “crestismo” cumple una doble función: ordenar hacia adentro y provocar hacia afuera. Marca la cancha dentro del partido y, al mismo tiempo, obliga al resto de los sectores a salir de la indefinición.
Lo que no se dice
El intento de regreso también expone una tensión de fondo: la dificultad del peronismo local para generar nuevos liderazgos. Cuando las caras vuelven a ser las mismas, el mensaje hacia la sociedad puede resultar ambiguo.
¿Es experiencia… o falta de renovación?
La pregunta, por ahora, queda abierta. Pero lo cierto es que la carrera hacia 2027 en Concordia ya empezó. Y algunos, como Cresto, decidieron no esperar.