Desesperado pedido de un padre concordiense: su hijo se fue de vacaciones a Misiones y no regresó

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Guillermo Paulino denunció que su expareja viajó con el menor a Eldorado bajo promesa de retorno en febrero, pero nunca volvió. Al acudir al domicilio de la madre en Concordia, descubrió que estaba desocupado. La justicia local ya interviene en el pedido de restitución.

Lo que comenzó como un viaje familiar de verano se transformó en una pesadilla legal y emocional para Guillermo Paulino, un joven padre de nuestra ciudad. En diálogo con 7Páginas, Paulino relató el calvario que vive desde enero, cuando autorizó a la madre de su hijo, Jairo, a viajar a la provincia de Misiones para pasar las vacaciones.

Una partida sin retorno

Según explicó Guillermo, el viaje se inició el 26 de enero de 2026 con destino a Eldorado, donde la madre tiene familiares. «La fecha de retorno era para los últimos días de febrero, antes de mi cumpleaños», detalló el padre. Sin embargo, con el paso de los días, las respuestas de la mujer se volvieron evasivas.

El momento de mayor alarma ocurrió cuando Paulino decidió acercarse al departamento donde residía la madre en Concordia: se encontró con que el inmueble estaba completamente desocupado. «Instantáneamente hice la denuncia en la Policía del Menor e iniciamos con mis abogadas una medida cautelar por restitución», afirmó.

El conflicto judicial: ¿Dónde está el «centro de vida»?

A pesar de que las clases ya comenzaron, el pequeño Jairo continúa en Misiones. La defensa de Guillermo, encabezada por las doctoras Daniela Maciel (Mat. 9095) y Victoria Gallo (Mat. 9749), enfrenta hoy una serie de dilaciones procesales.

El punto de mayor conflicto radica en que el abogado de la madre interpuso una excepción de incompetencia, argumentando que el «centro de vida» del niño se encuentra ahora en Eldorado. Para Paulino, este argumento es infundado: «Sostienen que su centro de vida está allá, cuando solo estuvo un mes de vacaciones residiendo en esa ciudad, mientras que toda su vida se desarrolló en Concordia».

A la espera de una resolución

Actualmente, la Jueza de Primera Instancia de Concordia ya se declaró competente para entender en la causa, reafirmando que el caso debe resolverse en nuestra ciudad. No obstante, la contraparte ha apelado esta decisión, por lo que el expediente se encuentra ahora en manos de la Sala correspondiente.

«Estamos a la espera de que la Sala resuelva. Jairo debe volver a su hogar, a su escuela y a su entorno», concluyó Guillermo, quien espera que la justicia actúe con celeridad para garantizar el derecho de comunicación y la restitución inmediata del menor.

Redacción de 7Paginas

Misterioso despiste en la Ruta 22: Hallaron una camioneta abandonada cerca del paraje El Blanqueado

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Efectivos de la Comisaría Frigorífico Yuquerí intervinieron este domingo en un siniestro vial ocurrido sobre la Ruta 22, a la altura del establecimiento “Don Luis”, aproximadamente un kilómetro antes de llegar al paraje El Blanqueado.

El hallazgo del vehículo

Al arribar al lugar, los funcionarios policiales se encontraron con una camioneta Ford Maverick XLT 2.0L, tipo pick-up de cabina doble, que presentaba “indicios de un despiste”. Sin embargo, el dato que llamó la atención de los uniformados fue que la unidad se encontraba “sin ocupantes” al momento del hallazgo, lo que dio inicio a una serie de diligencias para determinar qué había sucedido con las personas que viajaban en ella.

Investigación y localización del conductor
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Ante la ausencia de responsables en la escena, se iniciaron “arduas tareas investigativas para dar con el paradero de quien habría conducido la camioneta”. En el operativo participó personal de la División Investigaciones e Inteligencia Criminal, quienes tras las pesquisas correspondientes lograron identificar y localizar al propietario.

Según el parte oficial, los efectivos lograron establecer contacto y “entrevistó al conductor” para sumar su testimonio a las actuaciones de rigor. Hasta el momento, no se han informado de manera oficial las causas que provocaron el despiste ni los motivos por los cuales el vehículo fue dejado en el lugar tras el incidente.

Fuente: Policía de Concordia

El abogado Pedro De La Madrid reconoció los delitos que se le atribuían y será condenado a prisión efectiva

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En la jornada de este jueves 9 de abril se llevó a cabo en los tribunales de Concordia, la audiencia de juicio abreviado contra el abogado Pedro De La Madrid, imputado en el marco de una causa investigada por la fiscal Daniela Montangie.

Durante la audiencia, De La Madrid reconoció los hechos que se le atribuían y admitió su responsabilidad penal en una serie de delitos que se le imputaban en la investigación.

En concreto, aceptó ser autor material y penalmente responsable de los delitos de ejercicio ilegal de la profesión y quebrantamiento de inhabilitación judicial (tres hechos), en concurso real con lesiones leves, falsificación de instrumento público y uso de documento público falsificado, estafa procesal (dos hechos), además de hurto y sustracción y ocultamiento de documentos. También se le atribuyó falsificación de documento público en concurso ideal con administración fraudulenta.

En el marco del acuerdo abreviado, el imputado aceptó una pena de tres años y seis meses de prisión de cumplimiento efectivo, la cual fue acordada entre la fiscalía y sus defensores.

De homologarse el acuerdo, el vocal Germán Dri procederá a dictar la correspondiente sentencia, que según se informó a Concordia Policiales sería la próxima semana.

Posteriormente, De La Madrid será trasladado a una unidad penal donde deberá cumplir la pena establecida.

SE POSTERGA EL 4° FESTIVAL PROVINCIAL DEL GAUCHO ENTRERRIANO POR CONDICIONES CLIMÁTICAS

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La Municipalidad de Estancia Grande informó oficialmente la postergación del “4° Festival Provincial del Gaucho Entrerriano”, que estaba previsto para el próximo domingo 12 de abril.
La medida fue adoptada ante las adversas condiciones climáticas que afectan a la región, con el objetivo prioritario de resguardar la seguridad e integridad de los animales y de los jinetes, así como también de garantizar el adecuado desarrollo de todas las actividades programadas.
Desde la organización destacaron que el festival, que año tras año convoca a un importante número de participantes y público, requiere condiciones óptimas para su realización, tanto en lo logístico como en lo sanitario.
En este sentido, se confirmó que el evento ha sido reprogramado para el domingo 17 de mayo, manteniéndose el mismo cronograma de actividades previsto originalmente.
Las autoridades municipales agradecieron la comprensión de la comunidad, jinetes, tropillas y visitantes, e invitaron a acompañar esta nueva fecha, en la que se espera vivir una jornada plena de tradición, cultura y encuentro popular.

Mujer está grave tras intento de femicidio. Detuvieron al agresor

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Este sábado, alrededor de las 6, personal de la Comisaría Segunda intervino en un domicilio ubicado en la intersección de calles Sargento Cabral y 53, en Concordia, tras un llamado de alerta.

Según informaron, los vecinos escucharon gritos de auxilio provenientes de una de las habitaciones donde convivía una pareja. Al acercarse, observaron salir corriendo al hombre, mientras que la mujer fue hallada tendida en el suelo, cubierta de sangre.

En el lugar trabajó personal de la División Policía Científica, que realizó las pericias correspondientes.

La víctima fue asistida de inmediato por una unidad sanitaria y trasladada al Hospital Masvernat, donde se informó que presenta múltiples heridas de gravedad: traumatismos punzocortantes en la región occipital (derecha, central e izquierda), lesiones en la región cervical derecha, interescapular y supraescapular derecha, así como en el trapecio derecho. Además, presenta una herida cortante penetrante en el tórax (segundo espacio intercostal, línea mamilar derecha).

La paciente se encuentra en asistencia respiratoria mecánica, con pupilas hiporreactivas y diagnóstico de neumotórax derecho con débito hemático. El carácter de las lesiones fue determinado como de 35 días.

En relación al hecho, la Fiscal interviniente, Dra. Espinosa, libra Mandamiento de captura y detención para el presunto autor, pareja de la víctima, con quien convivia en el domicilio del hecho.

Tras un rápido operativo de búsqueda, personal policial logró localizar al masculino en el domicilio de su hermana, en inmediaciones de calles T. Ibáñez y Larroca, donde fue aprehendido. Asimismo, se procedió al secuestro de prendas de vestir tanto de la víctima como del detenido.

La conmovedora historia del ex combatiente de Malvinas al que se dio por muerto durante casi tres décadas: cómo un involuntario cambio de letra lo había dejado preso del olvido

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Se llamaba Francisco Fehrenbacher y tenía 57 años cuando Revista GENTE lo entrevistó en Concordia, Entre Ríos. Había participado en la guerra como cabo primero maquinista del destructor Comodoro Py. Fallecido hace cuatro meses, escribió, sin saberlo, una historia que sería recordada -y honrada- para siempre, y precisamente hoy, a 44 años del conflicto en el Atlántico Sur, replicamos.

“¡Acá estaba!”, extendía orgulloso la chaquetilla azulada, clavando sus ojos en los del fotógrafo y los del periodista, como esperando una aprobación que no nos correspondía dar y, sin embargo, dábamos. “¿Se la habían entregado en la Guerra de Malvinas?”, inquirimos. “Claro… Más vale”, explicaba (recurriendo a dos palabras que repetiría bastante) aquello que nos había adelantado cuando le pedimos algún elemento, alguna prueba, si se quiere, de 1982… Y sí, decíamos “azul marino” pese a que la capa gris de tierra que cubría su tela y la falta de luz artificial de la cocina hacía que lo dudáramos. También generaba un fuerte interrogante cierta fragilidad de dicha prenda. Parecía que si uno la doblaba, terminaría quebrándola como un papel húmedo. El olor a leña, que impregnaba el ambiente y todo cuanto moraba en él, alimentaba la idea. “¿Vieron que la tenía?”, desafiaba un tanto infantil el dueño del lugar, tomándola en sus manos, consciente de que la chaquetilla, anónima, una de las varias colgadas en la oscuridad de su placard durante las últimas tres décadas, era una parábola de sí mismo, a la sombra del mundo durante tal lapso. “A la sombra como yo, lógico”, revalidaba Francisco Fehrenbacher (57 años, por entonces), el soldado desconocido que -casi treinta años luego del conflicto armado que enfrentó a Argentina y Gran Bretaña en el Atlántico Sur- había dejado de serlo.

“QUERÍA ENFRENTARME CARA A CARA CON LOS GURKAS”

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Fehrenbacher sosteniendo la foto del crucero General Belgrano, “que nosotros custodiábamos firmes desde el destructor ARA Comodoro Py”.

Erica Schmidt y Andrés Fehrenbacher, sus padres, le habían descubierto la cara el 22 de mayo de 1954 en la casa del campo Windeck, distrito de Colonia San Bonifacio, La Criolla (capital del arándano), departamento de Concordia, exactamente donde su abuelo se afincó en 1925 recién llegado desde Alemania, exactamente donde Francisco había vivido, vivía y “viviría siempre”, y exactamente donde nos recibía con unos mates dulces. “Me sorprende su visita. ¿Saben que guardo una revista GENTE de cuando murió Perón?”, contaba a su estilo, de breves frases, por lo general construidas como preguntas.

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Francisco a los 28 años, a bordo del destructor en el que era cabo primero y maquinista.

“Yo no había pisado Malvinas, pero había estado en la lucha. Formé parte del destructor Comodoro Py, que custodiaba el andar del crucero General Belgrano, la joya de la Armada nacional, a cargo del notable capitán Héctor Bonzo. Mi cargo, cabo primero maquinista. En un momento iba a subir al Belgrano y me cambiaron por un compañero que terminó muriendo cuando los ingleses lo hundieron. La guerra me había dejado un dolor grande en el corazón y una enorme bronca en el alma. Apenas hablaba del tema con mis cercanos, y punto. Nunca me interesó revolver el sufrimiento. Yo quería pisar las islas, enfrentarme cara a cara con los gurkas y pisarlos…”, explicaba su ostracismo y su bronca, mientras observaba imágenes de archivo que le acercábamos. “¿No me regalarían esa foto del crucero Belgrano?”, consultaba bajando su voz, celebrando el “sí” y adelantando: “¡La voy a poner en un marquito y colgarla en la pared!”.

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Con su hijo Andrés, residente en Mar del Plata y quien conservaba la foto que vemos más arriba: de su padre en plena acción marítima durante los tiempos de guerra en el Atlántico Sur.

-Parece que le gusta guardar recuerdos, Francisco…
-Mucho. Bueno, ahora que se movió el avispero, además saqué a la luz la medalla que me habían dado en lo de las Malvinas.
-Relátenos cómo había llegado “a lo de las Malvinas”.
-Sabía que me iba a tocar el servicio militar y decidí adelantarme, anotarme y adiestrarme para seguir una carrera. Desde el conflicto, permanecí dos años en el Py, dos en la Base Aeronaval Comandante Espora, Bahía Blanca, y dos en la de Puerto Belgrano, Punta Alta. Después me degradaron porque me rajé.

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“Todo había comenzado el lunes 23 de mayo -contaba Guillermo Pérez (titular del Centro de Veteranos de Guerra de Malvinas, delegación Concordia)-. Junto al ex soldado Martín Albornoz (ambos arriba), brindábamos una charla en la escuela Nº 5 Salto Grande, de La Criolla, a 20 kilómetros de Concordia. Pronto nos consultaron si sabíamos de algún ex combatiente, para bautizar la sala de Informática. Respondimos que no. Sin embargo, un alumno mencionó que conocía uno, ‘pero padece problemas mentales’. Rosana Laner, empleada de la escuela y vecina del citado caballero, lo confirmó. Intentamos averiguar desde la página de la Armada Argentina, y nada. Hasta que Rosana consiguió en la Policía el número de documento. Volvimos a cotejar y apareció: en lugar de tener su apellido escrito como Fehrenbacher, estaba como Fherenbacher. Chequeamos, la Marina confirmó y el Ministerio de Defensa refrendó. El jueves 26 le aparecimos con Jorge Piedrabuena (el tercero en la foto). ‘¡Somos veteranos de Malvinas!’. ‘¡Yo también!’, contestó el Gringo. Le pedimos su identificación y comparamos. ‘Tiene la misma pinta. Su bigote no confunde’, confirmó Piedrabuena. Lo abrazamos, lloramos… Y, sí, hallarlo equivalía a izar la bandera en un territorio recuperado”, simbolizaba Pérez, quien, chequeados los datos, se encargó de ayudar a acelerar los trámites que acreditaran los derechos de Francisco como ex combatiente.


-¿Desertó?
-Je, me había ido con una chica, en 1986.
-¿A partir de ahí se le había perdido el rastro?
-Sí… Más vale.

“EN EL HOSPITAL LO LLAMABAN ‘EL LOCO BUENO’”

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El comienzo del proceso de registro y confirmación del ex combatiente Fehrenbacher como tal.

Cerca del Gringo o Francis, Andrés (34, uno de los tres hijos de Fehrenbacher) confirmaba que existían capítulos que su padre, por omisión o elección, prefería obviar. “Había leído y escuchado montones de versiones hirientes sobre su situación -explicaba el hermano mayor de Leandro, 32, y José, 30-. A él no lo habían encontrado en el monte, desequilibrado, desprotegido, abandonado, como circuló. Yo me la banco, pero me dolía por mi tío Luis, que era dueño junto a mi viejo de las cincuenta hectáreas que habitaba, por sus primos-hermanos Berta y Carlitos Garlin y el hijo, Lalo, y por sus vecinos, Rosana y Andrés Laner”, nos contaba uno de sus herederos de sangre. Y continuaba:

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El documento que presentó.

“Las seis personas que te nombré residían cerca, lo cuidaban y me ayudaban a mí, que una vez al mes manejaba de noche completa desde la costa para acompañarlo y solucionarle las necesidades que le surgían”, explicaba el suboficial segundo y buzo táctico de la Base Naval de Mar del Plata, quien le había comprado a Francisco el generador de electricidad que lo abastecía, logró poner en marcha su tractor modelo 1968 arrumbado en el galpón, le arreglaba la bomba de agua, trasladó un centenar de colmenas para generar un ingreso económico extra en venta de miel al campo de mandarina, naranja y limón e, incluso, le había regalado el celular Samsung que los mantenía a padre e hijo comunicados.

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Francisco luego de que se le tomaran sus diez huellas dactilares.

Siempre me había sentido orgulloso de mi viejo, de ahí que me enrolé en la ARA (Armada Argentina) a los 15. Me sacó la boina por él -añadía Andrés-. El tema era que por el 1993 recibió un golpe duro: se había suicidado, acá, de un tiro, su hermano Andrés, y empezó cuesta abajo. Al punto que, intentando prevenir otros dramas, alejamos de su alcance el revólver y la escopeta de la casa. Para colmo, en 1997 lo sorprendió el fallecimiento de su madre (mi abuela), quien nos crió. Ahí comenzó a derrumbarse mal”.

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Tras consumarse el registro central, Fehrenbacher prosiguió sus trámites en la Administración Nacional de Seguridad Social (ANSeS), encargada de extenderle la pensión al veterano de guerra. Y terminó en el Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (PAMI), que ya podía atenderlo sin cargo. En medio de semejante derrotero, el Canal 26 local transmitía en vivo aquel extraordinario hallazgo.

Continuaba el hijo de Francisco: “A principios de 2007 lo internamos por esquizofrenia en el Hospital Felipe Heras, Sala 8 de Salud Mental. En esos tiempos traté de demostrar su condición de ex combatiente. Contraté a una abogada, pedimos informes en el edificio Libertad y me vine a tramitar los papeles en Concordia. No recibí demasiado apoyo. Entre los requisitos, me hablaban de testigos. Se dilató y se dilató. Volvimos a internar a papá el año pasado, a lo largo de tres meses. Las enfermeras lo llamaban ‘el loco bueno’. Nada violento el tipo. Hoy consume seis clases de pastillas distintas y anda bastante compensado… Aunque ayer, tras la movida que generó su noticia, me abrazó fuerte y se me puso a llorar”, contenía las lágrimas Andrés Fehrenbacher.

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Cuando finalmente Francisco Fehrenbacher -a partir del registro de la Armada Argentina- dejó de ser el “soldado Ryan” para convertirse en el “soldado H”.

“AHORA EL INTENDENTE ME DEBE LA ELECTRICIDAD, CHE”

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En julio de 2011, cuando se reencontró en Concordia con sus compañeros de guerra y desfiló junto a ellos. Con la bandera al hombro, confesó: “Es la primera vez que alguien me aplaude”. “ Lucía la chaquetilla recibida en 1982, igual que la medalla distintiva, aparte del gorro que le obsequiaron los veteranos de guerra de la ciudad.

Por aquellos días de descubrimiento y ratificación de identidad, Francisco Fehrenbacher disfrutaba señalando: “Cuando le comentaba al intendente local sobre mi condición de ex soldado de Malvinas, me respondía: ‘Vos estás loco’. Y yo le replicaba: ‘Estoy loco pero no como vidrio: combatí en el frente’… Ahora va a tener que acercar el cableado, que pasa a doscientos metros de distancia, hasta mi domicilio”, pretendía entre risas el hombre de documento casi ilegible, entradas prominentes, bigote en herradura “que luzco desde que dejé la Armada”, ojos verdes, 1,76 metros y 92 kilos (“aumenté 17 respecto a los que pesaba en mi juventud”); el abuelo al que le costaba acordarse de sus cuatro nietos; el hincha de Boca que no sabía del descenso de River al Nacional B; el cocinero de “potentes guisos y riquísimos asados”; el amante de los libros de Jorge Luis Borges y las gaseosas de manzana y naranja; el oyente de Radio Mitre y admirador del chamamé, la cumbia y el cuarteto; el soldado religioso que rezaba cada noche y le agradecía a Dios “haberse acordado de mí”.

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La medalla que le habían dado “en lo de las Malvinas” y sacó a la luz para Revista GENTE.

-¿Qué va a hacer con el dinero que puedan entregarle tras corroborarse su condición de ex combatiente? -le preguntábamos, entretanto.
-Comprarme mi primer televisor, y pintar la casa de rosa por fuera y de celeste por dentro.

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Tras su manto de neblinas y junto a sus pares del Centro de Veteranos de Guerra, a orillas del río Uruguay. “Queremos devolverle la alegría que le conocimos, pese a los males que debió soportar”, coincidieron antes de asarle un surubí recién pescado.
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Frente al. homenaje local hacia las Islas Malvnas.


-¿También va a animarse a salir, a visitar el Centro de Veteranos de Concordia, a…?
-Seguro. Aparte, me habían comunicado que desfilaría con uniforme en el acto patrio del 9 de Julio y que le dedicarían una plaqueta en la escuela que lo encontró. Quizá los chicos me empezarán a mirar con admiración. Ojalá. Capaz que me reciba la presidenta Cristina Fernández… Ayer me habían dado por muerto, y hoy siento que nací de nuevo. Soy sensible, por cualquier cosa lloro. No voy a dejar de manejar el tractor, dormir mi siestita, picar leña, lavarme la ropa, cocinarme, y pienso abandonar cosas densas de la mente, aunque algunas marcas siempre iban a quedar.

-¿Y esa cicatriz que le vemos? ¿También es de la guerra?
-No, de mi perro, mitad dóberman, mitad policía. Un día tiró toda su bronca en mi brazo derecho, a centímetros de la muñeca. Se notaba que andaba enojado. Tal vez porque lo mantenía atado.
-¿Una metáfora del dueño?
-¿Metáfora?

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De regreso a su casa, en el paraje de 1.852 habitantes al nordeste de Entre Ríos, dentro del campo abundante en citrus que le había pertenecido a su abuelo.

-¿Es ese perro blanco y negro que a tres metros de distancia viene chumbando endiablado y encadenado, con ganas de atacarnos?
-Ése mismo.
-¿Cómo se llama?
-Se llama Capitán… Más vale.

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Tras conocerse el viernes 21 de noviembre de 2025 la muerte de Francisco Fehrenbacher, cabo primero maquinista de la Armada Argentina y veterano de la guerra de Malvinas, el gobierno municipal de La Criolla decretó tres días de duelo, expresó “gran tristeza” y destacó que el ex combatiente “sirvió a la Patria como tripulante del destructor ARA Comodoro Py”. La intendencia transmitió “las más sinceras condolencias a su familia y seres queridos”, y subrayó que “su legado vivirá por siempre en nuestros corazones”.

Fotos: Gentileza de la familia Fehrenbacher
y Archivo Grupo Atlántida (archivo@atlantida.com.ar)
Jefa de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)

Feliz 23 aniversario: Concordia, la ciudad más pobre del país

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Concordia vuelve a encabezar el ranking de pobreza en Argentina con un 49,9% de su población bajo la línea y un 13,6% en la indigencia, según datos del INDEC. A 23 años de una crisis estructural persistente, el análisis expone la falta de planificación, datos e indicadores en las gestiones locales y advierte sobre la ausencia de un rumbo claro para revertir la situación.

Hay aniversarios que no se celebran. Se señalan. Se interpelan. Se exponen.

Concordia cumple 23 años instalada en un lugar incómodo, persistente y cada vez más difícil de justificar: el podio de la pobreza en la Argentina. No es un dato coyuntural ni una foto aislada. Es una construcción sostenida en el tiempo, con múltiples responsables y una constante que atraviesa gestiones: la ausencia de planificación real.

Lo que alguna vez fue símbolo de opulencia —y que aún se refleja en su patrimonio urbano, en sus edificios, en las huellas de aquella Concordia próspera— hoy aparece degradado por décadas de decisiones erráticas, improvisación y utilización política de la pobreza como herramienta de supervivencia.

No es desconocimiento. Es desidia.

Una pobreza que se administra, pero no se resuelve

Los datos más recientes del INDEC no dejan margen para interpretaciones complacientes:
Concordia cerró 2025 con un 49,9% de su población bajo la línea de pobreza y un 13,6% en la indigencia, consolidándose como la ciudad más pobre del país.

El contraste es brutal. Mientras el promedio nacional se ubica en torno al 28,2%, Concordia no solo lidera el ranking, sino que supera ampliamente a la segunda ciudad más pobre, profundizando una brecha que ya no admite excusas políticas ni ideológicas.

Más grave aún: la pobreza no solo se mantiene, sino que se transforma en indigencia. Es decir, el deterioro social no se estanca: avanza.

Y sin embargo, la respuesta estructural sigue ausente.

Responsabilidades compartidas y silencios cómplices

Durante años, la dirigencia política local —de distintos signos— evitó abordar el problema en su verdadera dimensión. Nunca se impulsó un debate serio, ni se construyó una estrategia de desarrollo sostenida. Se administró la emergencia, pero nunca se planificó el futuro.

A esa cadena de responsabilidades se suma otro actor clave: el sindicalismo local. Durante décadas, muchos dirigentes optaron por el silencio o la complacencia frente a gestiones deficientes, amparados en afinidades políticas. Hoy, cuando la crisis golpea con mayor crudeza, aparecen los reclamos, pero sin autocrítica ni memoria.

El resultado está a la vista.

El síntoma de estas horas

La actualidad ofrece una postal elocuente:
comerciantes que no venden, empresas que cierran, despidos sostenidos y una economía local en retracción permanente.

Mientras tanto, los controles se multiplican, las inspecciones se intensifican y la presión sobre quienes aún intentan sostener una actividad formal se vuelve asfixiante. En paralelo, la informalidad crece, el consumo cae y la ciudad entra en un círculo cada vez más difícil de revertir.

No es un fenómeno aislado. Es la consecuencia lógica de años sin rumbo.

Seguridad, narcotráfico y una ilusión de control

En ese contexto, el avance del narcotráfico encuentra terreno fértil. La pobreza no solo genera exclusión: genera economías paralelas. En muchos barrios, la venta de droga deja de ser un delito aislado para convertirse en un mecanismo de subsistencia.

Los operativos policiales se multiplican, los procedimientos se repiten, las detenciones se acumulan. Pero el circuito se regenera. Se cierra un punto de venta y aparecen dos nuevos.

La respuesta estatal, centrada casi exclusivamente en lo represivo, no logra modificar la raíz del problema. Y mientras tanto, la dirigencia política suele confundir control con solución.

Cuando el relato reemplaza al gobierno: la “in-gestión” de Concordia

El cierre de un año de gestión suele ser el momento propicio para evaluar con seriedad qué se hizo, qué no y hacia dónde se dirige una ciudad. En Concordia, ese balance vuelve a dejar una sensación conocida: sobran diagnósticos discursivos, faltan planes concretos y resultados medibles.

El actual intendente, Francisco Azcué, insiste en conceptos como orden, eficiencia y cambio cultural. Sin embargo, no se presenta un plan integral de gobierno, ni metas verificables, ni indicadores que permitan evaluar avances reales.

La enumeración de proyectos —Centro de Convenciones, Centro Comercial a Cielo Abierto, Cinturón Verde etc, etc — aparece más como una expresión de deseo que como una estrategia en ejecución.

La pregunta central sigue vigente:
¿cómo impacta todo esto en la pobreza estructural de Concordia?

Sin datos, sin mediciones y sin resultados, los anuncios quedan atrapados en el terreno del relato.

Apropiaciones, omisiones y falta de rumbo

En materia de seguridad, se observan discursos que atribuyen al municipio logros que corresponden a la órbita provincial. En desarrollo social, se promueven programas sin evaluación pública de resultados. En lo económico, no existe una política clara de generación de empleo privado.

A esto se suma una debilidad estructural:
la falta de información estratégica y estadística como base para la toma de decisiones.

Sin datos, no hay diagnóstico.
Sin diagnóstico, no hay plan.
Y sin plan, solo queda la improvisación.

Veintitrés años después, la misma pregunta

Concordia no necesita más diagnósticos. Necesita decisiones.

Existen innumerables ejemplos —en Argentina y en el mundo— de ciudades que lograron revertir situaciones críticas a partir de planificación, inversión inteligente y articulación público-privada. No es un problema de imposibilidad. Es un problema de voluntad y capacidad.

Mientras tanto, la dirigencia insiste en afirmar que sabe qué hacer.
Los resultados, sin embargo, dicen otra cosa.

Un último margen

El tiempo no se detiene, pero aún ofrece oportunidades.

El actual intendente todavía está a tiempo de dar el primer paso real: construir un plan serio, basado en datos, con objetivos claros y medibles, que permita al menos empezar a discutir una salida estructural.

Lo que no se dice

  • Concordia no solo es la ciudad más pobre: es la que más lejos está de salir de esa condición.
  • La pobreza dejó de ser un problema a resolver y pasó a ser una variable administrada políticamente.
  • No existe un plan estratégico público, medible y auditable que proyecte a la ciudad a 10 o 20 años.
  • La falta de datos no es casual: sin datos no hay control, y sin control no hay responsabilidades.
  • La discusión política sigue girando en nombres, no en modelos de desarrollo.
  • La seguridad actúa sobre las consecuencias, pero la raíz sigue intacta: exclusión y falta de oportunidades reales.

Porque seguir administrando la pobreza ya no es una opción.

Y seguir explicándola, tampoco.

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Por : Alejandro Monzon

TELEVISIÓN HD CONCORDIA COPERATIVA

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Concordia Cooperativa tiene muy avanzado el proyecto de incorporación del sistema de televisión para la ciudad.

El servicio será brindado mediante Fibra Óptica Cooperativa aprovechando la tecnología más avanzada, moderna y de alta gama.

De esta manera, los socios y usuarios de la Cooperativa podrán acceder a una oferta variada de programas de televisión de distintos géneros: noticias, deportes y entretenimiento.

Precios competitivos:

Esta nueva prestación tiene el propósito no solo de brindar un servicio de alta calidad, sino que además pueda ser ofrecido a precios muy competitivos y convenientes.

Canal con programación local:

El proyecto contempla la implementación de una señal local que permita la incorporación de programación con contenidos de nuestra ciudad y alrededores

Calidad de servicio, eficiencia y atención personalizada:

Los mismos conceptos que guían a la gestión del servicio de internet, como a la cooperativa en su conjunto, se aplicarán a esta nueva prestación.

El usuario de la televisión tendrá la eficiencia que brinda la tecnología, pero, sobre todo, el acompañamiento cercano y presente de la atención al cliente, elemento que distingue a la cooperativa como institución que brinda servicios.

ENTRE INSPECCIONES Y DESPIDOS: CUANDO EL ESTADO TAMBIÉN AHOGA AL COMERCIO EN CONCORDIA

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A la caída del consumo y los despidos en el sector comercial se suma otro factor cada vez más denunciado: la presión municipal sobre quienes intentan trabajar. Un video viral de una comerciante expone una tensión que ya no se puede esconder.

Un conflicto que deja de ser aislado

En medio de una crisis comercial que ya provocó cientos de despidos en Concordia, comenzó a emerger con fuerza otro problema que durante años se mantuvo en voz baja: la relación conflictiva entre el municipio y el sector privado.
Esta vez no se trata de versiones ni trascendidos. Se trata de una exposición pública, directa, sin filtros. Una comerciante local decidió filmar y difundir el accionar de inspectores municipales, denunciando hostigamiento, presión y amenazas de clausura.
El hecho, lejos de ser anecdótico, se vuelve síntoma de algo más profundo

El Estado como obstáculo

El testimonio es crudo. La comerciante denuncia inspecciones reiteradas, multas, cambios de criterio y hasta la intención de clausurar el local pese a contar —según afirma— con habilitaciones vigentes.
La escena escala cuando plantea algo que resuena en todo el sector:
“Nosotros generamos empleo, pagamos impuestos, y nos vienen a cerrar”.
La discusión deja de ser técnica y pasa a ser estructural.
¿El Estado ordena o desalienta?
¿Controla o asfixia?

La otra cara de la crisis comercial

En la nota anterior se planteaba un problema central: Concordia no tiene datos, no tiene planificación y no tiene rumbo económico claro.
Pero ahora aparece otro elemento que agrava el escenario:
cuando alguien intenta producir, invertir o sostener empleo, se encuentra con un entramado burocrático, costoso y muchas veces contradictorio.
No es un fenómeno nuevo. Distintas gestiones aplicaron controles con criterios dispares, “varas” distintas según el momento o el actor.
El resultado es siempre el mismo: incertidumbre.

Entre la queja y la autocrítica

Ahora bien, sería incompleto analizar la crisis sin mirar también hacia adentro del propio sector comercial.
Como ya se señaló, muchos comercios siguen aplicando recargos elevados en pagos con tarjeta, cuotas con intereses desproporcionados y sobreprecios que en otras ciudades cercanas ya desaparecieron.
A esto se suma la falta de fidelización del cliente: escasa cultura de atención, poca generación de vínculo, nula política de beneficios.
En un contexto de caída del consumo, no todo puede explicarse por factores externos.
Pero tampoco puede ignorarse que el entorno en el que se intenta trabajar es cada vez más hostil.

Concordia y su trampa estructural

La comerciante lo dice sin rodeos en el video: Concordia aparece sistemáticamente entre las ciudades más pobres del país.
Y ahí está el punto central que la política local sigue sin asumir.
No se trata solo de controlar. Se trata de entender dónde se está parado.
Una ciudad con altos niveles de pobreza no puede darse el lujo de desalentar al que invierte, al que arriesga o al que genera empleo.
Porque cada comercio que cierra no es solo una persiana baja. Es menos circulación de dinero, menos trabajo y más fragilidad social.

Un mensaje directo al poder político

El intendente —como cualquier jefe de gobierno— no administra solo expedientes. Administra expectativas.
Y en ese sentido, la ciudad parece estar a la deriva.
Después de años de gestiones que evitaron encarar reformas estructurales, la pregunta empieza a ser inevitable:
¿hay un rumbo claro o se gobierna sobre la marcha?
El rol de un intendente no es solo controlar. Es marcar dirección.
Como un capitán de barco, debe decir hacia dónde va y cómo piensa sacar a la ciudad del estancamiento.

Tres años después

El planteo es incómodo pero necesario.
Ya no se trata de herencias ni diagnósticos iniciales. El tiempo de gestión avanza y los resultados empiezan a ser evaluados.
Si la ciudad sigue en los mismos indicadores de pobreza, si el comercio sigue cayendo y si quienes intentan trabajar denuncian presión, entonces algo no está funcionando.
Y no alcanza con administrar. Hay que transformar.

El riesgo de normalizar el conflicto

Cuando un comerciante decide exponerse públicamente, denunciar inspectores, hablar de abuso de autoridad y sugerir prácticas irregulares, el problema deja de ser individual.
Pasa a ser institucional.
Porque rompe la confianza.
Y sin confianza, no hay inversión, no hay crecimiento y no hay futuro posible.

Conclusión

Concordia enfrenta una doble crisis.
Por un lado, la económica: caída del consumo, despidos y falta de planificación.
Por otro, una crisis de vínculo entre el Estado y quienes sostienen la actividad privada.
Si el que produce siente que lo persiguen y el que consume siente que lo castigan con precios y recargos, el resultado es previsible: la economía se enfría y la ciudad se estanca.
El desafío no es menor.
No se trata de elegir entre control o libertad. Se trata de encontrar un equilibrio que permita crecer.
La pregunta final ya no es solo económica. Es política.
¿Está el municipio dispuesto a revisar su forma de actuar o seguirá empujando, consciente o inconscientemente, a que Concordia siga atrapada en el mismo lugar de siempre?

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Por Alejandro Monzon para Análisis Litoral

SIN VENTAS Y SIN RUMBO: LOS DESPIDOS EN CONCORDIA EXPONEN UNA CRISIS MÁS PROFUNDA QUE EL COMERCIO

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Mientras el Centro de Empleados de Comercio confirma que los despidos no se detienen, en Concordia se consolida un problema estructural: la ciudad no sabe cuánto produce, cuánto consume ni hacia dónde va. Sin datos, sin planificación y sin estrategia, el ajuste vuelve a caer sobre el empleo.

La crisis que ya no se puede ocultar

El dato es concreto y no admite maquillaje. Entre enero y febrero se registraron cerca de 300 despidos en el sector comercial de Concordia. Marzo, lejos de revertir la tendencia, confirma que la sangría continúa.
El secretario general del Centro de Empleados de Comercio, Juan José Simonetti, fue claro: “De ninguna manera esto se paró a cero… no vemos que vaya a mejorar la actividad”.
La frase no solo describe un presente complicado. Expone algo más inquietante: la falta total de horizonte.
Porque detrás del “no hay ventas” hay una verdad más incómoda que nadie parece querer discutir en profundidad.

Lo que no se dice en Concordia

En Concordia no solo falta consumo. Falta información. Y sin información, lo que hay es improvisación.
El comerciante promedio no sabe cuánto se vende realmente en la ciudad, qué sectores crecen o caen, cuánto dinero circula, cuál es el peso real del empleo informal ni qué políticas podrían revertir la situación.
Entonces aparece el síntoma más visible: el despido. Pero el problema no empieza ahí. Empieza mucho antes.

Observación incómoda: prácticas que también empujan la caída

Hay un punto que el propio sector comercial evita revisar y que empieza a generar rechazo en los consumidores.
Muchos comercios siguen recargando las compras con tarjeta con porcentajes heredados de etapas inflacionarias mucho más agudas. A eso se le suman recargos en cuotas con valores que resultan, en muchos casos, excesivos. Incluso el pago con tarjeta de crédito en un solo pago suele tener sobreprecios cercanos al 20%, cuando en otras ciudades cercanas estas prácticas ya se corrigieron o directamente desaparecieron.
El mensaje que recibe el cliente es claro: pagar financiado o incluso pagar con tarjeta sigue siendo penalizado.
A esto se suma otro problema más silencioso pero igual de determinante: la falta de fidelización. En Concordia cuesta encontrar comercios que cuiden al cliente, que generen vínculo, que premien la continuidad o que tengan políticas de atención sostenidas.
En un contexto de caída del consumo, no alcanza con esperar que el cliente entre. Hay que construir razones para que vuelva.
Y hoy, en muchos casos, eso no está ocurriendo.

Una ciudad grande pero estructuralmente pobre

Concordia arrastra una contradicción que ninguna gestión logró resolver: es una de las ciudades más importantes de Entre Ríos, pero también una de las más pobres.
Esa combinación genera un mercado interno débil, extremadamente dependiente de salarios públicos, asistencia estatal y economía informal.
Cuando alguno de esos motores se desacelera, el impacto es inmediato. Y el comercio, como último eslabón, lo sufre primero.

El gran vacío económico: nadie mide nada

En economía moderna hay una regla básica: lo que no se mide, no se puede corregir.
En Concordia no existe un cálculo serio del PBI local, no hay un observatorio económico activo ni indicadores públicos confiables.
La ciudad funciona sin tablero de control. Como manejar un auto sin velocímetro, sin nivel de combustible y sin GPS.

Ciudades que sí entendieron cómo anticiparse

Algunas ciudades decidieron no improvisar más y construir herramientas para entender su propia economía.
En Rafaela se desarrolló un sistema local de información económica que articula sector público, privado y académico, permitiendo anticipar crisis y sostener el empleo.
En Bahía Blanca un observatorio económico genera informes constantes sobre actividad comercial e industrial, aportando previsibilidad.
En Mendoza la estrategia fue diversificar la economía para no depender de un solo sector, combinando industria, turismo y conocimiento.
A nivel internacional, los ejemplos son aún más claros.
Medellín transformó su modelo a partir de la innovación y el uso de datos abiertos para la toma de decisiones.
Bilbao logró reconvertirse tras una profunda crisis industrial mediante planificación estratégica y desarrollo urbano.
Curitiba hizo de la planificación y la información un eje central de su crecimiento sostenido.

El problema de fondo en Concordia

Mientras tanto, en Concordia se sigue discutiendo si el problema es la inflación, el gobierno de turno o la caída del consumo.
Pero se evita una discusión más profunda: no hay diagnóstico porque no hay datos.
Entonces todo se vuelve reactivo. Cuando baja el consumo se despide. Cuando cae la actividad se ajusta. Cuando no alcanza se espera.
Y así, el ciclo se repite.

Una herramienta posible y urgente

Un Observatorio Económico Local no es una utopía ni una inversión millonaria.
Permitirá medir el consumo real por rubros, estimar el PBI local, analizar el empleo formal e informal, detectar sectores en crecimiento o caída y generar información pública para comerciantes e inversores.
No resolvería todo, pero cambiaría algo fundamental: pasar de la intuición a la evidencia.

El costo de seguir sin rumbo

Hoy el comerciante siente que no vende. El trabajador teme perder su empleo. El empresario no invierte. Y el Estado administra la coyuntura.
Pero sin información, sin planificación y sin una estrategia clara, el resultado es siempre el mismo: el ajuste recae sobre el eslabón más débil.

Conclusión

Concordia no está solo en crisis. Está desorientada.
Mientras otras ciudades aprendieron a leer sus propios números para anticiparse a los problemas, acá se sigue reaccionando cuando el daño ya está hecho.
Los despidos en el comercio no son el problema de fondo. Son la consecuencia.
Pero también empieza a emerger otra pregunta incómoda hacia adentro del propio sector: ¿cuánto de esta caída responde solo al contexto y cuánto a prácticas que ya no se sostienen?
La pregunta final queda abierta.
¿Cuánto más puede resistir una ciudad que no sabe cómo funciona su propia economía?