El abogado penalista Emilio Fouces se incorpora al equipo de Andrés Laumann, candidato a diputado nacional, y se convierte en una pieza clave en la consolidación de La Libertad Avanza (LLA) en Entre Ríos. La política no le resulta ajena: ha participado tanto como abogado en causas de alto perfil como en candidaturas propias.
Aunque la campaña de Alianza La Libertad Avanza (ALLA) aún no ha comenzado formalmente, algunos candidatos ya confirmaron sus equipos. Es el caso de Andrés Laumann, primer candidato a la Cámara de Diputados de la Nación.
Fouces, con una larga trayectoria en el ámbito penal, ha ganado notoriedad por intervenir en juicios de gran repercusión pública. Su historial incluye desde la causa por la liquidación del Banco Municipal de Paraná en la década del ‘90 hasta el juicio en el que Sergio Urribarri fue acusado el año pasado, defendiendo exitosamente al exministro de Turismo Hugo Marsó.
Junto a Rubén Pagliotto, Fouces representó en tribunales y en medios al exintendente Sergio Varisco y al exconcejal radical Pablo Hernández en una causa por narcotráfico. También asumió la defensa de empleados jerárquicos de la Legislatura en la conocida causa de los “contratos truchos”.
Entre 1993 y 2000 fue parte de estudios especializados en cobranza de deudas bancarias, con sedes en Buenos Aires, La Plata, Córdoba, Santa Fe, Rosario y Mendoza, e incluso con presencia en México. Su socio en ese emprendimiento, Geller & Fouces S.A., fue Raúl Geller.
Está casado con la jueza Elisa Zilli, con quien tiene cuatro hijos. Su hijo segundo lo acompaña actualmente en el estudio ubicado en calle Córdoba.
Fouces es peronista, pero su primera experiencia electoral fue junto a Lucía Varisco, a quien conoció durante el proceso judicial del padre y con quien encabezó una lista de concejales.
Su vínculo con Laumann comenzó durante el debate de los candidatos a intendente de Paraná en 2023, cuando Fouces acompañó a la dirigente radical. Desde entonces, ha participado en la conformación de La Libertad Avanza en Entre Ríos y ha brindado asesoramiento en materia legislativa. A partir del 10 de diciembre, se espera que el penalista divida su tiempo entre Paraná y Buenos Aires, combinando su labor política con la profesional.
El periodismo militante nunca descansa: ahora Jorge Rial descubrió que un Falcon estacionado en la puerta de su casa es símbolo directo de la dictadura, la represión y, de paso, una excusa para pegarle al gobierno actual. Un libreto perfecto para los gurkas de la “opinión envenenada”.
Rial relató en su programa que el vehículo le generó temor porque le recordó los años más oscuros de la Argentina. Hasta ahí, un episodio personal. El problema es cuando ese recuerdo íntimo se convierte en relato político: de inmediato el Falcon pasó a ser “emblema de Milei y Villarruel”, como si el auto hubiese salido de un garage libertario dispuesto a intimidarlo.
Lo curioso es que en un país donde los bolsos de José López reventaban monasterios de madrugada, donde la “rosadita” mostraba fajos de dólares bailando en vivo y en directo, donde Boudou se probaba una imprenta para quedarse con Ciccone, o donde las causas de corrupción se archivaban con la firma de jueces amigos, la gran noticia sea… un Falcon. Un auto viejo con un tipo tomando mate.
Esa es la esencia del periodismo militante: inflar un episodio menor hasta convertirlo en epopeya, mientras calla o relativiza los escándalos de miles de millones que empobrecieron al país. Porque es más fácil conmover con un recuerdo de los ’70 que explicar por qué, en democracia, se robaron con total impunidad durante cuarenta años.
Lo más triste no es el Falcon, sino el pobre espectador que consume estas puestas en escena sin discernir, creyendo que el enemigo de su bolsillo no es la corrupción de décadas, sino un auto estacionado en la vereda. Mientras tanto, los verdaderos ladrones siguen circulando en 4×4 último modelo, con chofer oficial y blindados pagados por todos.
En el mundo empresarial se suele hablar de dos tipos de conocimientos: el técnico —el que se aprende en manuales, carreras universitarias o seminarios— y el conocimiento en acción, ese que surge cuando una persona enfrenta lo inesperado y aprende mientras actúa.
Si llevamos esta reflexión al terreno de la política argentina, la comparación resulta inevitable. La dirigencia muchas veces exhibe diplomas, títulos y cargos pasados como si eso alcanzara para justificar la toma de decisiones. Pero en la práctica, el votante percibe otra cosa: que cuando el contexto cambia, cuando la crisis golpea, cuando la incertidumbre domina, los políticos se paralizan en lugar de reflexionar en acción.
Los buenos gerentes —igual que los buenos dirigentes— no separan pensar de actuar. La acción amplía el pensamiento y el pensamiento mejora la acción. En la arena política, esto significa algo simple pero olvidado: no alcanza con recitar fórmulas o estadísticas, se necesita capacidad de respuesta frente a lo inesperado.
En Argentina, sin embargo, el fenómeno es otro. Los líderes suelen actuar atrapados en “recetas importadas”: el manual del último asesor de campaña, el discurso aprendido en un seminario o la frase efectista que funciona en redes sociales. En ese esquema, la incertidumbre se vive como una amenaza y no como una oportunidad de reflexión. El resultado, desde la mirada del votante, es la “parálisis por análisis”: diagnósticos eternos, promesas incumplibles y decisiones que llegan tarde.
El verdadero dirigente —como el verdadero gerente— no es aquel que solo exhibe su experiencia previa, sino el que aprende en la práctica, que reconoce errores y transforma la incertidumbre en oportunidad de cambio. Es el que entiende que enseñar, explicar y rendir cuentas al ciudadano también es un ejercicio de aprendizaje.
La política, vista desde el votante, necesita menos títulos colgados y más cerebros en acción. Porque el poder no se legitima con la teoría, sino con la capacidad de pensar mientras se actúa en medio de la urgencia y la presión.
Al notable ritmo de un plan golpista por año, el Club del Helicóptero estrena en estos días su tercera conspiración. El Plan A, la “Operación Gobierno Ilegítimo”, anunciado cuando Cristina se negó a entregar el bastón y explotada en un marzo de fuego con la Capital cooptada por piquetes, la marcha de la CGT que terminó a los bastonazos y el Helicóptero de cartón que desfiló aplaudido por los organismos supuestamente defensores de la democracia y los derechos humanos, naufragó cuando el primero de abril de 2017 cientos de miles de ciudadanos salimos a apoyar no al Gobierno de Cambiemos, sino a la democracia.
El Plan B, la “Operación Gordo Bazooka”, tuvo lugar a fines de 2017. La excusa fue una reforma previsional que evitó el default del Estado al mismo tiempo que mantuvo las edades jubilatorias y protegió las jubilaciones actualizándolas según la inflación. Fueron 15 las toneladas de piedras que las huestes trosco-kirchneristas arrojaron entonces a la cabeza de los policías en su intento de entrar a lincharnos al recinto de Diputados, mientras los honorables representantes del trosco-kirchnerismo, unidos a los del peronismo reciclador, intentaban hacer caer una sesión regular con 11 pedidos que fueron rechazados por ínfima mayoría. Tampoco funcionó.
Ahora estamos viendo el Plan C, que consiste en promover por todos los medios la repetición de uno de los peores momentos vividos por este país. La “Operación 2001”, que así se llama, es un movimiento de pinzas desarrollado en dos frentes: el político (la “Operación Que-se-vayan-todos bis”) y el frente económico (la “Operación cepo y default”). Miles de operadores políticos y mediáticos trabajan sin descanso en ambas, tratando de hacernos creer que existen las condiciones para otra debacle que le permita al populismo hacerse con el poder por otros 15 años, como cuando el populismo desorganizado de los cacerolazos, las marchas y las asambleas populares de 2001 le abrió el camino al populismo organizado por la vasta oligarquía escondida detrás de los retratos de Evita y el general Perón.
La Operación 2001, o Plan C del Club del Helicóptero, es burda y evidente, pero su defecto crucial es que no tiene posibilidades de concreción. En primer lugar, por más que se esfuercen por instalar la idea de que los políticos son todos iguales, de que no hay esperanza de salir del pantano de la corrupción y de que todos los gobiernos chorean, la mayor parte de los argentinos les sacó la ficha y ve la realidad. De aquel lado, la mafia que saqueó sistemáticamente el país por 12 años mientras se aseguraba la impunidad agarrando del cogote a los jueces. De este lado, el Gobierno de Cambiemos que dejó las manos libres a la Justicia, sancionó la ley del arrepentido que destapó la olla y se somete a la Justicia cada vez que uno de sus funcionarios es acusado. De un lado, quienes gobernaron desde 2007 la Capital, y del otro, los que desde 2007 gobernaron el país, con consecuencias inocultables que exceden el escándalo de la corrupción. De este lado, los que votaron una ley de extinción de dominio que permitiera recuperar lo robado y, del otro, la bancada del peronismo de Miguel Ángel Pichetto y el Frente para la Gloria que la cajonearon dos años y ahora la transformaron en un proyecto ridículo e impotente. De aquí, los que desaforamos a Julio de Vido y quisiéramos hacer lo mismo con Cristina y Menem. De allá, los senadores peronistas que los protegen temiendo que mañana les toque a ellos.
El contraste entre las miles de personas que se movilizaron el 21A y las minúsculas demostraciones de apoyo a Cristina en la puerta de su departamento dejan al descubierto el tradicional “error” de evaluación de las consultoras que patean siempre para el mismo lado, el del Mal. La gente puede estar más o menos de acuerdo con este gobierno, pero sabe distinguir un gobierno de una mafia, y las imágenes obscenas del saqueo del peronismo kirchnerista de estos años la ayudan a ver lo que por años, mientras duraban la soja por las nubes y las tasas del dólar por el piso, nadie quería ver. Los que suponen que el escándalo desatado por los cuadernos no tendrá repercusiones electorales son los mismos que le aconsejaron a Cristina que pusiera a Aníbal de candidato en 2015. “Total, con Vidal gana lo mismo”, le deben haber dicho. Así les fue.
De manera que no parece estar desarrollándose otro “Que se vayan todos” sino más bien una exigencia mucho más madura y racional de que se acaben los privilegios de casta de los políticos y de los empresarios; que es exactamente lo que está comenzando a suceder hoy. De allí a que el Gobierno capitalice el logro de haber apostado por la República hay un gran trecho, desde luego. Pero nadie puede ocultar que están pasando cosas que hasta ayer les parecía imposibles a los escépticos de siempre: funcionarios de primerísimo nivel, incluido un ex jefe del Ejército y un vicepresidente de la Nación, pasan sus días en la cárcel a la espera de sus condenas definitivas, y empresarios que se creían intocables desfilan por los tribunales de Comodoro Py. Sería bueno que las penas fueran más altas, claro. Falta la jefa de la banda, sí. No se puede confiar del todo en los actuales jueces, tampoco. Nada es perfecto, desde luego. Pero no ver el paso enorme que está dando el país es de ciegos, y es un insulto clasista y discriminatorio sostener que la gente es incapaz de comprender las consecuencias económicas de que la obra pública cueste hoy 40% menos que en 2015. A quienes así piensen, así les va a ir.
La otra pinza de la Operación 2001 es la económica, la “Operación cepo y default”. La encabeza el frente perionístico que, cuando se batían récords de venta de autos, motos y propiedades y de ocupación hotelera, decían que la situación era mala, y ahora que es mala apuestan al colapso, al cepo y al default. Sería gracioso si no fuera porque son los mismos que en 2015 reivindicaban el cepo y el default como herramientas fundamentales para pelear contra los fondos buitres del imperialismo. Y sería más creíble, además, si cuando pronostican que se viene el fin del mundo, lo hicieran simulando cara de preocupación y no con las sonrisas y la voz de entusiasmo que exhiben hoy.
Pero la pregunta es simple: ¿hay posibilidades de default? Y la respuesta es no. No hay posibilidades de default porque el Gobierno está cumpliendo con las metas fiscales planeadas, mientras que en 2001 sucedió lo contrario, porque no hay cambio fijo como en 2001 y, por lo tanto, la situación puede empeorar pero no provocar un crack, porque no hay depósitos en pesos contra dólares, porque lo que resta conseguir en el mercado (menos de 10 mil millones de dólares) hasta terminar el mandato es poco y porque el respaldo internacional que tiene este Gobierno es enorme. Por otra parte, los datos económicos son malos, pero ni de lejos tienen la gravedad que se pretende. Tomemos los peores: baja de la actividad del 6,7% interanual en junio, inflación proyectada de 34% para 2018, y aumento de la pobreza y el desempleo para lo que falta del año. Vamos de a uno.
De los 16 sectores económicos, hay cinco en verde (crecimiento), cuatro en amarillo (variaciones menores al 1%) y siete en rojo. Si el total da -6,7%, es porque uno de ellos, el agropecuario, pierde 31% contra 2017 por culpa de factores exclusivamente climáticos, ya que la siembra había sido récord pero la sequía seguida de diluvios la arruinó. Esa baja explica el 3,59% del descenso total, que queda así reducido a 3,1% interanual, una cifra mala pero mucho menor a las que pasamos varias veces durante el kirchnerismo sin que el perionismo gritara histéricamente y los liberalotes compitieran para darles material. Por ejemplo, en 2008-2009, el PBI perdió 4,5%, 9,7%, 11,6% y 6,2% en cuatro trimestres consecutivos sin que ningún perionista se desmayara en cámara, contra el -1,3% mayo-junio que los hace espantarse hoy. Y en 2009 sufrimos una baja del PBI de 5,9% interanual, contra el -1% que los peores pronósticos anticipan hoy.
¿Es un buen resultado el -1% del PBI previsto para 2018? No, especialmente porque se esperaba revertir el serrucho que desde 2010 hace que Argentina crezca en los años eleccionarios y entre en recesión los años pares; pero es el mejor resultado en un año par desde 2010. ¿Son buenos los datos, por lo tanto? No, pero hay una enorme diferencia entre un semestre recesivo y la crisis terminal que describen los perionistas. ¿Cometió errores el equipo económico? Sí, pero lo determinante ha sido el combo terrible compuesto por la peor sequía en cincuenta años, la suba del petróleo, la baja de las commodities y la suba de tasas de la FED. Calamidades agravadas recientemente por la corrida al dólar generada por la guerra comercial Estados Unidos-China, los tuits de Donald Trump contra Turquía, la devaluación del real y el parate de la obra pública causada por los cuadernos Gloria de la mafia K.
En cuanto a la inflación, lo mismo: el dato del 34% es muy malo y refleja un fracaso innegable de los planes del Gobierno. Aún así, 34% es un valor mejor que el de los años pares anteriores, 2014 y 2016, que rondaron el cuarenta por ciento. Aún así, la inflación combinada de dos años consecutivos (2017-2018), que incluye uno par y uno impar, sería la menor desde 2012-2013. Además, con tarifas que tienden gradualmente a la normalidad y sin cepo ni default ni otro tipo de doping financiero. Otra vez: ¿es un buen resultado? No, pero tampoco se ve por qué quienes callaron durante años, mientras la Reina Cleopatra ni pronunciaba la palabra “inflación” en sus discursos, lucen escandalizados hoy.
Finalmente, las variables sociales que tanto preocupan a los que se robaron todo y sus encubridores, que hoy se presentan al público convertidos en San Franciscos de Asís bajados de un plato volador. Y bien, según el Observatorio de la UCA, institución insospechable de macrismo, desde el 24,7% de 2011, la pobreza bajo el Gobierno de Cristina registró un aumento promedio de un punto porcentual anual hasta llegar al 29% en 2015. Coincidentemente, según el informe del CEDLAS (Universidad Nacional de La Plata) y el Conicet, pasó del 27,7% del primer semestre de 2012 al 30,5% del primero de 2015, atravesando un pico de 32,7% en el segundo semestre de 2014. La sola continuidad de esa tendencia (un punto porcentual más por año) debería haberla llevado a alrededor de 33% en 2018. La última medición del Indec recuperado para la civilización midió 25,7% para el segundo trimestre de 2017, con una disminución de seis puntos y medio respecto del 32,2% de un año y medio atrás. Resumiendo, el pico de pobreza causado por la salida del cepo y el default en 2016 no superó el de 2014, la tendencia ha sido desde entonces declinante y el descenso de 6,5 puntos en un año y medio fue un logro espectacular.
Y, sin embargo, en casi ningún medio se oyó una palabra de elogio. Mucho alagentenolealcanza y hayquieneslaestánpasandomal. Si eso pasó entonces, imaginemos ahora, cuando se espera un crecimiento del índice debido al shock devaluatorio. Aunque difícilmente se supere el valor dejado por Cristina después de 12 años de abundancia de soja y dólares, el perionismo augura un colapso social. ¿Será por la desocupación? Si se exceptúan los datos truchos del Indec de Guillermo Moreno, el 9,1% de desocupación y el 42,4% de tasa de empleo obtenidos en el primer trimestre de 2018 son los mejores datos de ocupación desde 1992. Que la situación siga siendo mala y que empeore en los próximos meses nos preocupa y ocupa a todos; pero las lágrimas de cocodrilo y las incitaciones a terminar con el gobierno de los ricos siguen siendo lo que son: operaciones comandadas y financiadas por los que ven cada día más cerca los barrotes de la prisión.
Es el Plan C del Club del Helicóptero, cuyos deseos imaginarios pretenden olvidar lo obvio: ni hay ni habrá una situación similar al 2001, con más del 38% de pobreza, ni los saqueos del 2001 obedecieron al hambre, que puede crear el ambiente social propicio favorable, pero no actúa por sí sola (en efecto, a fines de 2002 la pobreza había subido el 58%, pero como gobernaba el peronismo bonaerense no hubo saqueos. Acaso, porque la Policía Bonaerense de Carlos Ruckauf y Felipe Solá no declaró a la provincia territorio liberado como sí hizo en diciembre de 2001).
Quédense tranquilos, compañeros. Nada de eso va a suceder. Aunque hablen de crisis de confianza los mismos que lograron poner al allanamiento de una ex presidente en la tapa de The Wall Street Journal, el Plan C del Club del Helicóptero está destinado al fracaso, como los otros dos. No sucederá tampoco un Que-se-vayan-todos tan injusto como generalizado, ni un colapso de la economía como los que sufrimos cuando gobernaban los hipercríticos de hoy. Lo que habrá, lo que ya está habiendo, es un semestre duro y recesivo y un 2019 de recuperación, ya que muchas de las variables que era necesario enderezar para permitirlo han sido corregidas y se siguen corrigiendo, desde el tipo de cambio hasta las tarifas energéticas y el déficit fiscal. Y en 2019 Macri será el primer presidente civil no peronista que concluye su mandato desde 1928, y los ciudadanos iremos libremente a las urnas y votaremos al gobierno que se nos antoje. Al fin y al cabo, esto no es Venezuela. Ustedes perdieron.
Gravísimo. No por inesperado, sino por previsible. El manual peronista cuando no está en el poder es tan efectivo como perverso: desgaste constante, operetas mediáticas, tensión en la calle y fuego cruzado desde las instituciones. Mini golpes de Estado por goteo, hasta que la silla presidencial empiece a crujir. Lo peor no es la estrategia —que ya conocemos de memoria— sino la facilidad con la que buena parte de la sociedad se vuelve cómplice involuntaria. Ignorantes útiles que, con su voto, terminan alimentando el caos que dicen detestar.
Las escuchas ilegales en Casa Rosada son un escándalo mayúsculo, y sin embargo, pasan como una nota de color en la grieta. ¿Dónde están los defensores de la República ahora? ¿Dónde están los mismos que exigían “institucionalidad” cuando les tocaba a ellos? Las operaciones políticas ya se parecen demasiado a los días previos a la caída de De la Rúa. Por eso sorprende —y decepciona— ver cómo algunos sectores del radicalismo, en vez de aprender de la historia, vuelven a poner la otra mejilla.
Este domingo puede marcar un antes y un después. Si Axel Kicillof gana la provincia de Buenos Aires, se inicia la ofensiva final. No por mérito propio —su gestión habla por sí sola—, sino porque su victoria será leída como luz verde para el regreso del viejo régimen. El club del helicóptero está listo, y la película ya la conocemos: piquetes, saqueos, miedo, y una ciudadanía harta mirando otra vez a Ezeiza con resignación.
La Argentina tiene un don: tropezar con la misma piedra, pero con entusiasmo renovado. Y parece disfrutarlo. Nos acostumbramos a que nos den todo —mal, tarde y a cambio de nada— y creemos que eso es justicia social. Nos hemos vuelto tan fáciles de manipular que terminamos votando a los que nos empobrecen. Otra vez sopa, otra vez promesas vacías, otra vez el circo de siempre.
Aprovechen, quienes puedan, estos últimos días de normalidad: cambiar el auto, viajar, disfrutar de una economía aún sin cepo ni corralito. Porque si vuelven los que siempre vuelven, se termina todo eso. Volverán los controles absurdos, las prohibiciones sin sentido, la caza en el zoológico con la excusa de “proteger lo nacional”. ¿Se acuerdan cuando ni siquiera podíamos comprar un libro en Amazon sin pedir permiso a la AFIP?
Mientras tanto, cruzando el charco, Uruguay —gobernado incluso por la izquierda— jamás cayó en semejante autoritarismo económico. Allá no hubo cepo, ni dólar tarjeta, ni prohibiciones ridículas. Allá entendieron que ser de izquierda no significa castigar al ciudadano. Acá confundimos populismo con justicia, y estatismo con progreso.
El mercado ya da señales de alarma similares a las PASO de 2019 y al colapso de 2001. La economía pende de un hilo, y mientras tanto, muchos en vez de calmar las aguas, se encargan de echarle nafta al fuego. Pero bueno, si no aprendimos nada, si seguimos repitiendo los mismos errores, tal vez es lo que nos merecemos.
Lamentablemente, quienes van a pagar el precio más alto no serán los operadores de siempre, ni los burócratas enquistados, ni los militantes rentados. Serán los jóvenes. Otra vez.
Ya somos grandes. Y algunos ya entendimos que la distancia —física, emocional o financiera— es a veces la única defensa frente a un país que se empeña en castigarnos por no rendirnos al fracaso.
La historia argentina nos enseñó que cuando el peronismo no tiene el poder, se dedica a hacer tronar el escarmiento. El helicóptero ya está calentando motores. Ojalá no se repita. Pero todo indica que… otra vez sopa.
Juan Cruz Zanaboni, oriundo de Temperley y formado en Chubut como buzo profesional, se encuentra en estado crítico tras un accidente de apnea. Su familia pide ayuda para costear un traslado urgente a Estados Unidos.
Juan Cruz Zanaboni, un joven de Temperley que cursó sus estudios en Chubut y se especializó en buceo, atravesó un accidente mientras practicaba apnea, una modalidad de buceo en la que se desciende en profundidad conteniendo la respiración, en Bahamas.
Actualmente permanece intubado en el archipiélago caribeño, pero su cuadro requiere de manera inmediata ser derivado a un centro de mayor complejidad en Miami, donde pueda ser conectado a un equipo ECMO. Este dispositivo cumple la función de corazón y pulmones artificiales, permitiendo oxigenar y bombear la sangre cuando los órganos del paciente no logran hacerlo por sí mismos.
La familia de Juan Cruz recalcó que “cada segundo cuenta” en este tipo de situaciones y lanzó un pedido solidario para recaudar fondos que permitan concretar el traslado. Compartieron un alias y los datos correspondientes para que quienes deseen colaborar puedan hacerlo.
Con el 11% de mesas escrutadas, el candidato de Vamos Corrientes, hermano del actual mandatario, lidera con más del 50% de los votos.
Los primeros resultados oficiales de las elecciones en Corrientes confirman la victoria de Juan Pablo Valdés, de la alianza Vamos Corrientes, quien se perfila como el nuevo gobernador de la provincia.
Con el 11% de las mesas escrutadas, el hermano del actual mandatario, Gustavo Valdés, se está imponiendo en primera vuelta con el 52,61% de los votos.
En segundo lugar, se ubica el candidato de Limpiar Corrientes, Martín Ascúa, con el 20,1%, seguido por Encuentro por Corrientes (ECO), con el 17,27%.
Por su parte, el candidato de La Libertad Avanza se está posicionando en el cuarto lugar, con el 8,4%.
El cruce peatonal del Túnel Subfluvial por una mujer fue filmado por automovilistas y se viralizó en redes. El ente interprovincial inició una investigación.
Una mujer cruzó a pie el Túnel Subfluvial y activó una investigación oficial. La escena fue captada por personas que circulaban en un vehículo por el viaducto que une las provincias de Santa Fe y Entre Ríos. El video se viralizó rápidamente en redes sociales, generando preocupación entre los usuarios habituales de la traza. Desde el Ente del Túnel Subfluvial emitieron un comunicado oficial y anunciaron una investigación para esclarecer lo sucedido.
“Se activaron los protocolos correspondientes y se inició una investigación para aclarar lo sucedido”, informaron desde la entidad. El cruce peatonal por el túnel está terminantemente prohibido debido a los altos riesgos que representa, tanto para la integridad de la persona que transita como para la seguridad vial del resto de los usuarios.
En el video viral, se puede ver claramente a una mujer caminando por una de las márgenes internas del túnel, mientras es filmada desde un vehículo en movimiento. Aunque no se difundieron datos personales, ni se confirmó su identidad, las imágenes generaron todo tipo de comentarios en redes sociales.
Seguridad en riesgo y consecuencias legales
Ante la repercusión del hecho, el Ente del Túnel Subfluvial publicó un comunicado oficial en el que advierte sobre los peligros de este tipo de conductas. “El ingreso peatonal está terminantemente prohibido por los graves riesgos que implica para la seguridad de todas las personas usuarias. Esta conducta puede afectar la salud —por la exposición a gases de combustión y las condiciones de un ambiente confinado— y acarrear consecuencias legales para quien la realice, conforme a la normativa vigente”, expresa el texto difundido.
Además de los riesgos físicos como intoxicación o accidentes, el tránsito peatonal no autorizado puede provocar interrupciones en la circulación vehicular e incluso generar emergencias dentro de una infraestructura crítica como es el Túnel Subfluvial.
Fuentes cercanas al organismo indicaron que no es la primera vez que se detecta una conducta inapropiada en el viaducto, pero sí una de las pocas que fue registrada en video. Las cámaras de seguridad también habrían captado el recorrido de la persona, aunque esto no fue confirmado oficialmente. (Con información de LT10)
Un hombre murió en Concordia, en la zona del Parque San Carlos. Según los datos preliminares, tendría entre 35 y 45 años. El mismo se descompensó mientras realizaba actividad deportiva.
La víctima sufrió un paro cardiorrespiratorio, de acuerdo a lo que determinó la médica policial que intervino en el lugar.
El hombre fue hallado por otra persona que también se encontraba realizando actividad física en el parque, y quien dio inmediato aviso a la policía. Al arribar los funcionarios, constataron que ya no presentaba signos vitales.
En un primer momento se desconocía la identidad del fallecido, aunque más tarde la misma fue confirmada a raíz del trabajo realizado por la División Policía Científica de la Jefatura Departamental de Concordia, aunque aún no fue comunicada.
Yamila Acevedo es mamá de dos nenas, una de ellas es Valentina, la bebé de apenas 15 días que falleció el miércoles 27 en el Hospital Delicia Masvernat, de Concordia.
Yamila Acevedo es de Feliciano. El cuerpo de su bebé -eso creía- viajó desde Concordia a Feliciano para ser velado. Pero cuando el cuerpo llegó cayó en la cuenta de que no era el de su hija. Tenía en la muñeca una cinta con un nombre: «Sara».
Primero acudió a la Policía, pero allí no le tomaron la denuncia, según contó el abogado de la familia, Nicolás Baldini. Entonces, fue a los Tribunales. La primera funcionaria que tramitó el caso fue Gisela Muñiz, de la Unidad Fiscal de Feliciano. Muñiz no supo -ni poco ni mucho- qué había pasado con el cuerpo de Valentina.
De igual modo creyó necesario emitir comunicado urbi et orbi.
“Las actuaciones se llevaron a cabo en forma conjunta y coordinada con la Policía de Entre Ríos, personal de Criminalística, Jefatura de Investigaciones y demás áreas intervinientes, resguardando la prueba y asegurando la transparencia del proceso”, dijo la fiscal en un comunicado.
El jueves por la tarde, el abogado de la mamá de Valentina, Nicolás Baldini, informó, en una comunicación telefónica con el programa Puro Cuento de Radio Plaza 94.7, que desde el Hospital Masvernat le habían informado que el cuerpo de la niña había aparecido en la morgue.
Pero Yamila Acevedo no pudo velar el cuerpo de su hija. Fue a la morgue, intervino Fiscalía: hubo que esperar.
La mujer habló con el periodista Oscar Arnau, del sitio Tal Cual Chajarí, y contó del maltrato que recibió. «Nos destrataron, nos gritaron, nos negaban que el cuerpo estaba equivocado. Llamaron hasta la seguridad del Hospital para sacarnos de la oficina. El director no tenía idea ni supo qué decir, por qué el cuerpo de Valentina estaba donde estaba ni tampoco nos explicó por qué pasó lo que pasó”.
El abogado Nicolás Baldini quiso hablar del caso con los medios para ayudar a que todo se esclarezca y para que en la Procuración General de la Provincia tomaran nota de qué estaba sucediendo.
«Me enojó mucho que no hayan resguardado las pruebas. Es decir, que resguarden todo lo que es evidencia: videograbaciones, historias clínicas, libros. No se hizo nada, ni un allanamiento del hospital. El debate no es la causa de la muerte de la bebé, sino el trato que vino, que sobrevino después de la muerte», señaló.
En medio de esas situaciones bochornosas, el abogado contó cuál fue su estrategia. «Mi estrategia era hacerlo público al caso y ejercer la presión a través de ustedes los medios periodísticos al área de Procuración y del Poder Judicial, para apurar un poco la situación», dijo.
El caso por estas horas está en manos del fiscal José Arias, de la Unidad Fiscal de Concordia, que subroga a su colega Julia Rivoira.