El presidente afirma que la ausencia de la OTAN en las negociaciones con Irán le costó caro a Estados Unidos.
El presidente Donald Trump dio a entender el viernes que se está alejando de la guerra con Irán tras las aparentes negociaciones positivas de esta semana y la captura del líder venezolano Nicolás Maduro por parte de su administración, diciendo: “Cuba es el siguiente”.
Durante su intervención en Florida , en la Cumbre del Instituto de la Iniciativa de Inversión Futura (FII, por sus siglas en inglés) celebrada en el Foro Faena de Miami Beach, Trump afirmó que, si bien hizo campaña prometiendo la paz a través de la fuerza, a veces la fuerza es necesaria.
«Y Cuba es la siguiente, por cierto. Pero hagan como si no lo hubiera dicho», dijo Trump. «Por favor, por favor, por favor, medios de comunicación, ignoren esa declaración. Muchas gracias. Cuba es la siguiente».
Irán atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente, con un escenario que combina guerra externa, rebelión interna y un fenómeno inédito: ciudadanos comunes utilizando sus teléfonos para señalar objetivos militares en tiempo real.
En Teherán, unidades de seguridad del régimen se ven obligadas a esconderse bajo puentes para evitar ataques de drones, mientras desde balcones, autos o calles, civiles envían coordenadas que terminan en bombardeos precisos. No se trata de una organización armada tradicional, sino de una red espontánea formada por estudiantes, comerciantes, jubilados y trabajadores.
La dinámica es tan simple como letal: alguien detecta un movimiento de fuerzas del régimen, lo registra con su celular y lo envía a canales cifrados que terminan en manos de inteligencia extranjera. Minutos después, el objetivo puede ser destruido desde el aire. Esta mecánica, según reportes internacionales, ya habría permitido ataques selectivos contra puestos de control y bases vinculadas a la Guardia Revolucionaria.
El impacto no es solo militar. Es psicológico. Las fuerzas del régimen ya no confían en la población, pero tampoco pueden distinguir quién es una amenaza. Cada ciudadano se convierte en un posible informante. El resultado es una parálisis operativa: no pueden patrullar, no pueden organizarse, no pueden moverse sin ser detectados.
Este quiebre interno se potencia con la presión externa. Estados Unidos e Israel mantienen superioridad tecnológica en el aire, mientras en tierra se consolida una inteligencia civil descentralizada imposible de desarticular. La combinación de ambos frentes genera un efecto devastador sobre la estructura del poder iraní.
Al mismo tiempo, los ataques a infraestructuras estratégicas como la planta nuclear de Natanz no buscan provocar catástrofes inmediatas, sino inutilizar el sistema. Sin energía, sin logística y sin control territorial, incluso las instalaciones más protegidas quedan fuera de funcionamiento.
En las calles, el cambio es evidente. Las protestas crecen, el miedo retrocede y la percepción de debilidad del régimen alimenta una ola de desafío social que ya no puede ser contenida con los métodos tradicionales de represión.
La clave de este proceso es que no tiene liderazgo ni estructura centralizada. No hay una cabeza que cortar. Es una red difusa, masiva y anónima. Y eso la vuelve prácticamente imposible de frenar.
El régimen iraní enfrenta así una tormenta perfecta: pierde el control interno, es presionado desde el exterior y ve cómo su principal herramienta de poder —el miedo— deja de funcionar. En ese escenario, la pregunta ya no es si su programa nuclear sobrevivirá, sino si el propio sistema político logrará sostenerse el tiempo suficiente para intentar reconstruirse.
En Israel, la vida no se mide en tiempos de paz y tiempos de guerra. Se mide en continuidad.
Lo que muchas personas fuera del país no logran comprender es que la base emocional de los israelíes está, de alguna manera, calibrada de forma distinta. No porque sean más fuertes o más valientes, sino porque han aprendido —casi sin darse cuenta— a vivir dentro de una realidad donde la incertidumbre no es una excepción, sino parte del paisaje.
Aquí, la historia no llega como un capítulo con principio y fin. No se abre y se cierra. Se instala.
Para muchos en el extranjero, la guerra es un evento: algo que ocurre, sacude y luego se convierte en memoria. En Israel, en cambio, se parece más al clima: impredecible, presente, imposible de ignorar, pero también imposible de detener la vida por completo.
Sirenas que irrumpen en medio de una clase. Debates políticos que no se apagan nunca. Escuelas que abren… o no. Una boda que sigue en pie si las rutas lo permiten. Un funeral que llega sin aviso.
Todo puede suceder en un mismo día. Incluso en la misma hora.
Antes del 7 de octubre, Israel atravesaba meses de una intensa discusión interna. La reforma judicial había dividido familias, tensado amistades y movilizado a cientos de miles de personas en protestas semanales.
Las calles se llenaban no solo de consignas, sino de una convicción profunda: que el futuro del país pertenece a quienes lo habitan.
Y entonces, el 7 de octubre lo cambió todo.
Pero no silenció esa discusión. Solo la empujó hacia adentro. La urgencia pasó a ser otra: sobrevivir, sostenerse, cuidar.
Desde entonces, el país vive en una combinación difícil de explicar: dolor prolongado y alerta constante.
Misiles. Rehenes. Funerales. Reservistas dejando sus trabajos. Niños aprendiendo a distinguir entre rutina y emergencia.
Y aun así, la vida no se detiene.
Los cafés siguen abiertos. Los bebés siguen naciendo. Las historias de amor siguen empezando. Y en cada casa, siempre hay alguien —una abuela, una madre, un vecino— que insiste en servir un plato más, como si alimentar fuera también una forma de resistir.
Hay algo que los israelíes entienden profundamente: esperar a que llegue la calma para vivir es, en este lugar, una ilusión.
Entonces viven.
Viven fuerte. Discuten sin filtros. Se ríen incluso en días difíciles. Critican a su gobierno con pasión. Se organizan, se ayudan, se presentan unos para otros.
Desde afuera, puede parecer caos. Desde adentro, es otra cosa. Es resiliencia.
Pero no la resiliencia épica que muestran las películas. No la de los héroes. Sino la resiliencia silenciosa, cotidiana, casi invisible: la de quien se levanta, prepara café, lleva a sus hijos a la escuela cuando puede, corre al refugio cuando debe y, más tarde, vuelve a la cocina para preparar la cena.
Una y otra vez.
En muchas ciudades del país, especialmente en el sur, las viviendas están construidas con una habitación reforzada llamada “mamad”, diseñada para proteger a las familias en caso de ataques.
Lo llamativo no es solo su función, sino su uso cotidiano: durante el día puede ser el cuarto de juegos de los niños, una oficina o incluso un espacio para ver televisión. Ese mismo lugar que, en segundos, se convierte en refugio.
Quizás no haya mejor símbolo de la vida en Israel que ese cuarto: un espacio donde conviven, sin contradicción, la normalidad y la emergencia.
Porque aquí, incluso cuando el suelo tiembla, la vida —de alguna manera— siempre continúa.
El Ejército continúa atacando puntos militares de gran importancia con la destrucción de drones, aeronaves, vehículos e inmuebles.
El Comando Central de Estados Unidos compartió nuevamente impresionantes videos de los ataques aéreos en territorio iraní sobre objetivos del régimen de los ayatolás.
Mientras el Gobierno de Donald Trump asegura que la dictadura está en su ocaso, el Ejército continúa atacando puntos militares de gran importancia con la destrucción de drones, aeronaves, vehículos e inmuebles.
Las fuerzas estadounidenses continúan eliminando la capacidad del régimen iraní para utilizar drones de ataque unidireccional, que han empleado para atacar indiscriminadamente a civiles en toda la región”, señaló en Centcom en sus redes sociales.
U.S. forces continue to eliminate the Iranian regime’s one-way attack drone capabilities, which they’ve used to indiscriminately target civilians throughout the region. pic.twitter.com/AbdLMmtoei
En paralelo, el presidente Donald Trump indicó que ha tenido conversaciones productivas con el régimen de Irán en el marco de la resolución sobre las hostilidades en Oriente Medio.
“Me complace informar que los Estados Unidos de América e Irán han tenido, durante los últimos dos días, conversaciones muy buenas y productivas sobre una resolución completa y total de nuestras hostilidades en Oriente Medio”, escribió en su red social Truth.
Asimismo, el mandatario aseguró que espera encontrar un líder en Irán para que reemplace a Motjabá Jamenei, hijo del abatido líder supremo Alí Jamenei.
Trump elogió a la jefe encargada del régimen venezolano Delcy Rodríguez y dice que espera “encontrar a alguien así” en el cambio de régimen de Irán.
“Miren a Venezuela, lo bien que está funcionando. Todo está saliendo tan bien, con el petróleo y la relación con Delcy Rodríguez”, expresó Trump ante periodistas en Florida.
Posteriormente, el titular de la Casa Blanca complementó: “Quizás encontraremos alguien así en Irán”.
Cada 24 de marzo, desde el retorno de la democracia en 1983, la Argentina vuelve a enfrentarse a una escena repetida: memoria, condena, reivindicación, discusión. No hay síntesis. No hay cierre. Hay, en cambio, una tensión persistente que atraviesa generaciones y que en 2026 sigue tan vigente como hace décadas.
La dificultad no es menor: se trata de interpretar uno de los períodos más violentos de la historia nacional sin caer en simplificaciones, sin negar responsabilidades y, sobre todo, sin utilizar el pasado como herramienta de disputa política del presente.
La dicotomía que nunca se resolvió
En ese debate reaparece, una y otra vez, la llamada “teoría de los dos demonios”, una interpretación surgida en los primeros años de la democracia bajo el gobierno de Raúl Alfonsín.
Esa teoría planteaba que la sociedad argentina había quedado atrapada entre dos violencias: la de las organizaciones armadas y la del Estado. Con el tiempo, fue fuertemente cuestionada por organismos de derechos humanos y buena parte de la academia, que subrayaron una diferencia clave: el Estado no es un actor más, sino el garante de la legalidad. Cuando el Estado se convierte en aparato represivo ilegal, la escala y la responsabilidad cambian.
Sin embargo, la persistencia del debate revela algo más profundo: la imposibilidad de una narrativa común. Para algunos, el foco está exclusivamente en el terrorismo de Estado; para otros, en el contexto previo de violencia política y guerrilla. La grieta no es nueva: tiene medio siglo.
Los años 70: violencia, descomposición y decisión militar
El contexto previo al golpe del 24 de marzo de 1976 fue de creciente desorden institucional. Tras la muerte de Juan Domingo Perón, el gobierno de María Estela Martínez de Perón quedó debilitado, sin conducción política clara y con una escalada de violencia que incluía acciones de organizaciones armadas.
En ese escenario, sectores del propio sistema político y económico comenzaron a ver en las Fuerzas Armadas una salida. El golpe no fue un rayo en cielo sereno: fue el desenlace de una crisis.
El presente de María Estela Martínez de Perón
A partir de allí, el régimen encabezado por Jorge Rafael Videla desplegó un plan sistemático de represión ilegal: secuestros, torturas, desapariciones. La respuesta fue desproporcionada, clandestina y, sobre todo, planificada.
El dictador Jorge Rafael Videla saluda desde el balcón de la Casa Rosada.
Pero reducir todo a una lógica binaria tampoco explica completamente el fenómeno. La violencia previa existió, y su interpretación sigue siendo parte del conflicto narrativo argentino.
El “loop” histórico: economía, poder y consecuencias
A 50 años del golpe, otra discusión emerge con fuerza: no sólo qué pasó, sino para qué pasó.
El modelo económico implementado por José Alfredo Martínez de Hoz marcó un quiebre. Endeudamiento, desindustrialización y apertura financiera configuraron un esquema que, con distintas variantes, reapareció en etapas posteriores.
Ese “loop” —dictadura, reformas estructurales, crisis, retorno democrático, nueva crisis— es señalado por muchos analistas como una de las claves del declive argentino.
Del pasado al presente: el doble estándar global
Pero el debate argentino no ocurre en el vacío. Hoy, en 2026, las discusiones sobre violencia, terrorismo y respuesta estatal vuelven a escena en el plano internacional.
El conflicto entre Irán e Israel reabre preguntas incómodas: ¿cómo se responde frente a actores que no respetan reglas? ¿Dónde termina la defensa y empieza el exceso?
Irán, gobernado por un régimen teocrático, ha sostenido durante décadas una retórica de eliminación de Israel, además de su vinculación con grupos armados en la región. Frente a esto, la reacción israelí y el posicionamiento de potencias occidentales generan críticas —especialmente desde sectores de izquierda— que denuncian desproporción o incluso genocidio.
En ese marco, figuras como Donald Trump han sido calificadas por algunos como “genocidas” por su política exterior o su respaldo a determinadas acciones militares.
La pregunta incómoda
Aquí aparece el nudo del debate:
Si se condena —con razón— el terrorismo de Estado en Argentina, ¿cómo se evalúan las acciones de Estados frente a amenazas reales y actores radicalizados?
¿Es comparable una dictadura que reprime clandestinamente a su propia población con un Estado que responde, en un contexto de guerra, a un enemigo externo?
¿Es válido aplicar la misma categoría moral en todos los casos?
Memoria, pero también coherencia
El problema no es recordar —eso es indispensable— sino cómo se interpreta ese recuerdo.
La Argentina construyó, con esfuerzo, una política de memoria basada en el “Nunca Más”. Pero esa construcción corre el riesgo de debilitarse cuando se vuelve selectiva o se utiliza como herramienta ideológica.
La condena al terrorismo de Estado no debería implicar la negación del contexto histórico, ni tampoco la justificación de otras violencias en el presente por afinidad política.
Lo que no se dice
Quizás la verdadera dificultad del 24 de marzo no sea histórica, sino contemporánea: la incapacidad de sostener un criterio universal frente a la violencia.
Porque si todo depende del actor que la ejerce, entonces ya no hay principios, sino relatos.
A 50 años del golpe, la Argentina sigue discutiendo su pasado porque, en el fondo, sigue discutiendo su presente.
Y la pregunta sigue abierta:
¿Se puede construir una memoria completa —no parcial— sin caer en justificaciones ni dobles estándares?
Kaveh Madani afirma que las repercusiones en la economía mundial serán “tanto inmediatas como duraderas” si el conflicto se intensifica aún más.
Irán está a punto de atacar infraestructuras críticas de desalinización en todo Oriente Medio en cuestión de días, lo que intensificará las tensiones con Estados Unidos e Israel y provocará repercusiones económicas mundiales, advirtió el domingo un funcionario de la ONU.
Kaveh Madani , científico iraní y funcionario de la ONU, afirmó que las plantas desalinizadoras de toda la región podrían verse afectadas “en los próximos días”, lo que plantea la posibilidad de una crisis hídrica regional más amplia y que afectaría a los mercados mundiales.
Las amenazas de ataque proferidas por el régimen el domingo se produjeron en respuesta a la advertencia del presidente Donald Trump de que Estados Unidos atacaría la infraestructura eléctrica iraní a menos que se abriera el estrecho de Ormuz en un plazo de 48 horas.
Irán amenaza con atacar la infraestructura de desalinización y energía en cuestión de días, advierte un funcionario de la ONU, citando consecuencias duraderas para los mercados mundiales y el suministro de agua.
Un portavoz de la Sede Central de Hazrat Khatam al-Anbiya (PBUH) declaró: “Tras las advertencias previas, si la infraestructura energética y de combustible de Irán es atacada por el enemigo, toda la infraestructura energética, de tecnología de la información y de desalinización perteneciente a Estados Unidos y al régimen de la región será atacada”.
Un portavoz de la Sede Central de Hazrat Khatam al-Anbiya (PBUH) declaró: “Tras las advertencias previas, si la infraestructura energética y de combustible de Irán es atacada por el enemigo, toda la infraestructura energética, de tecnología de la información y de desalinización perteneciente a Estados Unidos y al régimen de la región será atacada”.
A pesar de esa ventaja relativa, Irán ha sufrido años de sequía severa , mala gestión de los recursos hídricos y descenso de los niveles de agua subterránea, lo que ha provocado que algunas zonas del país padezcan una creciente escasez de agua.
“Si a los iraníes se les acaba el agua o la electricidad, no se sublevarán”, afirmó Holly Dagres , investigadora principal de la familia Libitzky en el Instituto Washington para la Política del Cercano Oriente.
Vista aérea de la isla de Qeshm, separada del territorio continental iraní por el estrecho de Clarence, 10 de diciembre de 2023.
“La triste realidad es que la República Islámica prefiere dejar que el país arda antes que parecer débil mientras se enfrenta a una amenaza existencial”, dijo.
Emma Bussey es redactora de noticias de última hora para Fox News Digital. Antes de unirse a Fox, trabajó en The Telegraph con el equipo nocturno de Estados Unidos, cubriendo secciones como asuntos internacionales, política, noticias, deportes y cultura.
“Irán ha sido muy malo durante 47 años y ahora está recibiendo su justo castigo”, manifestó el presidente de Estados Unidos durante una entrevista con el Canal 13 de Israel
Este domingo el presidente Donald Trump reiteró el ultimátum para que el régimen de Irán reabra el estrecho de Ormuz en medio de la escalada de tensiones en Medio Oriente. El sábado, el líder republicano exigió públicamente la reapertura inmediata y sin restricciones de esa vía marítima estratégica, advirtiendo que, si no se cumple su ultimátum, ordenará ataques dirigidos contra infraestructuras eléctricas iraníes.
Este domingo el presidente Donald Trump reiteró el ultimátum para que el régimen de Irán reabra el estrecho de Ormuz en medio de la escalada de tensiones en Medio Oriente. El sábado, el líder republicano exigió públicamente la reapertura inmediata y sin restricciones de esa vía marítima estratégica, advirtiendo que, si no se cumple su ultimátum, ordenará ataques dirigidos contra infraestructuras eléctricas iraníes.
Este domingo fue más allá, y advirtió que si la República Islámica no cumple con su demanda, “la destrucción será total”.
En declaraciones a la cadena de televisión israelí Canal 13, Trump sostuvo: “Pronto verán lo que pasa con el ultimátum de las centrales eléctricas. El resultado va a ser muy bueno (…). La destrucción de Irán va a ser total y va a funcionar estupendamente”. Asimismo, sostuvo que “Irán ha sido muy malo durante 47 años y ahora está recibiendo su justo castigo”.
El presidente también criticó la falta de participación de los países miembros de la OTAN en eventuales operaciones en la zona. Trump indicó: “Los países de la OTAN no están haciendo nada. Es una vergüenza enorme”.EEUU asegura que ha “debilitado” el control de Irán sobre Ormuz tras su reciente ataque a la costa iraní
Desde el inicio del conflicto militar, el 28 de febrero de 2026, la tensión en el estrecho de Ormuz ha escalado de forma constante. En la actualidad, solo un aproximado del cinco por ciento del tránsito marítimo habitual sigue operativo, lo que ha provocado una subida de los precios internacionales del petróleo, que llegaron a superar los 119 dólares el barril antes de estabilizarse.
El mando operativo militar de Irán, Khatam Al-Anbiya, contestó que, si Estados Unidos ejecuta su amenaza, cerrará completamente el estrecho de Ormuz hasta que las instalaciones dañadas sean reconstruidas. La restricción vigente ya limita drásticamente el tráfico, dejando paso solo a un pequeño número de embarcaciones cada día. El gobierno iraní sostiene que solo permitirá la reapertura total cuando sus infraestructuras sean reparadas y exige coordinación con las autoridades nacionales para toda la navegación.
Las autoridades iraníes han advertido además que responderán con ataques a empresas con intereses estadounidenses en la región y han reiterado que su prioridad sigue siendo la diplomacia. Sin embargo, el representante iraní en Londres, Ali Mousavi, subrayó que la confianza mutua y el cese de la agresión son condiciones indispensables para reducir la tensión.
Teherán mantiene el paso abierto únicamente a buques de países no considerados hostiles, bajo normas de seguridad reforzadas y en cooperación con la Organización Marítima Internacional.
Más de veinte países —en su mayoría europeos, así como Emiratos Árabes Unidos y Bahréin— publicaron un comunicado conjunto para mostrar su compromiso con la protección del tránsito en el estrecho y condenar los ataques iraníes a barcos y a infraestructuras civiles. Los firmantes señalaron su disposición a contribuir a los esfuerzos internacionales destinados a garantizar el paso seguro.
En medio de esta escalada de tensiones, el jefe del Comando Central de Estados Unidos, Brad Cooper, informó que se han destruido instalaciones estratégicas y puntos de apoyo logístico, reduciendo significativamente la amenaza de la República Islámica en Ormuz.
Expertos advirtieron sobre las posibles consecuencias si Irán decide imponer peajes a las embarcaciones extranjeras, lo que aumentaría la llamada “interdependencia forzada” y reconfiguraría el comercio energético y los equilibrios regionales. Este escenario anticipa mayores fluctuaciones en los mercados y subraya la incertidumbre sobre el suministro global de energía.
La economía argentina atraviesa un momento tan particular como difícil de clasificar. Por un lado, algunos indicadores recientes muestran signos de recuperación que, leídos de manera aislada, podrían alimentar un relato optimista. Por otro, persisten desequilibrios estructurales que obligan a poner en duda la solidez de esa mejora.
El dato más llamativo fue el crecimiento mensual del 1,8% registrado en diciembre de 2025. En cualquier economía, se trata de una cifra significativa. En la Argentina, además, sugiere la posibilidad de una recuperación más dinámica tras un año marcado por el ajuste. Sin embargo, extrapolar ese número como tendencia consolidada sería apresurado: la volatilidad local obliga a leer estos repuntes con cautela.
Al mismo tiempo, la inflación volvió a mostrar señales de resistencia. Tras haber descendido a niveles relativamente bajos a mediados de 2025, los registros de comienzos de 2026 indican una aceleración que vuelve a poner en evidencia una fragilidad conocida: la economía argentina sigue dependiendo de un flujo constante de dólares para estabilizar sus variables centrales.
Es en ese punto donde aparece un factor inesperado. El conflicto en Medio Oriente y las tensiones en torno al Estrecho de Ormuz reconfiguraron el mercado energético global, impulsando el precio del petróleo y alterando los flujos de inversión. Para la mayoría de los países, esto representa un problema. Para la Argentina, abre una ventana de oportunidad.
Con el desarrollo de Vaca Muerta, el país comenzó a posicionarse como un proveedor relevante de energía en el mediano plazo. El incremento en la producción y la mejora en las expectativas de exportación permiten anticipar un ingreso mayor de divisas, en un contexto internacional donde los inversores buscan diversificar riesgos fuera de las zonas en conflicto.
El cambio potencial en la balanza energética es significativo. Tras años de déficit, el sector podría consolidar un superávit que aporte miles de millones de dólares adicionales. A esto se suman proyectos de infraestructura y acuerdos comerciales que, de concretarse, reforzarían el rol de la energía como uno de los pilares del modelo económico emergente.
Sin embargo, este escenario favorable plantea al mismo tiempo un interrogante central: ¿hasta qué punto este impulso externo puede traducirse en una mejora sostenida de la economía argentina?
El gobierno de Javier Milei ha optado por una estrategia clara: priorizar la estabilidad macroeconómica, avanzar en la apertura comercial y reducir el peso del Estado. En ese marco, el manejo de los nuevos flujos de divisas se volvió un punto de debate. La decisión de utilizar esos recursos para acelerar el pago de deuda, en lugar de fortalecer reservas o estimular la actividad interna, responde a una lógica de credibilidad financiera, pero no está exenta de cuestionamientos.
El argumento oficial es conocido: mejorar la reputación del país como deudor permitiría reducir el riesgo y facilitar el acceso al crédito en el futuro. Sin embargo, algunos analistas advierten que esa estrategia podría limitar el margen de maniobra en el corto plazo, especialmente en un contexto donde la inflación núcleo y la actividad económica aún muestran signos de tensión.
La otra cara del proceso se observa en la economía real. Mientras el sector energético y el agro exhiben dinamismo, amplias áreas del tejido productivo continúan bajo presión. La apertura de importaciones y la reconfiguración del esquema económico impactan particularmente en la industria y el comercio, sectores clave para el empleo.
Este fenómeno no es nuevo en la historia argentina. Cada vez que un sector exportador gana protagonismo, emerge el riesgo de un desequilibrio interno: crecimiento impulsado por dólares que no necesariamente se traduce en desarrollo homogéneo. La discusión, en este sentido, no es solo macroeconómica, sino también productiva.
Lo que no se dice
El actual escenario plantea una tensión de fondo que trasciende al gobierno de turno. La posibilidad de contar con una nueva fuente masiva de divisas —como la energía— puede convertirse tanto en una plataforma de desarrollo como en una nueva forma de dependencia.
Si el crecimiento se apoya de manera excesiva en factores externos —precio del petróleo, demanda internacional, estabilidad geopolítica— la economía argentina volverá a quedar expuesta a variables que no controla. Y si, al mismo tiempo, el mercado interno no logra recomponerse, el resultado puede ser una recuperación parcial, concentrada y socialmente desigual.
En definitiva, la Argentina vuelve a encontrarse frente a una oportunidad generada fuera de sus fronteras. Esta vez, con Vaca Muerta como protagonista y un cambio de enfoque bajo la administración de Javier Milei, el desafío no es menor.
Los dólares pueden llegar. La pregunta es si alcanzarán para resolver los problemas de fondo o si, una vez más, funcionarán apenas como un alivio transitorio en una economía que sigue buscando estabilidad duradera.
El Departamento de Estado anunció una recompensa para quienes aporten información sobre altos mandos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, señalados por planear y ejecutar actos terroristas en el mundo
En medio de su ofensiva contra Irán, las autoridades de Estados Unidos ofrecieron una recompensa de 10 millones de dólares por información sobre los principales líderes militares del régimen persa
“Estos individuos comandan y dirigen diversos elementos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), que planifica, organiza y ejecuta actos terroristas en todo el mundo”, declaró el Departamento de Estado. “Si tiene información sobre estos u otros líderes clave del CGRI o sus ramas, envíenosla a través de nuestra línea de información en Tor o Signal”.
Tor es una red abierta para la comunicación anónima. Los sitios web a los que se accede a través del navegador se conocen como la “web profunda” o “darknet”.
Los cinco hombres mencionados en el anuncio de la recompensa son el comandante del CGRI, Ahmad Vahidi; el jefe de inteligencia del CGRI, Majid Khademi; el jefe de drones del grupo paramilitar, Sa’id Aghajani; el jefe de ciberseguridad, Hamidreza Lashgarian; y Ali Abdollahi, quien dirige el Cuartel General Central Khatam al-Anbiya, un comando conjunto del ejército iraní. En su comunicado, el Departamento de Estado de EEUU afirmó que enviarles información “podría hacerle elegible para la reubicación y una recompensa”.
La semana pasada, Estados Unidos anunció una recompensa de hasta USD 10 millones por información que conduzca a la localización de altos funcionarios militares e inteligencia de Irán, incluyendo a su nuevo líder supremo, Ayatollah Mojtaba Khamenei. Así lo indica la página web del Departamento de Estado, que detalla que la medida está dirigida a diez miembros asociados al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI), fuerza leal al líder supremo y responsable de proteger el sistema clerical chií instaurado tras la Revolución Islámica de 1979.
Este póster del Departamento de Estado de EE. UU. anuncia una recompensa de hasta $10 millones por información sobre líderes clave del IRGC de Irán, como el Ayatolá Mojtaba Khamenei, por su implicación en terrorismo global. (Departamento de Estado de Estados Unidos)
El anuncio se produjo tras la muerte de Alí Khamenei, anterior líder supremo de Irán, quien falleció junto a otros altos funcionarios iraníes en ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel iniciados el 28 de febrero. Mojtaba Khamenei, hijo del fallecido líder, asumió el liderazgo y se cree que resultó herido en los ataques. Desde entonces, no ha aparecido en público, aunque difundió varios comunicados.
Además del líder supremo, el gobierno estadounidense buscaba información sobre el ahora fallecido Alí Larijani, jefe de seguridad iraní; Esmail Jatib, ministro de Inteligencia; Eskandar Momeni, ministro del Interior; y dos funcionarios de la oficina de Khamenei. El sitio de recompensas también menciona a otros cuatro altos cargos, incluido el comandante del CGRI y el secretario del consejo de defensa, aunque sus nombres y fotografías no fueron publicados.
El Departamento de Estado afirmó: “Estos individuos comandan y dirigen diversos elementos del CGRI, que planifica, organiza y ejecuta actos de terrorismo en todo el mundo”. El CGRI fue designado por Washington como organización terrorista extranjera, señalándolo como responsable de ataques donde han muerto ciudadanos estadounidenses.
Washington responsabiliza a Irán de planear asesinatos contra el expresidente Donald Trump y otros funcionarios estadounidenses como represalia por la muerte del comandante militar iraní Qasem Soleimani en 2020. Las autoridades iraníes niegan cualquier vínculo con el terrorismo y describen las acusaciones estadounidenses como ataques políticos sin fundamento, alegando que Washington utiliza esos argumentos para justificar campañas de presión y sanciones.
El jefe iraní que murió en un bombardeo de Israel era considerado el principal responsable del control del país, sumido en la conmoción por la muerte de su líder supremo y la escalada de la guerra
Ali Larijani, un alto funcionario de seguridad iraní, era considerado el principal responsable del control del país, sumido en la conmoción por el asesinato de su líder supremo y la escalada de la guerra. Israel anunció el martes la muerte de Larijani en un ataque nocturno.
Tras la confirmación del deceso de Ali Larijani, un mensaje atribuido a su cuenta dice que “su memoria permanecerá siempre en el corazón de la nación iraní, y estos mártires sentarán las bases del Ejército de la República Islámica dentro de la estructura de las fuerzas armadas durante muchos años”.
“Ruego a Dios Todopoderoso que les conceda a estos queridos mártires el más alto rango”, se leyó en el mensaje dedicado a quienes la cuenta de Larijani consideró “mártires”.
El ejército israelí también afirmó haber abatido al general iraní Gholam Reza Soleimani, líder de una poderosa fuerza de seguridad interna que ha reprimido oleadas de protestas masivas contra la teocracia chií.
El líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, y otros altos funcionarios de seguridad murieron en los sorpresivos ataques estadounidenses e israelíes que desencadenaron la guerra. El hijo de Khamenei, Mojtaba, designado para sucederle, no ha aparecido en público, e Israel sospecha que resultó herido.El político iraní Ali Larijani compartió en redes sociales un mensaje manuscrito en conmemoración de los mártires de la Armada de la República Islámica de Irán
Irán también ha cerrado de facto el estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo comercializado mundialmente, lo que ha disparado los precios y sacudido la economía global.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que los ataques tenían como objetivo debilitar al régimen iraní “para dar al pueblo iraní la oportunidad de derrocarlo”. No se han registrado protestas antigubernamentales desde el inicio de la guerra, ya que muchos iraníes se encuentran refugiados de los ataques estadounidenses e israelíes.
Un veterano político con la confianza del líder supremo
Larijani provenía de una de las familias políticas más famosas de Irán, a la que muchos medios de comunicación han comparado con los Kennedy en Estados Unidos. Uno de sus hermanos, Sadeq, fue jefe del poder judicial iraní, mientras que otro, Mohammad Javad, fue un diplomático de alto rango que asesoró estrechamente al difunto Jamenei en asuntos exteriores.
Larijani era una figura conservadora dentro de la teocracia iraní, emitiendo amenazas cada vez más duras a lo largo de los años. En la década de 1990, fue ministro de Cultura de Irán, donde intensificó la censura. Fue presidente del Parlamento de 2008 a 2020 y, más recientemente, jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.
Larijani también ha escrito al menos seis libros de filosofía, tres de ellos sobre la obra del filósofo alemán Immanuel Kant.
Fue designado asesor de Khamenei en materia de estrategia para las negociaciones nucleares con la administración Trump y viajó a Omán para reunirse con mediadores apenas dos semanas antes del inicio de la guerra. Al igual que otros altos dirigentes iraníes, estaba sujeto a fuertes sanciones estadounidenses y se le implicó en la violenta represión de las protestas masivas de enero.El presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad (derecha) y el presidente del Parlamento, Ali Larijani (izquierda), escuchan un discurso del líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei. REUTERS/khamenei.ir CALIDAD DE LA FUENTE/Foto de archivo
No podía ser líder supremo por no ser clérigo chiíta. Sin embargo, se esperaba que actuara como asesor principal, y muchos creían que dirigía el país mientras los ataques estadounidenses e israelíes obligaban a la cúpula iraní a operar en la clandestinidad.
Hace una semana, después de que el presidente estadounidense Donald Trump amenazara con atacar a Irán «veinte veces más fuerte» si Teherán interrumpía el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz, Larijani le respondió en X.
«La nación sacrificial de Irán no teme a tus amenazas vacías. Ni siquiera quienes son más poderosos que tú podrían eliminar a Irán», escribió. «Ten cuidado de no ser eliminado tú mismo».
El enigmático líder de las tropas de choque de los ayatolás
Se sabe poco sobre Soleimani, quien dirigió la milicia paramilitar iraní Basij, una fuerza de voluntarios ferozmente leal a la República Islámica. No tiene parentesco con el general Qassem Soleimani, el máximo general iraní que murió en un ataque estadounidense en 2020.
Un oficial militar israelí, que habló bajo condición de anonimato de acuerdo con las normas, dijo que Soleimani murió en una tienda de campaña junto con otros comandantes de Basij, que la usaban como cuartel general improvisado mientras Israel atacaba varias de sus bases.
El general Gholam Reza Soleimani nació a mediados de la década de 1960 en la ciudad de Farsan, al oeste de Irán. Se unió a la milicia Basij como voluntario en 1984, durante la guerra Irán-Irak, cuando esta se hizo tristemente célebre por lanzar ataques masivos contra posiciones iraquíes fortificadas. Se convirtió en comandante de la Basij en 2019.
La Basij cuenta con cientos de miles de miembros e incluye brigadas de estilo militar, policía antidisturbios y una extensa red de informantes que espían a la sociedad iraní. Durante las protestas, es frecuente ver a miembros vestidos de civil atacando, golpeando y deteniendo a los manifestantes.
Soleimani ha estado bajo sanciones estadounidenses e internacionales desde 2021 por su participación en la represión de las protestas que se remontan a las controvertidas elecciones presidenciales de 2009. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos afirmó que la milicia Basij asesinó a “cientos de hombres, mujeres y niños iraníes” durante la represión de las protestas en 2019.
Miles de personas murieron y decenas de miles fueron detenidas en enero, cuando los iraníes volvieron a alzarse en armas. Fue la represión más sangrienta desde la Revolución Islámica de 1979 y llamó la atención de Trump, quien amenazó con intervenir en favor de los manifestantes antes de centrar su atención en el programa nuclear iraní.