“Falta poco” o el nuevo autoengaño del peronismo

axel kicillof y sergio massa

Hay una fábula que en política debería enseñarse como materia obligatoria: la del cerdo flaco que sueña con maíz.

El animal, famélico, acorralado por la escasez, se duerme imaginando un campo dorado, abundante, generoso. En su cabeza, el maíz aparece solo, sin esfuerzo, sin siembra, sin cosecha. Come, engorda, se salva. Pero al despertar, nada cambió: sigue flaco, el corral sigue vacío y el hambre, intacta.

La enseñanza es brutal: soñar no es producir.

Y sin embargo, el peronismo vuelve a caer en esa lógica. El “Falta poco” que empieza a instalarse —casi como mantra colectivo— no es otra cosa que el nuevo “hay 2019”. Aquella consigna que, durante el desgaste de Mauricio Macri, funcionó como una promesa automática de regreso, sin necesidad de demasiadas explicaciones.

Hoy la escena se repite, con otros protagonistas pero el mismo reflejo.

Le queda poco”, dice Axel Kicillof.
Falta poco”, repite Sergio Massa.

No son frases al pasar: son una estrategia emocional hacia adentro. Un intento de sostener la moral propia frente a un escenario incierto. Pero también son, peligrosamente, una señal de que el peronismo podría estar otra vez confundiendo deseo con realidad.

El problema es que, esta vez, el contexto no es el mismo.

El “hay 2019” se apoyaba en un rechazo social acumulado. Hoy, en cambio, el escenario es más fragmentado, más volátil, más impredecible. Y sobre todo: con un actor que, lejos de desmoronarse como esperan algunos, sigue teniendo un núcleo duro que no se mueve.

Subestimar a Javier Milei —y al votante que lo sostiene— es, quizás, el error más repetido.

Porque ese votante no es pasivo. No está esperando que “vuelva lo conocido”. Al contrario: en muchos casos, se consolidó justamente en rechazo a eso. Cada vez que reaparecen las viejas caras, cada vez que el peronismo se muestra como un bloque reconocible, ese electorado tiende a reagruparse en defensa propia.

Efecto búmeran.

Algunos dentro del propio PJ lo entienden: mostrar encuestas propias como trofeos, celebrar caídas ajenas, insistir con nombres que ya tuvieron su turno, puede terminar fortaleciendo aquello que se busca debilitar.

La fábula vuelve a aparecer.

Mientras unos sueñan con el maíz —encuestas favorables, desgaste del Gobierno, retorno inevitable— otros advierten que el campo no está sembrado. Que no hay renovación clara, ni propuesta convincente, ni liderazgo ordenado.

Y ahí entra otro dato incómodo: la interna.

La “microfragmentación” que impulsa Massa, el armado amplio que imagina Cristina Fernández de Kirchner, las dudas sobre candidaturas, las tensiones con figuras como Sergio Uñac… todo configura un escenario donde el peronismo todavía está discutiéndose a sí mismo, más que construyendo una alternativa sólida.

Mientras tanto, el oficialismo también juega su propia partida. La figura de Manuel Adorni, envuelta en polémicas, no parece debilitar del todo el esquema de poder, que sigue contenido por la estructura libertaria y la centralidad presidencial.

Lo que no se dice:
El peronismo no está cerca del poder: está cerca de creer que lo está. Y esa diferencia, en política, suele ser determinante.

Doble lectura:

  • Versión peronista: “Falta poco, el ciclo se agota”.
  • Lectura real: “No sabemos cómo construir mayoría, pero apostamos a que el desgaste haga el trabajo”.

El cerdo flaco también creía que el maíz estaba cerca.

Pero nunca sembró.

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Por AM para https://www.analisislitoral.com.ar/

MEDICIONES INTERNAS

El dato de la prestigiosa consultora de origen brasileño que hace estudios en distintos países del mundo, es coincidente con el que manejan encuestadoras locales, que advierten un derrumbe en la imagen presidencial y en las expectativas para lo que resta del mandato.

En el peronismo circulan, incluso, otros datos más complicados. La última medición que le llegó a Massa muestra a Milei con 32 puntos de imagen positiva. El líder del Frente Renovador se regocija, además, con la medición de la consultora Alaska, de Juan Courel, que desde diciembre de 2023 pregunta a los encuestados a quién votarían si el domingo próximo se repitiera el ballotage de 2023. En marzo, por cuarta vez desde que inició el ciclo, el ganador de la pregunta fue Massa, por 52,1% a 47,9%.

La consultora Alaska presunta todos los meses qué pasaría si se repitiera el ballotage entre Javier Milei y Sergio Massa.
La consultora Alaska presunta todos los meses qué pasaría si se repitiera el ballotage entre Javier Milei y Sergio Massa.

Con todo, hay voces internas del peronismo que avisan que hay que cuidarse del efecto búmeran. “Si seguimos mostrando esta foto, vamos a juntar a los antiperonistas. Se aglutinan enseguida”, advierte un dirigente que sigue de cerca los números de las encuestas. La foto de la multitud el 24 de marzo, dice, opera como una alarma para el Gobierno, que no consiguió ni siquiera que se le prestara atención al video que presentó como “El día de la memoria completa”. En el canal de Youtube de la Casa Rosada, la pieza audiovisual tuvo apenas 140 mil vistas y menos de cinco mil likes.

“Las víctimas que quisieron esconder”: el Gobierno difundió el video a 50 años del golpe de Estado

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Lo hIzo con testimonios de una nieta recuperada que se enfrentó a Abuelas de Plaza de Mayo y del hijo de una víctima de la guerrilla. Énfasis en la “verdad completa”.

El Gobierno difundió un video alusivo al 50mo. aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, titulado “Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia completa”, con el que vuelve a la carga con la postura oficial de equiparar la violencia cometida desde el Estado con la de las organizaciones guerrilleras de los años ‘70.

El video, del que se emitió anoche un adelanto en redes sociales, muestra los testimonios de una “nieta recuperada” que fue apropiada por un policía condenado por delitos de lesa humanidad, y del hijo de un coronel del ejército secuestrado y asesinado por la guerrilla del Ejército Revolucionario del Pueblo en 1974.

El video afirma que “en el año 2003 el Gobierno Nacional Argentino lanzó una campaña política empleando cuantiosos recursos públicos” con una “visión sesgada y revanchista” que “en lugar de sanar las disputas del pasado solo las exacerbó”, según el relato en off de las imágenes.

“Este Gobierno se dispuso por primera vez a dar vuelta la página dándole visibilidad a la historia completa” afirma el trabajo fílmico, en el que se asevera que “cuando se la presenta de forma parcial, deja de ser memoria y se convierte en un instrumento de manipulación”

Además, califica las políticas de en materia de Derechos Humanos como un “fatal experimento narrativo que le costó miles de millones de dólares a los argentinos”.

“Este Gobierno sostiene que las nuevas generaciones tienen derecho a acceder a una visión integral y respetuosa de aquellos años”, agrega.

El video muestra el testimonio de Miriam Fernández, hija de los desaparecidos Carlos Simón Poblete y María del Carmen Moyano, vistos por última vez en mayo de 1977, quien mantiene el apellido del policía que la anotó como hija propia, Armando Fernández, lo que la llevó a un litigio judicial con Abuelas de Plaza de Mayo.

La mujer es la nieta recuperada 127, según la numeración que siguen las Abuelas, y en el video afirma que vivió su historia “como hija de militares y como hija de desaparecidos” por lo que sostiene: “si yo puedo mirar para adelante y conciliar una historia completa por qué no lo puede hacer la Argentina”.

“Dejemos el pasado en paz, porque a mí mi familia biológica no me la va a devolver nadie, y el dolor que yo viví con mi familia de militares tampoco me lo va a devolver nadie”, afirmó y describió que Fernández “es mi papá, le guste a quien le guste, sin negar que también tengo mis papás biológicos”.

De igual modo el video recoge el testimonio de Raúl Larrabure, hijo del militar Argentino del Valle Larrabure, secuestrado y asesinado por el Ejercito Revolucionario del Pueblo en 1974, cuando se desempeñaba como subdirector de la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos de Villa María.

Larrabure describe que su padre estuvo detenido “en condiciones infrahumanas” en lugares definidos por sus captores como “cárceles del pueblo” con “un camastro y un baño portátil”, donde sufrió “simulacros de fusilamiento y torturas”, en lo que fue “el secuestro más largo de la historia argentina, con 372 días”.

“Queremos que la verdad completa se imponga y que los chicos puedan discernir qué estuvo bien y qué estuvo mal, porque nosotros somos testigos de esa época”, añadió.__IP__

Larrabure, que al igual que Miriam Fernández dio su testimonio en una nota realizada ene el Salón Blanco de la Casa Rosada, sostuvo que durante los años en los que se llevaron adelante los juicios por delitos de lesa humanidad se vivió “una historia falaz”.

24 de marzo: la herida abierta que la Argentina no logra cerrar

Cada 24 de marzo, desde el retorno de la democracia en 1983, la Argentina vuelve a enfrentarse a una escena repetida: memoria, condena, reivindicación, discusión. No hay síntesis. No hay cierre. Hay, en cambio, una tensión persistente que atraviesa generaciones y que en 2026 sigue tan vigente como hace décadas.

La dificultad no es menor: se trata de interpretar uno de los períodos más violentos de la historia nacional sin caer en simplificaciones, sin negar responsabilidades y, sobre todo, sin utilizar el pasado como herramienta de disputa política del presente.

La dicotomía que nunca se resolvió

En ese debate reaparece, una y otra vez, la llamada “teoría de los dos demonios”, una interpretación surgida en los primeros años de la democracia bajo el gobierno de Raúl Alfonsín.

Esa teoría planteaba que la sociedad argentina había quedado atrapada entre dos violencias: la de las organizaciones armadas y la del Estado. Con el tiempo, fue fuertemente cuestionada por organismos de derechos humanos y buena parte de la academia, que subrayaron una diferencia clave: el Estado no es un actor más, sino el garante de la legalidad. Cuando el Estado se convierte en aparato represivo ilegal, la escala y la responsabilidad cambian.

Sin embargo, la persistencia del debate revela algo más profundo: la imposibilidad de una narrativa común. Para algunos, el foco está exclusivamente en el terrorismo de Estado; para otros, en el contexto previo de violencia política y guerrilla. La grieta no es nueva: tiene medio siglo.

Los años 70: violencia, descomposición y decisión militar

El contexto previo al golpe del 24 de marzo de 1976 fue de creciente desorden institucional. Tras la muerte de Juan Domingo Perón, el gobierno de María Estela Martínez de Perón quedó debilitado, sin conducción política clara y con una escalada de violencia que incluía acciones de organizaciones armadas.

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En ese escenario, sectores del propio sistema político y económico comenzaron a ver en las Fuerzas Armadas una salida. El golpe no fue un rayo en cielo sereno: fue el desenlace de una crisis.

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El presente de María Estela Martínez de Perón

A partir de allí, el régimen encabezado por Jorge Rafael Videla desplegó un plan sistemático de represión ilegal: secuestros, torturas, desapariciones. La respuesta fue desproporcionada, clandestina y, sobre todo, planificada.

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El dictador Jorge Rafael Videla saluda desde el balcón de la Casa Rosada.

Pero reducir todo a una lógica binaria tampoco explica completamente el fenómeno. La violencia previa existió, y su interpretación sigue siendo parte del conflicto narrativo argentino.

El “loop” histórico: economía, poder y consecuencias

A 50 años del golpe, otra discusión emerge con fuerza: no sólo qué pasó, sino para qué pasó.

El modelo económico implementado por José Alfredo Martínez de Hoz marcó un quiebre. Endeudamiento, desindustrialización y apertura financiera configuraron un esquema que, con distintas variantes, reapareció en etapas posteriores.

Ese “loop” —dictadura, reformas estructurales, crisis, retorno democrático, nueva crisis— es señalado por muchos analistas como una de las claves del declive argentino.

Del pasado al presente: el doble estándar global

Pero el debate argentino no ocurre en el vacío. Hoy, en 2026, las discusiones sobre violencia, terrorismo y respuesta estatal vuelven a escena en el plano internacional.

El conflicto entre Irán e Israel reabre preguntas incómodas: ¿cómo se responde frente a actores que no respetan reglas? ¿Dónde termina la defensa y empieza el exceso?

Irán, gobernado por un régimen teocrático, ha sostenido durante décadas una retórica de eliminación de Israel, además de su vinculación con grupos armados en la región. Frente a esto, la reacción israelí y el posicionamiento de potencias occidentales generan críticas —especialmente desde sectores de izquierda— que denuncian desproporción o incluso genocidio.

En ese marco, figuras como Donald Trump han sido calificadas por algunos como “genocidas” por su política exterior o su respaldo a determinadas acciones militares.

La pregunta incómoda

Aquí aparece el nudo del debate:

Si se condena —con razón— el terrorismo de Estado en Argentina, ¿cómo se evalúan las acciones de Estados frente a amenazas reales y actores radicalizados?

¿Es comparable una dictadura que reprime clandestinamente a su propia población con un Estado que responde, en un contexto de guerra, a un enemigo externo?

¿Es válido aplicar la misma categoría moral en todos los casos?

Memoria, pero también coherencia

El problema no es recordar —eso es indispensable— sino cómo se interpreta ese recuerdo.

La Argentina construyó, con esfuerzo, una política de memoria basada en el “Nunca Más”. Pero esa construcción corre el riesgo de debilitarse cuando se vuelve selectiva o se utiliza como herramienta ideológica.

La condena al terrorismo de Estado no debería implicar la negación del contexto histórico, ni tampoco la justificación de otras violencias en el presente por afinidad política.

Lo que no se dice

Quizás la verdadera dificultad del 24 de marzo no sea histórica, sino contemporánea: la incapacidad de sostener un criterio universal frente a la violencia.

Porque si todo depende del actor que la ejerce, entonces ya no hay principios, sino relatos.

A 50 años del golpe, la Argentina sigue discutiendo su pasado porque, en el fondo, sigue discutiendo su presente.

Y la pregunta sigue abierta:

¿Se puede construir una memoria completa —no parcial— sin caer en justificaciones ni dobles estándares?

Redacción : Análisis Litoral

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