La Municipalidad de Estancia Grande informó oficialmente la postergación del “4° Festival Provincial del Gaucho Entrerriano”, que estaba previsto para el próximo domingo 12 de abril.
La medida fue adoptada ante las adversas condiciones climáticas que afectan a la región, con el objetivo prioritario de resguardar la seguridad e integridad de los animales y de los jinetes, así como también de garantizar el adecuado desarrollo de todas las actividades programadas.
Desde la organización destacaron que el festival, que año tras año convoca a un importante número de participantes y público, requiere condiciones óptimas para su realización, tanto en lo logístico como en lo sanitario.
En este sentido, se confirmó que el evento ha sido reprogramado para el domingo 17 de mayo, manteniéndose el mismo cronograma de actividades previsto originalmente.
Las autoridades municipales agradecieron la comprensión de la comunidad, jinetes, tropillas y visitantes, e invitaron a acompañar esta nueva fecha, en la que se espera vivir una jornada plena de tradición, cultura y encuentro popular.
Concordia
Concordia, Entre Ríos, es una de las principales ciudades del litoral argentino. En esta sección se abordan noticias vinculadas a la política local, economía, desarrollo social, pobreza estructural, empleo y gestión municipal, con análisis y contexto regional.
Mujer está grave tras intento de femicidio. Detuvieron al agresor
Este sábado, alrededor de las 6, personal de la Comisaría Segunda intervino en un domicilio ubicado en la intersección de calles Sargento Cabral y 53, en Concordia, tras un llamado de alerta.
Según informaron, los vecinos escucharon gritos de auxilio provenientes de una de las habitaciones donde convivía una pareja. Al acercarse, observaron salir corriendo al hombre, mientras que la mujer fue hallada tendida en el suelo, cubierta de sangre.
En el lugar trabajó personal de la División Policía Científica, que realizó las pericias correspondientes.
La víctima fue asistida de inmediato por una unidad sanitaria y trasladada al Hospital Masvernat, donde se informó que presenta múltiples heridas de gravedad: traumatismos punzocortantes en la región occipital (derecha, central e izquierda), lesiones en la región cervical derecha, interescapular y supraescapular derecha, así como en el trapecio derecho. Además, presenta una herida cortante penetrante en el tórax (segundo espacio intercostal, línea mamilar derecha).
La paciente se encuentra en asistencia respiratoria mecánica, con pupilas hiporreactivas y diagnóstico de neumotórax derecho con débito hemático. El carácter de las lesiones fue determinado como de 35 días.
En relación al hecho, la Fiscal interviniente, Dra. Espinosa, libra Mandamiento de captura y detención para el presunto autor, pareja de la víctima, con quien convivia en el domicilio del hecho.
Tras un rápido operativo de búsqueda, personal policial logró localizar al masculino en el domicilio de su hermana, en inmediaciones de calles T. Ibáñez y Larroca, donde fue aprehendido. Asimismo, se procedió al secuestro de prendas de vestir tanto de la víctima como del detenido.
La conmovedora historia del ex combatiente de Malvinas al que se dio por muerto durante casi tres décadas: cómo un involuntario cambio de letra lo había dejado preso del olvido
Se llamaba Francisco Fehrenbacher y tenía 57 años cuando Revista GENTE lo entrevistó en Concordia, Entre Ríos. Había participado en la guerra como cabo primero maquinista del destructor Comodoro Py. Fallecido hace cuatro meses, escribió, sin saberlo, una historia que sería recordada -y honrada- para siempre, y precisamente hoy, a 44 años del conflicto en el Atlántico Sur, replicamos.
“¡Acá estaba!”, extendía orgulloso la chaquetilla azulada, clavando sus ojos en los del fotógrafo y los del periodista, como esperando una aprobación que no nos correspondía dar y, sin embargo, dábamos. “¿Se la habían entregado en la Guerra de Malvinas?”, inquirimos. “Claro… Más vale”, explicaba (recurriendo a dos palabras que repetiría bastante) aquello que nos había adelantado cuando le pedimos algún elemento, alguna prueba, si se quiere, de 1982… Y sí, decíamos “azul marino” pese a que la capa gris de tierra que cubría su tela y la falta de luz artificial de la cocina hacía que lo dudáramos. También generaba un fuerte interrogante cierta fragilidad de dicha prenda. Parecía que si uno la doblaba, terminaría quebrándola como un papel húmedo. El olor a leña, que impregnaba el ambiente y todo cuanto moraba en él, alimentaba la idea. “¿Vieron que la tenía?”, desafiaba un tanto infantil el dueño del lugar, tomándola en sus manos, consciente de que la chaquetilla, anónima, una de las varias colgadas en la oscuridad de su placard durante las últimas tres décadas, era una parábola de sí mismo, a la sombra del mundo durante tal lapso. “A la sombra como yo, lógico”, revalidaba Francisco Fehrenbacher (57 años, por entonces), el soldado desconocido que -casi treinta años luego del conflicto armado que enfrentó a Argentina y Gran Bretaña en el Atlántico Sur- había dejado de serlo.
“QUERÍA ENFRENTARME CARA A CARA CON LOS GURKAS”

Erica Schmidt y Andrés Fehrenbacher, sus padres, le habían descubierto la cara el 22 de mayo de 1954 en la casa del campo Windeck, distrito de Colonia San Bonifacio, La Criolla (capital del arándano), departamento de Concordia, exactamente donde su abuelo se afincó en 1925 recién llegado desde Alemania, exactamente donde Francisco había vivido, vivía y “viviría siempre”, y exactamente donde nos recibía con unos mates dulces. “Me sorprende su visita. ¿Saben que guardo una revista GENTE de cuando murió Perón?”, contaba a su estilo, de breves frases, por lo general construidas como preguntas.

“Yo no había pisado Malvinas, pero había estado en la lucha. Formé parte del destructor Comodoro Py, que custodiaba el andar del crucero General Belgrano, la joya de la Armada nacional, a cargo del notable capitán Héctor Bonzo. Mi cargo, cabo primero maquinista. En un momento iba a subir al Belgrano y me cambiaron por un compañero que terminó muriendo cuando los ingleses lo hundieron. La guerra me había dejado un dolor grande en el corazón y una enorme bronca en el alma. Apenas hablaba del tema con mis cercanos, y punto. Nunca me interesó revolver el sufrimiento. Yo quería pisar las islas, enfrentarme cara a cara con los gurkas y pisarlos…”, explicaba su ostracismo y su bronca, mientras observaba imágenes de archivo que le acercábamos. “¿No me regalarían esa foto del crucero Belgrano?”, consultaba bajando su voz, celebrando el “sí” y adelantando: “¡La voy a poner en un marquito y colgarla en la pared!”.

-Parece que le gusta guardar recuerdos, Francisco…
-Mucho. Bueno, ahora que se movió el avispero, además saqué a la luz la medalla que me habían dado en lo de las Malvinas.
-Relátenos cómo había llegado “a lo de las Malvinas”.
-Sabía que me iba a tocar el servicio militar y decidí adelantarme, anotarme y adiestrarme para seguir una carrera. Desde el conflicto, permanecí dos años en el Py, dos en la Base Aeronaval Comandante Espora, Bahía Blanca, y dos en la de Puerto Belgrano, Punta Alta. Después me degradaron porque me rajé.

-¿Desertó?
-Je, me había ido con una chica, en 1986.
-¿A partir de ahí se le había perdido el rastro?
-Sí… Más vale.
“EN EL HOSPITAL LO LLAMABAN ‘EL LOCO BUENO’”

Cerca del Gringo o Francis, Andrés (34, uno de los tres hijos de Fehrenbacher) confirmaba que existían capítulos que su padre, por omisión o elección, prefería obviar. “Había leído y escuchado montones de versiones hirientes sobre su situación -explicaba el hermano mayor de Leandro, 32, y José, 30-. A él no lo habían encontrado en el monte, desequilibrado, desprotegido, abandonado, como circuló. Yo me la banco, pero me dolía por mi tío Luis, que era dueño junto a mi viejo de las cincuenta hectáreas que habitaba, por sus primos-hermanos Berta y Carlitos Garlin y el hijo, Lalo, y por sus vecinos, Rosana y Andrés Laner”, nos contaba uno de sus herederos de sangre. Y continuaba:

“Las seis personas que te nombré residían cerca, lo cuidaban y me ayudaban a mí, que una vez al mes manejaba de noche completa desde la costa para acompañarlo y solucionarle las necesidades que le surgían”, explicaba el suboficial segundo y buzo táctico de la Base Naval de Mar del Plata, quien le había comprado a Francisco el generador de electricidad que lo abastecía, logró poner en marcha su tractor modelo 1968 arrumbado en el galpón, le arreglaba la bomba de agua, trasladó un centenar de colmenas para generar un ingreso económico extra en venta de miel al campo de mandarina, naranja y limón e, incluso, le había regalado el celular Samsung que los mantenía a padre e hijo comunicados.

“Siempre me había sentido orgulloso de mi viejo, de ahí que me enrolé en la ARA (Armada Argentina) a los 15. Me sacó la boina por él -añadía Andrés-. El tema era que por el 1993 recibió un golpe duro: se había suicidado, acá, de un tiro, su hermano Andrés, y empezó cuesta abajo. Al punto que, intentando prevenir otros dramas, alejamos de su alcance el revólver y la escopeta de la casa. Para colmo, en 1997 lo sorprendió el fallecimiento de su madre (mi abuela), quien nos crió. Ahí comenzó a derrumbarse mal”.

Continuaba el hijo de Francisco: “A principios de 2007 lo internamos por esquizofrenia en el Hospital Felipe Heras, Sala 8 de Salud Mental. En esos tiempos traté de demostrar su condición de ex combatiente. Contraté a una abogada, pedimos informes en el edificio Libertad y me vine a tramitar los papeles en Concordia. No recibí demasiado apoyo. Entre los requisitos, me hablaban de testigos. Se dilató y se dilató. Volvimos a internar a papá el año pasado, a lo largo de tres meses. Las enfermeras lo llamaban ‘el loco bueno’. Nada violento el tipo. Hoy consume seis clases de pastillas distintas y anda bastante compensado… Aunque ayer, tras la movida que generó su noticia, me abrazó fuerte y se me puso a llorar”, contenía las lágrimas Andrés Fehrenbacher.

“AHORA EL INTENDENTE ME DEBE LA ELECTRICIDAD, CHE”

Por aquellos días de descubrimiento y ratificación de identidad, Francisco Fehrenbacher disfrutaba señalando: “Cuando le comentaba al intendente local sobre mi condición de ex soldado de Malvinas, me respondía: ‘Vos estás loco’. Y yo le replicaba: ‘Estoy loco pero no como vidrio: combatí en el frente’… Ahora va a tener que acercar el cableado, que pasa a doscientos metros de distancia, hasta mi domicilio”, pretendía entre risas el hombre de documento casi ilegible, entradas prominentes, bigote en herradura “que luzco desde que dejé la Armada”, ojos verdes, 1,76 metros y 92 kilos (“aumenté 17 respecto a los que pesaba en mi juventud”); el abuelo al que le costaba acordarse de sus cuatro nietos; el hincha de Boca que no sabía del descenso de River al Nacional B; el cocinero de “potentes guisos y riquísimos asados”; el amante de los libros de Jorge Luis Borges y las gaseosas de manzana y naranja; el oyente de Radio Mitre y admirador del chamamé, la cumbia y el cuarteto; el soldado religioso que rezaba cada noche y le agradecía a Dios “haberse acordado de mí”.

-¿Qué va a hacer con el dinero que puedan entregarle tras corroborarse su condición de ex combatiente? -le preguntábamos, entretanto.
-Comprarme mi primer televisor, y pintar la casa de rosa por fuera y de celeste por dentro.


-¿También va a animarse a salir, a visitar el Centro de Veteranos de Concordia, a…?
-Seguro. Aparte, me habían comunicado que desfilaría con uniforme en el acto patrio del 9 de Julio y que le dedicarían una plaqueta en la escuela que lo encontró. Quizá los chicos me empezarán a mirar con admiración. Ojalá. Capaz que me reciba la presidenta Cristina Fernández… Ayer me habían dado por muerto, y hoy siento que nací de nuevo. Soy sensible, por cualquier cosa lloro. No voy a dejar de manejar el tractor, dormir mi siestita, picar leña, lavarme la ropa, cocinarme, y pienso abandonar cosas densas de la mente, aunque algunas marcas siempre iban a quedar.
-¿Y esa cicatriz que le vemos? ¿También es de la guerra?
-No, de mi perro, mitad dóberman, mitad policía. Un día tiró toda su bronca en mi brazo derecho, a centímetros de la muñeca. Se notaba que andaba enojado. Tal vez porque lo mantenía atado.
-¿Una metáfora del dueño?
-¿Metáfora?

-¿Es ese perro blanco y negro que a tres metros de distancia viene chumbando endiablado y encadenado, con ganas de atacarnos?
-Ése mismo.
-¿Cómo se llama?
-Se llama Capitán… Más vale.

Fotos: Gentileza de la familia Fehrenbacher
y Archivo Grupo Atlántida (archivo@atlantida.com.ar)
Jefa de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)
Feliz 23 aniversario: Concordia, la ciudad más pobre del país
Concordia vuelve a encabezar el ranking de pobreza en Argentina con un 49,9% de su población bajo la línea y un 13,6% en la indigencia, según datos del INDEC. A 23 años de una crisis estructural persistente, el análisis expone la falta de planificación, datos e indicadores en las gestiones locales y advierte sobre la ausencia de un rumbo claro para revertir la situación.
Hay aniversarios que no se celebran. Se señalan. Se interpelan. Se exponen.
Concordia cumple 23 años instalada en un lugar incómodo, persistente y cada vez más difícil de justificar: el podio de la pobreza en la Argentina. No es un dato coyuntural ni una foto aislada. Es una construcción sostenida en el tiempo, con múltiples responsables y una constante que atraviesa gestiones: la ausencia de planificación real.
Lo que alguna vez fue símbolo de opulencia —y que aún se refleja en su patrimonio urbano, en sus edificios, en las huellas de aquella Concordia próspera— hoy aparece degradado por décadas de decisiones erráticas, improvisación y utilización política de la pobreza como herramienta de supervivencia.
No es desconocimiento. Es desidia.
Una pobreza que se administra, pero no se resuelve
Los datos más recientes del INDEC no dejan margen para interpretaciones complacientes:
Concordia cerró 2025 con un 49,9% de su población bajo la línea de pobreza y un 13,6% en la indigencia, consolidándose como la ciudad más pobre del país.
El contraste es brutal. Mientras el promedio nacional se ubica en torno al 28,2%, Concordia no solo lidera el ranking, sino que supera ampliamente a la segunda ciudad más pobre, profundizando una brecha que ya no admite excusas políticas ni ideológicas.
Más grave aún: la pobreza no solo se mantiene, sino que se transforma en indigencia. Es decir, el deterioro social no se estanca: avanza.
Y sin embargo, la respuesta estructural sigue ausente.
Responsabilidades compartidas y silencios cómplices
Durante años, la dirigencia política local —de distintos signos— evitó abordar el problema en su verdadera dimensión. Nunca se impulsó un debate serio, ni se construyó una estrategia de desarrollo sostenida. Se administró la emergencia, pero nunca se planificó el futuro.
A esa cadena de responsabilidades se suma otro actor clave: el sindicalismo local. Durante décadas, muchos dirigentes optaron por el silencio o la complacencia frente a gestiones deficientes, amparados en afinidades políticas. Hoy, cuando la crisis golpea con mayor crudeza, aparecen los reclamos, pero sin autocrítica ni memoria.
El resultado está a la vista.
El síntoma de estas horas
La actualidad ofrece una postal elocuente:
comerciantes que no venden, empresas que cierran, despidos sostenidos y una economía local en retracción permanente.
Mientras tanto, los controles se multiplican, las inspecciones se intensifican y la presión sobre quienes aún intentan sostener una actividad formal se vuelve asfixiante. En paralelo, la informalidad crece, el consumo cae y la ciudad entra en un círculo cada vez más difícil de revertir.
No es un fenómeno aislado. Es la consecuencia lógica de años sin rumbo.
Seguridad, narcotráfico y una ilusión de control
En ese contexto, el avance del narcotráfico encuentra terreno fértil. La pobreza no solo genera exclusión: genera economías paralelas. En muchos barrios, la venta de droga deja de ser un delito aislado para convertirse en un mecanismo de subsistencia.
Los operativos policiales se multiplican, los procedimientos se repiten, las detenciones se acumulan. Pero el circuito se regenera. Se cierra un punto de venta y aparecen dos nuevos.
La respuesta estatal, centrada casi exclusivamente en lo represivo, no logra modificar la raíz del problema. Y mientras tanto, la dirigencia política suele confundir control con solución.
Cuando el relato reemplaza al gobierno: la “in-gestión” de Concordia
El cierre de un año de gestión suele ser el momento propicio para evaluar con seriedad qué se hizo, qué no y hacia dónde se dirige una ciudad. En Concordia, ese balance vuelve a dejar una sensación conocida: sobran diagnósticos discursivos, faltan planes concretos y resultados medibles.
El actual intendente, Francisco Azcué, insiste en conceptos como orden, eficiencia y cambio cultural. Sin embargo, no se presenta un plan integral de gobierno, ni metas verificables, ni indicadores que permitan evaluar avances reales.
La enumeración de proyectos —Centro de Convenciones, Centro Comercial a Cielo Abierto, Cinturón Verde etc, etc — aparece más como una expresión de deseo que como una estrategia en ejecución.
La pregunta central sigue vigente:
¿cómo impacta todo esto en la pobreza estructural de Concordia?
Sin datos, sin mediciones y sin resultados, los anuncios quedan atrapados en el terreno del relato.
Apropiaciones, omisiones y falta de rumbo
En materia de seguridad, se observan discursos que atribuyen al municipio logros que corresponden a la órbita provincial. En desarrollo social, se promueven programas sin evaluación pública de resultados. En lo económico, no existe una política clara de generación de empleo privado.
A esto se suma una debilidad estructural:
la falta de información estratégica y estadística como base para la toma de decisiones.
Sin datos, no hay diagnóstico.
Sin diagnóstico, no hay plan.
Y sin plan, solo queda la improvisación.
Veintitrés años después, la misma pregunta
Concordia no necesita más diagnósticos. Necesita decisiones.
Existen innumerables ejemplos —en Argentina y en el mundo— de ciudades que lograron revertir situaciones críticas a partir de planificación, inversión inteligente y articulación público-privada. No es un problema de imposibilidad. Es un problema de voluntad y capacidad.
Mientras tanto, la dirigencia insiste en afirmar que sabe qué hacer.
Los resultados, sin embargo, dicen otra cosa.
Un último margen
El tiempo no se detiene, pero aún ofrece oportunidades.
El actual intendente todavía está a tiempo de dar el primer paso real: construir un plan serio, basado en datos, con objetivos claros y medibles, que permita al menos empezar a discutir una salida estructural.
Lo que no se dice
- Concordia no solo es la ciudad más pobre: es la que más lejos está de salir de esa condición.
- La pobreza dejó de ser un problema a resolver y pasó a ser una variable administrada políticamente.
- No existe un plan estratégico público, medible y auditable que proyecte a la ciudad a 10 o 20 años.
- La falta de datos no es casual: sin datos no hay control, y sin control no hay responsabilidades.
- La discusión política sigue girando en nombres, no en modelos de desarrollo.
- La seguridad actúa sobre las consecuencias, pero la raíz sigue intacta: exclusión y falta de oportunidades reales.
Porque seguir administrando la pobreza ya no es una opción.
Y seguir explicándola, tampoco.

Por : Alejandro Monzon
TELEVISIÓN HD CONCORDIA COPERATIVA
Concordia Cooperativa tiene muy avanzado el proyecto de incorporación del sistema de televisión para la ciudad.
El servicio será brindado mediante Fibra Óptica Cooperativa aprovechando la tecnología más avanzada, moderna y de alta gama.
De esta manera, los socios y usuarios de la Cooperativa podrán acceder a una oferta variada de programas de televisión de distintos géneros: noticias, deportes y entretenimiento.
Precios competitivos:
Esta nueva prestación tiene el propósito no solo de brindar un servicio de alta calidad, sino que además pueda ser ofrecido a precios muy competitivos y convenientes.
Canal con programación local:
El proyecto contempla la implementación de una señal local que permita la incorporación de programación con contenidos de nuestra ciudad y alrededores
Calidad de servicio, eficiencia y atención personalizada:
Los mismos conceptos que guían a la gestión del servicio de internet, como a la cooperativa en su conjunto, se aplicarán a esta nueva prestación.
El usuario de la televisión tendrá la eficiencia que brinda la tecnología, pero, sobre todo, el acompañamiento cercano y presente de la atención al cliente, elemento que distingue a la cooperativa como institución que brinda servicios.
ENTRE INSPECCIONES Y DESPIDOS: CUANDO EL ESTADO TAMBIÉN AHOGA AL COMERCIO EN CONCORDIA
A la caída del consumo y los despidos en el sector comercial se suma otro factor cada vez más denunciado: la presión municipal sobre quienes intentan trabajar. Un video viral de una comerciante expone una tensión que ya no se puede esconder.
Un conflicto que deja de ser aislado
En medio de una crisis comercial que ya provocó cientos de despidos en Concordia, comenzó a emerger con fuerza otro problema que durante años se mantuvo en voz baja: la relación conflictiva entre el municipio y el sector privado.
Esta vez no se trata de versiones ni trascendidos. Se trata de una exposición pública, directa, sin filtros. Una comerciante local decidió filmar y difundir el accionar de inspectores municipales, denunciando hostigamiento, presión y amenazas de clausura.
El hecho, lejos de ser anecdótico, se vuelve síntoma de algo más profundo
El Estado como obstáculo
El testimonio es crudo. La comerciante denuncia inspecciones reiteradas, multas, cambios de criterio y hasta la intención de clausurar el local pese a contar —según afirma— con habilitaciones vigentes.
La escena escala cuando plantea algo que resuena en todo el sector:
“Nosotros generamos empleo, pagamos impuestos, y nos vienen a cerrar”.
La discusión deja de ser técnica y pasa a ser estructural.
¿El Estado ordena o desalienta?
¿Controla o asfixia?
La otra cara de la crisis comercial
En la nota anterior se planteaba un problema central: Concordia no tiene datos, no tiene planificación y no tiene rumbo económico claro.
Pero ahora aparece otro elemento que agrava el escenario:
cuando alguien intenta producir, invertir o sostener empleo, se encuentra con un entramado burocrático, costoso y muchas veces contradictorio.
No es un fenómeno nuevo. Distintas gestiones aplicaron controles con criterios dispares, “varas” distintas según el momento o el actor.
El resultado es siempre el mismo: incertidumbre.
Entre la queja y la autocrítica
Ahora bien, sería incompleto analizar la crisis sin mirar también hacia adentro del propio sector comercial.
Como ya se señaló, muchos comercios siguen aplicando recargos elevados en pagos con tarjeta, cuotas con intereses desproporcionados y sobreprecios que en otras ciudades cercanas ya desaparecieron.
A esto se suma la falta de fidelización del cliente: escasa cultura de atención, poca generación de vínculo, nula política de beneficios.
En un contexto de caída del consumo, no todo puede explicarse por factores externos.
Pero tampoco puede ignorarse que el entorno en el que se intenta trabajar es cada vez más hostil.
Concordia y su trampa estructural
La comerciante lo dice sin rodeos en el video: Concordia aparece sistemáticamente entre las ciudades más pobres del país.
Y ahí está el punto central que la política local sigue sin asumir.
No se trata solo de controlar. Se trata de entender dónde se está parado.
Una ciudad con altos niveles de pobreza no puede darse el lujo de desalentar al que invierte, al que arriesga o al que genera empleo.
Porque cada comercio que cierra no es solo una persiana baja. Es menos circulación de dinero, menos trabajo y más fragilidad social.
Un mensaje directo al poder político
El intendente —como cualquier jefe de gobierno— no administra solo expedientes. Administra expectativas.
Y en ese sentido, la ciudad parece estar a la deriva.
Después de años de gestiones que evitaron encarar reformas estructurales, la pregunta empieza a ser inevitable:
¿hay un rumbo claro o se gobierna sobre la marcha?
El rol de un intendente no es solo controlar. Es marcar dirección.
Como un capitán de barco, debe decir hacia dónde va y cómo piensa sacar a la ciudad del estancamiento.
Tres años después
El planteo es incómodo pero necesario.
Ya no se trata de herencias ni diagnósticos iniciales. El tiempo de gestión avanza y los resultados empiezan a ser evaluados.
Si la ciudad sigue en los mismos indicadores de pobreza, si el comercio sigue cayendo y si quienes intentan trabajar denuncian presión, entonces algo no está funcionando.
Y no alcanza con administrar. Hay que transformar.
El riesgo de normalizar el conflicto
Cuando un comerciante decide exponerse públicamente, denunciar inspectores, hablar de abuso de autoridad y sugerir prácticas irregulares, el problema deja de ser individual.
Pasa a ser institucional.
Porque rompe la confianza.
Y sin confianza, no hay inversión, no hay crecimiento y no hay futuro posible.
Conclusión
Concordia enfrenta una doble crisis.
Por un lado, la económica: caída del consumo, despidos y falta de planificación.
Por otro, una crisis de vínculo entre el Estado y quienes sostienen la actividad privada.
Si el que produce siente que lo persiguen y el que consume siente que lo castigan con precios y recargos, el resultado es previsible: la economía se enfría y la ciudad se estanca.
El desafío no es menor.
No se trata de elegir entre control o libertad. Se trata de encontrar un equilibrio que permita crecer.
La pregunta final ya no es solo económica. Es política.
¿Está el municipio dispuesto a revisar su forma de actuar o seguirá empujando, consciente o inconscientemente, a que Concordia siga atrapada en el mismo lugar de siempre?

Por Alejandro Monzon para Análisis Litoral
SIN VENTAS Y SIN RUMBO: LOS DESPIDOS EN CONCORDIA EXPONEN UNA CRISIS MÁS PROFUNDA QUE EL COMERCIO
Mientras el Centro de Empleados de Comercio confirma que los despidos no se detienen, en Concordia se consolida un problema estructural: la ciudad no sabe cuánto produce, cuánto consume ni hacia dónde va. Sin datos, sin planificación y sin estrategia, el ajuste vuelve a caer sobre el empleo.
La crisis que ya no se puede ocultar
El dato es concreto y no admite maquillaje. Entre enero y febrero se registraron cerca de 300 despidos en el sector comercial de Concordia. Marzo, lejos de revertir la tendencia, confirma que la sangría continúa.
El secretario general del Centro de Empleados de Comercio, Juan José Simonetti, fue claro: “De ninguna manera esto se paró a cero… no vemos que vaya a mejorar la actividad”.
La frase no solo describe un presente complicado. Expone algo más inquietante: la falta total de horizonte.
Porque detrás del “no hay ventas” hay una verdad más incómoda que nadie parece querer discutir en profundidad.
Lo que no se dice en Concordia
En Concordia no solo falta consumo. Falta información. Y sin información, lo que hay es improvisación.
El comerciante promedio no sabe cuánto se vende realmente en la ciudad, qué sectores crecen o caen, cuánto dinero circula, cuál es el peso real del empleo informal ni qué políticas podrían revertir la situación.
Entonces aparece el síntoma más visible: el despido. Pero el problema no empieza ahí. Empieza mucho antes.
Observación incómoda: prácticas que también empujan la caída
Hay un punto que el propio sector comercial evita revisar y que empieza a generar rechazo en los consumidores.
Muchos comercios siguen recargando las compras con tarjeta con porcentajes heredados de etapas inflacionarias mucho más agudas. A eso se le suman recargos en cuotas con valores que resultan, en muchos casos, excesivos. Incluso el pago con tarjeta de crédito en un solo pago suele tener sobreprecios cercanos al 20%, cuando en otras ciudades cercanas estas prácticas ya se corrigieron o directamente desaparecieron.
El mensaje que recibe el cliente es claro: pagar financiado o incluso pagar con tarjeta sigue siendo penalizado.
A esto se suma otro problema más silencioso pero igual de determinante: la falta de fidelización. En Concordia cuesta encontrar comercios que cuiden al cliente, que generen vínculo, que premien la continuidad o que tengan políticas de atención sostenidas.
En un contexto de caída del consumo, no alcanza con esperar que el cliente entre. Hay que construir razones para que vuelva.
Y hoy, en muchos casos, eso no está ocurriendo.
Una ciudad grande pero estructuralmente pobre
Concordia arrastra una contradicción que ninguna gestión logró resolver: es una de las ciudades más importantes de Entre Ríos, pero también una de las más pobres.
Esa combinación genera un mercado interno débil, extremadamente dependiente de salarios públicos, asistencia estatal y economía informal.
Cuando alguno de esos motores se desacelera, el impacto es inmediato. Y el comercio, como último eslabón, lo sufre primero.
El gran vacío económico: nadie mide nada
En economía moderna hay una regla básica: lo que no se mide, no se puede corregir.
En Concordia no existe un cálculo serio del PBI local, no hay un observatorio económico activo ni indicadores públicos confiables.
La ciudad funciona sin tablero de control. Como manejar un auto sin velocímetro, sin nivel de combustible y sin GPS.
Ciudades que sí entendieron cómo anticiparse
Algunas ciudades decidieron no improvisar más y construir herramientas para entender su propia economía.
En Rafaela se desarrolló un sistema local de información económica que articula sector público, privado y académico, permitiendo anticipar crisis y sostener el empleo.
En Bahía Blanca un observatorio económico genera informes constantes sobre actividad comercial e industrial, aportando previsibilidad.
En Mendoza la estrategia fue diversificar la economía para no depender de un solo sector, combinando industria, turismo y conocimiento.
A nivel internacional, los ejemplos son aún más claros.
Medellín transformó su modelo a partir de la innovación y el uso de datos abiertos para la toma de decisiones.
Bilbao logró reconvertirse tras una profunda crisis industrial mediante planificación estratégica y desarrollo urbano.
Curitiba hizo de la planificación y la información un eje central de su crecimiento sostenido.
El problema de fondo en Concordia
Mientras tanto, en Concordia se sigue discutiendo si el problema es la inflación, el gobierno de turno o la caída del consumo.
Pero se evita una discusión más profunda: no hay diagnóstico porque no hay datos.
Entonces todo se vuelve reactivo. Cuando baja el consumo se despide. Cuando cae la actividad se ajusta. Cuando no alcanza se espera.
Y así, el ciclo se repite.
Una herramienta posible y urgente
Un Observatorio Económico Local no es una utopía ni una inversión millonaria.
Permitirá medir el consumo real por rubros, estimar el PBI local, analizar el empleo formal e informal, detectar sectores en crecimiento o caída y generar información pública para comerciantes e inversores.
No resolvería todo, pero cambiaría algo fundamental: pasar de la intuición a la evidencia.
El costo de seguir sin rumbo
Hoy el comerciante siente que no vende. El trabajador teme perder su empleo. El empresario no invierte. Y el Estado administra la coyuntura.
Pero sin información, sin planificación y sin una estrategia clara, el resultado es siempre el mismo: el ajuste recae sobre el eslabón más débil.
Conclusión
Concordia no está solo en crisis. Está desorientada.
Mientras otras ciudades aprendieron a leer sus propios números para anticiparse a los problemas, acá se sigue reaccionando cuando el daño ya está hecho.
Los despidos en el comercio no son el problema de fondo. Son la consecuencia.
Pero también empieza a emerger otra pregunta incómoda hacia adentro del propio sector: ¿cuánto de esta caída responde solo al contexto y cuánto a prácticas que ya no se sostienen?
La pregunta final queda abierta.
¿Cuánto más puede resistir una ciudad que no sabe cómo funciona su propia economía?
Casacion confirmo la culpabilidad de Mazurier
Este jueves 26/03/2027 se conoció la sentencia de Casación en la causa Codesal – Hotel Ayuí. Y, como suele ocurrir en ciertos despachos, la vara no se rompió: simplemente se volvió más flexible.
El tribunal, integrado por los vocales María Evangelina Bruzzo, Luján Giorgio y Gustavo Pimentel, resolvió imponer a Luis Mazurier la pena de 6 años de prisión, inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos y una multa de $90.000. A Jesús Villanueva, en tanto, le correspondieron 3 años de prisión condicional, la misma inhabilitación y una multa idéntica: $90.000. La igualdad ante la ley… al menos en el valor de la multa.
𝗗𝗘 𝟵 𝗔𝗡̃𝗢𝗦 𝗔 𝟲 │ 𝗖𝗨𝗔𝗡𝗗𝗢 𝗟𝗔 𝗝𝗨𝗦𝗧𝗜𝗖𝗜𝗔 “𝗥𝗘𝗖𝗔𝗟𝗖𝗨𝗟𝗔”
La decisión de Casación hizo lugar parcialmente a la condena dictada el 9 de noviembre de 2023, que había fijado 9 años de prisión efectiva para Mazurier y 4 años también efectivos para Villanueva. Esta vez, el tribunal anuló “el monto y la modalidad de cumplimiento” de las penas. Traducido: menos años y, en un caso, ni siquiera cárcel efectiva.
Como si fuera poco, tampoco se hizo lugar al pedido de prisión preventiva para el ex titular de la Codesal. La urgencia, al parecer, tampoco era tan urgente.
Durante el juicio original, el fiscal José Arias había solicitado 11 años de prisión e inhabilitación absoluta perpetua para Mazurier, al considerarlo autor material del delito de peculado (tres hechos), en modalidad continuada, en concurso real con administración fraudulenta en perjuicio de la administración pública y peculado de servicios.
Para Alberto Jesús Villanueva y Cintia del Rosario Mengeon, Arias había pedido 5 años de prisión, en carácter de partícipes necesarios del delito de administración fraudulenta.
𝗟𝗢 𝗤𝗨𝗘 𝗡𝗢 𝗦𝗘 𝗗𝗜𝗖𝗘
En tiempos donde una multa de tránsito puede doler más que una condena por delitos contra el Estado, los $90.000 fijados por la Justicia suenan menos a sanción y más a formalidad administrativa. Un número que, ajustado a la realidad económica, parece pensado más para cerrar el expediente que para marcar un precedente.
Porque si la corrupción se mide en millones, pero se castiga con cifras de bolsillo, el mensaje no es jurídico: es político.


Enersa entregó luminarias al Club San Lorenzo de Concordia para mejorar el uso de su cancha
El ministro de Gobierno y Trabajo y vicepresidente de Enersa, Manuel Troncoso, encabezó en el Club San Lorenzo de Villa Adela una acción concreta: reforzar la iluminación de la cancha de fútbol para ampliar su uso diario.
La entrega consistió en 16 reflectores que se incorporan al sistema lumínico del predio. En términos prácticos, implica más horas de actividad, entrenamientos en horario nocturno y mejores condiciones para quienes asisten al club después de la jornada laboral o escolar.
Troncoso estuvo acompañado por el presidente y el tesorero de la institución deportiva, Martín y Roberto Dri; e integrantes de la comisión directiva.
“Cuando un club tiene mejores condiciones, puede abrir más tiempo y llegar a más chicos”, indicó Troncoso al marcar la idea que ordena la intervención. El foco está puesto en una situación concreta: niños y jóvenes que encuentran en el club un lugar de práctica deportiva y organización del tiempo libre.
En ese marco, Troncoso vinculó la acción con una línea de trabajo más amplia: fortalecer espacios que cumplen una función social directa. En términos simples, se trata de acercar recursos donde ya hay comunidad organizada y actividad en marcha.
“El objetivo es claro: poner recursos donde ya hay trabajo hecho, para que los resultados se vean rápido en la vida cotidiana de la gente”, afirmó el ministro.
La medida deja una definición operativa: mejorar infraestructura básica para ampliar oportunidades de uso. Más iluminación, más horas de club, más presencia de chicos y familias en un entorno cuidado.
Pareja fue denunciada por estafas a comerciantes con comprobantes falsos de pago
Una pareja oriunda de Buenos Aires fue interceptada por la Policía en la ciudad de Colón, tras ser acusada de engañar a comerciantes mediante el uso de comprobantes falsos de transferencias.
Según denunciaron los damnificados, los sospechosos realizaban compras y mostraban capturas de supuestos pagos realizados a través de Mercado Pago, pero el dinero nunca se acreditaba en las cuentas.
El procedimiento tuvo lugar en la intersección de calles 12 de Abril y Laprida, donde efectivos policiales lograron identificar a una mujer de 33 años y a un hombre de 40. Ante la evidencia, ambos entregaron voluntariamente la mercadería adquirida, que fue devuelta a sus propietarios.
Por disposición de la Unidad Fiscal de Colón, la pareja fue trasladada a la dependencia policial para su identificación. Luego recuperaron la libertad, aunque continúan vinculados a la causa por estafa.