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Argentina, tierra de inventores: por qué necesitamos que la innovación sea materia obligatoria en todas las carreras

En la Argentina hay un rasgo silencioso pero innegable: la innovación está en nuestro ADN. A pesar de las crisis, de las limitaciones presupuestarias y de los eternos tropiezos institucionales, cada tanto aparece un grupo de jóvenes que, sin grandes recursos, logra lo que en otros países demandaría laboratorios millonarios. Son esos casos que iluminan un camino posible y que deberían, más que sorprendernos, empujarnos a reformular cómo estamos educando a nuestros futuros profesionales.

El ejemplo reciente que expuso Mario Pergolini en su programa Otro día perdido (Cirugías con IA y realidad aumentada: bioingenieros fascinaron a Pergolini y Juanes con su proyecto) resume perfectamente esta potencia subestimada. Dos jóvenes ingenieros —apenas 24 y 25 años— presentaron una tesis que podría revolucionar la neurocirugía en la Argentina y en el mundo. Con una combinación de inteligencia artificial, software propio y cascos de realidad aumentada, diseñaron un sistema capaz de superponer imágenes médicas sobre el paciente y permitir al cirujano ver estructuras internas antes de abrir el cráneo. Una especie de “visión de rayos X” del futuro.

Su objetivo no era hacer un proyecto bonito para aprobar una materia. Buscaron un problema real en hospitales públicos y privados, hablaron con neurocirujanos, consultaron a expertos y se pusieron a construir. El resultado fue una herramienta que permite planificar intervenciones, trazar rutas quirúrgicas seguras y hasta simular la cirugía antes de entrar al quirófano.

Nada de hardware inalcanzable. Nada de fondos extraordinarios. Solo talento, creatividad y decisión. Y, por supuesto, un método de trabajo que debería replicarse masivamente: detectar un problema real, unir saberes multidisciplinarios y pensar soluciones aplicables.

Un llamado urgente: incorporar “Marketing Profesional y Personal” como materia obligatoria

Si Argentina quiere competir con los países más avanzados, no alcanza con formar buenos técnicos, ingenieros, médicos o programadores. Hay que enseñarles a mostrarse, a vender sus ideas, a construir equipos, a presentar proyectos, a levantar inversión, a comunicar valor.

Hoy el mundo profesional exige algo más que conocimiento técnico: exige presencia, estrategia, capacidad de comunicar una solución y transformarla en un emprendimiento real. Por eso, en todas las universidades —públicas y privadas— debería existir una materia transversal y obligatoria: Marketing Profesional o Branding Personal.

Una materia que enseñe:

  • Cómo presentar proyectos ante inversores.
  • Cómo construir una identidad profesional diferenciada.
  • Cómo comunicar ideas complejas con claridad.
  • Cómo trabajar en equipo y generar redes de colaboración.
  • Cómo pensar soluciones que respondan a necesidades del mundo real.

Sin calidad profesional en la comunicación, la innovación no llega a ningún lado.

Gabinetes de innovación en todas las universidades

La segunda pata es igual de urgente: cada carrera debería contar con un gabinete de innovación institucional, equipado para detectar, acompañar y potenciar proyectos como el de estos jóvenes ingenieros. Espacios donde estudiantes de distintas disciplinas trabajen juntos, con mentores, premios, concursos internos y articulación con el sector productivo.

Si hoy dos estudiantes argentinos pueden desarrollar una herramienta quirúrgica de nivel internacional solo con software y voluntad, imaginemos lo que ocurriría si universidades y tecnicaturas financiaran, estimularan y premiaran esa cultura.

Con gabinetes que acompañen, prototipen y vinculen; con materias que enseñen a “vender” la idea; con docentes que fomenten proyectos reales; con vínculos con hospitales, pymes, municipios y ONGs… Argentina podría posicionarse rápidamente a nivel mundial en innovación aplicada.


Contagiar la actitud: inspirar a nuestros adolescentes

Estas historias no deben quedar en una anécdota televisiva. Deben llegar a las escuelas secundarias, convertirse en ejemplos vivos de lo que puede lograr un joven argentino con decisión y herramientas.

Nuestros adolescentes no necesitan únicamente motivación: necesitan ver que alguien parecido a ellos, de su edad, en su contexto, ya está cambiando el mundo.

Y la mejor política educativa, en este momento histórico, es inspirar vocaciones tecnológicas, científicas y creativas con casos reales de éxito local. La innovación no es un lujo. Es la clave para que la Argentina vuelva a crecer.

Un país que se anima a mirar hacia adelante

El proyecto de estos jóvenes ingenieros —nacido como una simple tesis y ya en camino de convertirse en startup— es una señal clara: tenemos el talento, nos falta el sistema.

Nos falta una política educativa orientada a la creatividad, al emprendedurismo, a la comunicación profesional, a la innovación interdisciplinaria.
Nos falta conectar las aulas con el mundo real.
Nos falta premiar a quienes solucionan problemas en lugar de castigar a quienes intentan.

Si logramos eso, si logramos que cada adolescente crea que puede ser protagonista de una solución tecnológica, si logramos que cada universidad los prepare para comunicar sus proyectos al mundo… entonces sí podremos estar a la altura de los países más avanzados.

El talento ya está.
Solo necesitamos multiplicarlo.

Alejandro Monzon para Análisis Litoral

Moine asegura que en 2027 “Argentina va a despegar” y criticó la corrupción del peronismo

El ex gobernador Mario Moine en diálogo con el portal Debate Abierto analizó el nuevo escenario nacional y provincial, elogió la moderación de Milei y subraya que la incapacidad del Justicialismo para encarar la autocrítica sobre los actos de corrupción es la causa de su desaparición lenta pero progresiva.

Moine realizó un análisis sobre la realidad política y económica de Entre Ríos y del plano nacional tras los recientes procesos electorales.

El ex gobernador entrerriano (período 1991-1995) destacó que la provincia está inevitablemente condicionada por las decisiones del presidente Javier Milei y el rumbo de la economía nacional.

Seguidamente interpretó el resultado electoral como un fortalecimiento del Gobierno Nacional. Señaló que el Presidente tendrá más legisladores en el Senado y en Diputados, permitiéndole depender de menos alianzas y reduciendo la posibilidad de que se eliminen Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU).

“Esto es positivo, ya que resulta muy difícil gobernar con un Congreso en contra”, afirmó.

Moine resaltó un cambio clave en la figura presidencial, señalando que Milei recibió un cachetazo muy fuerte y demostró autocrítica. El Presidente se ha llamado a silencio o habla respetuosamente, lo que facilita las alianzas, incluso con gobernadores justicialistas que coinciden en el camino económico adoptado.

En cuanto al futuro, Moine observa un panorama muy interesante para 2026. Estima que la inflación caerá drásticamente, proyectando un 15-16% para 2026 y un 6-7% para 2027. Con una inflación tan baja, las tasas de interés anuales se reducirían (16-17%), lo que reactivaría la economía mediante la herramienta del crédito, permitiendo financiamientos a largo plazo como en países desarrollados (30 años para una casa, 10 años para un auto).

Para Moine, Argentina va a despegar en 2027 con un crecimiento del 7 u 8% anual por varios años.

Destacó que se avecinan dos grandes leyes: la flexibilización laboral y la problemática impositiva.

Reforma Laboral

Sobre la Reforma Laboral, aunque conoce pocos detalles, apoya una hipótesis de trabajo que consistiría en que las empresas aporten un 6% sobre la masa salarial, creando un fondo para el sistema indemnizatorio (similar a la libreta de la construcción) e ilustró que hoy, indemnizar a un empleado con 20 años de antigüedad puede costar entre 35 o 40 millones de pesos, algo que podría hacer quebrar a una pequeña empresa.

Más años para jubilarse

También urgió la necesidad de reformar la Caja de Jubilaciones en Entre Ríos, donde las jubilaciones a los 52, 55 o 57 años son insostenibles y propuso agregar entre 5 y 7 años a la edad jubilatoria, aplicándolo de forma progresiva a lo largo de 7 u 8 años.

Problemas

En el ámbito provincial, si bien Moine observa un buen 2026 para Entre Ríos, señaló que el gobernador Rogelio Frigerio enfrenta problemas en las áreas de salud y educación y cometió un error grosero al alejar al ministro de salud (Guillermo Grieve).

La mejora en la provincia dependerá de conseguir 300 millones de dólares para obra pública.

Cuestionamientos al PJ

El ex gobernador -que se define como peronista-, fue tajante al criticar la situación de su partido. Sostuvo que el peronismo está siendo condenado a la desaparición lenta pero progresiva, no por su pensamiento doctrinario, sino por el nivel de corrupción y el silencio de la mayoría de su dirigencia.

Moine lamentó que en los intentos de autocrítica, el peronismo no mencione a líderes condenados o imputados, como Cristina Fernández, el expresidente Alberto Fernández, Urribarri o los cuestionamientos a Bordet.

Y se preguntó ¿Por qué ninguno quiere hablar de corrupción?. Señaló que, en cambio, se han enfocado en expulsar dirigentes como Maya que participaron por fuera del partido, mientras se guarda silencio sobre los que fueron condenados por corrupción.

Finalmente, Moine hizo un llamado a eliminar el privilegio de los fueros para legisladores nacionales, ya que éstos no se usan para tener libertad de opinión, sino para esconderse de los hechos de corrupción.

Moine concluyó que, a sus 76 años, se ha alejado de la política activa para solo acompañar con su opinión.

(Fuente: Debate Abierto)

Entre “mercenarios” y silencios incómodos: lo que Azcue acierta, lo que omite y lo que Concordia necesita discutir

Las duras acusaciones del intendente Azcue contra un Diario digital de esta ciudad , reabrieron un viejo debate: ¿existe el periodismo mercenario? Sí, y la ciudadanía lo reconoce. Pero también es cierto que la política —incluida la actual gestión municipal— usa, ignora o premiaría a los medios según su conveniencia. La discusión pública exige más que insultos: requiere eficiencia, planificación y una revisión honesta de la propia gestión.

Las recientes declaraciones del intendente Francisco Azcue, calificando de “mercenario” al periodista Claudio Gastaldi y acusando a su medio de haber sido funcional al peronismo que “saqueó Concordia”, estremecieron el clima político local. Su enojo surgió tras un título duro de ese portal, acusándolo de aplicar un “impuestazo” del 180% para 2025.
Azcue respondió con fuerza, rechazó los datos, defendió sus medidas y anunció la ruptura total de relaciones institucionales con ese medio.
Hasta ahí, una disputa más en el ecosistema político-mediático entrerriano.
Pero el episodio revela algo más profundo: la enorme distancia entre la crudeza del discurso político y la necesaria autocrítica que la administración municipal evita realizar.

Sí, existe el periodismo mercenario. Y todos lo saben.

Azcue no inventó nada nuevo cuando habló de “mercenarios”.
La gente sabe que existe ese tipo de periodismo.
La ciudadanía lo identifica —sin necesidad de grandes análisis académicos— cuáles medios viven del elogio permanente al político de turno, cuáles ocultan información, cuáles atacan por encargo y cuáles sobreviven alimentados por la pauta oficial que tanto critican pero jamás rechazan.

Sin embargo, conviene recordarle algo al intendente:
los políticos también usan sistemáticamente a los medios, especialmente en los meses previos a cada campaña electoral.
Prometen, sugieren, insinúan futuras pautas o colaboraciones. “Te vamos a tener en cuenta”, “cuando entremos te vamos a acompañar”, “cuando mejore la situación nos ponemos el día”. La historia es conocida.

En Concordia ocurre hace décadas.
El municipio pauta en medios provinciales e incluso nacionales mientras los medios locales —los que todos los días informan a los vecinos— son ignorados salvo excepciones mínimas.
Y así, de ambos lados, se alimenta un círculo vicioso:
medios dependientes y políticos selectivos, cada uno usando al otro según sus intereses coyunturales.

La discusión que falta: eficiencia y planificación

Lo que ningún título periodístico —ni siquiera las propias explicaciones oficiales— aborda es el verdadero trasfondo de esta polémica: la eficiencia, o la falta de ella. En cualquier empresa seria, cuando un CEO no cumple los objetivos, se lo despide sin vueltas. En el Estado, en cambio, los errores se justifican, los funcionarios se mantienen y los costos los termina pagando el vecino. Esa distancia entre el rigor del sector privado y la laxitud del sector público es la que explica por qué Concordia sigue donde está.

Azcue insiste en que las tasas “no subieron” y que solo “se actualizaron por debajo de la inflación”.
Pero sería saludable que también reconozca que eficiencia no es solo ajustar números. Eficiencia es planificar, medir costos, evaluar desempeño y exigir resultados a los funcionarios.

A esta altura del mandato —casi dos años de gestión— la administración ya puede y debe revisar a conciencia:

  • ¿Hubo planificación integral o solo respuestas urgentes?
  • ¿Los funcionarios designados ejecutaron con solvencia?
  • ¿Las áreas clave trabajaron con objetivos claros?
  • ¿Se midió el impacto de cada decisión en la economía real de los vecinos?

No lo dice el Diario en cuestion:
lo dice cualquier ciudadano que quiera construir o simplemente ampliar su casa.
Las tasas y derechos municipales que enfrenta por ejemplo quien quiere levantar una vivienda muchas veces resultan prohibitivos.
Cualquiera que conozca los montos sabe que el sistema desalienta la inversión privada pequeña y genera un freno innecesario al desarrollo urbano.

También existen muchos requisitos para establecer un emprendimiento comercial se da este

El intendente puede tener razón al criticar una publicación periodística.
Pero eso no anula la necesidad de algo más profundo: una revisión honesta de la gestión y un replanteo de prioridades, sobre todo cuando Concordia sigue siendo una de las ciudades más pobres del país.

Los medios: ni enemigos ni aliados naturales

Los medios no son santos ni demonios.
Son herramientas necesarias de comunicación masiva.
Su funcionamiento implica costos, personal, mantenimiento, logística.
No sobreviven del aire, y los políticos lo saben perfectamente.

Por eso, cuando un intendente decide cortar toda relación con un medio, está en su derecho.
Pero cuando afirma que “no le importa”, que “pueden decir lo que quieran” y que “no trata” con ellos, desconoce un principio básico de la república:
el rol de la prensa crítica es necesario, incluso cuando molesta.

Y más aún cuando esa crítica proviene de medios que no pertenecen a los que históricamente se beneficiaron de manera obscena con dádivas, favores o pautas generosas de gobiernos anteriores.
Muchos periodistas —la mayoría de los que sostienen portales locales con sacrificio personal— no forman parte de esa maquinaria.
Y sí, también tienen derecho a exigir respeto.

La Concordia que se viene necesita un debate serio

Esta discusión, lejos de ser un chispazo mediático, debería abrir otra conversación:
¿qué modelo de ciudad quiere Concordia para los próximos diez años?
¿Seguiremos discutiendo títulos de portales o empezaremos a debatir cómo revertir la pobreza estructural, cómo recuperar la obra pública eficiente, cómo incentivar la actividad privada y cómo transparentar el vínculo entre política y medios?

Azcue tiene la oportunidad —y también la obligación— de hacerlo.
Pero para eso necesita más que indignación y rupturas:
necesita introspección, revisión de lo actuado y decisiones estratégicas para lo que queda del mandato.

Porque Concordia ya no puede seguir atrapada entre políticos enojados y medios sobreactuados.
La ciudad necesita planificación real, eficiencia concreta y un diálogo maduro que hoy, lamentablemente, todavía no aparece.

Por : Alejandro Monzón

https://www.analisislitoral.com.ar

Fletes, impuestos y competitividad: por qué la industria argentina sigue atrapada en un modelo caro e ineficiente

En un reciente streaming del canal Neura, los analistas Gustavo “Lacha” Lazzari y Claudio Zuchovicki pusieron en palabras algo que la industria argentina conoce desde hace décadas, pero que recién ahora comienza a discutirse sin eufemismos: la imposibilidad de sostener una industria verdaderamente competitiva si el país no revisa en profundidad sus costos internos. No es el dólar, no es la sustitución de importaciones en sí misma, ni la tan mentada “falta de productividad”. El problema es mucho más estructural: logística cara, impuestos distorsivos y un aparato productivo diseñado de espaldas al territorio.

La Argentina y su vieja obsesión: industrializar lejos de donde se produce

El modelo histórico argentino —industrializar en centros urbanos insumos que se generan a cientos de kilómetros— fue funcional durante la época dorada de la sustitución de importaciones. Pero hoy, en una economía global integrada, es una estructura que encarece cualquier posibilidad de competencia.

Zuchovicki lo sintetizó con una metáfora potente: “Si vos trasladás materia prima barata 500 o 600 kilómetros para recién después industrializarla, el flete te destruye. En una economía abierta, la industrialización se va al lugar de origen y lo que viaja es el producto terminado”.

Los datos acompañan esa observación. Informes recientes del sector logístico señalan que el flete camionero argentino es hasta un 30% más caro que en Brasil y Estados Unidos. En productos agrícolas —base de numerosas cadenas industriales— el transporte puede representar entre 19% y 28% del costo final, dependiendo de la distancia y el tipo de producto.

Esto genera un círculo vicioso: el interior produce, pero no industrializa; y los centros urbanos industrializan, pero dependen de una logística cara y rígida. El resultado: precios altos, pérdida de competitividad y empresas que sobreviven más por protección arancelaria que por eficiencia real.

El verdadero enemigo interno: los impuestos distorsivos

El diálogo de Neura también puso sobre la mesa uno de los temas más incómodos para la clase política argentina: la estructura tributaria. Zuchovicki lo expresó sin rodeos: “Por primera vez, como se bajó la inflación, ahora te duele todo. Te duele el margen. Y te tenés que sentar a discutir ingresos brutos, porque es más caro que lo que reinvertís”.

Según el Observatorio PyME, el impuesto provincial a los Ingresos Brutos puede representar hasta el 7% del costo de producción de una PyME industrial. La Unión Industrial de Entre Ríos (UIER) publicó en 2024 un documento que confirma este diagnóstico: aunque la productividad interna de las fábricas ha mejorado, esa competitividad “se diluye por la carga fiscal subnacional y por un sistema de tasas municipales caótico y heterogéneo”.

La OCDE, en su último informe sobre la Argentina (2025), coincide: el principal freno a la competitividad ya no es la macroeconomía inestable, sino los costos internos derivados del entramado fiscal, regulatorio y logístico.

La devaluación como falso remedio

Uno de los aportes más relevantes del análisis en Neura es derribar un mito muy instalado: que la devaluación es la herramienta mágica para recuperar competitividad. Pero, como explicó Zuchovicki, “cuando te cobran IVA y te cobran ingresos brutos sobre el precio, vos devaluás y seguís igual”.

Esta frase es clave. La devaluación impacta, sí, pero afecta por igual a toda la cadena, y sin cambios estructurales vuelve a neutralizarse.

Los impuestos en cascada —como Ingresos Brutos— son sensibles al precio y por lo tanto absorben buena parte del supuesto “beneficio” cambiario. Es como tapar una gotera con un balde roto: por más que se vierta agua, el problema estructural sigue filtrando.

¿Cómo se defiende realmente la industria local?

El planteo del diálogo en Neura es interesante porque, a diferencia del discurso tradicional que proclama “defender lo nacional” mediante más barreras, apunta hacia otro camino: bajar costos y eliminar distorsiones.

Es decir: menos épica industrialista y más realismo técnico.

La defensa de la industria argentina no pasa por prohibir importaciones o por cerrar la economía. Pasa por:

  1. Bajar impuestos distorsivos, especialmente los que se aplican en cascada (IIBB, tasas municipales, contribuciones superpuestas).
  2. Desarrollar infraestructura logística moderna, con un sistema multimodal que reduzca la dependencia del camión.
  3. Fomentar la radicación industrial en el interior, cerca de donde se produce la materia prima.
  4. Simplificar regulaciones que hoy encarecen la producción sin aportar calidad ni eficiencia.
  5. Promover competencia real, lo que obliga a las empresas a invertir, innovar y diferenciarse.

La industria argentina no es “incompetente” por naturaleza. De hecho, estudios de productividad muestran que gran parte del sector industrial tiene niveles comparables a países emergentes competitivos. El problema es la maraña de costos extras: logística, energía, impuestos, burocracia, distorsiones laborales y superposición de normativas.

El Litoral: los grandes perdedores del modelo actual

Para provincias como Entre Ríos, Corrientes y Misiones —región donde realizamos la comunicación periodística de Análisis Litoral— el tema no es teórico: es una realidad cotidiana.

El litoral produce madera, cítricos, arroz, carne, ganadería, yerba, pesca, granos y manufacturas de origen agropecuario. Pero gran parte de esa riqueza se transforma lejos del territorio. El agregado de valor se concentra en Rosario, Córdoba o Buenos Aires. El interior genera la materia prima; los centros urbanos se apropian de la industrialización.

Esto provoca:

  • Menor generación de empleo calificado en la región
  • Pérdida de recaudación local
  • Dependencia de subsidios nacionales
  • Fletes largos y caros que encarecen la producción
  • Cadenas de valor incompletas

Si la Argentina no revisa su sistema industrial, las regiones productivas seguirán condenadas a ser proveedoras de materia prima. Se repite así el mismo esquema del siglo XX, pero en un mundo donde otros países ya entendieron que la industrialización descentralizada y cerca del origen aumenta competitividad y eficiencia.

El momento es ahora: menos relatos, más números

La estabilización relativa de la inflación dejó al descubierto las fallas estructurales que antes se ocultaban bajo el velo inflacionario. Hoy los costos son transparentes. Hoy se ve la realidad. Hoy duele el margen. Y por eso, como dijo Zuchovicki, es recién ahora cuando Argentina puede tener una discusión seria sobre competitividad.

La pregunta no es “cómo defender la industria local”, sino cómo hacerla viable sin forzar al consumidor a pagar precios artificialmente altos por políticas proteccionistas que ya no funcionan.

Para ello, el país tiene por delante un debate impostergable: decidir si quiere un modelo industrial del siglo XXI o seguir administrando las ruinas de un esquema caro, viejo e ineficiente.

La industria argentina tiene talento, maquinaria y capacidad. Lo que no tiene —aún— es un país que acompañe esos esfuerzos con impuestos razonables, logística moderna y reglas claras.

Hasta que eso suceda, cualquier discusión sobre competitividad será, simplemente, una discusión en el aire.

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La decadencia de la Justicia entrerriana: entre la impunidad selectiva y el eterno blindaje a Urribarri

La Justicia entrerriana vuelve a exhibir su peor rostro: el de una estructura lenta, temerosa, burocrática y funcional a los poderosos. Cada vez que un caso de corrupción golpea las puertas del poder político, el sistema judicial responde con una combinación letal de dilaciones, tecnicismos y tibiezas que vacían de sentido cualquier expectativa de verdad o reparación. Y la llamada megacausa de las Coimas, que arrastra hace más de una década el lastre del urribarrismo, no es la excepción: es la prueba más dolorosa de una decadencia institucional que ya nadie puede disimular.

Porque mientras los fiscales reconstruyen con detalle quirúrgico el circuito de coimas, sobreprecios, favores, dinero en efectivo, cheques triangulados, objetos de lujo y pasajes comprados a funcionarios, el exgobernador Sergio Urribarri está hoy en su mansión, riéndose del sistema, ostentando una reclusión domiciliaria VIP que indigna a la mayoría de los entrerrianos.
Las imágenes que circulan desde hace meses —asados, reuniones políticas, tertulias con dirigentes que buscan congraciarse con un condenado por corrupción— describen con crudeza el estado actual de la Justicia: es tan débil con los poderosos como implacable con los ciudadanos comunes.

Un sistema que no se anima a encarcelar al poder

El contraste es brutal: mientras cualquier entrerriano de a pie va preso por muchísimo menos, el dirigente señalado como el cerebro de una estructura de recaudación ilegal millonaria sigue libre, activo, influyente y protegido.
¿La razón? Una Justicia que evita enfrentar a quienes acumulan años de conexiones políticas, empresariales y judiciales. Un sistema que parece más preocupado en resguardar privilegios que en honrar la Constitución.

La reciente resolución de la Cámara de Casación Penal —que rechazó el sobreseimiento solicitado por las defensas de Urribarri y del empresario Diego Armando Cardona Herreros— fue presentada por algunos sectores como una señal de avance. Pero el trasfondo es otro: el proceso sigue empantanado, el tiempo juega a favor de los imputados, y la ciudadanía observa cómo la impunidad se mantiene intacta.

Los vocales Marcela Davite, Marcela Badano y Gustavo Pimentel cerraron la vía de la queja. Una decisión correcta en lo técnico, pero insuficiente en lo político. Insuficiente frente al clamor social que exige una Justicia que deje de mirar para otro lado “cada tanto” y empiece a actuar con la fuerza que corresponde en causas donde se usó y abusó del dinero público.

Una causa monumental, un sistema vergonzosamente lento

La causa investiga un esquema organizado de coimas, sobornos, retribuciones ilegales y beneficios personales que se extendió durante todo el urribarrismo.
Los fiscales Patricia Yedro y Gonzalo Badano detallaron cómo, licitación tras licitación, se montó un sistema matemático de corrupción: porcentajes fijos, PLM distribuidos como sueldos paralelos, sobreprecios planificados y una cadena de favores cuyo cálculo total —según informes contables— implica millones de pesos desviados del Estado provincial.

Las pruebas son tan abrumadoras que incluyen:

  • correos electrónicos
  • mensajes internos
  • planillas con distribución de coimas
  • asientos contables
  • pagos en efectivo
  • cheques triangulados
  • compras de objetos de lujo
  • pasajes aéreos para funcionarios y familiares
  • entregas de dinero en las oficinas del empresario Cardona
  • la trama de empresas asociadas para simular servicios
  • el vínculo directo entre Cardona y Urribarri, con comunicaciones a través de líneas telefónicas a nombre de terceros

Todo está documentado. Todo está probado.
Y aun así, el exgobernador continúa sin pisar una cárcel.

Una Justicia que se esconde detrás del reglamento

Las defensas presentaron una interminable serie de recursos, recusaciones y planteos de nulidad. Y el sistema judicial entrerriano respondió como siempre: con laberintos procesales, con resoluciones que miran más la letra chica que la gravedad institucional del caso, con decisiones que evitan avanzar con fuerza y con un uso del “gravamen irreparable” como comodín para la inacción.

El juez de Garantías Julián Vergara rechazó pruebas pero también sostuvo que la denegatoria del sobreseimiento no es apelable.
El juez Brugo confirmó luego esa postura.
Casación cerró la vía.
Y pese a que todo suena a avance, la maquinaria real se mueve a paso de tortuga, con un juicio oral que se anuncia pero nunca llega.

Mientras tanto, la sociedad entrerriana asiste a un espectáculo indignante: un exmandatario condenado en otra causa (las “Causas unificadas”), procesado en esta megacausa de coimas, y con acusaciones de 10 años de prisión efectiva, viviendo sin sobresaltos, recibiendo visitas políticas y ejerciendo influencia real sobre sectores del peronismo que lo siguen considerando un “jefe”.

El divorcio total entre la Justicia y la sociedad

La decadencia ya no es abstracta: es palpable.
Una Justicia que no le habla a la gente, que no responde a su demanda de integridad, que no actúa con celeridad ni capacidad, que no se planta frente a un poder político que durante años colonizó sus estructuras.

La imagen no podría ser más simbólica:
Urribarri en su mansión, entre privilegios y asados; la Justicia entrerriana, entre expedientes y excusas.
Y en el medio, millones de entrerrianos que pagaron —literalmente— las coimas con las que se enriqueció un pequeño círculo.

La pregunta es simple:
¿cuántas pruebas más hacen falta para que la Justicia actúe con la firmeza que la sociedad exige?

La respuesta, lamentablemente, la conocemos todos.

¿Quién protege a quién? : La causa Securitas y el espejo de la impunidad política en Entre Ríos**

El nombre de Gustavo Bordet aparece casi un centenar de veces en los chats de los empresarios Tórtul, epicentro de la causa por presuntas coimas en contratos con ENERSA. El exgobernador niega cualquier vínculo y repite el libreto clásico de “estar a disposición de la Justicia”. Pero el expediente revela algo más que una anécdota: expone un modo de hacer política y negocios en Entre Ríos que se repite con distintos nombres y los mismos silencios.

El libreto conocido

“No formé parte de ningún sistema de coimas.” Con esa frase, Gustavo Bordet intentó despejar las sospechas que lo rozan dentro de la investigación por el entramado de sobornos que involucra a la multinacional Securitas Argentina y a su red de contratistas, entre ellos los hermanos Tórtul, conocidos en Entre Ríos por su influencia empresarial en el rubro de la seguridad y por sus vínculos políticos con el poder provincial. El comunicado de Bordet fue breve, medido y previsible. Pero también insuficiente. En una provincia donde los expedientes por corrupción duermen entre tribunales y los medios oficialistas se limitan a reproducir comunicados, la negación sin pruebas se parece más a un reflejo que a una defensa. La sociedad —ya acostumbrada a los “no tengo nada que ver”— empieza a preguntarse: si nadie tiene nada que ver, ¿por qué siempre terminan apareciendo los mismos nombres?

Los datos que no son rumores

La pericia judicial sobre los dispositivos de los Tórtul —base de la causa Securitas— contiene más de 25.000 páginas de mensajes y documentos. En ese universo de pruebas, el nombre “Bordet” aparece casi un centenar de veces, asociado a frases como “la parte de Bordet”, “llevarle lo de Bordet” o “pagar lo de ENERSA”. No se trata de un invento mediático: son extractos literales incluidos en el expediente, confirmados por medios nacionales como La Nación, El Cronista y MDZ. Las conversaciones revelan un modus operandi clásico: contratos renovados sin licitación, pagos “extra” para garantizar continuidad y operadores que actuaban de enlace entre empresarios y funcionarios públicos. No es casual que ENERSA, la empresa estatal de energía, vuelva a estar en el centro de una causa de presunta corrupción: en Entre Ríos, el área energética ha sido históricamente un foco de negocios paralelos y financiamiento político encubierto.

El espejo de los casos anteriores

La historia reciente muestra un patrón: el exgobernador Sergio Urribarri, condenado por corrupción, y ahora Bordet, mencionado en una trama que mezcla intereses empresariales, fondos públicos y lealtades políticas recicladas. Cada caso tiene sus matices, pero todos comparten una constante: la impunidad como sistema. Un poder judicial que se mueve con lentitud selectiva, fiscales que avanzan solo cuando el clima político lo permite y una sociedad que, entre la resignación y la bronca, ve cómo el “costo político” nunca se paga.

Conclusión preliminar: lo judicial y lo político

La jueza federal Sandra Arroyo Salgado procesó a varios imputados y ordenó detenciones, entre ellas las de los propios Tórtul. Los peritajes hablan de millones de dólares en sobornos, de circuitos de dinero negro y de pagos canalizados a través de intermediarios. La investigación aún no alcanzó al exgobernador, pero la cantidad y la naturaleza de las menciones obligan a una pregunta elemental: ¿alcanza con “estar a disposición” o debería Bordet abrir sus registros y dispositivos para despejar cualquier duda? Mientras la causa avanza, la política se reacomoda: los viejos aliados guardan silencio, los nuevos se desmarcan y los que antes callaban hoy piden “investigación hasta las últimas consecuencias”. Un libreto repetido en todas las provincias argentinas.

Las preguntas que incomodan

  1. ¿Por qué un expediente con 25.000 carillas y 100 menciones al exgobernador aún no fue ampliado a su entorno político inmediato?
  2. ¿Qué controles internos aplicó ENERSA cuando sus contrataciones se mantenían sin competencia real?
  3. ¿Por qué los mismos empresarios aparecen en distintos gobiernos con idénticas licitaciones?
  4. ¿Qué mecanismos de auditoría existen en la provincia para detectar vínculos financieros entre contratistas y funcionarios?
  5. ¿Dónde queda el control político, si la justicia actúa sola y la dirigencia apenas reacciona cuando los medios publican algo?

La política y el espejo roto

En Entre Ríos, la palabra “corrupción” ya no indigna; apenas confirma lo que todos sospechan. Pero este caso, más que un escándalo judicial, es una oportunidad para mirar hacia adentro. Porque si cada generación repite la misma defensa —“no tengo nada que ver”—, entonces el problema no es de nombres, sino de sistema. La negación permanente se ha vuelto la doctrina de la supervivencia política. Mientras tanto, los ciudadanos pagan la factura de esa hipocresía en tarifas, impuestos y servicios públicos degradados. El desafío es romper el espejo antes de que no quede nada que reflejar. Y que la Justicia —si aún le queda coraje institucional— demuestre que ningún apellido está por encima del expediente.

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 Por el momento con una aspirina, ganó Trump 

 Por : Luis Edgardo Jakimchuk

A dos semanas del acto electoral, es interesante discurrir que supuestos se interrogaría un ciudadano común, sobre el comportamiento del voto. Básicamente aquel ciudadano a pie atrapado entre el Estado y las corporaciones. Entre los que ven que sus vidas se encaminan lenta pero inevitablemente al desastre y una clase política profundamente ególatra, codiciosa y narcisista que no ven las cosas desde las aspiraciones de gran parte de la sociedad. Aquel ciudadano que no le gusta las humillaciones constantes contra al ser humano. El ciudadano que no sabe que es verdad y que es mentira. Aquellos que tienen firmes convicciones y no renuncian antes un disruptivo.

Un compañero vendedor ambulante, que se las rebusca diariamente para subsistir, me planteo no entender el proceder de personas que están sufriendo los tremendos ajustes y votan al gobierno.

Como poder explicarle que la llegada de la ultraderecha al gobierno, producto de una dirigencia chapucera, fracasada y corrupta, vino a instalarse como una corriente del pensamiento social. Lo cierto es que este sistema político no es novedoso en el mundo. En nuestro país, es una construcción metodológica que comparte “la matriz neofascista contemporánea: odio a los débiles, a los discapacitados, a los jubilados y se burla con crueldad con todo lo vulnerable”, así lo señala el psicoanalista y escritor Jorge Alemán.

Su argumento es claro, no es un retroceso democrático, sino es la interpretación social de la realidad influenciada por emociones, donde predomina lo destructivo como la motosierra que representa el castigo a la corrupción, a la casta, aunque haya motosierra sin sentido.

La acometida central del pensamiento libertario es oponerse a la intervención estatal en la economía y la vida social, marginando los derechos de segunda generación diseñados para asegurar que todos tengan acceso a una vida digna. Esto lo vienen militando activamente los teóricos ultraderechistas a través de construcciones subjetivas y a la luz del resultado del 26 pasado es una batalla que la vienen ganando.

Como se le puede explicar a un ciudadano más preocupado de cómo le pone una papa más a la olla familiar, que la ultraderecha no solo está representada exclusivamente por gobierno libertario, existen además movimientos, redes sociales  y organizaciones propagandistas que se nutren de esta ideología; como así también por periodistas, tal vez algunos ensobrados y otros enfervorizados antipopulares, que los ciudadanos consumen, donde la radicalidad supera en mucho el código deontológico de un comunicador social.

Otro elemento importante que hace al crecimiento de la ultraderecha es el apoyo de los jóvenes, que no es un fenómeno aislado, sino un síntoma de un malestar social profundo con el sistema democrático y partidos políticos produciendo una estructura desigual que perpetúa la precariedad y la desesperanza. Este sistema bajo sospecha deja en claro la responsabilidad de dirigentes que no dan respuestas firmes con compromiso honesto desde su acción política.

Son muchos los dirigentes que no entiende que la ultraderecha no es un fenómeno pasajero. Con sus narrativas en las elecciones del 2023, le abrieron las puertas al objetivo que persiguen: despolitizar la sociedad. Los dirigentes del peronismo parece que no se enteraron de que la juventud transita una nueva época, quedo claro en esta elección.

El miedo y la extorsión

Una pregunta valida es si el ciudadano a pie vota por su nivel de padecimiento o vota por sus ideas de construcción de ciudadanía. Si la reacción es por sus problemas o por temor prescindiendo de su idea y es un problema para esa construcción soñada.

En efecto, si una persona no asocia sus ideas con su padecimiento estamos en presencia de una disociación, de modo que a esa persona le impide significar la injusticia como tal. Los resultados de las elecciones pueden tener variadas interpretaciones políticas, pero lo que hay que entender y analizar es el momento por lo que atraviesan la persona para votar lo que vota.

Casi la mitad de los argentinos que por la caída de sus ingresos se endeudaron para afrontar los gastos de primera necesidad, así lo señala el último informe del Banco Central sobre inclusión financiera, a pesar de que desaprueban el rumbo económico, en este caso si aplicamos el modelo de proximidad, creado por el economista Anthony Downs, que las personas votan por quien percibe más cercano a sus ideas, en esta ocasión no se convalida esa idea.

Lo que también es cierto es que no hubo un quiebre en la racionalidad de muchos. Frente a una oposición desarticulada sin ideas, optaron por seguir apoyando a Milei. En esta elección intermedia, la gente dejo en claro que lo único que pretende es que se arregle su economía diaria. NO QUIERE QUE EXPLOTE TODO.

Otra cuestión es hasta donde calo en la gente lo expresado por Trump: “Si Milei no gana no hay apoyo de EEUU. Los argentinos están muertos”.

El nodo: miedo-violencias es reconocido desde siempre como un operador político transitorio, usado como organizador de la gobernabilidad. El miedo se convierte en un recurso para establecer prácticas que amplían la potencia represiva. El miedo adquirió estratégicamente una función de mantención del orden con una eficacia inédita, de modo que el miedo se planteó como portador de riesgo y amenaza. NO HAY GARANTIA POR PARTE DEL TESORO NORTEAMERICANO SINO GANABA MILEI.

Una semana luego del triunfo del gobierno, periodistas especializados especulan que el swap con el que el Tesoro de EEUU ayudo a Argentina para pacificar el mercado cambiario (no hay información oficial), que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, recompró los dólares que había vendido y gano 200 millones de dólares con el carry trade “a medida” que le armó Caputo, vergonzante. Es la lógica libertaria: ausencia de explicaciones y profundización de los argumentos de la elite financiera.

¿Y el peronismo?  

¿Tiene alguna validez una autocrítica con el diario del lunes? Creo que hay que ir un poco más lejos de las explicaciones que surgen de las razones que se repiten ante una derrota. Lo que se debe hacer es retomar la preocupación que planteo ese compañero vendedor ambulante. Siempre una derrota electoral deja un espacio en modo reflexivo. Las preguntas que creo que el peronismo debe responder es: ¿Cómo volver a representar a los compañeros? ¿Como se debe encontrar un liderazgo? ¿Cómo se vuelve a construir una alternativa para las mayorías? ¿Cómo se debe enfrentar a la ultraderecha?

Representar es más que para una elección. Quedo claro en la elección del pasado 26 ¿a quienes representaron los candidatos? Representar implica una reconfiguración de la esencia peronista. La crisis a la cual llegamos es por la decadencia de una narrativa que históricamente el peronismo fue estructurador y ordenador de la vida social. la construcción de esa narrativa requiere no solo de liderazgos comprometidos sino producto de la participación de todos los compañeros. Ya no alcanza con el dedo y cajas de plata enorme para arrogarse ser garantes de la protección del peronismo en su conjunto. Estas últimas elecciones perdidas demuestran que hay que construir una nueva relación con los compañeros a representar. Quedo claro que focalizarse en “construir con el dedo” una alternativa electoral, como lo hizo el pejotismo y algunos compañeros que buscan como ordenan sus posicionamientos para el 2027, es funcional a Frigerio/Milei.

Si el aparato partidario y los dirigentes responsables de la derrota del 2023, observaran los números de los últimos años, les permitirían entender el retroceso. Los números siempre resuelve algunas discusiones, puntualmente, sobre quienes conducen políticamente. Debemos modificar esta lógica.

Por último, si uno mira la campaña de los candidatos peronistas, el slogan era “frenar a Milei”. Pues bien, si esa es la propuesta, muestra que no hubo estrategia de como frenarlo, NO HAY ESTRATEGIA. Un peronismo sin estrategia, es tierra fértil para la idea del gobierno: terminar con el peronismo, o volvernos un partido conservador.  Si no cambia esa lógica el peronismo, ni siquiera una aspirina necesitara Trump para someter a los argentinos.

“Te alcanzó”: una réplica cultural al viejo relato

A dos años de gobierno libertario, una mirada en espejo con el texto de Adrián Paenza de 2017.

En 2017, durante el gobierno de Mauricio Macri, el matemático y divulgador Adrián Paenza publicó una columna titulada “No te alcanzó”. En ella, enumeraba los logros que —según su visión— los gobiernos kirchneristas habían brindado al pueblo argentino, lamentando que “aun así” la sociedad no los valorara. Aquel texto, cargado de ironía y melancolía militante, se volvió un manifiesto de época: el lamento de un progresismo que ya no lograba convencer.

Ocho años después, la historia cambió de signo.
El país que alguna vez creyó en la épica del Estado benefactor eligió en 2023 a Javier Milei, un economista que irrumpió con la bandera de la libertad, el ajuste y el fin de los privilegios políticos. Dos años más tarde, tras una contundente ratificación electoral el 26 de octubre de 2025, el presidente se consolida como líder de un proceso de transformación que, guste o no, rompió con el relato anterior.

Si el texto de Paenza se titulaba “No te alcanzó”, esta nueva etapa bien podría llamarse “Te alcanzó”.

Te alcanzó el hartazgo de las promesas recicladas.
Te alcanzó la inflación que devoraba tu salario.
Te alcanzó el cansancio de ver a los mismos nombres en cargos distintos.
Te alcanzó la pobreza estructural disfrazada de justicia social.
Te alcanzó la corrupción, el relato y la impunidad.
Y entonces, te alcanzó el coraje para probar algo distinto.

Milei no prometió milagros: ofreció un cambio de rumbo.
Lo económico fue el terreno más áspero, pero también el más concreto.
En dos años de gestión, el déficit dejó de ser un dogma intocable; el gasto público comenzó a sincerarse; y la discusión política recuperó una palabra que parecía olvidada: austeridad.

El país todavía atraviesa dificultades, pero el horizonte parece más claro que en la última década.
La figura presidencial —hoy con un liderazgo indiscutido— transita entre la convicción técnica y la apuesta política de largo aliento. El cambio cultural que se insinuaba en 2023 ya no es una consigna de campaña, sino una corriente social que interpela a viejas estructuras.

Por eso, cuando se lee aquel texto de Paenza a la distancia, la sensación es otra.
La sociedad que antes reclamaba “más Estado” hoy pide “menos privilegios”.
La que antes justificaba el fracaso con épica, hoy exige resultados.
Y la que antes decía “no te alcanzó”, hoy puede decir —sin euforia, pero con certeza— “te alcanzó para despertar”.

Mensaje a la comunidad libertaria: comprender, acompañar y construir

En Análisis Litoral creemos que uno de los mayores desafíos del periodismo —y también de la ciudadanía— es saber interpretar los signos de los tiempos. Desde este medio, hemos procurado comprender con profundidad las consignas y el impulso transformador que el presidente Javier Milei propuso desde su irrupción en la escena política nacional. Y lo hicimos convencidos de que su mensaje debía trascender más allá de la coyuntura electoral, para convertirse en un movimiento cultural, político y ético que inspire una refundación real de la Argentina.

Los resultados apabullantes del 26 de octubre de 2025 no son simplemente una victoria electoral: representan una reivindicación histórica, una señal de madurez política que sorprende incluso a muchos observadores internacionales. La sociedad argentina, tantas veces descreída y castigada, parece haber dicho “basta” de los viejos relatos y se ha atrevido a apostar por la libertad, la responsabilidad individual y la meritocracia.

Desde esta humilde tribuna periodística, consideramos que la nueva generación de militantes libertarios —esa juventud que “sí la ve”— tiene hoy una oportunidad única de dar ejemplo. No basta con celebrar la victoria: hay que cuidar, acompañar y exigir la continuidad del rumbo trazado por el presidente Milei. Acompañar no es aplaudir, sino comprender, estudiar y actuar; es involucrarse en la realidad concreta de cada localidad, de cada provincia, de cada rincón del país.

Ese trabajo militante que se desplegó antes de las elecciones —con sacrificio, creatividad y compromiso— no debe diluirse. La historia argentina está plagada de movimientos que, luego de grandes triunfos, se extraviaron en la complacencia o la fragmentación interna. Y este mensaje de las urnas, tan contundente como esperanzador, puede ser efímero si se pierde el foco o se incurre en los mismos errores de la vieja política.

El movimiento libertario enfrenta ahora su prueba más compleja: demostrar que puede construir organizaciones humanas exitosas, capaces de coordinar esfuerzos, liderar con humildad y sostener objetivos comunes sin caer en personalismos ni sectarismos. Porque, al fin y al cabo, la verdadera libertad también exige disciplina, cooperación y formación constante.

En ese sentido, creemos que el país necesita que esta generación de militantes libertarios asuma la tarea de sentar las bases de su propio futuro, aplicando en la práctica los valores que el propio presidente promueve: trabajo, estudio, innovación y coraje moral. Cada legislador, cada dirigente, cada ciudadano que hoy se reconoce en este nuevo paradigma, debería entender que la prioridad no es ocupar espacios de poder, sino construir una Argentina que vuelva a ser ejemplo de crecimiento y dignidad en el concierto de las naciones.

Por eso, proponemos que desde el gobierno nacional —y en articulación con las provincias— se fomenten y acompañen espacios de formación y talleres militantes en todo el país. Lugares donde se estudie economía, ética pública, historia argentina y pensamiento liberal, pero también donde se ejercite la escucha y la empatía, para no repetir los vicios del pasado.

El cambio recién empieza. Y como todo cambio real, exige convicción, paciencia y método. Que este momento de entusiasmo no sea un punto de llegada, sino el punto de partida de una construcción colectiva que devuelva al país su autoestima y su rumbo.

Desde Análisis Litoral, seguiremos haciendo lo que siempre hicimos: pensar, analizar y acompañar las transformaciones profundas, sin perder el espíritu crítico ni la fe en una Argentina mejor.

Por AM para https://www.analisislitoral.com.ar/

Cristina Fernández de Kirchner volvió a hablar… y volvió a señalar a todos, menos a sí misma.

Cristina Fernández de Kirchner volvió a escena con un nuevo documento desde su búnker de San José 1111, ese edificio donde los silencios son largos y las culpas, ajenas. Lo hizo para confirmar lo que muchos en el peronismo ya intuían: el barco está haciendo agua por todos lados, y la capitana –una vez más– señala al timonel antes de admitir que la tormenta empezó en su propio puente de mando.

En un texto que parecía más una autopsia de la elección bonaerense que una reflexión nacional, la ex presidenta apuntó directo contra Axel Kicillof. Lo responsabilizó por el “duro golpe electoral” del domingo pasado, aunque convenientemente evitó mencionar que fue ella quien lo consagró, moldeó y blindó como su delfín político. Un delfín que, por lo visto, ya nada por su cuenta.

El documento, que en los pasillos del PJ describen como “una carta de renuncia a la realidad”, deja en claro el grado de enfrentamiento dentro del kirchnerismo. CFK eligió culpar a Kicillof y advertir a los gobernadores justicialistas, como si todavía conservara el poder de disciplinar. Lo cierto es que su influencia, otrora absoluta, hoy se mide en metros cuadrados de Recoleta y en comunicados cada vez menos temidos.

Un espejo roto

El análisis de Cristina fue, en rigor, una confesión involuntaria: el peronismo atraviesa un deterioro profundo, y buena parte de esa decadencia lleva su firma. Sin embargo, fiel a su estilo, se ubicó fuera del cuadro. El “yo no fui” como método político. No es nuevo, pero ahora el peronismo parece haberle perdido el miedo a decirlo.

Axel Kicillof, Máximo Kirchner y otros dirigentes, en la noche de la derrota electoral

El núcleo K entra en su propia guerra civil. Kicillof, que ya sueña con 2027, es acusado de herejía por atreverse a pensar en un futuro sin Cristina. El problema para ella es que los resultados bonaerenses demostraron que la mística de “sin Cristina no se puede” dejó de ser verdad. La base electoral del 30% –el famoso “núcleo duro”– ya no es patrimonio exclusivo del cristinismo. Algunos intendentes incluso se animan a decirlo en voz alta, aunque todavía en voz baja.

Rebelión en el GBA

Apenas publicada la carta, el gobernador reunió a unos cuarenta intendentes del conurbano, su verdadero ejército. El mensaje fue claro: “no aceptamos facturas con membrete de Recoleta”. El texto de CFK cayó mal, no sólo por el tono vengativo sino por la falta de autocrítica. Los intendentes, que ya sienten que cargan sobre sus espaldas los restos del peronismo bonaerense, no están dispuestos a dejar que el kirchnerismo les hunda el poco capital político que les queda.

Y en La Plata, el Movimiento de Desobediencia Fiscal (MDF) –la estructura política de Kicillof– cerró filas. Nadie lo dirá en público, pero la comparación con la era Alberto Fernández empieza a flotar: Cristina, una vez más, dinamita al aliado que ya no le obedece.

La interna, capítulo 2: el gabinete y la Legislatura

La crisis no se limita al discurso. En el gabinete bonaerense conviven varios funcionarios “cristinistas puros”, lo que abre la pregunta: ¿serán las próximas víctimas del fuego amigo? Los fantasmas del albertismo –esa lenta sangría política en la que CFK desmanteló a su propio gobierno– empiezan a recorrer la Gobernación.

En la Legislatura, mientras tanto, Kicillof necesita votos para aprobar presupuesto y deuda. La combinación entre el sabotaje K y la ofensiva libertaria puede volver ingobernable la provincia. El libertarismo, sin mover un dedo, asiste divertido a la implosión del peronismo. Milei mira desde Olivos y sonríe: sus enemigos se están haciendo el trabajo solos.

“Funcionales a Milei”: el nuevo insulto peronista

El intercambio de acusaciones ya roza lo tragicómico. CFK dice que Kicillof “le pavimentó el camino a Milei”. Desde La Plata replican que, si ella sigue debilitando la gestión bonaerense, está haciendo exactamente lo que Milei quiere. En otras palabras, el peronismo discute quién es más funcional al Presidente que prometía destruir al peronismo.

El propio Milei parece disfrutar del espectáculo: excluyó a Kicillof de la última convocatoria a gobernadores, junto con Gildo Insfrán, Ricardo Quintela y Gustavo Melella. A todos ellos, CFK los usó como ejemplo de “territorios que resistieron al libertarismo”, omitiendo que son los mismos que se acomodan a Olivos cuando les conviene.

Gobernadores en silencio (pero con memoria)

La ex presidenta parece olvidar algo básico: los gobernadores, incluso los más dóciles, tienen buena memoria. Recuerdan los años de desprecio, los fondos retenidos, las listas impuestas desde Buenos Aires y las reprimendas públicas. Ahora que algunos de ellos –Jaldo, Jalil, Ziliotto– se sientan a negociar directamente con Milei, Cristina los amonesta por “romper la unidad”. Pero la unidad que ella reclama es, en realidad, una cadena de obediencia.

La tormenta perfecta

El resultado electoral dejó servido el escenario ideal para el oficialismo nacional: un peronismo dividido, una CFK en repliegue defensivo y un Kicillof herido pero vivo, que podría transformarse en el nuevo polo opositor si logra sobrevivir a sus propios aliados.

La doble crisis del peronismo –la interna K y la fractura con los jefes provinciales– se cocina en silencio, pero con aroma a ruptura definitiva. En San José 1111 lo saben. Tal vez por eso, mientras todos discuten el futuro, Cristina vuelve a lo que mejor sabe hacer: escribir cartas y señalar culpables.