Termas cerradas y silencio oficial: crece el malestar vecinal en La Paz por la falta de reacción del municipio

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La incertidumbre por la reapertura del complejo termal de La Paz vuelve a encender el malestar entre vecinos y trabajadores del sector turístico. A través de un comentario que comenzó a circular con fuerza en ámbitos locales, un vecino expresó lo que muchos sienten: la sensación de abandono, desinterés y falta de decisión política frente a uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad.

“¿Las Termas cuándo? ¿Realmente van a esperar a marzo? ¿Tan poco les interesa nuestra ciudad?”, se pregunta el vecino, poniendo en palabras una inquietud que ya dejó de ser individual. La crítica apunta directamente a la inacción municipal y a la falta de explicaciones claras sobre los plazos y el estado real del complejo.

Según el reclamo, el cierre de las termas no solo afecta a los 13 trabajadores que durante años sostuvieron el funcionamiento del predio, sino que impacta de lleno en la economía local y en la imagen turística de La Paz. “Debe ser el único lugar donde a la municipalidad no le interesa hacerse cargo”, sostiene el texto, al tiempo que advierte que el desinterés por el complejo refleja una falta de compromiso más amplia con el progreso de la ciudad.

El vecino recuerda que La Paz supo destacarse por una combinación de atractivos hoy debilitados o directamente perdidos: la pesca deportiva, los festivales folklóricos, el triatlón internacional y, en los últimos años, las termas. “Acá estamos acostumbrados a ir perdiendo todo lo que nos hizo resurgir como ciudad”, afirma, con un tono que mezcla frustración y advertencia.

Las termas, reconocidas por la calidad del agua, el entorno natural y el impacto positivo en la salud y el bienestar, quedaron fuera del radar turístico justo cuando este tipo de propuestas gana demanda a nivel regional y nacional. “Si aumentaba el turismo en La Paz era por las termas”, señala el reclamo, marcando con claridad el rol estratégico que cumplía el complejo en la oferta local.

Además del pedido de reapertura, el vecino plantea la necesidad urgente de un estudio pormenorizado y serio que permita volver a poner en valor el predio, hacerlo competitivo y generar condiciones para la captación de futuras inversiones, algo que —según advierte— la ciudad necesita con urgencia.

El cierre del mensaje deja un llamado concreto: que la situación se revierta cuanto antes y que los trabajadores que durante años cuidaron y sostuvieron las termas sean quienes vuelvan a hacerse cargo. “Nadie mejor que ellos para que las termas sigan funcionando”, concluye.

Mientras tanto, el silencio oficial y la falta de un plan público siguen profundizando la preocupación. En una ciudad donde el turismo es una de las pocas palancas de desarrollo posibles, la pregunta sigue abierta y sin respuesta: ¿hasta cuándo La Paz puede darse el lujo de dejar cerradas sus termas?

Alejandro Monzon para Análisis Litoral

Concordia y su aeropuerto que nunca fue: la oportunidad perdida que hoy celebran otros

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Alguna vez nos prometieron que Concordia tendría un aeropuerto internacional de cargas, un motor para cambiar la matriz productiva regional, conectar nuestra economía al mundo y dejar atrás el estigma de “la ciudad más pobre del país”. Los anuncios fueron grandes, las maquetas brillantes y los discursos repletos de palabras como “desarrollo”, “exportaciones” y “futuro”.

La realidad es menos épica: el aeropuerto “Comodoro Pierrestegui” lucha para habilitar apenas vuelos sanitarios y repostaje, sin instrumental de aproximación automática. El sistema ILS —que permite aterrizajes seguros en baja visibilidad— no funciona o directamente no está operativo, y hace pocos días el único vuelo periódico debió desviarse a otra ciudad por falta de condiciones para aterrizar. Una odisea para habilitar lo básico, mientras siguen inflándose los gastos públicos sin devolución social.

El “hub logístico” del litoral, que debía integrar la producción entrerriana, uruguaya y del sur de Brasil, jamás despachó una carga internacional, nunca fue escala de vuelos comerciales regulares y es hoy un monumento a la improvisación. Una infraestructura sobredimensionada que quedó para la foto electoral, no para la economía real. Y es ahí donde la comparación duele.

Rosario inaugura un aeropuerto internacional renovado, financiado íntegramente con fondos provinciales: más de 150 millones de dólares en una pista totalmente repavimentada, balizamiento LED, mangas nuevas, ampliación de la terminal y mejoras de accesos urbanos. Rosario reabre su aeropuerto al mundo, con paracaidistas, artistas en escena y sorteos de vuelos a Madrid, Río de Janeiro, Punta Cana. Un aeropuerto que no solo funciona, sino que proyecta desarrollo real, comercio, turismo y empleo.

Su gobernador lo sintetizó así: “Tenemos el aeropuerto que nos merecemos”. Y ahí está el dilema entrerriano: nosotros también merecíamos uno. Pero en Concordia, las puertas al mundo nunca se abrieron. Ni se planificó como debía. Ni hubo gobernantes capaces de sostener un plan estratégico más allá del titular de campaña.

La falta de un aeropuerto operativo con perfil exportador no es solo un fracaso administrativo: es una oportunidad económica y social perdida para toda nuestra región productiva. Porque desde Concordia podrían haber salido arándanos y cítricos frescos a mercados exigentes; productos industriales entrerrianos hacia plataformas internacionales; carnes y pescado procesado; manufacturas regionales que hoy mueren en el intento logístico. También podríamos haber atraído inversiones, turismo, servicios y empleo de calidad.

Pero no. La falta de rumbo dejó a Concordia mirando desde la barrera cómo otros ocupan el lugar que supimos reclamar. Con legítima impotencia nos preguntamos: ¿Cuántas veces más vamos a ver pasar una oportunidad histórica sin siquiera pelearla?
¿Hasta cuándo la pobreza será excusa y no una razón urgente para cambiar la historia?

El aeropuerto de Concordia debía ser nuestra puerta al mundo. Hoy es apenas un recordatorio de lo que pudimos ser… y no nos dejaron.

El senador que encarna la resistencia del pasado político argentino

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El país cambió. Y cambió porque la sociedad —harta del derrumbe económico, la degradación institucional y los discursos que prometían justicia social mientras multiplicaban la pobreza— decidió cortar con la vieja Argentina del clientelismo y la impunidad. Sin embargo, algunos nombres y estructuras parecen resistirse al paso del tiempo, aferrándose a los micrófonos del Senado como si allí aún se decidiera el destino de un modelo agotado.

José Mayans, jefe del bloque de Unión por la Patria y hombre clave del esquema político que gobierna Formosa hace casi cuatro décadas, salió nuevamente a escena con críticas durísimas al Presupuesto 2026 y a la Ley de Inocencia Fiscal. El discurso es conocido: soberanía en riesgo, endeudamiento, defensa de los más pobres. Los mismos argumentos que el peronismo repite desde hace 20 años mientras la pobreza, la dependencia económica y el éxodo juvenil se profundizaban en todo el país.

Desde su banca privilegiada, Mayans acusa recortes y desfinanciamiento, pero calló cuando su propio espacio consolidó un modelo que condenó al Norte Grande a ser rehén de los fondos nacionales y de la obediencia política al poder central. Hoy, da quórum para “no acompañar” y exige presencia de ministros como si el Senado no tuviera una enorme deuda con la transparencia y la responsabilidad fiscal.

El senador formoseño advierte que el presupuesto “beneficia a pocos”. La memoria reciente de los argentinos devuelve otra imagen: un país que durante dos décadas benefició a muy pocos —y fueron siempre los mismos. En esa película, Mayans no fue un actor secundario sino protagonista recurrente.

Su rechazo a la Ley de Inocencia Fiscal —mecanismo que busca ampliar la recaudación y reducir la evasión estructural heredada— aparece menos como una propuesta alternativa y más como una defensa del statu quo económico que dejó a la Argentina al borde de la hiperinflación.

Quién es José Mayans y su rol político

José Mayans es senador nacional por la provincia de Formosa desde 2001 y jefe del bloque de la coalición peronista que durante décadas dominó la escena legislativa con fuerte lealtad al kirchnerismo.
De larga trayectoria en el Congreso, Mayans construyó su carrera política no solo como representante provincial, sino como operador clave de las mayores estrategias de la coalición gobernante: defensa irrestricta de las gestiones de turno, control de acuerdos parlamentarios y alineamiento con las decisiones de los núcleos de poder del peronismo.

En su provincia, Formosa —gobernada por Gildo Insfrán desde 1995— Mayans se consolidó como puente institucional entre el poder provincial y el poder central, sosteniendo pactos políticos y legislativos que le permitieron a ese esquema conservar privilegios presupuestarios y resistir reclamos de transparencia y federalismo. Esa misma lógica de poder personalista y de respaldo automático a las causas del espacio gobernante se vuelve evidente cada vez que, desde su banca, lanza advertencias grandilocuentes sin ofrecer alternativas claras al estancamiento económico y social que muchos argentinos viven hoy.

Este recorrido político explica tanto la visibilidad de Mayans en debates claves como el escepticismo que genera fuera de las estructuras de apoyo tradicionales: no es solo un senador crítico del presupuesto, sino un exponente de la vieja estructura que contribuyó a las distorsiones fiscales y a los lazos clientelares que el país ahora intenta desmontar.

Mientras el gobierno nacional busca reconstruir la credibilidad y ordenar lo que se desordenó a fuerza de populismo y emisión desbocada, la vieja política se permite pontificar desde el fracaso.

El país productivo, el que trabaja y paga impuestos todos los días, ya tomó una decisión: aquellos que gobernaron durante el derrumbe no pueden ahora pararse como guardianes del futuro.

Lo que se discute en el Senado no es solo un presupuesto.
Es si la Argentina seguirá atrapada en su versión más decadente…
…o si terminará, al fin, con los portavoces del pasado.

La oralidad tiene la ventaja de que todo queda a la vista

AZCUE CRESTO

En el intrincado paisaje de nuestra realidad, un componente fundamental que nos ayuda a moldear la percepción es charlar con personas sobre cuestiones que generan opiniones y debates interesante. La oralidad es una herramienta poderosa para construir y mantener vínculos basados en la confianza y la transparencia.

En ocasiones suelo pasar por un puesto de venta de garrapiñada de un compañero, lugar en que siempre el silencio se vuelve incomodo, donde se plantean un sinfín de temas, que van desde cuestiones cotidianas hasta dilemas éticos. En esta oportunidad, atrapo mi atención dos cuestiones que se planteaba: “pareciera que los argentinos queremos ser una colonia de los gringos” y otra más doméstica, “¿las cosas que se les escucha al intendente Azcue es verdad o es tan solo palabras?

La percepción no es una mera interpretación, es una construcción activa que permite moldear la comprensión, en este caso, estamos los argentinos en camino a un control casi colonial. Está claro que el mundo está cambiando aceleradamente bajo la doble presión: la dinámica económica y las pugnas geopolíticas. ¿Actualmente sigue siendo pertinente la categoría de imperialismo?

Es una etapa más del desarrollo capitalista. En cuanto a la forma que adopta, ya no es expansionismo militar, es económica, basado en la conquista de territorios para explotar y utilizarlo económicamente.

Una singularidad del imperialismo actual es la estrecha relación del capital financiero y la geopolítica. Milei ha dejado claro que su alineamiento geopolítico es Washington. La sintonía con Trump, tiene un costo, obliga a un sentimiento anti chino. ¿Milei intentara cortar con China, que ha operado como banquero y es nuestro principal destino de exportaciones del agro?

El embajador norteamericano Peter Lamelas anticipo que no venía a ser neutral, su prioridad es “vigilar a las provincias que no realicen acuerdos con los chinos” y así garantizar que los recursos como energía y minerales críticos beneficien a inversiones norteamericanas. Que supervise las relaciones comerciales de las provincias es una desviación de las convenciones diplomáticas y afecta a los principios de soberanía. Es claramente un acelerado deslizamiento hacia una condición neocolonial, en línea con la doctrina Monroe.

Hace un par de días, en un mitin de la Fundación Faro, usina de la ultraderecha, medio centenar de empresarios, vivaron y aplaudieron a rabiar, el presupuesto 2026, las reformas laboral, fiscal, judicial, un modelo pro-empresa. Claramente se busca integrarnos a la cadena de valor norteamericana y precarizar aun mas el trabajo nuestro.

Un dato: hasta los nuevos sellos ministeriales del gobierno mileista tienen la iconografía institucional de los Estados Unidos, lejos de la tradición argentina. Es una sumisión excesiva. Fragilidad Intrínseca diría un querido profesor.

Nada me grafica mejor de lo que compartí charlando con esta gente, es el tremendo distanciamiento de entendimiento entre nuestra dirigencia y la gente. Lamentablemente hay dirigentes que no solo desconocen el razonamiento que les brinda diariamente la realidad a miles de ciudadanos sino, que todavía no dan una explicación de su responsabilidad al abrir las puertas a un gobernador, un intendente y un presidente excéntrico que lleva a cabo con infinita crueldad y lento pero letal genocidio de vulnerables.

EL INTENDENTE AZCUE en su laberinto de la verdad devaluada

En una reciente ¿entrevista?, el intendente destacó que viene a ser “el cambio de paradigma en la forma de hacer política”. Reafirmo el compromiso de trabajar con todas las instituciones y personas porque “lo importante es lo que viene”. Resalta el desarrollo de proyectos estratégicos y de la planificación de un ecosistema productivo y comercial que va a permitir a Concordia ser un nodo regional de distribución y servicios. Según explicó, Concordia comienza a dejar atrás un modelo asistencialista que “anestesiaba” a los sectores más vulnerables para avanzar hacia un esquema que brinda herramientas, exige compromiso y promueve la cultura del trabajo, sin explicar absolutamente NADA. Incluso no se conoce del trabajo interdisciplinario que miden las metas conseguidas.

Si bien es cierto que los cambios en los desarrollos históricos es uno de los tópicos que más atracción se genera en política, una cosa es convencer que se tiene la vocación de hacer tabula rasa con el pasado y otra muy distinta es hacerlo. Es costumbre en los gobernantes distorsionar la realidad valiéndose del pasado, para construir relatos funcionales a sus propios intereses. Lo que se busca, principalmente, es crear una imagen de solidez y continuidad. Muchas veces son proclives a parecerse demasiado a los que pretende desplazar.  

Si hacemos una trazabilidad del Proto acuerdo de voluntad de transformación del intendente, desde el principio mintió, nunca convoco a las fuerzas políticas y trabajadores. Es más, entre los puntos que componen su Pacto no hay referencia sobre trabajo y empleo el principal problema de Concordia. Lo que mostro respecto a esto, es despidos de decenas de trabajadores con retribuciones miserables y estigmatización.

El intendente siempre recuerda que su gestión comparte una misma hoja de ruta con el gobierno de Milei, porque entiende que esto sirve para que Concordia vuelva a ser la ciudad prospera con futuro para todos. Es interesante recordar lo que Hannah Arendt explicaba como los sistemas generan injusticias, no solo mediante el odio y la discriminación, sino a través de la obediencia ciega a decisiones técnicas deshumanizadas. A este fenómeno lo llamo “la banalidad del mal” y esto deja claro que apoyando a rajatabla al modelo mileista, el daño lo normaliza y su política se vuelve insensible. No son poco los contrastes en la planificación colectiva prometida por el intendente.

Sería muy interesante saber en rueda de prensa, con preguntas y repreguntas, que impactos tuvieron las desregulaciones que apoyó con entusiasmo a hace dos meses a Sturzenegger, explicarles a los que alquilan, por ejemplo.  También que establezca como impacta en el ámbito económico, comercial y fundamentalmente en los salarios de los trabajadores las políticas que defiende.

Sino se desprendería que la unidad de los concordienses que propone, es solo apoyar al modelo que, entre otras tantas cuestiones, castiga a los propios recursos del municipio. El sentimiento del voto al intendente Azcue, no fue para respaldar propuestas tan regresivas.

Azcue no es solo un enamorado del modelo de Milei también se enamoró las mismas formas de actuar:  hostigar y estigmatizar al periodismo crítico. Esto no es un fenómeno espontáneo, es una estrategia para disciplinar las criticas y reconfigurar el debate público. Lo intenta hacer con la pauta publicitaria (lo admiten). Califico públicamente de “mercenario, mentiroso y descarado”al periodista Claudio Gastaldi. Pero la realidad, la ordenanza tributaria aprobada, nos muestra que el periodista “no es ni mentiroso ni mercenario”.

Una de las bocas de expendio de la gestión Azcue, con sesgos fascista en cada una de sus intervenciones, es el concejal Felipe Sastre. El discurso fascista muchas veces queda en manos de idiotas útiles. Su función es radicalizar el mensaje.

A dos años de gestión, se percibe la misma lógica maquiavélica libertaria: faltar a lo prometido, falsear la realidad y la descalificación al que no piensa igual. Vale recordarle tanto al gobernador como al intendente aquello que “si te portas como alfombra, no te quejes si te pisan”.

Me quedo flotando la reflexión final de mi amigo el vendedor de garrapiñada: ¿Quién capitaliza esto?

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Por: Luis Edgardo Jakimchuk

Concordia: hubo una vez un tren…

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Hubo una vez, en Concordia, un sonido que volvía a latir después de años de silencio. Era el rumor metálico de los rieles, el soplido cansado pero digno de una locomotora que regresaba, y la emoción contenida de quienes nunca dejaron de creer que el tren podía volver. No era una fantasía romántica ni un capricho nostálgico: era trabajo, era identidad, era futuro.

El sábado 26 de marzo de 2005, después de una década de abandono, el tren volvió a salir desde Concordia hacia la estación del parador Ayuí, en el área de la represa binacional Salto Grande. Más de 170 turistas provenientes de Buenos Aires, La Rioja, Santa Fe, Córdoba, La Pampa y distintos puntos de Entre Ríos eligieron ese fin de semana largo para ser parte de una experiencia que combinaba turismo, integración regional y reparación histórica.

Detrás de esa postal había algo mucho más profundo: el esfuerzo silencioso y persistente de los ex trabajadores ferroviarios, organizados en la Cooperativa de Trabajo Ferrotur Mesopotámica, nacida en 1997, cuando el ferrocarril entrerriano había quedado herido de muerte tras el cierre del ramal Urquiza en 1992, durante la década menemista. Aquellos hombres habían visto desaparecer su fuente de trabajo, pero no resignaron ni el oficio ni la memoria ferroviaria.

Ferrotur consiguió unidades en desuso en Paraná y las trasladó a Concordia para recuperarlas. Eran coches primera, pullman y un coche turístico que, tras meses de trabajo artesanal, volvieron a rodar. Con ese material, en 2004 pusieron en marcha el tren turístico que partía desde Concordia Central, recorría 17 kilómetros y finalizaba a metros de la represa. Hasta fines de 2008, transportaron cerca de 8.000 personas, desde jardines de infantes hasta escuelas de adultos.

El recorrido no era solo un traslado: era un viaje por la geografía social y urbana de la ciudad. El tren pasaba por el hipermercado, el polideportivo, el kilómetro 6, la Pampa Soler, el Golf Club, barrios de autoconstrucción, el cementerio del Pinar del Campanario, la cantera de Scebola, la villa termal, el autódromo, el puerto y el Campo El Alambrado, hasta llegar a Ayuí. Desde allí, colectivos llevaban a los pasajeros a recorrer la represa y una lancha los paseaba por el lago. Para muchos chicos y chicas fue la primera vez que vieron su ciudad desde los rieles.

Aquel día inaugural de 2005, el entonces gobernador Jorge Busti recorrió parte del trayecto junto a los visitantes y habló de “un puntapié inicial para la reactivación ferroviaria en toda la provincia”. Se anunciaron gestiones ante la Nación, pedidos de máquinas, autorizaciones para cruzar a Salto, ampliaciones de recorridos. Se habló de unir Concordia con Concepción del Uruguay, de Basavilbaso a Paraná, de atraer turismo desde Buenos Aires e incluso de un servicio desde Federico Lacroze hasta el litoral. Algunas promesas se cumplieron por un tiempo. Otras nunca pasaron del anuncio.

La idea original de Ferrotur siempre fue unir Concordia con la ciudad de Salto, pero nunca obtuvieron autorización para cruzar al vecino país. Las gestiones eran complejas: Cancillería, Aduana, Migraciones. Paradójicamente, no había entonces ningún tren de pasajeros argentino que cruzara una frontera internacional. Aun así, la cooperativa formaba parte activa de cada intento de reactivación y asesoraba a la Provincia en los emprendimientos ferroviarios.

En 2008 llegó otro golpe silencioso. En el convenio de comodato se establecía que los coches seguían siendo propiedad de la Provincia y que, si se decidía reactivar el servicio regular de pasajeros, podían ser reclamados. Así ocurrió. Las unidades en mejor estado fueron llevadas a Paraná y utilizadas en los servicios Paraná–Basavilbaso y Paraná–Concepción del Uruguay. Ferrotur quedó sin material rodante y, con ello, sin actividad directa, aunque nunca dejó de ser parte del proyecto ferroviario entrerriano.

Pero lo que sí fue real —y profundamente humano— fue la escena dentro de los vagones mientras el tren existió: el maquinista, el guarda, el encargado de controles, todos ex ferroviarios, atendiendo a pasajeros y periodistas con una mezcla de profesionalismo y emoción difícil de disimular. En sus rostros se veía algo más que satisfacción laboral: era la alegría de volver a escuchar el tren andar. De volver a ser.

Esa reconstrucción paciente y colectiva fue finalmente brutalmente interrumpida cuando el entonces gobernador Sergio Urribarri ordenó el retiro de toda la formación ferroviaria que los trabajadores habían recuperado con años de esfuerzo. No hubo explicaciones claras. No hubo debate público. No hubo respeto por el trabajo realizado ni por los fondos nacionales que habían respaldado el proyecto, cuyo destino aún hoy permanece envuelto en dudas, especialmente frente a las cifras millonarias que posteriormente se anunciaron para la supuesta reparación integral de las vías ferroviarias entrerrianas, jamás investigadas por la Justicia.

Lo que siguió fue devastación. Las formaciones retiradas quedaron abandonadas, desmanteladas y canibalizadas en galpones y playas de maniobras de la ciudad de Paraná. Donde hubo motores en marcha, quedaron hierros oxidados. Donde hubo planificación y esperanza, se impuso la soberbia, el egoísmo y la desidia de un poder político que no toleró una experiencia exitosa nacida desde abajo, desde los trabajadores.

Hoy, ese daño es irreparable. Pero la memoria no.

Este relato no es solo un recuerdo: es un homenaje. A los ferroviarios de Concordia que demostraron que el tren podía volver. Que el Estado podía articular con cooperativas. Que el desarrollo regional no era una utopía. Y también es una denuncia histórica: porque lo que se destruyó no fue solo una formación ferroviaria, sino una oportunidad concreta de integración, trabajo y futuro.

Concordia tuvo un tren.
Y quienes lo hicieron posible merecen algo más que el olvido.

Alejandro Monzón – Análisis Litoral
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Argentina, tierra de inventores: por qué necesitamos que la innovación sea materia obligatoria en todas las carreras

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En la Argentina hay un rasgo silencioso pero innegable: la innovación está en nuestro ADN. A pesar de las crisis, de las limitaciones presupuestarias y de los eternos tropiezos institucionales, cada tanto aparece un grupo de jóvenes que, sin grandes recursos, logra lo que en otros países demandaría laboratorios millonarios. Son esos casos que iluminan un camino posible y que deberían, más que sorprendernos, empujarnos a reformular cómo estamos educando a nuestros futuros profesionales.

El ejemplo reciente que expuso Mario Pergolini en su programa Otro día perdido (Cirugías con IA y realidad aumentada: bioingenieros fascinaron a Pergolini y Juanes con su proyecto) resume perfectamente esta potencia subestimada. Dos jóvenes ingenieros —apenas 24 y 25 años— presentaron una tesis que podría revolucionar la neurocirugía en la Argentina y en el mundo. Con una combinación de inteligencia artificial, software propio y cascos de realidad aumentada, diseñaron un sistema capaz de superponer imágenes médicas sobre el paciente y permitir al cirujano ver estructuras internas antes de abrir el cráneo. Una especie de “visión de rayos X” del futuro.

Su objetivo no era hacer un proyecto bonito para aprobar una materia. Buscaron un problema real en hospitales públicos y privados, hablaron con neurocirujanos, consultaron a expertos y se pusieron a construir. El resultado fue una herramienta que permite planificar intervenciones, trazar rutas quirúrgicas seguras y hasta simular la cirugía antes de entrar al quirófano.

Nada de hardware inalcanzable. Nada de fondos extraordinarios. Solo talento, creatividad y decisión. Y, por supuesto, un método de trabajo que debería replicarse masivamente: detectar un problema real, unir saberes multidisciplinarios y pensar soluciones aplicables.

Un llamado urgente: incorporar “Marketing Profesional y Personal” como materia obligatoria

Si Argentina quiere competir con los países más avanzados, no alcanza con formar buenos técnicos, ingenieros, médicos o programadores. Hay que enseñarles a mostrarse, a vender sus ideas, a construir equipos, a presentar proyectos, a levantar inversión, a comunicar valor.

Hoy el mundo profesional exige algo más que conocimiento técnico: exige presencia, estrategia, capacidad de comunicar una solución y transformarla en un emprendimiento real. Por eso, en todas las universidades —públicas y privadas— debería existir una materia transversal y obligatoria: Marketing Profesional o Branding Personal.

Una materia que enseñe:

  • Cómo presentar proyectos ante inversores.
  • Cómo construir una identidad profesional diferenciada.
  • Cómo comunicar ideas complejas con claridad.
  • Cómo trabajar en equipo y generar redes de colaboración.
  • Cómo pensar soluciones que respondan a necesidades del mundo real.

Sin calidad profesional en la comunicación, la innovación no llega a ningún lado.

Gabinetes de innovación en todas las universidades

La segunda pata es igual de urgente: cada carrera debería contar con un gabinete de innovación institucional, equipado para detectar, acompañar y potenciar proyectos como el de estos jóvenes ingenieros. Espacios donde estudiantes de distintas disciplinas trabajen juntos, con mentores, premios, concursos internos y articulación con el sector productivo.

Si hoy dos estudiantes argentinos pueden desarrollar una herramienta quirúrgica de nivel internacional solo con software y voluntad, imaginemos lo que ocurriría si universidades y tecnicaturas financiaran, estimularan y premiaran esa cultura.

Con gabinetes que acompañen, prototipen y vinculen; con materias que enseñen a “vender” la idea; con docentes que fomenten proyectos reales; con vínculos con hospitales, pymes, municipios y ONGs… Argentina podría posicionarse rápidamente a nivel mundial en innovación aplicada.


Contagiar la actitud: inspirar a nuestros adolescentes

Estas historias no deben quedar en una anécdota televisiva. Deben llegar a las escuelas secundarias, convertirse en ejemplos vivos de lo que puede lograr un joven argentino con decisión y herramientas.

Nuestros adolescentes no necesitan únicamente motivación: necesitan ver que alguien parecido a ellos, de su edad, en su contexto, ya está cambiando el mundo.

Y la mejor política educativa, en este momento histórico, es inspirar vocaciones tecnológicas, científicas y creativas con casos reales de éxito local. La innovación no es un lujo. Es la clave para que la Argentina vuelva a crecer.

Un país que se anima a mirar hacia adelante

El proyecto de estos jóvenes ingenieros —nacido como una simple tesis y ya en camino de convertirse en startup— es una señal clara: tenemos el talento, nos falta el sistema.

Nos falta una política educativa orientada a la creatividad, al emprendedurismo, a la comunicación profesional, a la innovación interdisciplinaria.
Nos falta conectar las aulas con el mundo real.
Nos falta premiar a quienes solucionan problemas en lugar de castigar a quienes intentan.

Si logramos eso, si logramos que cada adolescente crea que puede ser protagonista de una solución tecnológica, si logramos que cada universidad los prepare para comunicar sus proyectos al mundo… entonces sí podremos estar a la altura de los países más avanzados.

El talento ya está.
Solo necesitamos multiplicarlo.

Alejandro Monzon para Análisis Litoral

Moine asegura que en 2027 “Argentina va a despegar” y criticó la corrupción del peronismo

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El ex gobernador Mario Moine en diálogo con el portal Debate Abierto analizó el nuevo escenario nacional y provincial, elogió la moderación de Milei y subraya que la incapacidad del Justicialismo para encarar la autocrítica sobre los actos de corrupción es la causa de su desaparición lenta pero progresiva.

Moine realizó un análisis sobre la realidad política y económica de Entre Ríos y del plano nacional tras los recientes procesos electorales.

El ex gobernador entrerriano (período 1991-1995) destacó que la provincia está inevitablemente condicionada por las decisiones del presidente Javier Milei y el rumbo de la economía nacional.

Seguidamente interpretó el resultado electoral como un fortalecimiento del Gobierno Nacional. Señaló que el Presidente tendrá más legisladores en el Senado y en Diputados, permitiéndole depender de menos alianzas y reduciendo la posibilidad de que se eliminen Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU).

“Esto es positivo, ya que resulta muy difícil gobernar con un Congreso en contra”, afirmó.

Moine resaltó un cambio clave en la figura presidencial, señalando que Milei recibió un cachetazo muy fuerte y demostró autocrítica. El Presidente se ha llamado a silencio o habla respetuosamente, lo que facilita las alianzas, incluso con gobernadores justicialistas que coinciden en el camino económico adoptado.

En cuanto al futuro, Moine observa un panorama muy interesante para 2026. Estima que la inflación caerá drásticamente, proyectando un 15-16% para 2026 y un 6-7% para 2027. Con una inflación tan baja, las tasas de interés anuales se reducirían (16-17%), lo que reactivaría la economía mediante la herramienta del crédito, permitiendo financiamientos a largo plazo como en países desarrollados (30 años para una casa, 10 años para un auto).

Para Moine, Argentina va a despegar en 2027 con un crecimiento del 7 u 8% anual por varios años.

Destacó que se avecinan dos grandes leyes: la flexibilización laboral y la problemática impositiva.

Reforma Laboral

Sobre la Reforma Laboral, aunque conoce pocos detalles, apoya una hipótesis de trabajo que consistiría en que las empresas aporten un 6% sobre la masa salarial, creando un fondo para el sistema indemnizatorio (similar a la libreta de la construcción) e ilustró que hoy, indemnizar a un empleado con 20 años de antigüedad puede costar entre 35 o 40 millones de pesos, algo que podría hacer quebrar a una pequeña empresa.

Más años para jubilarse

También urgió la necesidad de reformar la Caja de Jubilaciones en Entre Ríos, donde las jubilaciones a los 52, 55 o 57 años son insostenibles y propuso agregar entre 5 y 7 años a la edad jubilatoria, aplicándolo de forma progresiva a lo largo de 7 u 8 años.

Problemas

En el ámbito provincial, si bien Moine observa un buen 2026 para Entre Ríos, señaló que el gobernador Rogelio Frigerio enfrenta problemas en las áreas de salud y educación y cometió un error grosero al alejar al ministro de salud (Guillermo Grieve).

La mejora en la provincia dependerá de conseguir 300 millones de dólares para obra pública.

Cuestionamientos al PJ

El ex gobernador -que se define como peronista-, fue tajante al criticar la situación de su partido. Sostuvo que el peronismo está siendo condenado a la desaparición lenta pero progresiva, no por su pensamiento doctrinario, sino por el nivel de corrupción y el silencio de la mayoría de su dirigencia.

Moine lamentó que en los intentos de autocrítica, el peronismo no mencione a líderes condenados o imputados, como Cristina Fernández, el expresidente Alberto Fernández, Urribarri o los cuestionamientos a Bordet.

Y se preguntó ¿Por qué ninguno quiere hablar de corrupción?. Señaló que, en cambio, se han enfocado en expulsar dirigentes como Maya que participaron por fuera del partido, mientras se guarda silencio sobre los que fueron condenados por corrupción.

Finalmente, Moine hizo un llamado a eliminar el privilegio de los fueros para legisladores nacionales, ya que éstos no se usan para tener libertad de opinión, sino para esconderse de los hechos de corrupción.

Moine concluyó que, a sus 76 años, se ha alejado de la política activa para solo acompañar con su opinión.

(Fuente: Debate Abierto)

Entre “mercenarios” y silencios incómodos: lo que Azcue acierta, lo que omite y lo que Concordia necesita discutir

Las duras acusaciones del intendente Azcue contra un Diario digital de esta ciudad , reabrieron un viejo debate: ¿existe el periodismo mercenario? Sí, y la ciudadanía lo reconoce. Pero también es cierto que la política —incluida la actual gestión municipal— usa, ignora o premiaría a los medios según su conveniencia. La discusión pública exige más que insultos: requiere eficiencia, planificación y una revisión honesta de la propia gestión.

Las recientes declaraciones del intendente Francisco Azcue, calificando de “mercenario” al periodista Claudio Gastaldi y acusando a su medio de haber sido funcional al peronismo que “saqueó Concordia”, estremecieron el clima político local. Su enojo surgió tras un título duro de ese portal, acusándolo de aplicar un “impuestazo” del 180% para 2025.
Azcue respondió con fuerza, rechazó los datos, defendió sus medidas y anunció la ruptura total de relaciones institucionales con ese medio.
Hasta ahí, una disputa más en el ecosistema político-mediático entrerriano.
Pero el episodio revela algo más profundo: la enorme distancia entre la crudeza del discurso político y la necesaria autocrítica que la administración municipal evita realizar.

Sí, existe el periodismo mercenario. Y todos lo saben.

Azcue no inventó nada nuevo cuando habló de “mercenarios”.
La gente sabe que existe ese tipo de periodismo.
La ciudadanía lo identifica —sin necesidad de grandes análisis académicos— cuáles medios viven del elogio permanente al político de turno, cuáles ocultan información, cuáles atacan por encargo y cuáles sobreviven alimentados por la pauta oficial que tanto critican pero jamás rechazan.

Sin embargo, conviene recordarle algo al intendente:
los políticos también usan sistemáticamente a los medios, especialmente en los meses previos a cada campaña electoral.
Prometen, sugieren, insinúan futuras pautas o colaboraciones. “Te vamos a tener en cuenta”, “cuando entremos te vamos a acompañar”, “cuando mejore la situación nos ponemos el día”. La historia es conocida.

En Concordia ocurre hace décadas.
El municipio pauta en medios provinciales e incluso nacionales mientras los medios locales —los que todos los días informan a los vecinos— son ignorados salvo excepciones mínimas.
Y así, de ambos lados, se alimenta un círculo vicioso:
medios dependientes y políticos selectivos, cada uno usando al otro según sus intereses coyunturales.

La discusión que falta: eficiencia y planificación

Lo que ningún título periodístico —ni siquiera las propias explicaciones oficiales— aborda es el verdadero trasfondo de esta polémica: la eficiencia, o la falta de ella. En cualquier empresa seria, cuando un CEO no cumple los objetivos, se lo despide sin vueltas. En el Estado, en cambio, los errores se justifican, los funcionarios se mantienen y los costos los termina pagando el vecino. Esa distancia entre el rigor del sector privado y la laxitud del sector público es la que explica por qué Concordia sigue donde está.

Azcue insiste en que las tasas “no subieron” y que solo “se actualizaron por debajo de la inflación”.
Pero sería saludable que también reconozca que eficiencia no es solo ajustar números. Eficiencia es planificar, medir costos, evaluar desempeño y exigir resultados a los funcionarios.

A esta altura del mandato —casi dos años de gestión— la administración ya puede y debe revisar a conciencia:

  • ¿Hubo planificación integral o solo respuestas urgentes?
  • ¿Los funcionarios designados ejecutaron con solvencia?
  • ¿Las áreas clave trabajaron con objetivos claros?
  • ¿Se midió el impacto de cada decisión en la economía real de los vecinos?

No lo dice el Diario en cuestion:
lo dice cualquier ciudadano que quiera construir o simplemente ampliar su casa.
Las tasas y derechos municipales que enfrenta por ejemplo quien quiere levantar una vivienda muchas veces resultan prohibitivos.
Cualquiera que conozca los montos sabe que el sistema desalienta la inversión privada pequeña y genera un freno innecesario al desarrollo urbano.

También existen muchos requisitos para establecer un emprendimiento comercial se da este

El intendente puede tener razón al criticar una publicación periodística.
Pero eso no anula la necesidad de algo más profundo: una revisión honesta de la gestión y un replanteo de prioridades, sobre todo cuando Concordia sigue siendo una de las ciudades más pobres del país.

Los medios: ni enemigos ni aliados naturales

Los medios no son santos ni demonios.
Son herramientas necesarias de comunicación masiva.
Su funcionamiento implica costos, personal, mantenimiento, logística.
No sobreviven del aire, y los políticos lo saben perfectamente.

Por eso, cuando un intendente decide cortar toda relación con un medio, está en su derecho.
Pero cuando afirma que “no le importa”, que “pueden decir lo que quieran” y que “no trata” con ellos, desconoce un principio básico de la república:
el rol de la prensa crítica es necesario, incluso cuando molesta.

Y más aún cuando esa crítica proviene de medios que no pertenecen a los que históricamente se beneficiaron de manera obscena con dádivas, favores o pautas generosas de gobiernos anteriores.
Muchos periodistas —la mayoría de los que sostienen portales locales con sacrificio personal— no forman parte de esa maquinaria.
Y sí, también tienen derecho a exigir respeto.

La Concordia que se viene necesita un debate serio

Esta discusión, lejos de ser un chispazo mediático, debería abrir otra conversación:
¿qué modelo de ciudad quiere Concordia para los próximos diez años?
¿Seguiremos discutiendo títulos de portales o empezaremos a debatir cómo revertir la pobreza estructural, cómo recuperar la obra pública eficiente, cómo incentivar la actividad privada y cómo transparentar el vínculo entre política y medios?

Azcue tiene la oportunidad —y también la obligación— de hacerlo.
Pero para eso necesita más que indignación y rupturas:
necesita introspección, revisión de lo actuado y decisiones estratégicas para lo que queda del mandato.

Porque Concordia ya no puede seguir atrapada entre políticos enojados y medios sobreactuados.
La ciudad necesita planificación real, eficiencia concreta y un diálogo maduro que hoy, lamentablemente, todavía no aparece.

Por : Alejandro Monzón

https://www.analisislitoral.com.ar

Fletes, impuestos y competitividad: por qué la industria argentina sigue atrapada en un modelo caro e ineficiente

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En un reciente streaming del canal Neura, los analistas Gustavo “Lacha” Lazzari y Claudio Zuchovicki pusieron en palabras algo que la industria argentina conoce desde hace décadas, pero que recién ahora comienza a discutirse sin eufemismos: la imposibilidad de sostener una industria verdaderamente competitiva si el país no revisa en profundidad sus costos internos. No es el dólar, no es la sustitución de importaciones en sí misma, ni la tan mentada “falta de productividad”. El problema es mucho más estructural: logística cara, impuestos distorsivos y un aparato productivo diseñado de espaldas al territorio.

La Argentina y su vieja obsesión: industrializar lejos de donde se produce

El modelo histórico argentino —industrializar en centros urbanos insumos que se generan a cientos de kilómetros— fue funcional durante la época dorada de la sustitución de importaciones. Pero hoy, en una economía global integrada, es una estructura que encarece cualquier posibilidad de competencia.

Zuchovicki lo sintetizó con una metáfora potente: “Si vos trasladás materia prima barata 500 o 600 kilómetros para recién después industrializarla, el flete te destruye. En una economía abierta, la industrialización se va al lugar de origen y lo que viaja es el producto terminado”.

Los datos acompañan esa observación. Informes recientes del sector logístico señalan que el flete camionero argentino es hasta un 30% más caro que en Brasil y Estados Unidos. En productos agrícolas —base de numerosas cadenas industriales— el transporte puede representar entre 19% y 28% del costo final, dependiendo de la distancia y el tipo de producto.

Esto genera un círculo vicioso: el interior produce, pero no industrializa; y los centros urbanos industrializan, pero dependen de una logística cara y rígida. El resultado: precios altos, pérdida de competitividad y empresas que sobreviven más por protección arancelaria que por eficiencia real.

El verdadero enemigo interno: los impuestos distorsivos

El diálogo de Neura también puso sobre la mesa uno de los temas más incómodos para la clase política argentina: la estructura tributaria. Zuchovicki lo expresó sin rodeos: “Por primera vez, como se bajó la inflación, ahora te duele todo. Te duele el margen. Y te tenés que sentar a discutir ingresos brutos, porque es más caro que lo que reinvertís”.

Según el Observatorio PyME, el impuesto provincial a los Ingresos Brutos puede representar hasta el 7% del costo de producción de una PyME industrial. La Unión Industrial de Entre Ríos (UIER) publicó en 2024 un documento que confirma este diagnóstico: aunque la productividad interna de las fábricas ha mejorado, esa competitividad “se diluye por la carga fiscal subnacional y por un sistema de tasas municipales caótico y heterogéneo”.

La OCDE, en su último informe sobre la Argentina (2025), coincide: el principal freno a la competitividad ya no es la macroeconomía inestable, sino los costos internos derivados del entramado fiscal, regulatorio y logístico.

La devaluación como falso remedio

Uno de los aportes más relevantes del análisis en Neura es derribar un mito muy instalado: que la devaluación es la herramienta mágica para recuperar competitividad. Pero, como explicó Zuchovicki, “cuando te cobran IVA y te cobran ingresos brutos sobre el precio, vos devaluás y seguís igual”.

Esta frase es clave. La devaluación impacta, sí, pero afecta por igual a toda la cadena, y sin cambios estructurales vuelve a neutralizarse.

Los impuestos en cascada —como Ingresos Brutos— son sensibles al precio y por lo tanto absorben buena parte del supuesto “beneficio” cambiario. Es como tapar una gotera con un balde roto: por más que se vierta agua, el problema estructural sigue filtrando.

¿Cómo se defiende realmente la industria local?

El planteo del diálogo en Neura es interesante porque, a diferencia del discurso tradicional que proclama “defender lo nacional” mediante más barreras, apunta hacia otro camino: bajar costos y eliminar distorsiones.

Es decir: menos épica industrialista y más realismo técnico.

La defensa de la industria argentina no pasa por prohibir importaciones o por cerrar la economía. Pasa por:

  1. Bajar impuestos distorsivos, especialmente los que se aplican en cascada (IIBB, tasas municipales, contribuciones superpuestas).
  2. Desarrollar infraestructura logística moderna, con un sistema multimodal que reduzca la dependencia del camión.
  3. Fomentar la radicación industrial en el interior, cerca de donde se produce la materia prima.
  4. Simplificar regulaciones que hoy encarecen la producción sin aportar calidad ni eficiencia.
  5. Promover competencia real, lo que obliga a las empresas a invertir, innovar y diferenciarse.

La industria argentina no es “incompetente” por naturaleza. De hecho, estudios de productividad muestran que gran parte del sector industrial tiene niveles comparables a países emergentes competitivos. El problema es la maraña de costos extras: logística, energía, impuestos, burocracia, distorsiones laborales y superposición de normativas.

El Litoral: los grandes perdedores del modelo actual

Para provincias como Entre Ríos, Corrientes y Misiones —región donde realizamos la comunicación periodística de Análisis Litoral— el tema no es teórico: es una realidad cotidiana.

El litoral produce madera, cítricos, arroz, carne, ganadería, yerba, pesca, granos y manufacturas de origen agropecuario. Pero gran parte de esa riqueza se transforma lejos del territorio. El agregado de valor se concentra en Rosario, Córdoba o Buenos Aires. El interior genera la materia prima; los centros urbanos se apropian de la industrialización.

Esto provoca:

  • Menor generación de empleo calificado en la región
  • Pérdida de recaudación local
  • Dependencia de subsidios nacionales
  • Fletes largos y caros que encarecen la producción
  • Cadenas de valor incompletas

Si la Argentina no revisa su sistema industrial, las regiones productivas seguirán condenadas a ser proveedoras de materia prima. Se repite así el mismo esquema del siglo XX, pero en un mundo donde otros países ya entendieron que la industrialización descentralizada y cerca del origen aumenta competitividad y eficiencia.

El momento es ahora: menos relatos, más números

La estabilización relativa de la inflación dejó al descubierto las fallas estructurales que antes se ocultaban bajo el velo inflacionario. Hoy los costos son transparentes. Hoy se ve la realidad. Hoy duele el margen. Y por eso, como dijo Zuchovicki, es recién ahora cuando Argentina puede tener una discusión seria sobre competitividad.

La pregunta no es “cómo defender la industria local”, sino cómo hacerla viable sin forzar al consumidor a pagar precios artificialmente altos por políticas proteccionistas que ya no funcionan.

Para ello, el país tiene por delante un debate impostergable: decidir si quiere un modelo industrial del siglo XXI o seguir administrando las ruinas de un esquema caro, viejo e ineficiente.

La industria argentina tiene talento, maquinaria y capacidad. Lo que no tiene —aún— es un país que acompañe esos esfuerzos con impuestos razonables, logística moderna y reglas claras.

Hasta que eso suceda, cualquier discusión sobre competitividad será, simplemente, una discusión en el aire.

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La decadencia de la Justicia entrerriana: entre la impunidad selectiva y el eterno blindaje a Urribarri

La Justicia entrerriana vuelve a exhibir su peor rostro: el de una estructura lenta, temerosa, burocrática y funcional a los poderosos. Cada vez que un caso de corrupción golpea las puertas del poder político, el sistema judicial responde con una combinación letal de dilaciones, tecnicismos y tibiezas que vacían de sentido cualquier expectativa de verdad o reparación. Y la llamada megacausa de las Coimas, que arrastra hace más de una década el lastre del urribarrismo, no es la excepción: es la prueba más dolorosa de una decadencia institucional que ya nadie puede disimular.

Porque mientras los fiscales reconstruyen con detalle quirúrgico el circuito de coimas, sobreprecios, favores, dinero en efectivo, cheques triangulados, objetos de lujo y pasajes comprados a funcionarios, el exgobernador Sergio Urribarri está hoy en su mansión, riéndose del sistema, ostentando una reclusión domiciliaria VIP que indigna a la mayoría de los entrerrianos.
Las imágenes que circulan desde hace meses —asados, reuniones políticas, tertulias con dirigentes que buscan congraciarse con un condenado por corrupción— describen con crudeza el estado actual de la Justicia: es tan débil con los poderosos como implacable con los ciudadanos comunes.

Un sistema que no se anima a encarcelar al poder

El contraste es brutal: mientras cualquier entrerriano de a pie va preso por muchísimo menos, el dirigente señalado como el cerebro de una estructura de recaudación ilegal millonaria sigue libre, activo, influyente y protegido.
¿La razón? Una Justicia que evita enfrentar a quienes acumulan años de conexiones políticas, empresariales y judiciales. Un sistema que parece más preocupado en resguardar privilegios que en honrar la Constitución.

La reciente resolución de la Cámara de Casación Penal —que rechazó el sobreseimiento solicitado por las defensas de Urribarri y del empresario Diego Armando Cardona Herreros— fue presentada por algunos sectores como una señal de avance. Pero el trasfondo es otro: el proceso sigue empantanado, el tiempo juega a favor de los imputados, y la ciudadanía observa cómo la impunidad se mantiene intacta.

Los vocales Marcela Davite, Marcela Badano y Gustavo Pimentel cerraron la vía de la queja. Una decisión correcta en lo técnico, pero insuficiente en lo político. Insuficiente frente al clamor social que exige una Justicia que deje de mirar para otro lado “cada tanto” y empiece a actuar con la fuerza que corresponde en causas donde se usó y abusó del dinero público.

Una causa monumental, un sistema vergonzosamente lento

La causa investiga un esquema organizado de coimas, sobornos, retribuciones ilegales y beneficios personales que se extendió durante todo el urribarrismo.
Los fiscales Patricia Yedro y Gonzalo Badano detallaron cómo, licitación tras licitación, se montó un sistema matemático de corrupción: porcentajes fijos, PLM distribuidos como sueldos paralelos, sobreprecios planificados y una cadena de favores cuyo cálculo total —según informes contables— implica millones de pesos desviados del Estado provincial.

Las pruebas son tan abrumadoras que incluyen:

  • correos electrónicos
  • mensajes internos
  • planillas con distribución de coimas
  • asientos contables
  • pagos en efectivo
  • cheques triangulados
  • compras de objetos de lujo
  • pasajes aéreos para funcionarios y familiares
  • entregas de dinero en las oficinas del empresario Cardona
  • la trama de empresas asociadas para simular servicios
  • el vínculo directo entre Cardona y Urribarri, con comunicaciones a través de líneas telefónicas a nombre de terceros

Todo está documentado. Todo está probado.
Y aun así, el exgobernador continúa sin pisar una cárcel.

Una Justicia que se esconde detrás del reglamento

Las defensas presentaron una interminable serie de recursos, recusaciones y planteos de nulidad. Y el sistema judicial entrerriano respondió como siempre: con laberintos procesales, con resoluciones que miran más la letra chica que la gravedad institucional del caso, con decisiones que evitan avanzar con fuerza y con un uso del “gravamen irreparable” como comodín para la inacción.

El juez de Garantías Julián Vergara rechazó pruebas pero también sostuvo que la denegatoria del sobreseimiento no es apelable.
El juez Brugo confirmó luego esa postura.
Casación cerró la vía.
Y pese a que todo suena a avance, la maquinaria real se mueve a paso de tortuga, con un juicio oral que se anuncia pero nunca llega.

Mientras tanto, la sociedad entrerriana asiste a un espectáculo indignante: un exmandatario condenado en otra causa (las “Causas unificadas”), procesado en esta megacausa de coimas, y con acusaciones de 10 años de prisión efectiva, viviendo sin sobresaltos, recibiendo visitas políticas y ejerciendo influencia real sobre sectores del peronismo que lo siguen considerando un “jefe”.

El divorcio total entre la Justicia y la sociedad

La decadencia ya no es abstracta: es palpable.
Una Justicia que no le habla a la gente, que no responde a su demanda de integridad, que no actúa con celeridad ni capacidad, que no se planta frente a un poder político que durante años colonizó sus estructuras.

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La imagen no podría ser más simbólica:
Urribarri en su mansión, entre privilegios y asados; la Justicia entrerriana, entre expedientes y excusas.
Y en el medio, millones de entrerrianos que pagaron —literalmente— las coimas con las que se enriqueció un pequeño círculo.

La pregunta es simple:
¿cuántas pruebas más hacen falta para que la Justicia actúe con la firmeza que la sociedad exige?

La respuesta, lamentablemente, la conocemos todos.

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