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Movimiento de pinzas: cuando la política prevendaria se disfraza de espontaneidad

En la política argentina casi nada es ingenuo. Mucho menos cuando determinados sectores que durante años vivieron al calor del poder reaparecen envueltos en discursos que intentan presentarse como expresiones genuinas de preocupación social. El llamado “movimiento de pinzas” del denominado círculo rojo —una convergencia táctica entre actores políticos, sindicales y corporativos— vuelve a mostrar una lógica que el país conoce demasiado bien: la defensa de privilegios bajo el ropaje de la sensibilidad popular.

Durante los años de hegemonía del kirchnerismo, amplios sectores que hoy se posicionan como guardianes del interés colectivo fueron sostenidos, directa o indirectamente, por un esquema de subsidios, transferencias y protecciones que no siempre tuvieron como prioridad la productividad ni el desarrollo estructural. Ese entramado no solo moldeó comportamientos políticos, sino que generó una cultura de dependencia que hoy entra en tensión frente a cualquier intento de reforma.

El actual debate por la reforma laboral —impulsado como una herramienta para modernizar el sistema productivo— expone esa fractura. Lo que para algunos representa una actualización necesaria frente a un mundo que cambió, para otros implica la pérdida de espacios de poder acumulados durante décadas. En ese choque de intereses aparece el movimiento de pinzas: una acción coordinada, no siempre explícita, que busca bloquear transformaciones estructurales apelando al miedo, la confusión o la nostalgia.

Lo llamativo es la naturalización de este fenómeno. Se presenta como casualidad lo que en realidad responde a estrategias cuidadosamente construidas. Nada de esto es nuevo: la política argentina ha demostrado una y otra vez su capacidad para reconfigurar alianzas coyunturales cuando los privilegios se sienten amenazados.

Pero el debate no se agota en la dirigencia. También interpela a la sociedad. Resulta llamativo que, pese a años de crisis recurrentes, inflación estructural y pérdida de poder adquisitivo, todavía exista un sector del electorado que mira hacia atrás como si ese pasado no estuviera atravesado por graves cuestionamientos institucionales y económicos. La memoria selectiva es una herramienta poderosa, pero también peligrosa cuando impide evaluar con serenidad las consecuencias de los modelos políticos.

Esto no implica negar derechos ni desconocer conquistas sociales. El verdadero desafío es preguntarse qué tipo de país se quiere construir: uno sostenido en equilibrios precarios y subsidios permanentes, o uno que busque reglas claras, productividad y competitividad en un escenario global exigente.

La discusión de fondo no es ideológica sino cultural. Argentina enfrenta una oportunidad —quizás incómoda— de revisar prácticas arraigadas que durante años funcionaron como anestesia política. El movimiento de pinzas, más que una anécdota coyuntural, revela la resistencia de sectores que temen perder influencia en un esquema que inevitablemente debe actualizarse.

La pregunta que queda flotando es sencilla pero profunda: ¿queremos reformas que nos acerquen al futuro o preferimos la comodidad de repetir fórmulas que ya demostraron sus límites?

El país no necesita consignas estridentes ni nostalgias interesadas. Necesita reflexión, memoria completa y, sobre todo, una ciudadanía dispuesta a discutir el rumbo con madurez.

¿Estupidez premeditada o oportunismo político? El viaje que reabre la discusión sobre Juan Grabois

La reciente visita del diputado argentino Juan Grabois a Cuba volvió a encender un debate que excede la coyuntura diplomática y entra de lleno en el terreno simbólico: ¿se trató de un gesto de solidaridad internacional o de una puesta en escena destinada al consumo ideológico interno?

Recibido por el presidente Miguel Díaz‑Canel, el dirigente argentino habló de romper el aislamiento de la isla y de acompañar a un “pueblo hermano”. Las imágenes del encuentro circularon rápidamente como parte de una narrativa clásica: la reafirmación de vínculos históricos entre sectores del movimiento popular latinoamericano y el gobierno cubano. Pero detrás del discurso fraterno emerge una pregunta incómoda: ¿qué se está legitimando realmente cuando se escenifica este tipo de gestos?

Cuba como escenario simbólico

La isla —Cuba— atraviesa una crisis económica y energética que golpea directamente a su población. Escasez, deterioro de servicios y tensión social configuran un panorama complejo que no puede reducirse únicamente al embargo estadounidense. Sin embargo, la visita de Grabois optó por reforzar el eje ideológico tradicional: soberanía, resistencia y solidaridad regional.

El encuentro posterior con el trovador Silvio Rodríguez profundizó el tono simbólico. Cultura, épica y militancia se mezclaron en una postal que dialoga más con una narrativa romántica del pasado que con las urgencias del presente.

Geopolítica, relato y silencios

El contexto internacional también pesa. Las decisiones de la administración de Donald Trump respecto al flujo energético regional, sumadas a la crisis venezolana tras la caída de Nicolás Maduro, reconfiguraron el tablero latinoamericano. En ese escenario, gobiernos como el de Claudia Sheinbaum, Gabriel Boric —cuestionado internamente por sectores que responden a José Antonio Kast—, Lula da Silva, Gustavo Petro y Yamandú Orsi adoptaron posturas diversas, entre apoyo material, respaldo político o prudente silencio.

En ese marco, la presencia de Grabois no alteró la ecuación diplomática, pero sí reforzó su posicionamiento como figura de referencia dentro de una izquierda que busca revalidar identidad en tiempos de reconfiguración política argentina.

El dilema de fondo

La crítica no pasa por la existencia de vínculos internacionales —algo habitual en la política— sino por el sentido del gesto. Cuando la foto pesa más que las consecuencias concretas, la solidaridad corre el riesgo de convertirse en performance. Y allí aparece la sospecha: ¿se trata de una convicción genuina o de un oportunismo que habla más al electorado propio que a la realidad que dice defender?

Para una parte creciente de la sociedad argentina, cansada de dirigentes asociados —justa o injustamente— a relatos que no se traducen en soluciones tangibles, este tipo de acciones refuerza la percepción de una política encapsulada en símbolos mientras los problemas reales permanecen intactos.

La escena cubana, entonces, funciona como espejo: revela no sólo tensiones internacionales sino también la dificultad de ciertos actores para leer el clima social actual. Entre la épica y la realidad, el electorado parece inclinarse cada vez más por lo segundo.

Análisis Litoral

La comodidad de pescar en la pecera: reconversión, competitividad y la disputa cultural detrás del cierre de Fate

La reconversión productiva ya no es una consigna teórica: ocurre minuto a minuto y expone tensiones profundas entre modelos económicos, estructuras empresariales y marcos culturales. El caso que hoy concentra la atención es el de Fate, histórica productora argentina de neumáticos radiales, que anunció el cese de su fabricación local en la planta de San Fernando y el despido de aproximadamente 920 trabajadores. La decisión impacta de lleno en el debate nacional sobre competitividad, apertura comercial y el rol del empresariado frente a un nuevo escenario económico.

Detrás de la noticia emerge una discusión más amplia: ¿qué ocurre cuando empresas acostumbradas a operar en mercados cerrados enfrentan de golpe una competencia global? La metáfora de la rana en el agua hirviendo resulta elocuente. No se trata de un colapso instantáneo, sino de una adaptación gradual a un entorno que cambia más rápido que la capacidad de reacción. La comodidad de “pescar en la pecera” —un mercado protegido— puede derivar en estructuras que pierden reflejos competitivos cuando la protección desaparece.

En ese contexto, el empresario Javier Madanes Quintanilla —referente del grupo industrial vinculado a Fate— rechazó recientemente la caracterización del industrial como “prebendario” o alguien que “caza en el zoológico”, calificándola de injusta. Sin embargo, el debate persiste: la firma supo exportar neumáticos a Paraguay y otros mercados regionales, lo que evidencia que existían márgenes para competir externamente. La pregunta que subyace es por qué esa capacidad no alcanzó para sostener la producción local en un contexto de mayor apertura.

El anuncio coincide con una coyuntura política sensible. La medida se conoce en vísperas de una protesta sindical impulsada por la Confederación General del Trabajo frente al debate parlamentario sobre reformas laborales, mientras el gobierno de Javier Milei impulsa una política de apertura comercial que expone sectores industriales a importaciones —especialmente desde China— con estructuras de costos más competitivas. Para el oficialismo, se trata de una transición inevitable hacia una economía más integrada; para sectores críticos, el riesgo es una desindustrialización acelerada.

Aquí entra en escena lo que el propio gobierno denomina la “batalla cultural”: una estrategia discursiva que busca redefinir el sentido común económico argentino. El planteo libertario sostiene que décadas de proteccionismo, sindicalismo corporativo y regulaciones rígidas generaron una economía poco eficiente. La disputa no se limita a la política coyuntural, sino que apunta a reconfigurar valores vinculados al trabajo, la productividad y la responsabilidad empresarial.

Desde una perspectiva económica, la competitividad no es un estado permanente sino un proceso continuo. Para una empresa —y por extensión para un país— implica innovar, optimizar recursos, mejorar calidad y operar dentro de instituciones que faciliten la actividad productiva. Los pilares clásicos son claros:

  • Innovación continua: adaptación tecnológica y creación de nuevos procesos.
  • Eficiencia operativa: reducción de costos sin sacrificar calidad.
  • Calidad: estándares que respondan a la demanda global.
  • Infraestructura e institucionalidad: reglas previsibles que favorezcan la inversión.

El cierre de Fate, más allá de sus causas específicas, se convierte así en un caso testigo de una transición más amplia. Expone la tensión entre modelos de desarrollo, el rol del empresariado ante mercados abiertos y la necesidad —o no— de replantear estructuras históricas. Para el gobierno, es parte de una reconfiguración inevitable. Para trabajadores y sectores industriales, es una señal de alerta sobre los costos sociales del ajuste competitivo.

La discusión de fondo trasciende a una empresa puntual: interpela a la Argentina sobre cómo construir competitividad real sin quedar atrapada en la comodidad de la pecera ni caer en un salto al vacío productivo. El desafío —económico y cultural— será determinar si esta reconversión genera un ecosistema más dinámico o profundiza las fracturas entre eficiencia de mercado y tejido social.

Por : Alejandro Monzon para Análisis Litoral

¿Volver al servicio militar obligatorio?

Disciplina, contención social y un debate incómodo que la política evita

En medio del debate por la seguridad, la educación y la falta de contención institucional para jóvenes en situación de vulnerabilidad, volvió a instalarse en la agenda pública la posibilidad de restablecer el servicio militar obligatorio en la Argentina.

Mientras el narcotráfico gana territorio en los barrios, la violencia juvenil se naturaliza y el Estado discute cómo castigar cada vez más temprano, vuelve a escena una pregunta que incomoda a casi todo el arco político: ¿tiene sentido replantear el servicio militar obligatorio en la Argentina?

Durante años, el tema fue archivado por miedo a la corrección política. Pero el contexto cambió. Hoy el problema ya no es ideológico: es social, estructural y urgente. Miles de adolescentes crecen sin límites claros, sin rutinas, sin referentes estables y, muchas veces, con la droga como única forma de pertenencia. El narco no sólo vende sustancias: organiza, disciplina, contiene y da identidad. Exactamente lo que el Estado dejó de hacer.

En ese vacío, pensar una conscripción moderna deja de ser una provocación y empieza a parecer una alternativa concreta a discutir, especialmente cuando el propio Estado reconoce su fracaso preventivo y debate la baja de la edad de imputabilidad como única respuesta.

Un eventual regreso del servicio militar no puede pensarse con la lógica del siglo pasado. No se trata de militarizar a los jóvenes ni de imponer obediencia ciega. Se trata de formación integral. Disciplina entendida como orden personal, educación cívica y constitucional, hábitos de higiene y cuidado del cuerpo, entrenamiento físico y salud, capacitación en oficios y habilidades laborales, trabajo en equipo, nociones de estrategia y toma de decisiones, respeto por normas básicas de convivencia y servicio comunitario como forma de reconstruir el valor del esfuerzo.

No como castigo, sino como contención. No después del delito, sino antes del daño. No como encierro, sino como estructura.

La discusión sobre la imputabilidad expone una contradicción profunda: el Estado aparece primero con el Código Penal antes que con una propuesta formativa. Si se acepta que un adolescente puede ser penalmente responsable, también debería aceptarse que el Estado tiene la obligación de intervenir antes, de manera obligatoria, para evitar que ese joven termine absorbido por el sistema penal o el circuito del delito.

Aquí aparece lo que no se dice. El problema no es si el servicio militar “queda bien” en el discurso democrático. El problema es que hoy la única institución que disciplina a muchos jóvenes es el delito organizado. Y eso sí debería escandalizar.

El debate no puede reducirse a consignas fáciles. La conscripción moderna podría focalizarse especialmente en jóvenes en situación de vulnerabilidad, con criterios claros, controles civiles y objetivos educativos medibles. Lo verdaderamente autoritario es mirar para otro lado mientras una generación entera queda librada a la calle, al narco o a la cárcel.

No es casual que esta discusión emerja durante el gobierno de Javier Milei. Para amplios sectores sociales, especialmente familias trabajadoras cansadas de la inseguridad y del abandono estatal, una medida de este tipo reforzaría la imagen de un Estado que recupera autoridad sin caer en el asistencialismo ni en el garantismo vacío. Orden, límites y futuro. Tres palabras que hoy pesan más que cualquier consigna.

Desde esta lectura, un eventual retorno de la conscripción podría aumentar significativamente la valoración presidencial, no por nostalgia, sino porque conecta con una demanda silenciosa: que el Estado vuelva a formar antes de castigar, a ordenar antes de reprimir y a ofrecer un camino antes del abismo.

Quizás el mayor obstáculo para este debate no sea su contenido, sino el miedo de la dirigencia a enfrentarlo. Mientras tanto, el narcotráfico sigue reclutando, las calles siguen educando y el sistema penal sigue llegando tarde.

Reabrir la discusión sobre el servicio militar obligatorio no implica imponer una verdad única. Implica animarse a pensar alternativas reales frente a una crisis que ya no se resuelve con slogans ni con parches legales.

La pregunta no es si el tema incomoda.
La pregunta es cuánto más estamos dispuestos a dejar que otros formen a nuestros jóvenes.

Por Alejandro Monzon para Análisis Litoral

‘Turco’ Asís sobre Milei: “Es lo opuesto a…”

Con un año que empieza a mostrar sus primeros cimbronazos, siendo la intempestiva salida de Marcos Lavagna del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INDEC) una muestra de ello, los principales actores del escenario político comienzan a mover sus fichas.

Sobre alguno de estos puntos opinó Jorge “Turco” Asís en su análisis acerca del camino por el que optó Javier Milei y sus “relaciones carnales” con Estados Unidos, pero esencialmente su vínculo con Donald Trump. Por otra parte, criticó abiertamente al CEO de Techint, Paolo Rocca, por su más reciente esgrima verbal contra el Presidente en el canal de streaming Cenital.

El enfrentamiento del Gobierno y Techint: la dura crítica del Turco Asís a Paolo Rocca

Al ser consultado sobre el conflicto de intereses entre el Gobierno y Techint, Asís no le huyó a las definiciones jugadas y lanzó: “La pelea con Rocca era esperable”. ¿Su argumento? “Son todos partidarios entusiastas de la libre competencia, pero cuando tienen una competencia que los supera ya no les gusta;Que todo muy bien hasta que te aparece alguien que te quita tu negocio tan fácil”, criticó el analista.

Asimismo, el especialista puso en el llano las diferencias que pesan entre Milei y lo acontecido con el conglomerado que presenta el empresario. “Paolo Rocca presenta u$s 293 millones por una factura por los 480 km del paseo en caño. Y los tipos, libre competencia, presentaron u$s 203 millones. Exactamente 90 millones de dólares de diferencia. Por supuesto que cualquiera que conozca un poco de comercio sabe que va a tener que ir por esta opción”, esgrimió.

Paolo Rocca y Javier Milei hoy se encuentran en el punto más tenso de su relación (Fuente: Archivo).
Paolo Rocca y Javier Milei hoy se encuentran en el punto más tenso de su relación (Fuente: Archivo).

Ahora, ¿qué pasa con la determinación del Poder Ejecutivo? Asís la ponderó, aseverando que “el tesón de Milei es admirable”, porque -según le expresaron al “Turco”- es “lo que más hiere y casi humilla a Rocca”.

Expresiones como las que lanzó el propio mandatario, llamando “Don Chatarrín” a Rocca, formaron parte de un ataque abierto contra uno de los motores de la industria nacional. Es sobre este punto que el especialista encuentra puntos de separación con otro referente de la derecha argentina: Carlos Menem.

El juego de las diferencias entre Menem y Milei según el Turco Asís

El analista partió desde la expresión “relaciones carnales”, para marcar una equidistancia entre Milei y Menem. Sin embargo, valoró que “las de este gobierno ya son relaciones pornográficas con los Estados Unidos”.

“Digamos, eso (el vínculo con EE.UU.) es lo único que más o menos tienen en común con este gobierno que reivindica a Menem. Reivindica a Menem y es un viejo debate que yo tengo con los menemistas fascinados con este gobierno, que yo no tengo esa fascinación. Porque en realidad Milei es exactamente lo opuesto a Menem“, manifestó el Turco.

Retomando el punto sensible que implica confrontar constantemente contra sus adversarios, Asís interpeló a su interlocutora: “¿Vos viste alguna vez algún ataque oral de Menem a algún par latinoamericano o de otro lugar?“. Cabe destacar que esta sí es una similitud con otro representante de la política de derecha a nivel interncional: Donald Trump.

“¿Qué es lo que tienen en común? Necesitan incondicionalidad en el apoyo, en todo. Vos criticás a Milei y automáticamente sos una mandril, te pueden decir cualquier cosa; Trump es más o menos así. El problema es que Milei necesita que a Trump le vaya muy bien y el problema es que a Trump no le va bien. Y no le va bien no por limitaciones externas, no le va bien porque no lo acompaña su sociedad. Su sociedad, la sociedad americana, que es felizmente mucho más rica de lo que cree Trump”, expresó.

Sobre este punto, el afamado analista político concluyó: “Yo te digo que Trump y Milei son aliados, se pueden caer hasta simpáticos uno con otro, pero el estilo, la práctica política, tiene muchas diferencias” y el conflicto por las licitaciones con Techint son muestra de como, mientras que el mandatario norteamericano decanta por una campaña proteccionista, su par argentino prefiere seguir haciendo hincapié en el libre mercado.

Las 10 claves para detectar gente hipócrita y falsa

Seguramente conocés a más de una persona que, de la boca hacia afuera, se presenta de una forma, pero con su accionar expresa exactamente todo lo opuesto, y muchas veces, con intenciones de dañar. Cómo actuar.

Las personas falsas en ocasiones guardan relación con quienes son hipócritas como forma de comportamiento. El diccionario expresa que una persona falsa presenta “fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan”. En los comportamientos cotidianos, se encuadran como tóxicos y dañinos, ya que no siguen buenos propósitos hacia los demás.

Si bien los psicólogos afirman que no hay categorías que separen cuándo alguien es falso en su totalidad, sí se ha definido que lo más usual es que en ciertas facetas de la vida se comporte de esa forma, y en otras no.

Algunos rasgos de base

En términos generales, alguien que se comporta falsamente suele poseer una personalidad insegura, lo que lo lleva a actuar y enmascarar su forma de ser al estar frente a otros.

Las personas falsas se centran en su propio mundo (imagen AdobeStock).
Las personas falsas se centran en su propio mundo

También busca llamar la atención, incluso cuando sabe que puede causar un trastorno a los demás, y utiliza la mentira, la negación, la tergiversación y la venganza como herramientas.

En cuanto a la hipocresía, en este caso aparece el juicio moral sobre su comportamiento, ya que muestra lo que comúnmente llamamos una “doble moral”. Por un lado, pueden usar creencias que no les pertenecen y actuarlas, y así tienen una moralidad débil, porque no parte de sus propias convicciones y valores. O bien, cambian de parecer y opinión según la ocasión.

Algunas actitudes

A modo de ejemplo, estas son algunas actitudes que muestran comportamientos que pueden ser falsos o hipócritas frente a los demás:

– Muestran una sonrisa por delante, y te critican sin piedad por detrás.

– Cambian de comportamiento frente a vos de manera muy notoria.

– Si les hacés frente, dicen que la persona equivocada sos vos, que estás malinterpretando las cosas.

– Se centran en su propio mundo y no les importa lo que sienta la persona que es blanco de su falsedad o hipocresía.

– Fingen permanentemente en esas situaciones.

Una persona falsa utiliza la mentira, la negación, la tergiversación y la venganza como herramientas.

– Adoptan enredos, mentiras, trascendidos y chismes.

– Sólo se acercan en son de paz para conseguir algo a cambio.

– Aparecen en los tiempos buenos, y desaparecen en los malos.

– Te ignoran y te lo hacen saber para que lo sientas más.

– Prometen demasiado, y no cumplen en casi nada.

– Van tejiendo redes en las que caen personas inocentes, con el único fin de enredarlas y multiplicar el efecto de su falsedad.

– No responden llamados ni pedidos: quieren mostrar superioridad.

Tips para convivir con personas falsas e hipócritas

Como en el mundo nos rodeamos de todo tipo de personas, es importante aprender a distinguirlas y gestionarlas. Si querés vivir más en paz contigo, aquí van algunas ideas en el caso que debas compartir espacios con ellas:

  • Poné en duda todo lo que te exprese una persona que consideras falsa: su personalidad puede engañarte y hacerte creer que tienen buenas intenciones, aunque a la larga revelarán sus mañas.
  • Si podés, evitalas: lo más conveniente es quitar de tu vida a este tipo de personas, ya que lo único que harán es entorpecer tu mundo emocional, y que te quedés pensando y rumiando acerca de su forma de actuar.
  • Si no podés evitarlas, tené interacciones cortas: en el caso que no sea factible cortar los lazos, sí podés elegir a quién dedicarás más tiempo y a quien menos. Ante personas que han mostrado falsedad e hipocresía con vos, tené interacciones breves, lo mínimo necesario.
Una persona falsa promete demasiado y no cumple en casi nada (imagen AdobeStock).
Una persona falsa promete demasiado y no cumple en casi nada (imagen AdobeStock).
  • No hablés con estas personas hasta que ellas no lo hagan: una forma de cortar los vínculos nocivos es evitar iniciar todo tipo de conversaciones, pedidos o relaciones de tu parte. Si viniese algo de su lado, evaluarás en ese momento que querés hacer.
  • Poné límites y decí que no: para muchas personas, el decir que no es un gran desafío; en el caso de este tipo de personas, es conveniente entrenarte en esto, para sentirse con el derecho de expresarlo con total claridad y sin tapujos (al igual que como ellas lo hacen con vos).
  • Mantené la calma: frecuentemente, quien es falso o hipócrita quiere alterarte con su forma de actuar. Serénate, respira y no manifiestes que te han afectado, porque eso ratifica su forma de actuar.

No te alteres por más difíciles que estén las cosas, porque lo que usualmente buscan es que salgas de tu eje. Sé cortés, aunque firme, para decidir si esa persona merece seguir en tu círculo.

  • No te rebajés a su mismo nivel: si tú no eres de esa forma, no bajés a su nivel, porque estarás degradándote y entrando en un disfraz que no es tuyo. Restringí cualquier deseo de venganza, descortesía o acto de mala fe.
  • La persona falsa se aprovecha de los buenos: por lo general, el blanco son personalidades que dan espacio para que se manifiesten. Cuando te mostrás con firmeza, decisión y sin espacio para que actúen, se repliegan y buscarán otra “víctima”.
  • No hablés mal de esa persona: una tendencia es que, por más que no quieras hacer ningún daño, hablás con otra gente del comportamiento de esa persona. La sugerencia es evitar hacerlo, para no caer en el mismo mecanismo. Simplemente, ignorala y superalo internamente.
  • Si tu amigo o amiga es falso o hipócrita, háblalo: Deberás tomar una decisión, porque en relaciones sociales ocasionales, por ejemplo, una salida, una cena, o alguien que no ves hace décadas como compañeros de estudio, quizás puedas ser más flexible para dejar pasar el comportamiento de falsedad o hipocresía. En el caso de que alguien mucho más cercano, como amigos, familia y entorno de mucha intimidad se comporte de esta forma, tu vida estará atravesada por emociones displacenteras. En estos momentos andá de frente, presentá tu visión de los hechos, y preparate para la estocada, porque habrá resistencia y negación de la otra parte.

En cualquier caso, no te alteres por más difíciles que estén las cosas, porque lo que usualmente se busca es que salgas de tu eje. Sé cortés, aunque firme, para decidir si esa persona merece seguir en tu círculo. Posiblemente, no será la última vez que estés ante situaciones con personas falsas o hipócritas: la diferencia es que tenés estas herramientas para reflexionar y poder adoptar si lo considerás apropiado.

Azcué y la fábula de la eficiencia: el presupuesto, la mentira y la crueldad como método

Por: Luis Edgardo Jakimchuk

Bajo el discurso de la eficiencia, la equidad y la transparencia, el intendente Francisco Azcué expone un corrimiento político cada vez más explícito hacia la lógica libertaria, con un presupuesto municipal que consolida el ajuste, debilita lo social y traslada a Concordia las consecuencias del modelo económico nacional. Ingresos dependientes de la coparticipación, salarios atados a una inflación irreal, recortes en políticas sociales y promesas de inversión sujetas a deuda y condicionamientos financieros conforman un esquema donde el relato de la planificación choca con una realidad de desigualdad persistente. Entre números, narrativas y silencios, el presupuesto deja al descubierto no solo una forma de administrar, sino una concepción de Estado que desprecia el diálogo, los consensos y la ciudadanía como sujeto político.

En las últimas intervenciones públicas, el intendente Francisco Azcué exhibe, sin rodeos, un corrimiento político hacia perfiles esquizofrénicos libertarios y más crueles de lo que prometía en campaña. Utiliza a menudo los conceptos de eficiencia, equidad, transparencia y racionalidad. No obstante, estos criterios, tan frecuentemente utilizados, se han vuelto ambiguos. De tal manera que se prestan a múltiples interpretaciones.

La eficiencia y eficacia en el contexto de la gobernanza se traducen en la capacidad de escuchar y asistir con efectividad las demandas ciudadanas, garantizando una adecuada dirección y respuesta a intereses colectivos aceptables y, por lo tanto, desde ese punto de vista resulta ser un problema si no hay diálogos y consensos.

En una Concordia tan desigual, lo que ha mostrado hasta ahora el intendente es que desprecia el diálogo y los consensos políticos. Lejos de matizar, usa el escenario del “duro”, del “disruptivo”, del “planificador”. Hay un deseo permanente de “demostrar” una mentalidad innovadora en materia de liderazgo político. No demostró nada. Solo muestra narcisismo, megalomanía. Un simple charanguero de la lógica libertaria que cree que la política no crea orden sino que lo perturba. Qué lejos está del ethos de la UCR que dice representar.

Hay que prestar mucha atención al principio ordenador cuando plantea eficiencia, eficacia, equidad y transparencia. La planificación, que es un sistema de decisiones, se plasma en el presupuesto aprobado. Pero lo más interesante es observar las construcciones narrativas que acompañan a la planificación.

No se puede hablar del presupuesto sin hablar previamente del proceso de planificación. La planificación permite modelar un futuro deseado mediante la definición de objetivos. Eso tiene un costo y esos costos son la base de los recursos que se habrán de adquirir o generar para asignar a las responsabilidades del Estado.

Del lenguaje a los hechos

Los ingresos municipales estimados son 124 mil millones, es decir, de cada 100 pesos que ingresarían, 57 pesos son de origen coparticipable: provincia y Nación. Solo 37 pesos son propios. La estimación se basó en lo que proyectan Frigerio y Milei. Recordemos que los ingresos del año pasado, en la Nación y la provincia, fueron los peores de los últimos años y es de esperar que este año sigan en baja sin una recuperación genuina del consumo y la actividad productiva.

El equilibrio fiscal, que tanto defiende con fanatismo Azcué, seguirá dependiendo exclusivamente de la poda sobre la seguridad social, los servicios públicos y de los ingresos coparticipables, que tuvieron una mayor caída que los no coparticipables el año pasado, según informó el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF).

Por esa razón, el intendente dice que estima con prudencia los ingresos. Esa prudencia del intendente, que no lo dice, es por la transferencia de recursos a los más ricos. El año pasado el Estado perdió recursos por 2,5 billones de pesos. Desde que asumió Milei se acumula un desfinanciamiento de 12 billones de pesos. Esto inevitablemente se traslada a recortar recursos para los más postergados en las provincias y los municipios. El apoyo a la política económica libertaria le vuelve, otro año más, a dar una bofetada a la fantasía de «atacar la estigmatización de la pobreza de nuestra ciudad». Una de las tantas chantadas electorales de Frigerio-Azcué.

“Las rodillas gastadas” del intendente y del gobernador, apoyando leyes que los desfinancian, encuentran la salida: el mercado de deuda, el costo que hunde cada vez más el futuro de los entrerrianos y concordienses en particular. De esto el gobernador Frigerio ha dejado una huella indeleble en la gestión Macri.

Discurso, por un lado; realidad, por otro. Ilusiones y promesas

Al observar la estructura y composición del gasto público, se destina la mitad de todos los ingresos anuales a sueldos del trabajador. Azcué lo proyecta en base al 10,1 % de inflación anual estimado por el presupuesto nacional 2026, un número que da risa. Mientras el trabajador siente que sus ingresos pierden contra la inflación, el intendente se fija como objetivo que “no pierdan el poder adquisitivo”, pero, a renglón seguido, aclara que está sujeto a la evolución de la recaudación y a las posibilidades financieras, no constituyendo de ninguna manera una obligación de otorgar los aumentos. Lo que dice, con música de bandoneón, es: no se ilusionen, trabajadores. En tanto, la discusión de la pérdida del salario tras dos años de su gestión va a parar al arcón del olvido.

La planta de empleados municipales está compuesta por 1.910 empleados de planta; 585 contratados con aportes; 184 sin aportes y 173 funcionarios (muchos que no funcionan). Si miramos la relación empleados/habitantes para cumplir con todos los servicios, es baja. El intendente dispone de un asesor en Buenos Aires, ¿qué aporta a la comunidad? Este rubro del gasto público es lo que demoniza Azcué. Los trabajadores despedidos serían el origen de todos los males del Estado municipal: un promedio de 600 mil pesos de paga por cada uno, un número casi insignificante si medimos el costo social de 140 familias a la deriva.

El mal no es otro que el modelo que él apoya, que estanca, que funde pymes y comercios, que despide trabajadores y profundiza la pobreza y la marginación estructural.

El Ejecutivo municipal sostiene que va mejorando la distribución de los recursos fortaleciendo los gastos en inversiones productivas, mejorando los servicios públicos, proyectando para eso el 15 %  del presupuesto (18.850 millones de pesos), de lo cual está previsto que el 70 % correspondan a recursos propios. Pero remarca el Ejecutivo que dicha promesa está condicionada a si recauda más y consigue financiamiento. TODO ES POTENCIAL, TODO ES CONDICIONAL, NADA ES UN COMPROMISO REAL. También promete que está buscando diversas fuentes de financiación (deuda) para infraestructura productiva. Sorprende ese término porque lo productivo no está en su lenguaje, ni lo social.

En el rubro de Bienes y Servicios No Personales, que representa el 20,97 % del presupuesto, 26 mil millones de pesos. Para estimar este monto se proyectó en base a lo presupuestado en 2025. Este rubro engloba, entre tantos gastos, combustibles, medicamentos, alimentos, servicios de limpieza y todos los gastos para el funcionamiento del Estado. Si nos atenemos a lo que el intendente pregona permanentemente —transparencia, eficiencia y eficacia—, sería interesante que especifique cuánto destina para los sectores más vulnerables: cuánto de ayuda dineraria para la infancia, cuánto es el monto que se paga a las cooperativas de trabajo, cuánto para atender el funcionamiento del Estado.

Vale recordar que en el presupuesto 2025 se destinó para la ayuda alimentaria a los pobres e indigentes, medidos por el INDEC: 260 pesos por día. Vergüenza total.

Con el argumento de la “eficiencia y transparencia”, mientras desfinanciaba comedores y programas sociales y además reducía personal por falta de recursos, Azcué firmó un convenio hasta junio de 2026 por más de 54 millones de pesos con una “franquicia solidaria” de la Fundación Maximiliano Kolbe, presidida por Stella Maris Micucci, esposa del funcionario de Desarrollo Humano, Roberto Niez. La Fundación mencionada una entidad dirigida por el pediatra Abel Albino, célebre por su pertenencia al Opus Dei y sus polémicas afirmaciones sobre salud sexual y pobreza. El convenio tiene como fin realizar un relevamiento social-nutricional dirigido a niños y embarazadas. Hasta ahora no se transparentaron los resultados parciales del relevamiento ni cómo es utilizado ese dinero de las arcas municipales.

Hay que decir, además, que no llama la atención ni escandaliza lo suficiente cuando habla con total cinismo de la participación de los vecinos y del presupuesto participativo, instrumento que permite al ciudadano participar activamente en la toma de decisiones, elaboración, gestión y control del presupuesto. Esto ayuda a “la asignación equitativa, racional, eficiente, eficaz y transparente de los recursos”, lo titula el intendente Azcué, sin embargo, destina el 0,24 % al presupuesto participativo, lo que significa 30 millones de pesos anuales, es decir que si realmente participan los vecinos de los 100 barrios, son 25 mil pesos por mes y por barrio. Según Azcué, esto avanza en reducir la brecha territorial, mejorando la calidad de vida con un criterio de equidad y sostenibilidad. Da un poquito de vergüenza cómo lo anuncia.

No hay dudas sobre la legitimidad de origen del intendente, pero la democracia no se agota en el acto electoral. El voto es condición necesaria, aunque nunca suficiente, para garantizar políticas públicas que no profundicen desigualdades ni consoliden retrocesos sociales. La experiencia histórica demuestra que también desde gobiernos formalmente legítimos pueden desplegarse procesos de regresión económica, social y democrática.

El intendente no es el único ordenador de la vida colectiva. La sociedad no funciona como un software que se actualiza por decreto ni como una planilla de Excel que se ajusta con tijera. Gobernar implica diálogo, construcción de consensos y reconocimiento de la ciudadanía como sujeto político activo, no como una variable de costo. Naturalizar el relato de la eficiencia sin discutir sus consecuencias reales es una forma de convalidar un modelo que traslada el ajuste a quienes menos tienen.

En Concordia, cada vez más vecinos y militantes comienzan a interpelar el contenido real de la gestión libertaria local, que se presenta como el camino hacia “una ciudad normal, con parámetros normales”. Frente a ese discurso, la tarea política y ciudadana es seguir de cerca no solo la planificación presupuestaria, sino también su ejecución concreta: qué se cumple, qué se posterga y qué directamente se abandona.

Este informe es apenas una primera aproximación. En una segunda parte, que se publicará próximamente, seguiremos analizando en detalle la ejecución de los fondos municipales de la gestión libertaria, el destino real de las partidas sociales y productivas, el impacto del endeudamiento proyectado y las herramientas institucionales —como la banca del pueblo— que distintos sectores evalúan utilizar para visibilizar las urgencias económicas y sociales que el relato oficial intenta minimizar.

° Ex presidente del Concejo Deliberante en dos gestiones municipales. Ex diputado provincial.

Apertura sin red, consumo en caída y empresas fuera de juego: la reforma laboral como última apuesta empresaria

Mientras gran parte del empresariado argentino atribuye sus dificultades exclusivamente al costo laboral, la apertura económica y la caída del consumo también dejaron al descubierto un problema menos mencionado: la incapacidad de adaptarse a las reglas de la competitividad global. La experiencia de Mercado Libre funciona como contraste elocuente. La compañía logró expandirse con éxito en América Latina, invertir en logística, tecnología y marketing, leer anticipadamente los cambios en los hábitos de consumo y ahora explora nuevos nichos de mercado con proyección hacia Europa. En un escenario de competencia abierta, el caso demuestra que no todo se explica por salarios o impuestos, sino por estrategia, innovación y capacidad de escalar modelos de negocio. La reforma laboral aparece así como una condición discutida, pero no suficiente, frente a un mundo empresario que enfrenta el desafío de reinventarse o quedar fuera de juego.

El duro enfrentamiento del Gobierno con el grupo Techint dejó un mensaje claro: la apertura económica no tiene marcha atrás. Aun con evidencias de sobreoferta global de acero y presiones chinas para liquidar stock a cualquier precio, la posibilidad de avanzar en denuncias por dumping es prácticamente nula. Techint perdió una licitación clave por ofertar un 40 por ciento más caro, empató luego el precio ganador y aun así el consorcio privado decidió respetar la oferta inicial. La señal fue contundente incluso para los grandes jugadores: competir ya no es negociar reglas, sino adaptarse a ellas.

Este escenario se replica en todos los sectores de bienes transables. Autos chinos ganan mercado, las plataformas internacionales modificaron hábitos de compra y la indumentaria, el calzado y la electrónica enfrentan una competencia directa que deja al descubierto falencias históricas en diseño, comercialización, logística y atención al cliente. Durante años, muchas empresas trasladaron ineficiencias al precio final sin invertir en profesionalización, marketing digital o lectura de tendencias. Hoy ese esquema dejó de funcionar.

La apertura económica era necesaria tras décadas de cepos y controles extremos que derivaron en corrupción estructural, especialmente durante el último gobierno de Alberto Fernández. Importar implicaba pagar coimas por permisos y por acceso a dólares. El levantamiento de esas trabas saneó el sistema, pero también pasó factura. La industria manufacturera está un 12 por ciento por debajo del año pasado y la construcción continúa muy lejos de los niveles previos al cambio de gobierno. Ambos sectores son intensivos en empleo, lo que impacta de lleno en el mercado laboral. El comercio mayorista y minorista, otro pilar del empleo formal, también cae cerca de un 6 por ciento interanual.

La presión sobre los márgenes es generalizada. Algunas empresas ya operan en rojo y otras apenas sobreviven. La necesidad de vender obligó a bajar precios y competir de verdad. En rubros como línea blanca, las caídas llegaron al 25 por ciento en términos reales. Mientras algunos segmentos como autos o electrodomésticos repuntaron por financiamiento y precios, el consumo masivo sigue deprimido, condicionado por la caída del salario real.

Domingo Cavallo coincidió con el Gobierno en que la remonetización vía compra de reservas es el camino más sólido para la reactivación, aunque admitió que el efecto no se siente aún en la calle. La inflación desacelera, pero sigue por encima del 2 por ciento mensual, y las tasas altas junto con la apreciación cambiaria agregan presión sobre empresas con rentabilidades cada vez más ajustadas.

En este contexto, la reforma laboral aparece como la gran apuesta empresaria. La consigna es nivelar la cancha frente a países con impuestos más bajos y esquemas laborales más flexibles. Patricia Bullrich, Manuel Adorni y Diego Santilli encabezan la estrategia política para lograr su aprobación en el Congreso. Pero incluso si la reforma avanza, persiste una preocupación central: la industria del juicio, con récord de litigios, fallos millonarios y abusos en licencias laborales.

El debate de fondo sigue abierto. La pregunta no es solo si el costo laboral es alto, sino si el empresariado está dispuesto a competir en serio, incorporando innovación, marketing, eficiencia y comprensión del nuevo consumidor, o si volverá a apostar únicamente a cambiar reglas sin transformar prácticas.

AM para Análisis Litoral

Las mochilas que no se nombran: Massa detrás del armado y los antecedentes que incomodan

El perfil “técnico y federal” que algunos intentan construir alrededor de Guillermo Michel no puede analizarse en el vacío. Mucho menos cuando su trayectoria política y administrativa aparece estrechamente ligada a Sergio Massa, uno de los dirigentes más camaleónicos y cuestionados del sistema político argentino en las últimas dos décadas.

Massa no es un actor neutral ni un recién llegado: fue jefe de Gabinete del kirchnerismo, intendente del conurbano, opositor furioso al kirchnerismo, aliado estratégico de Cambiemos en votaciones clave, y finalmente ministro de Economía de Alberto Fernández con el aval pleno de Cristina Kirchner, en uno de los períodos de mayor deterioro económico, inflacionario y social desde 2001. Esa plasticidad política —que algunos llaman pragmatismo— para otros constituye oportunismo estructural, con costos concretos para la credibilidad institucional.

Durante su gestión económica, Massa dejó índices récord de inflación, aumento de la pobreza, expansión del endeudamiento interno, controles discrecionales, parches de corto plazo y una dependencia creciente de financiamiento externo no tradicional. Todo ello mientras se presentaba discursivamente como el “ordenador” de una economía que nunca logró estabilizar. Ese prontuario político no desaparece por decreto ni se diluye porque algunos medios decidan hablar de “reconfiguración” o “nueva etapa”.

Michel y la Aduana: tecnocracia, poder y silencios incómodos

En ese esquema, Guillermo Michel carga con una mochila que no es menor: su paso por la Dirección General de Aduanas, un organismo históricamente atravesado por denuncias de subfacturación, contrabando, discrecionalidad y presión política, incluso antes de su gestión. Si bien Michel no enfrenta condenas judiciales, tampoco puede presentarse como ajeno a un sistema bajo sospecha permanente, ni desligarse del entramado de poder que lo llevó a ese cargo.

La Aduana fue, durante los años de Massa como ministro, una herramienta clave del control económico, con criterios poco transparentes para importaciones, exportaciones y fiscalización. En ese contexto, resulta legítimo preguntar:

  • ¿Qué balance real puede exhibirse de su gestión en términos de transparencia y control efectivo?
  • ¿Qué responsabilidades políticas se asumen por un esquema económico que fracasó rotundamente?
  • ¿Puede un exfuncionario central de ese engranaje erigirse hoy como rostro de una “agenda productiva” sin una autocrítica explícita?

Créditos, alivio financiero y la memoria corta

El proyecto de créditos vía ANSES para cancelar deudas privadas aparece, en el papel, como una iniciativa sensible frente al endeudamiento de las familias. Sin embargo, el endeudamiento masivo de jubilados y trabajadores no es un fenómeno espontáneo, sino consecuencia directa de años de inflación descontrolada, licuación salarial y políticas económicas erráticas, muchas de ellas impulsadas o sostenidas por el mismo espacio político que hoy propone el “alivio”.

Aquí surge otro interrogante incómodo:
¿No es este tipo de proyectos una respuesta tardía a un problema que el propio peronismo gobernante ayudó a crear?

Un peronismo que dice correrse, pero no rompe

El intento de mostrar a Michel como parte de un peronismo “deskirchnerizado” o “federal” también merece una lectura más cuidadosa. No hay ruptura real con Unión por la Patria, no hay cuestionamiento explícito al liderazgo de Cristina Kirchner, ni una revisión profunda del fracaso electoral y de gestión. Lo que se observa, más bien, es una reubicación táctica, un corrimiento discursivo para sobrevivir en un nuevo clima político.

En ese sentido, el armado transversal con figuras como Pichetto o De la Sota puede leerse menos como renovación ideológica y más como reacomodamiento defensivo de un sistema político en retirada, que busca nuevos ropajes sin saldar cuentas con su pasado inmediato.

Lo que queda por responder

Guillermo Michel podrá construir proyectos, sumar firmas y mostrarse activo en el Congreso. Pero mientras no se expliquen con claridad sus vínculos políticos, sus responsabilidades de gestión y su pertenencia a un esquema que dejó a la Argentina en crisis, cualquier intento de presentarlo como figura emergente del “nuevo peronismo” quedará incompleto.

Porque en política, el silencio sobre los antecedentes también es una forma de posicionamiento. Y porque ninguna reconfiguración es creíble si no empieza por hacerse cargo de lo que se hizo —y de lo que se evitó decir— cuando se tuvo poder real.

Cuando el bosque ideológico no deja ver la realidad

En los últimos días volvieron a emerger, con una claridad casi didáctica, los viejos reflejos de una intelectualidad anclada en paradigmas que el mundo ya dejó atrás. Opinólogos de diversas tribunas, con un lenguaje pretendidamente crítico, vuelven a desempolvar esquemas marxistoides para interpretar la realidad actual, como si el fracaso histórico de esas doctrinas no hubiese quedado demostrado una y otra vez, en todos los continentes y bajo múltiples formatos.

La izquierda populista —esa que dice hablar en nombre de los desposeídos— no solo fracasó en términos económicos y sociales, sino que dejó como saldo estructuras de poder cerradas, elites enriquecidas y sociedades empobrecidas. Argentina no es la excepción. Basta recordar que una de sus máximas exponentes, Cristina Fernández de Kirchner —doblemente condenada por corrupción— abrazó ese discurso “redistributivo” mientras construía un sistema de beneficios personales y políticos que se proyectan, aún hoy, como herencia pesada para las generaciones futuras.

Estos resabios ideológicos persisten. No como proyecto de transformación real, sino como relato defensivo de un pasado que se resiste a morir.

Detractores y defensores de la antigua retorica

En ese marco se inscribe la nota que intenta vincular hechos distintos —detenciones, denuncias y supuestos espionajes— bajo una lógica claramente conspirativa, forzando relaciones que no se sostienen en hechos comprobables. El texto sugiere una maniobra de distracción orquestada desde el poder provincial y municipal, pero lo hace sin pruebas concretas, apelando a insinuaciones y sospechas permanentes que responden más a una mirada ideologizada que a un análisis riguroso de la realidad.

El problema no es la sospecha en sí. El problema es el sesgo de origen: cuando toda interpretación parte de la premisa de que el poder siempre miente, siempre manipula y siempre victimiza, el análisis deja de ser análisis para convertirse en militancia encubierta.

Comparar situaciones judiciales concretas con máximas de propaganda nazi no solo es una exageración peligrosa, sino una forma de banalizar tanto la historia como la inteligencia del lector. No hay datos concluyentes que prueben una operación coordinada de encubrimiento. Hay, sí, un intento de forzar una narrativa donde todo encaje en una lógica de persecución política, aun cuando los hechos no lo sostienen.

Gestión versus relato

Mientras algunos siguen atrapados en interpretaciones ideológicas, la realidad avanza. El gobernador Rogelio Frigerio viene demostrando, con hechos verificables y gestión concreta, que es posible sostener estabilidad institucional, ordenar el Estado y transparentar prácticas heredadas de décadas de desmanejo. No desde el discurso épico, sino desde la administración responsable.

Muy distinta es la situación del intendente de Concordia, Francisco Azcué, cuya gestión sigue sin ofrecer respuestas claras frente al drama estructural que atraviesa la ciudad: pobreza crónica, exclusión social y estancamiento económico. Concordia continúa liderando rankings estadísticos que nadie debería naturalizar. Allí no hay bosque que esconda el árbol: la urgencia social es visible, cotidiana y lacerante.

La discusión no pasa por denunciar fantasmas ni construir teorías de victimización permanente. Pasa por asumir responsabilidades, entender los cambios que se están produciendo y aceptar que el mundo —y la Argentina— están transitando hacia modelos donde el Estado deja de ser un botín y la libertad de emprender, decidir y producir vuelve a ocupar un lugar central.

Un pasado que no debería volver

El capitalismo moderno, con sus defectos y correcciones necesarias, sigue siendo el único sistema que ha demostrado capacidad real de generar riqueza, movilidad social y desarrollo. Defender viejas recetas populistas, fracasadas y moralmente erosionadas, no es progresismo: es nostalgia ideológica.

Ojalá quienes aún escriben desde esa trinchera comprendan que no todo cambio es amenaza, ni toda gestión es conspiración. A veces, simplemente, el bosque ideológico no deja ver la realidad. Y cuando eso ocurre, el problema no es el árbol: es la mirada.