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Opinión | El aeropuerto que no fue: del polo exportador al taxi aéreo de veinteañeros

Desde este medio celebramos toda mejora en conectividad y desarrollo para Concordia, incluso la incorporación de una aerolínea privada que, con dos vuelos semanales, permitirá unir a nuestra ciudad con Buenos Aires. Sin embargo, resulta imposible no detenerse en el trasfondo de esta historia: lo que se perdió en el camino.

El Aeropuerto Internacional de Cargas proyectado en su origen para Concordia prometía ser mucho más que una simple terminal aérea: era una plataforma de despegue para la región de Salto Grande. Hablamos de una herramienta clave para la radicación de industrias, para potenciar exportaciones, y para convertir a Concordia —una de las ciudades con mayores índices de pobreza del país— en un nodo logístico estratégico del MERCOSUR.

Ese proyecto ambicioso, con apoyo internacional y proyección de largo plazo, fue sepultado en silencio. En su lugar, se avanzó con una terminal remodelada, adaptada a una operatividad de vuelos regulares menores, y ahora —en el marco de una desregulación improvisada— se presenta una aerolínea sin flota propia, fundada por tres jóvenes de entre 20 y 21 años, sin experiencia en el sector, y con vínculos políticos llamativos.

Humming Airways no tiene aviones. Actúa como bróker, alquilando aeronaves de terceros. Su capital social, que no llega ni al costo de un automóvil de alta gama, nos habla de un modelo low-cost en todo sentido. A eso se suma una tarifa superior a los 200 mil pesos por tramo, un lujo fuera del alcance del común de los concordienses, en una ciudad donde la mayoría apenas llega a cubrir necesidades básicas.

“Esto es fruto de mucho tiempo de trabajo con actores locales, intendentes de la región y el Gobierno de la Provincia” afirmó el Intendente Azcué.

Pero más allá de las dudas razonables sobre la sostenibilidad del emprendimiento, lo verdaderamente indignante es la oportunidad perdida. La región tuvo —y aún tiene— el potencial para posicionarse como un centro logístico regional, generador de empleo genuino, impulsor de pymes exportadoras, de cooperativas agroindustriales, de valor agregado. Pero esa visión fue truncada por la mezquindad política, la falta de planificación, la corrupción y la desidia.

El actual gobierno local y provincial parecen celebrar con entusiasmo lo que, a todas luces, es una solución marginal a un problema estructural. Conectar Buenos Aires con Concordia en un avión alquilado no equivale a transformar la matriz productiva. No es un plan estratégico de desarrollo. Es, en el mejor de los casos, un parche.

Y entonces cabe preguntarse:
¿Dónde estaban los legisladores, intendentes de la zona y autoridades de los departamentos de Bella Union , Salto y Paysandu ROU, cuando se abandonó el proyecto original del aeropuerto de cargas?
¿Por qué la dirigencia política permitió que se diluyera una herramienta clave para combatir la pobreza estructural de la región?
¿Cómo puede explicarse que se haya retrocedido tanto, conformándose con un servicio aéreo mínimo, cuando lo que se necesitaba era una transformación profunda?
¿Será que todavía estamos a tiempo de recuperar ese horizonte perdido?
¿O seguiremos celebrando migajas mientras el futuro se nos escapa en vuelos de ocasión?

Esta nota de opinión es de autoría de Análisis Litoral. Si la reproduce, cite la fuente.
#Concordia #Aeropuerto #Opinión #DesarrolloTruncado #CorrupciónPolítica #HummingAirways #PobrezaEstructural #MERCOSUR #Exportación #DesidiaPolítica

La madera que se va y el desarrollo que no llega.

El reciente ingreso de los buques African Raven y Paiwan Ace al puerto de Concepción del Uruguay, con destino a la India, marca otra postal del presente productivo argentino: 18.000 toneladas de troncos de pino sin procesar que parten del Litoral sin generar el desarrollo que podríamos alcanzar si agregáramos valor en origen.

Desde hace más de tres décadas, el Estado ha financiado —a través de distintos planes de subsidios— la plantación forestal en las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones. Pero esa política nunca fue acompañada por una estrategia de industrialización seria. El resultado está a la vista: exportamos árboles, no trabajo. Mandamos materia prima, pero no desarrollo.

Un ciclo interrumpido

Durante los años 90, importantes empresas se instalaron en la región, entre ellas MASISA, Sadepan Latinoamericana, ECA y decenas de aserraderos. Fue una etapa prometedora. Incluso en el año 2003 comenzó un incipiente proceso de agregado de valor en productos como pollo, arroz, cítricos y madera.

Sin embargo, según señala el Ing. José Eduardo Moulia, uno de los actores clave en la gestión de inversiones para el sector forestoindustrial, “el mayor error fue decirle no a las papeleras. Eso fue decirle no a la industria”. Desde entonces, pasaron más de 23 años sin que llegaran nuevas inversiones significativas al rubro, con excepción del esfuerzo genuino de algunas empresas locales que, sin demasiada ayuda estatal invirtieron, generaron empleo y sostuvieron las economías regionales. -lo que hoy desde este gobierno provincial se esta tratando de revertir-,

Uruguay y Paraguay sí lo hicieron

Mientras Argentina se debate en la inercia extractivista, Uruguay y Paraguay apostaron fuerte por la industrialización del sector forestal. Con inversiones extranjeras, políticas activas de fomento y visión estratégica, desarrollaron plantas industriales de última generación, parques forestoindustriales y logística integrada para exportar productos terminados, no solo materia prima.

El contraste duele: nuestros vecinos generan más empleo, más divisas y más valor local con un recurso que en Argentina es igual o incluso más abundante. La diferencia está en la voluntad política y en la decisión empresarial de mirar el mercado global.

Una oportunidad que voló… y se estrelló

La historia del aeropuerto internacional de cargas en la región es otro ejemplo del desarrollo frustrado. Ese proyecto, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), hubiera sido clave para potenciar la exportación de productos forestoindustriales y agroalimentarios.

Pero fue mal gestionado, quedó en la nada, y hoy no solo no existe el aeropuerto, sino que Argentina debe devolver ese préstamo. Una oportunidad única que literalmente “cayó del cielo” y fue desperdiciada por falta de visión, de gestión y de compromiso.

Estado miope y empresarios conservadores

La falta de políticas públicas integrales se suma a una clase empresaria que históricamente miró solo al mercado interno, sin ambición de competir a nivel internacional. Mientras tanto, ningún gobierno —nacional ni provincial— en los últimos 30 años diseñó un plan para cerrar el ciclo forestoindustrial completo.

No hay incentivos fiscales para la transformación de la madera. No hay líneas de crédito accesibles para plantas industriales. No hay programas de integración tecnológica. Solo hay árboles. Y barcos.

El Litoral tiene todo… menos decisión

La región tiene materia prima, puertos, acceso a mercados, tradición forestal y recursos humanos. ¿Qué falta? Decisión. Política. Estrategia. Audacia.

Si el objetivo es generar trabajo genuino, competitividad, empleo industrial y arraigo territorial, el camino no puede seguir siendo exportar madera en bruto. Tenemos que exportar valor, tecnología y diseño. No kilos de troncos.

Un llamado urgente

Exportar troncos es exportar el futuro sin procesar. Es seguir atrapados en un modelo extractivo de país periférico. Uruguay y Paraguay lo entendieron. Argentina aún no.

La pregunta es: ¿cuánto tiempo más vamos a seguir dejando pasar oportunidades?
El momento de agregar valor a la madera —y al país— es ahora.

Por Análisis Litoral
www.analisislitoral.com.ar

Agradecemos la gentileza del ingeniero José Eduardo Moulia

Milei y el riesgo de la nostalgia fascista

Nota de opinion

Por: Luis Edgardo Jakimchuk

Lo beneficioso de la gramática democrática es su disposición para vehiculizar la realidad, que no es otra cosa que la contemplación de la existencia real y efectiva de los hechos, a través de las palabras. Somos testigo del ascenso de un lenguaje profundamente agresivo y hostil, fenómeno que no solo refleja una alteración en la retórica política, sino que también tiene profundas implicaciones en el entramado social y democrático.

El uso de la violencia verbal y descalificadora se ha convertido en un pilar de la comunicación del régimen libertario. Su estrategia no es casual; busca capitalizar el descontento social para deslegitimar la política y movilizar a sus bases leales. Esto abre amplísimas interpretaciones sobre si no estamos transitamos tiempos fascistoide.

Fascista no es una categoría caduca en el lenguaje político. Tiene vigencia y es pertinente para definir a sujetos que políticamente piensan y operan de modo antidemocrático estando contenidos dentro de las fronteras de la propia democracia.

Roland Barthes, semiólogo y filósofo estructuralista, considera que el lenguaje es fascista, porque es restrictiva. Responde a la estrecha relación entre lenguaje e ideología y por su tendencia al dogma, a la afirmación. Todo discurso o acción que se desvía de la afirmación dogmática, a través de las palabras se debe convertir en elementos convincente sin responsabilidad ética alguna.

La narrativa mileista avanza cuando se desinteresa del maniqueísmo que trazar limites como: “nosotros (los libertarios) y los otros (los orcos, los kukas, las cucarachas, mandriles, zurdos hdp”, un límite producto de lo que, Ludwig Wittgenstein filosofo del lenguaje, describe “los límites del lenguaje son los límites del mundo que lo representa su ideología”. Esta dicotomía extrema le ha permitido a los libertarios avanzar con narrativas utilizando el temor como una herramienta para justificar la opresión y la censura. 

Por cierto, Milei nunca busco construir una oratoria que no se muestre como tal. No disimulo su proyecto de destrucción. Nunca busco suavizar el despojo, la injusticia y el dolor. El creciente desencanto de gran parte de la sociedad con la política, le permitió articular relatos que, por repetición, estandariza lo improbable, lo irracional y también odio, eslabón indispensable para la unión entre los individuos en proceso de fascistización.   

Si bien es cierto que el gobierno no se consolida como lo que solemos entender en términos del fascismo pasado, hay evidencias claras que apuntan contra las instituciones democráticas. Basta recordar la encuesta ordenada por Santiago Caputo: “Queres vivir en democracia o preferís autoritarismo que te garantice buenos resultados económicos”.

El autoritarismo no siempre aparece de forma evidente. A veces, las palabras y relatos construyen realidades que ocultan su naturaleza insidiosa y las consecuencias que ellas acarrean. Una amplia mayoría se fascino con Viva   la libertad, carajo”, “vamos por la casta inmunda” “vamos a ir a buscar a los zurdos de mierda” sin reparar que, en esas expresiones mimetizada, encierra una insinuación al ordenamiento diseñado por y bajo mando fascista.

Estas frases paradojales no son novedosas, ya hemos vivido un tiempo con otras frases como “el silencio es salud”, “algo habrán hecho” que gozaba del mismo poder paradojal, el de plantear en nombre de algún “bien” el silencio abrazado a la sumisión y a la censura.

Hannah Arendt sostenía que en la lógica fascista hay una “alianza temporal del poder de la turba y la élite económica”. Esto explica de alguna manera el apoyo a las palabras y acciones violentas del presidente por parte de las corporaciones económicas y financieras. Una alianza que encuentra coincidencias para controlar los excedentes entre el capital y el Estado en el proceso productivo. El fascismo y el capitalismo no son enemigos.

Un aspecto preocupante es no recuperar rápidamente el control de nuestra mirada sobre el peligro que resulta la forma de conducción de un personaje megalómano, ridículo, antinatura, sin sentido, que expresa la degradación de amplios sectores sociales. Es entendible que la desazón de muchos argentinos puede nublar el juicio critico y aceptar las políticas sin cuestionarlas. En necesario volver a mirar la realidad, para que nos demos cuentas que el desprecio es omnipresente en el mundo libertario.

Este ridículo que nos gobierna dice que sobre temas personales y políticos es aconsejado por sus “hijos de cuatro patas”, cada uno cumple un rol estratégico: “Milton muestra futuro, Murray elabora enfoque filosófico, Robert me ayuda a ver mis fallas y me contiene, al tiempo que combate contra la oscuridad y Conan arma la estrategia”. Hegel decía que hechos y personajes de la historia se muestran dos veces, y Marx lo completa, una vez como tragedia y otra como farsa. Milei diariamente se empeña en convertirse en la reiteración farsesca del fascismo pasado. Cuando digo farsesca lo digo por las palabras que componen su narrativa y por la mezcolanza ridícula con que la compone.

Concordia, capital del empobrecimiento planificado

En estos días de junio de 2025, el escándalo de la coordinadora de los comedores ocupa las portadas y los discursos moralistas. Pero en Concordia, ciudad que encabeza año tras año los índices de pobreza en Argentina, la corrupción no es novedad: ha sido una forma de gobierno consolidada, una estructura paralela que ha sobrevivido a todos los signos políticos. No es un caso. Es un sistema.

¿De qué se sorprenden? ¿Acaso no sabían? Concordia lleva más de cuatro décadas siendo una ciudad gobernada por políticos que se hicieron millonarios mientras sus vecinos caían en la indigencia. Aquí los patrimonios de exfuncionarios crecen con la misma velocidad que las villas y los comedores populares. Una elite político-empresarial fue perfeccionando su dominio sobre la pobreza, no para erradicarla, sino para administrarla.

Los que hoy se rasgan las vestiduras ante los nuevos “descubrimientos” de corrupción, ayer aplaudían en silencio o se beneficiaban del reparto. Era un secreto a voces: bolsas de alimentos, chapas, colchones, electrodomésticos y hasta “ravioles blancos” —sí, cocaína fraccionada— repartidos como dádiva electoral. Una máquina clientelar perfectamente aceitada que transformó la necesidad en herramienta de control político.

Gobernadores, ministros, intendentes, concejales, punteros y gremialistas construyeron su bienestar sobre la indigencia ajena. No solo no se fueron: muchos siguen ocupando cargos o se han jubilado con privilegios, sin haber trabajado durante años. Los hay enquistados en la administración pública provincial, algunos protegidos por pactos de impunidad silenciosos. La corrupción en Concordia no es una anomalía: es la regla. Y es transversal.

También hay complicidades en el mundo empresarial, comercial, mediático. Empresas que crecieron a la sombra del Estado, medios que jamás investigaron ni cuestionaron a sus anunciantes oficiales, periodistas que hoy se indignan pero que durante años callaron —o aplaudieron— cuando la pauta era generosa. La corrupción no es solo política: es cultural. Se naturalizó como parte del paisaje.

Y mientras tanto, ¿qué queda para el ciudadano honesto? ¿Resignarse? ¿Taparse los ojos? ¿Votar al menos malo? ¿Conformarse con que “todos roban”? Esa resignación es el verdadero triunfo de la corrupción. Es el combustible que mantiene viva esta maquinaria de empobrecimiento planificado.

Concordia necesita despertar. No se trata solo de cambiar nombres en las boletas, sino de romper el pacto de silencio. La pobreza no es una fatalidad geográfica ni climática: es el resultado de decisiones políticas, de estructuras que se benefician del caos. Y hasta que no haya consecuencias reales, justicia verdadera y memoria colectiva, todo En estos días de junio de 2025, el escándalo de los comedores vacíos y fantasmas ocupa las portadas y los discursos moralistas. Pero en Concordia, ciudad que encabeza año tras año los índices de pobreza en Argentina, la corrupción no es novedad: es una forma de gobierno consolidada, una estructura paralela que ha sobrevivido a todos los signos políticos. No es un caso. Es un sistema.

¿De qué se sorprenden? ¿Acaso no sabían? Concordia lleva más de cuatro décadas siendo una ciudad gobernada por políticos que se hicieron millonarios mientras sus vecinos caían en la indigencia. Aquí los patrimonios de exfuncionarios crecen con la misma velocidad que las villas y los comedores populares. Una elite político-empresarial fue perfeccionando su dominio sobre la pobreza, no para erradicarla, sino para administrarla.

Los que hoy se rasgan las vestiduras ante los nuevos “descubrimientos” de corrupción, ayer aplaudían en silencio o se beneficiaban del reparto. Era un secreto a voces: bolsas de alimentos, chapas, colchones, electrodomésticos y hasta “ravioles blancos” —sí, cocaína fraccionada— repartidos como dádiva electoral. Una máquina clientelar perfectamente aceitada que transformó la necesidad en herramienta de control político.

Gobernadores, ministros, intendentes, concejales, punteros y gremialistas construyeron su bienestar sobre la indigencia ajena. No solo no se fueron: muchos siguen ocupando cargos o se han jubilado con privilegios, sin haber trabajado durante años. Los hay enquistados en la administración pública provincial, algunos protegidos por pactos de impunidad silenciosos. La corrupción en Concordia no es una anomalía: es la regla. Y es transversal.

También hay complicidades en el mundo empresarial, comercial, mediático. Empresas que crecieron a la sombra del Estado, medios que jamás investigaron ni cuestionaron a sus anunciantes oficiales, periodistas que hoy se indignan pero que durante años callaron —o aplaudieron— cuando la pauta era generosa. La corrupción no es solo política: es cultural. Se naturalizó como parte del paisaje.

Y mientras tanto, ¿qué queda para el ciudadano honesto? ¿Resignarse? ¿Taparse los ojos? ¿Votar al menos malo? ¿Conformarse con que “todos roban”? Esa resignación es el verdadero triunfo de la corrupción. Es el combustible que mantiene viva esta maquinaria de empobrecimiento planificado.

Concordia necesita despertar. No se trata solo de cambiar nombres en las boletas, sino de romper el pacto de silencio. La pobreza no es una fatalidad geográfica ni climática: es el resultado de decisiones políticas, de estructuras que se benefician del caos. Y hasta que no haya consecuencias reales, justicia verdadera y memoria colectiva, todo seguirá igual.

Porque no es falta de recursos. Es falta de vergüenza.seguirá igual.

Porque no es falta de recursos. Es falta de vergüenza.

Concordia #EntreRíos #Corrupción #Pobreza #Argentina #JusticiaSocial

Concordia: Un barco sin rumbo que sigue agrandando su estructura sin resultados tangibles.

Mientras la ciudad de Concordia atraviesa una profunda crisis económica y social, el municipio parece empecinado en agrandar el Estado en lugar de hacerlo más eficiente. Así lo revela el Boletín Oficial N° 3.559, del 19 de junio de 2025, donde se publicó el Decreto N° 537/2025, mediante el cual se amplía la estructura orgánica de la Subsecretaría de Turismo.

En un momento en el que se esperaría austeridad y racionalidad, el Ejecutivo local opta por crear cuatro nuevos cargos jerárquicos en un área que, lejos de mostrar resultados concretos, se sostiene con fondos públicos sin rendir cuentas claras. Se trata de:

  • Jefe de Coordinación de Museos y Gestión Patrimonial
  • Jefe de Departamento del Museo Regional Palacio Arruabarrena
  • Jefe de Departamento del Museo de Antropología y Ciencias Naturales
  • Jefa de Coordinación Administrativa Contable

Cada puesto con su correspondiente salario, nivel político y dependencia jerárquica, alimentando una burocracia que se multiplica sin medir impacto ni retorno.

La paradoja es evidente: no hay un solo plan de desarrollo regional articulado, ni políticas activas que incluyan sectores productivos, turísticos o logísticos. Todo lo contrario: se desestimó un aeropuerto de cargas, cuya obra original contaba con financiamiento del BID con 52 millones de dolares y con un “falto de informacion ” de 18 millones de dólares, monto cuyo destino sigue sin esclarecerse.

Sin embargo, hace pocos días, el intendente celebró “los avances” ante pronta apertura del aeropuerto, aunque no existe plan de negocios, ni estudio de mercado que lo respalde. Solo trascendió un pintoresco atractivo: un “camino que une el aeropuerto con las vertientes de la Concordia”, como si eso bastara para atraer vuelos o inversiones.

En ciudades con mayor dinamismo turístico, basta con una simple dirección de turismo para mostrar resultados concretos. En Concordia, en cambio, se sostiene el oneroso EMCONTUR (Ente Mixto Concordiense de Turismo), una estructura que, más allá de que sus directores trabajan ad honorem, consume recursos públicos sin que se transparenten los costos reales de su funcionamiento, ni se expliciten logros.

Entre sus funciones, EMCONTUR debe planificar, administrar, promocionar y formular estrategias turísticas. Sin embargo, la ocupación hotelera no repunta, no hay inversiones visibles y la promoción parece quedar en la nada, más allá de festivales esporádicos o campañas de difusión sin planificación de fondo .

👉 Ver funciones de EMCONTUR
👉 Acceso a la ordenanza que lo crea

Frente a este panorama, la pregunta es inevitable: ¿se justifica semejante estructura si no se cumple con los objetivos ni se rinden cuentas del costo-beneficio?, cuando se presento un pomposo ” plan estrategico “ que bien a la fecha deberia mostrar resultados tangibles .

La crítica trasciende la coyuntura: la ciudad carece de instrumentos técnicos y datos reales para proyectar un modelo económico regional, con indicadores que permitan corregir errores y medir avances. Esa falta de planificación convierte a Concordia en un barco sin rumbo, a la deriva de decisiones improvisadas, burocracia ineficiente y gastos crecientes.

Quizás por todo esto, no resulta tan descabellado que desde algunos sectores se cuestione la dimensión del Estado. Porque cuando el aparato público se agranda sin rendir cuentas ni mostrar resultados, se vuelve una carga antes que una herramienta de transformación.

Fuente : Análisis Litoral

INVYTAM, una estructura costosa en la ciudad más pobre del país

Concordia, históricamente golpeada por los índices más altos de pobreza estructural en la Argentina, vuelve a ser noticia por las razones equivocadas. A pesar de haber sido señalada durante años como la ciudad más pobre del país, el presente no muestra signos de reversión. De hecho, los indicadores siguen en caída libre: más del 55% de la población se encuentra bajo la línea de pobreza según el último informe del INDEC, y más del 15% en situación de indigencia. En este contexto crítico, la falta de planificación y la proliferación de organismos ineficientes no sólo resulta escandalosa: es criminal.

Uno de los casos mas llamativos es el INVYTAM (Instituto de Vivienda y Tierras Autárquico Municipal), un ente creado durante la gestión anterior con el supuesto objetivo de abordar el déficit habitacional local. El problema: no ha construido una sola vivienda digna desde su creación. (solo tuvieron a cargo la supervision de la “construcción e instalación de 130 viviendas de emergencia con kit sanitario y kit eléctrico) .El “valor total de dicho proyecto” fue en septiembre 2024 de $812.819.834 (pesos ochocientos doce millones ochocientos diecinueve mil ochocientos treinta y cuatro).

Con un presupuesto aprobado para 2025 de $4.691 millones, este organismo consume casi el 5% del total municipal, en una ciudad donde las calles permanecen intransitables, las tasas municipales aumentan un 180%, y los comedores comunitarios están colapsados. A pesar de contar con un millonario presupuesto, sus “logros” se limitan a apenas 64 escrituras entregadas y un puñado de casillas precarias que ni siquiera cumplen estándares mínimos de habitabilidad. La ecuación es tan absurda como alarmante: el INVYTAM recauda apenas $31 millones al año, lo que significa que por cada peso que ingresa, gasta 151.

El intendente Francisco Azcue, que durante la campaña se cansó de repetir que Concordia era la ciudad más pobre del país, hoy no sólo no ha revertido esa realidad, sino que la ha consolidado. En lugar de cerrar estructuras innecesarias como el INVYTAM, ha ampliado su planta política. Lo que en sus comienzos era un organismo manejado por una sola persona, hoy cuenta con al menos seis funcionarios jerárquicos, entre ellos el polémico Danilo Rossi, traído desde Capital Federal, quien supervisa “a distancia” una gestión que no gestiona. Mientras tanto, se pagan más de $1.191 millones anuales en sueldos, sin rendiciones de cuentas claras desde 2024, con el agravante de que en el staff de conduccion de dicho organismo coexisten pra la conduccion siete funcionarios sin la idoneidad necesaria de incunbencias en aspectos sociales de arquitectura y urbanisticos.

Cabe destacar que la continuidad Giuliano Rossi se debe a acuerdos pre existentes dado que habria sido funcionario del ex intendente Enrique Cresto (hoy enemistado con el actual intendente) , Rossi habria “desarrollado supuestamente” un observatorio social, contratando a un antropologo Maximiliano Badaro, como director del proyecto de investigacion, quien esta radicado en la ciudad de Buenos Aires en representacion de la Universidad de San Martin, un trabajo innecesario cuando ya que se cuenta con informacion “duplicada” en el municipio, que posee una secretaria de desarrollo social, donde ya habria realizado dicho trabajo. Siendo por demas llamativo la renuncia de la contadora Diana Yañez “muy allegada” al presidente del INVYTAM.

La conducción del organismo es errática y desordenada. Renuncias constantes, como la reciente salida de su contadora, queantes mencionabamos , es asi que dejan entrever un descalabro administrativo preocupante. Se habla de maltrato laboral, nepotismo, escrituras irregulares, y adjudicaciones amañadas de viviendas, como el caso de una anciana de 82 años desalojada sin aviso de la casa que habitaba desde 1973, que fue adjudicada a la esposa de un empleado municipal.

Los daños que registran viviendas de barrio Agua Patito de Concordia, Los azulejos de los pisos han sido destruidos y las estructuras de madera, que componían las casas, han sido completamente dañadas. “Se están analizando las medidas a tomar”, indicaron -EN JULIO DE 2024- fuentes municipales de Concordia.

La falta de gestión no es un problema menor, sino estructural. El municipio carece de planes de desarrollo integral, no tiene una estrategia de urbanización sostenida, ni una política clara de articulación con Nación o Provincia para obtener fondos. Tampoco existe una base de datos confiable que permita dimensionar con precisión el déficit habitacional. La improvisación es regla, no excepción.

Otro fracaso de lo que hubiese podido ser el desarrollo de la industria de vivienda de madera de alta prestacion en la region ( industrializadas bajo estandares y normas internacionales con serias posibilidades de exportacion ) todo esta iniciativa fue enterrada por la gestion anterior, aportando a otro fracaso mas para una ciudad ” maldecida por politicos carentes de idoneidad en el manejo de la cosa publica.

El intendente Azcue, rodeado de un gabinete sin experiencia técnica ni visión de ciudad, parece más enfocado en mantener un discurso de “austeridad” que no se refleja en los hechos. Se multiplica el gasto en organismos improductivos mientras se ajusta a los sectores que más lo necesitan. A falta de gestión eficiente, se opta por el maquillaje: literal y político.

Concordia necesita con urgencia otra clase de liderazgo, capaz de priorizar la inversión real en infraestructura, en generar empleo formal y en revertir un modelo de asistencialismo sin salida. Sostener estructuras como el INVYTAM no solo resulta incongruente con la realidad social, sino que es una bofetada directa a la dignidad de los sectores más postergados.

Hoy el INVYTAM representa el símbolo de una ciudad sin rumbo: una caja sin resultados, una burocracia sin gestión, y una esperanza sin futuro. Concordia no necesita más organismos vacíos: necesita planificación, liderazgo y coraje para hacer lo que hay que hacer.

Mientras tanto, Concordia sigue pagando la fiesta. Y el intendente… bien gracias !!

Israel no juega a la guerra: La gana

Por Dani Lerer

Lo que estamos viendo no es una escalada. Es un cambio de era. Israel, ese país minúsculo en tamaño pero colosal en inteligencia, estrategia y moral de combate, está demoliendo décadas de fanatismo regional con precisión quirúrgica. Enfrente, el régimen iraní, una teocracia asesina que invierte más en exportar odio que en dar agua potable a sus ciudadanos, exhibe con brutal honestidad la esencia de su política exterior: atacar civiles, sembrar terror, esconderse detrás de mujeres y niños, y, cuando puede, financiar satélites terroristas para que hagan el trabajo sucio.

La diferencia entre uno y otro no es sólo táctica. Es moral. Israel no busca venganza ni gloria. Busca neutralizar amenazas. Donde Irán dispara misiles contra barrios residenciales, Israel ataca objetivos del programa nuclear iraní, depósitos de armas, centros de mando. Donde Irán celebra mártires, Israel celebra ingenieros, pilotos, comandos, espías.

El ataque de Israel es quirúrgico, letal y devastador. Una operación invisible que dejó a los ayatollahs paralizados. ¿Qué hizo Israel? Penetró los cielos iraníes sin ser detectado, golpeó bases militares y sitios estratégicos de su programa nuclear y regresó sin bajas, y así durante los últimos seis días. Repitiendo lo hecho con Hezbolláh, Israel despedazó a la cúpula militar y política iraní, dejó a su líder solo, aunque, a diferencia de Nasrallah, Khamenei aún no fue eliminado. No es un golpe teatral. Es una demostración de poder real. Un mensaje: los vemos, los alcanzamos, los vencemos.

¿Y Hezbolláh? El tigre de papel que prometía abrir un segundo frente. No sólo no entró al juego: fue arrancado del tablero. Israel lo castigó con inteligencia, fuego y tecnología. Destrozó su infraestructura en el sur del Líbano y desactivó, sin necesidad de fanfarria, sus amenazas mediáticas.

Mientras tanto, el “Eje de la Resistencia”, esa construcción narrativa con la que Irán, Siria, Hezbolláh, los hutíes y Hamás pretendían impresionar al mundo, se desmorona. Israel dejó de jugar ajedrez con las piezas que le ponían y empezó a golpear el tablero mismo. No entra a negociar bajo chantaje, no pide permiso a potencias cobardes, y no sacrifica su seguridad en nombre de diplomacias huecas.

Este conflicto no es una guerra más. Es una lección geopolítica. Israel, acorralado por hipócritas internacionales y progresistas con banderas de colores, decidió no victimizarse. Decidió golpear primero, mejor, y en silencio. Lo que estamos presenciando no es la desesperación de un país amenazado: es la supremacía de una nación que entendió que la supervivencia no se pide. Se ejerce.

Y mientras las capitales occidentales hacen malabares retóricos para no “provocar” al régimen iraní, Israel actúa con la determinación de quien ya no tiene nada que demostrar. Porque la legitimidad no la da un Consejo de Seguridad: la da la historia. Y la historia, en este capítulo, la está escribiendo el pueblo judío.

Con drones invisibles, inteligencia artificial, operativos secretos y una brújula moral clara, Israel no sólo está venciendo al régimen iraní. Está desnudando la mentira del “equilibrio” regional, demostrando que no hay simetría posible entre quien mata por religión y quien combate para sobrevivir.

Israel no juega a la guerra. La gana.
Y el mundo, si todavía le queda algo de dignidad, debería tomar nota.

Análisis Litoral

Guayana Esequiba: La vieja ambición que amenaza con encender Sudamérica

No, no es un error ortográfico. O quizás sí, si pensamos en cómo el apellido español Esquivel se transformó en Esequibo. Juan de Esquivel, un conquistador español que recorrió el Caribe desde el segundo viaje de Colón y que incluso llegó a conquistar Jamaica, terminó dándole su nombre a uno de los ríos más importantes del norte de Sudamérica. Hoy, el río Esequibo —de mil kilómetros, que nace en las montañas de Acarai y desemboca en el Atlántico— ha vuelto al centro del mapa, pero no por su geografía, sino por su geopolítica.

La cuenca del Esequibo ocupa casi todo el territorio de Guyana, país que alguna vez fue colonia británica. Desde 1966, Guyana es independiente. Venezuela, sin embargo, nunca dejó de reclamar como propio el territorio al oeste del río Esequibo, es decir, más del 60 % de Guyana. Esta disputa histórica, apoyada en el principio del uti possidetis iuris y en una serie de tratados coloniales, lleva más de un siglo. Pero en diciembre de 2023, el gobierno de Nicolás Maduro decidió reactivarla con un referéndum donde se le preguntó al pueblo si estaba de acuerdo en incorporar ese territorio como una nueva provincia venezolana: Guayana Esequiba, el estado número 24.

Lo hizo, según muchos analistas, no por convicción patriótica, sino por cálculo político. La economía colapsada, el aislamiento internacional, y su propio desgaste como figura lo empujaron a buscar una causa nacionalista con la que reconectar con la base chavista. A pesar de que no controla ni un centímetro de ese territorio, Maduro ya lo incorporó oficialmente a sus mapas y nombró autoridades “provisionales”. En pocas palabras, una anexión de facto.

La respuesta internacional y el fantasma del conflicto

Lo que siguió fue predecible pero inquietante. Guyana solicitó apoyo internacional inmediato. El Comando Sur de Estados Unidos realizó ejercicios conjuntos con el pequeño ejército guyanés, y la Cuarta Flota estadounidense comenzó a patrullar las aguas del Esequibo, dejando claro que no tolerará una invasión. Maduro respondió con movilización militar simbólica, pero peligrosa, generando tensiones en una región históricamente ajena a conflictos de esta escala.

El riesgo es altísimo. Venezuela no tiene capacidad económica ni logística para sostener una guerra, pero la desesperación del régimen puede llevarlo a una acción temeraria. Como ocurrió con Galtieri en 1982, el nacionalismo extremo puede ser la última carta de un dictador acorralado.

¿Y Donald Trump? ¿Qué haría ante esta provocación?

Con el regreso de Donald Trump al centro del poder político estadounidense tras las elecciones de noviembre de 2024, muchos se preguntan cómo respondería él ante esta crisis. La relación de Trump con América Latina ha sido ambigua: por un lado, retórica dura contra el socialismo (Maduro, Cuba, Nicaragua), y por otro, escasa voluntad de intervencionismo militar directo.

Sin embargo, el caso del Esequibo toca una fibra diferente: recursos energéticos, influencia china y orden hemisférico. El subsuelo del Esequibo es rico en petróleo, y empresas estadounidenses como ExxonMobil tienen intereses multimillonarios allí. Además, China ha mantenido lazos económicos con Guyana, lo que convierte el conflicto en una disputa indirecta entre superpotencias.

No sería extraño que Trump, fiel a su estilo de mostrar fuerza, impulse una respuesta enérgica, que puede ir desde más ejercicios militares en la zona hasta una amenaza directa de intervención si Venezuela cruza la línea roja. Ya en su primer mandato, Trump coqueteó con la idea de una acción militar contra Maduro, e incluso reconoció públicamente al gobierno de Juan Guaidó.

Hoy, su regreso podría significar un endurecimiento de la posición estadounidense, no tanto por amor a Guyana, sino por defensa del principio de inviolabilidad de las fronteras en el hemisferio occidental. Si Maduro invade, Trump —más pragmático que diplomático— podría ordenar un bloqueo naval, congelar activos o incluso respaldar operaciones clandestinas para debilitar al régimen.

Una jugada suicida

Lo cierto es que Maduro está mostrando al mundo su extrema debilidad. Como un jugador de ajedrez que empuja su rey al centro del tablero sin cobertura, parece dispuesto a caer en una trampa que él mismo se está tendiendo. La historia es conocida: cuando los regímenes pierden legitimidad, buscan enemigos externos. Pero lo que parece una jugada patriótica puede convertirse en una catástrofe militar y política para Venezuela.

Las lecciones de la historia son claras. La soberanía no se construye con discursos, ni con mapas alterados, ni con provocaciones armadas, y mucho menos bajo el mando de dictadores debilitados que buscan prolongar su poder en nombre de causas patrióticas que nunca defendieron realmente.

Mientras tanto, la región contiene el aliento. Y el mundo también.

ANALISIS LITORAL

Opinión | El 56% entendió… y el resto todavía busca wifi en la Rosada

La reciente elección en CABA, a pesar de la baja participación, dejó un dato que incomoda a más de uno: el 30,13% que logró Adorni no es solo un número, es una señal. Una señal de que el rumbo que propone Javier Milei sigue firme, y más importante aún, que el mensaje ya caló hondo en buena parte de la sociedad. Esa sociedad que representa al famoso 56% que en 2023 dijo “basta” y que hoy reafirma su respaldo.

Claro, algunos medios y opinadores profesionales corren a decir que “no fue tanto”, que “faltó gente”, que “la participación fue baja”. Pero ¿sabés qué? Incluso con apatía y feriado, la gente que quiere cambio sigue marcando el camino. Mientras tanto, el 47% peronista-kirchnerista hace malabares con la narrativa, tratando de obstruir cualquier política de transformación como si todavía gobernaran…

Y hay algo aún más interesante: entre mayo y junio de 2025 empezó el éxodo. No hacia Ezeiza —como nos tenía acostumbrados la frustración argentina— sino hacia las puertas de La Libertad Avanza. Políticos, gobernadores ,intendentes, empresarios, comunicadores, todos golpeando para entrar. Algunos por convicción, otros por desesperación, pero todos entendiendo que la “tabla rasa” que propuso Milei es real. Acá ya no se pide carnet de afiliación, sino voluntad de cambiar en serio.

Mientras tanto, los jóvenes —esos mismos que pensaban que su única salida era Portugal o Australia— empiezan a ver otra posibilidad: un crédito hipotecario, una línea de consumo sin tasas usurarias, o simplemente el aire que da no vivir endeudado hasta las orejas. Algo tan básico, pero tan negado por décadas.

Y no, esto no es magia. Es lo que pasa cuando dejás de negociar con mafias sindicales y de pactar con dinosaurios del poder. Milei no prometió un país de unicornios, prometió dinamita contra el sistema corrupto. Y eso está cumpliéndose.

El kirchnerismo lo sabe. Por eso chillan, gritan, judicializan, patean el tablero y repiten slogans como si fueran mantras de autoayuda. Saben que si esto funciona, no vuelven más. Y eso los aterra.

Estamos en un punto bisagra. Y esta vez, sin retorno. El argentino promedio —sí, ese que paga impuestos, labura, y quiere progresar sin pedirle permiso al Estado— ya entendió cómo nos estafaron durante años. Usaron el poder como un negocio familiar. Nos empobrecieron, nos mintieron, y encima nos culpaban.

Hoy, la esperanza no es una palabra linda para un spot de campaña. Es una decisión. Un voto. Una línea de crédito. Una puerta que se abre. El cambio no lo para nadie. Aunque algunos todavía quieran seguir jugando al siglo pasado.

por : Alejandro Monzón -Analisis Litoral.

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SALTO GRANDE. LA LUCHA SE RETOMA

Este 14 de Mayo se cumplieron 30 años de una histórica movilización al pie de la represa de Salto Grande para evitar la embestida privatizadora del gobierno nacional encabezado por el entonces presidente Menem y sus acólitos. La decisión se tomó en función de la labor militante de los Consejos Deliberantes de la región de Salto Grande. Previamente se había realizado un Plebiscito, institución esta habilitada por la reformada constitución del año 94, que arrojó como dato relevante el retroceso del gobierno nacional que evidentemente tenía todo preparado para ejecutar la operación que tenía como objetivo final en una verdadera orgía de privatizaciones del Estado, entregar por dos monedas a una de las represas que aportan un 8% al interconectado eléctrico del país y depositarla en las manos de los amigos del poder que en materia energética lo encarnaba el Secretario de energía Bastos de la nación.

Es decir, más o menos dormir con el enemigo. Evitar la privatización de Salto Grande cuando había un gobierno que lo había hecho con las llamadas “joyas de la abuela” (Ferrocarriles, Aerolíneas, YPF, entre otras tantas) no era fácil ni sencillo por cuanto había voraces intereses esperando hacer “pingues” negocios por “chauchas” y moneditas con empresas de los argentinos y en algunos casos sumamente estratégicos para un Estado moderno que en cualquier país del mundo ni siquiera cabría en el pensamiento del más enconado “liberaloide”. Los Consejos deliberantes de la región, Concordia, Federación, Monte Caseros y otras localidades fueron los encargados de la convocatoria y el HCD de nuestra ciudad de Concordia fue el encargado en una elección de medio término de llevar adelante el plebiscito por un SI o un NO a la privatización de Salto Grande. El resultado fue terminante con un 95% a favor del NO a la privatización pretendida por los amigos del poder y aunque no era “vinculante” sirvió para la iniciativa que culminó con una multitudinaria movilización al pie de la represa que, a mí entender, ayudó a evitar la privatización que parecía eminente.

Hoy, los tiempos de cambio nos llevan a sospechar que se avecinan tiempos parecidos a los ya vividos por la sociedad argentina, motivo por el cual y a iniciativa del SIATRASAG, gremio que nuclea los trabajadores de Salto Grande, se llevó a cabo anoche una charla homenaje con motivo de cumplirse 30 años de aquella gesta y la interacción entre los presentes en la Biblioteca Rivadavia de la “ciudad jardín” se sacó como conclusión que se debería estar atentos a los acontecimientos ya que el derrotero del gobierno nacional nos hace sospechar de la existencia de oscuras intenciones privatistas, una vez más.

Ante ello y con el aporte de varios ciudadanos presentes en el acto, además de alertar sobre esto llegaron a la conclusión que había que trasladar la historia a los más jóvenes, destaco que había varios estudiantes presente, para que junto a los mayores sean quienes “tomen la posta” para ponerse nuevamente de pie como en 1995 y eviten un nuevo intento de privatización de la “vaca lechera” de Salto Grande. La marcha de los acontecimientos, seguramente irá dando las coordenadas a seguir para evitar lo que por ahora es solamente una sospecha, pero que como dice el dicho popular “el que se quema con leche, ve una vaca y se espanta”.

Colaboracion : Juan Jose Cornu