¿Renovación o reciclaje? Cuando la memoria de los pueblos empieza a despertar

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Durante más de cuarenta años, Concordia y gran parte de Entre Ríos fueron conducidas por dirigentes que, bajo distintos nombres, sellos y consignas, construyeron una relación política basada más en la dependencia que en el desarrollo.

Generación tras generación, los vecinos vieron desfilar campañas cargadas de promesas, caminatas multitudinarias, actos partidarios y consignas épicas que prometían una sociedad más justa. “Hasta la victoria siempre”, “Juntos por el pueblo”, “La patria es el otro” y tantas otras frases que, con el tiempo, fueron perdiendo significado frente a una realidad que nunca terminó de cambiar para miles de familias.

Cada elección repetía el mismo ritual. Los candidatos recorrían los barrios, estrechaban manos, escuchaban reclamos y prometían soluciones. Algunos incluso apelaban a la necesidad más básica de los sectores vulnerables, intercambiando ayuda inmediata por respaldo electoral. Mientras tanto, muchos ciudadanos votaban con esperanza, convicción o simplemente creyendo que esta vez sería diferente.

Sin embargo, la verdadera victoria parecía estar reservada para otros.

Para esos dirigentes que, una vez alcanzado el poder, construyeron carreras políticas interminables, acumularon privilegios, ubicaron familiares y allegados en cargos estratégicos y aseguraron un futuro económico muy distinto al de aquellos vecinos que les habían confiado su voto.

Hoy muchos de esos protagonistas disfrutan de una vida cómoda, mientras Concordia continúa encabezando rankings que nadie quisiera liderar: pobreza, desempleo, informalidad laboral y falta de oportunidades para los jóvenes.

Pero algo parece estar cambiando.

Lentamente, una parte importante de la sociedad comenzó a abrir los ojos. La cultura de la dádiva pierde fuerza frente a una realidad que demuestra que el progreso genuino solo puede construirse mediante el estudio, el trabajo, el esfuerzo personal y la generación de oportunidades reales.

La pregunta es si ese despertar será definitivo o si volverán a sonar las viejas sirenas de la política tradicional ofreciendo soluciones mágicas para problemas que ellas mismas ayudaron a crear.

El pedido de “normalización” del PJ y una pregunta incómoda

En este contexto apareció un comunicado de la agrupación “Convicción Peronista”, vinculada al ex intendente y ex candidato a gobernador Adrián Bahl, solicitando la normalización del Partido Justicialista de Concordia.

El documento habla de devolverle la voz a la militancia, abrir las unidades básicas, promover elecciones internas y reconstruir la esperanza colectiva.

Sobre el papel, los conceptos resultan atractivos. Participación, democracia interna, militancia y organización territorial son pilares fundamentales de cualquier fuerza política que pretenda representar a la sociedad.

Sin embargo, la pregunta que muchos concordienses se hacen es inevitable:

¿Quiénes son los que hoy hablan de reconstrucción?

Porque gran parte de los dirigentes que impulsan estos discursos formaron parte de las estructuras políticas que gobernaron la ciudad, la provincia y el país durante décadas.

Si Concordia es hoy una de las ciudades más pobres de la Argentina, ¿quiénes deben asumir la responsabilidad política por esa realidad?

Si durante años existieron recursos, obras, organismos, programas sociales y estructuras estatales, ¿por qué no se logró romper el círculo de pobreza estructural que sigue castigando a miles de familias?

La renovación que no termina de convencer

El comunicado insiste en la necesidad de una “renovación”. Sin embargo, para una sociedad golpeada por años de frustraciones, la palabra renovación ya no alcanza.

Los vecinos no observan discursos; observan resultados.

Y cuando ven a los mismos nombres, los mismos apellidos, los mismos espacios y los mismos operadores políticos hablando de cambios profundos, la credibilidad comienza a erosionarse.

Porque la verdadera renovación no consiste en cambiar el eslogan ni el logo partidario.

La verdadera renovación implica autocrítica.

Implica reconocer errores.

Implica explicar por qué una ciudad que recibió millonarias inversiones públicas terminó convertida en símbolo de pobreza.

Implica asumir responsabilidades antes de volver a pedir confianza.

Lo que no se dice

Mientras el comunicado enumera pavimento, centros infantiles, redes de agua y obras públicas, evita abordar el problema central:

Concordia sigue siendo una de las ciudades con mayores índices de pobreza del país.

Esa es la discusión que la política todavía no logra dar.

Porque las obras son importantes, pero una sociedad se mide por las oportunidades que genera para sus habitantes.

Y después de décadas de hegemonía política, los resultados sociales están a la vista.

El desafío de la nueva etapa

La administración actual de Francisco Azcué enfrenta enormes dificultades y una situación económica compleja heredada de años de desorden estructural. Sus resultados también serán evaluados por la ciudadanía.

Pero una cosa parece haber cambiado respecto de otras épocas: la sociedad ya no acepta relatos con la misma facilidad.

La gente pregunta.

Compara.

Investiga.

Y cada vez más ciudadanos entienden que ningún dirigente político puede transformarse en propietario eterno de la esperanza popular.

La reconstrucción de Concordia será posible cuando la política deje de mirar las próximas elecciones y empiece a pensar en las próximas generaciones.

Hasta entonces, cualquier convocatoria a la unidad o a la reconstrucción correrá el riesgo de parecer apenas otro capítulo de una historia que los concordienses conocen demasiado bien.

Y quizás por eso, hoy el problema del peronismo no sea la falta de normalización partidaria.

El verdadero problema es que una parte importante de la sociedad ya no cree en quienes durante décadas le prometieron un futuro mejor y terminaron administrando su frustración.