Mientras comienzan a circular los primeros borradores de acuerdos para las elecciones de 2027, crece el malestar entre militantes y dirigentes de base que reclaman participación, renovación y elecciones internas. El rechazo no apunta solamente a los nombres, sino al mecanismo de decisión.
El peronismo entrerriano volvió a poner en marcha su maquinaria electoral. A casi un año de las elecciones de 2027, comenzaron a trascender los primeros acuerdos entre los principales sectores del partido con un objetivo claro: evitar una interna y construir listas de unidad.
Sin embargo, lejos de generar entusiasmo, estas negociaciones vuelven a despertar una vieja queja dentro de la militancia: la sensación de que las candidaturas se siguen resolviendo entre pocos dirigentes, lejos de las bases y sin debate político.
En Concordia, el esquema que circula con mayor fuerza ubica a Ángel Giano como candidato a intendente, acompañado por Leticia Ponzinibbio como candidata a viceintendenta. A ello se sumaría Armando Gay encabezando la lista de concejales y Gustavo Bordet como candidato a senador provincial.
Mientras tanto, para la gobernación aparecen nuevamente los nombres de Rosario Romero, Enrique Cresto y Guillermo Michel, todos referentes con amplia trayectoria dentro del justicialismo.
El reclamo no es sólo por los nombres
En distintos sectores del PJ entrerriano comienza a repetirse una pregunta incómoda:
¿Dónde quedó la renovación que se prometió después de las derrotas electorales?
Muchos militantes sostienen que, luego de perder el gobierno provincial y numerosas intendencias, el partido debía iniciar una profunda autocrítica. Sin embargo, observan que los primeros movimientos parecen conducir otra vez hacia un esquema donde los mismos dirigentes negocian entre sí el reparto de candidaturas.
La crítica apunta especialmente a la falta de participación de la militancia, de los jóvenes, de los referentes barriales y de quienes sostuvieron al partido durante los años más difíciles.
El fantasma de las listas de unidad
Aunque desde la conducción partidaria las listas de unidad suelen justificarse como un mecanismo para evitar fracturas internas y reducir costos de campaña, muchos afiliados consideran que, en la práctica, terminan reemplazando el voto de los peronistas por acuerdos de cúpula.
Las internas abiertas históricamente fueron una herramienta para legitimar liderazgos. Su ausencia genera, según numerosos dirigentes territoriales, una creciente desmovilización y un alejamiento de la militancia.
La sospecha que recorre las bases
En conversaciones políticas y redes sociales también aparece otra lectura, mucho más crítica y difícil de ignorar.
Hay quienes interpretan que algunas candidaturas no responderían únicamente a una estrategia electoral, sino también a la necesidad de conservar espacios de poder e inmunidad política frente a investigaciones judiciales presentes o futuras.
Esa percepción, instalada entre parte de la militancia, alimenta expresiones cargadas de enojo como:
“Otra vez a dedo.”
“Siempre los mismos.”
“¿Buscan representar al peronismo o conservar fueros?”
Es importante señalar que estas expresiones reflejan opiniones y cuestionamientos que circulan dentro de sectores del peronismo y no constituyen afirmaciones sobre situaciones judiciales concretas de los dirigentes mencionados.
Mientras tanto, el escenario cambia
La preocupación aumenta porque el escenario político de 2027 será muy distinto al de elecciones anteriores.
El gobernador Rogelio Frigerio trabaja para consolidar un frente con La Libertad Avanza, conformando un espacio competitivo que podría polarizar la elección provincial.
Frente a ese panorama, numerosos dirigentes de base advierten que insistir con las mismas figuras y con decisiones tomadas desde arriba podría profundizar el desgaste del justicialismo, especialmente entre los votantes independientes.
Lo que no se dice
El verdadero debate quizá no sea si Giano, Bordet, Cresto, Romero o Michel tienen condiciones para competir.
La discusión de fondo parece ser otra.
Después de la derrota de 2023, muchos esperaban un partido más abierto, con internas, renovación y participación de nuevos dirigentes.
Si finalmente las candidaturas vuelven a surgir de acuerdos reservados entre los principales referentes, el mensaje hacia la militancia podría ser el mismo de siempre: las decisiones continúan tomándose desde arriba.
Y cuando la militancia siente que su voz ya no influye, el riesgo no es solamente perder una elección: también puede perderse la confianza de quienes sostienen al partido en cada barrio, en cada unidad básica y en cada campaña electoral.




