El gobernador bonaerense fue interpelado por la periodista Silvina Sterin Pensel después de su exposición en la Universidad de Columbia. La pregunta apuntó directamente a su posición sobre Gaza y a las críticas que recibe por su supuesta falta de contundencia. Kicillof decidió no responder. La escena quedó registrada y abrió un interrogante incómodo para quien pretende proyectarse hacia 2027: ¿qué ocurre cuando el candidato sale del discurso preparado y debe responder una pregunta que no estaba en el guion?
La escena duró apenas unos minutos, pero políticamente puede tener una vida bastante más larga.
Después de participar de una conferencia en la Universidad de Columbia, donde habló sobre las transformaciones económicas y geopolíticas y sobre el papel que podría desempeñar la Argentina en el nuevo escenario internacional, Axel Kicillof fue abordado por la periodista Silvina Sterin Pensel.
La pregunta fue concreta. Sterin Pensel le planteó el debate sobre Gaza y le recordó que existe una crítica hacia Kicillof por considerar que mantiene una posición demasiado prudente frente al conflicto. También vinculó esa discusión con la derrota electoral de Kamala Harris y con las críticas que recibió la entonces candidata demócrata por su posición frente a Gaza.
“Se dice que sos tibio con respecto a eso y quería preguntártelo directamente”, le planteó la periodista.
Kicillof intentó cerrar el intercambio. “Esperame. Eso ya lo contesté ayer”, respondió según los registros difundidos sobre el episodio. Cuando la periodista insistió, el gobernador evitó dar una definición concreta.
La escena no terminó allí. La periodista continuó preguntando y Kicillof le habría recriminado la situación. Luego intervino la ministra de Comunicación Pública bonaerense, Jésica Rey, quien explicó que el gobernador no quería responder sobre ese tema.
Y ahí aparece la parte políticamente interesante.
Porque el episodio no puede analizarse simplemente como si Kicillof jamás hubiera hablado sobre Gaza. Dos días antes, durante un acto del Movimiento Derecho al Futuro, había afirmado que, si llegara a la Presidencia, “no apoyaría ni genocidios ni invasiones”.
Por eso, el problema no es solamente qué piensa Kicillof sobre Gaza. El problema que deja la escena de Columbia es otro: ¿por qué, cuando tuvo la posibilidad de explicar públicamente su posición frente a una pregunta directa, eligió no hacerlo?
Ahí aparece la verdadera “preautopsia”.
No es una autopsia electoral porque todavía no existe una elección presidencial de 2027 que analizar. Es, en todo caso, una pequeña radiografía anticipada de lo que puede ocurrir cuando una figura política que busca instalarse en el escenario nacional abandona por unos minutos el discurso institucional y queda frente a una pregunta incómoda.
Kicillof viajó a Estados Unidos para mostrar una imagen presidencial: reuniones internacionales, vínculos políticos, encuentros con dirigentes extranjeros y una exposición en una de las universidades más importantes del mundo. La propia Provincia presentó la visita como parte de una agenda destinada a consolidar alianzas y posicionar a Buenos Aires en el escenario internacional.
Pero las cámaras terminaron registrando otra cosa.
Una pregunta que no estaba necesariamente prevista.
Una respuesta que no llegó.
Y una funcionaria de su entorno explicando que el gobernador simplemente no quería contestar.
Para cualquier dirigente que aspire a disputar la Presidencia, la situación merece atención. No porque un político esté obligado a responder absolutamente todo, sino porque las preguntas difíciles forman parte inevitable de la política nacional. Y cuanto mayor es la pretensión de liderazgo, menor suele ser el margen para elegir solamente las preguntas cómodas.
El contraste resulta todavía más llamativo porque Kicillof había dedicado buena parte de su exposición en Columbia a hablar precisamente del escenario geopolítico internacional. Según la Universidad de Columbia y la propia Provincia, la conferencia abordó las transformaciones políticas y económicas globales, las tensiones geopolíticas y el papel de América Latina.
Entonces aparece la pregunta que queda flotando después del video: si Gaza forma parte de las grandes discusiones geopolíticas del mundo, ¿por qué una pregunta concreta sobre ese conflicto terminó siendo una pregunta que el gobernador prefirió no responder?
La respuesta política, por ahora, la tiene Kicillof.
También la tiene su espacio.
Y particularmente el Movimiento Derecho al Futuro, que intenta convertir al gobernador bonaerense en una figura con proyección nacional.
Porque una cosa es hablar ante un auditorio sobre el nuevo orden mundial.
Otra muy diferente es salir del escenario, encontrarse con una periodista que insiste y explicar, sin intermediarios, cuál es la posición propia.
Ese momento quedó registrado.
Y quizás por eso incomoda más que cualquier discurso.
No hace falta anticipar una elección ni construir una conclusión definitiva sobre Kicillof. Alcanza con observar la escena.
Un gobernador que habla de geopolítica en Columbia fue interrogado sobre uno de los conflictos internacionales más sensibles del momento y decidió no responder directamente.
Esa es la noticia.
Todo lo demás —la lectura política, el impacto que pueda tener y lo que revela sobre su preparación para un escenario presidencial— queda abierto al debate.
Y quizás ese sea el dato más interesante de todos: cuando la pregunta dejó de estar preparada, la respuesta también desapareció.
Redaccion Análisis Litoral





