Hay políticos que cambian de partido. Y hay políticos que parecen cambiar de partido sin cambiar de lugar: siempre cerca del poder.
Sergio Massa construyó una trayectoria difícil de encasillar. Pasó por la UCeDé, el menemismo, el kirchnerismo, creó su propio espacio, enfrentó al kirchnerismo y finalmente volvió a ocupar un lugar central dentro del peronismo.
Para sus defensores, eso se llama pragmatismo. Para sus detractores, oportunismo.
Pero la discusión sobre Massa no termina en sus cambios de camiseta. Su nombre también quedó asociado durante años a cuestionamientos sobre su patrimonio, sus vínculos políticos y empresariales y las redes de poder que, según sus críticos, supo construir.
Y ahí aparece una pregunta que excede a Massa.
¿Cuánto pesa tener ideas políticas y cuánto pesa saber leer hacia dónde sopla el viento?
Porque en una Argentina donde muchos dirigentes desaparecen cuando pierden poder, Massa parece haber desarrollado una habilidad particular: sobrevivir a casi todos los cambios de época.
Tal vez esa sea su mayor virtud.
O quizás sea, precisamente, el problema.
¿Massa es un estratega que entendió mejor que nadie cómo funciona la política argentina o simplemente uno de sus mejores sobrevivientes?
La respuesta, probablemente, dependa de quién la conteste.
Redacción : Análisis Litoral
