Imagen de Milei en Entre Ríos es hoy uno de los ejes del debate político, a poco más de 45 días de que el clima social empiece a girar —inevitablemente— alrededor de la participación de la Selección Argentina de fútbol en el Mundial. Mientras la agenda pública se encamina hacia el fútbol, la política argentina vuelve a hacer lo que mejor sabe: exagerarse a sí misma, instalar climas de crisis permanente y amplificar diagnósticos que buscan más condicionar que describir la realidad.
En ese marco aparece un nuevo informe que advierte sobre una supuesta caída sostenida en la imagen de Javier Milei en Entre Ríos. El dato: la imagen positiva y negativa se estarían emparejando en torno al 50%.
Ahora bien, conviene detenerse un segundo.
¿Caída… o normalización?
Después de dos años y medio de gestión en un contexto económico complejo —por no decir explosivo—, sostener niveles cercanos al 50% de imagen positiva no parece un derrumbe. Más bien, podría interpretarse como un proceso de estabilización tras el pico de expectativas iniciales. Porque ahí está el verdadero punto: el gobierno de Milei nunca fue un gobierno “clásico”. No nació de estructuras tradicionales, no se apoya en gobernadores propios y tampoco cuenta con la red territorial que históricamente sostuvo al poder en Argentina. Por eso, medirlo con la misma vara que a los gobiernos anteriores es, cuanto menos, discutible.
El argumento económico: entre la realidad y la narrativa
El consultor señala que el principal factor del desgaste es la economía. Y ahí aparece una mezcla interesante de verdad parcial y generalización apresurada. Es cierto: la clase media viene sintiendo el impacto. El uso intensivo de la tarjeta, la dificultad para llegar a fin de mes, el ajuste en el consumo. Todo eso existe. Pero trasladar automáticamente ese malestar a un clima generalizado de crisis social es otra cosa.
Si ese diagnóstico fuera completamente lineal, ciudades como Concordia —históricamente golpeadas por la pobreza estructural— deberían estar hoy en un estado de conflictividad extrema. Y eso, en la práctica, no está ocurriendo. Entonces, ¿hay malestar? Sí. ¿Hay ruptura social? No necesariamente.
Los jóvenes y la subestimación permanente
Otro de los puntos que se repite es la supuesta pérdida de apoyo entre los jóvenes. Sin embargo, hay un dato que suele omitirse: fue justamente ese segmento el que permitió el triunfo de Milei. Y hasta ahora, no hay evidencia contundente de un giro masivo. Más bien, lo que aparece es algo distinto: una generación que consume información de otra manera, que detecta con mayor rapidez las operaciones mediáticas y que no responde automáticamente a los discursos tradicionales. Subestimarlos puede ser, otra vez, un error de lectura.
Frigerio, Milei y la lógica del poder real
El informe también marca una supuesta desconexión entre el presidente y el gobernador Rogelio Frigerio. Y probablemente no sea tan cierto… pero no por las razones que se sugieren en el diagnostico del consultor . La política real no siempre pasa por la percepción pública, sino por la necesidad. Y en ese plano, cualquier proyección futura en Entre Ríos —reelección, alianzas o supervivencia política— inevitablemente va a requerir algún grado de articulación con la Nación. No es ideología: es pragmatismo.
Lo que no se dice
Hay un dato que sobrevuela todo el análisis y que rara vez se explicita: la debilidad de la oposición. Porque, como bien se reconoce al final del propio informe, nadie logra capitalizar el supuesto desgaste del gobierno. Y ahí aparece la otra cara del fenómeno: más que una caída estrepitosa del oficialismo, lo que existe es una oposición que todavía no logra reconstruirse, ordenar liderazgo ni ofrecer una alternativa clara. Mientras tanto, la estrategia parece ser una sola: bombardear desde todos los flancos.
Entre el Mundial y la política
En pocas semanas, gran parte de esta discusión quedará —al menos parcialmente— desplazada por el Mundial. La agenda se va a correr, el humor social va a mutar y muchas de las tensiones actuales van a quedar en segundo plano. No es la primera vez que pasa. Y probablemente no sea la última.
La pregunta es otra:
cuando pase la espuma —la del fútbol y la de las encuestas—, ¿qué va a quedar realmente en pie?
¿Un gobierno debilitado… o una dirigencia que todavía no logra entender el cambio de época?
Por Alejandro Monzon
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