Concordia vuelve a inundarse: la pregunta que nadie quiere responder después de más de veinte años de sucecivos gobiernos

Otra vez el río Uruguay amenaza con desbordar, otra vez cientos de familias preparan sus pertenencias para abandonar sus hogares y otra vez Concordia se enfrenta a una tragedia que, lejos de ser imprevisible, forma parte de una historia repetida hasta el cansancio. Lo verdaderamente preocupante no es únicamente la magnitud de la creciente, sino que la ciudad parece volver a enfrentarla prácticamente en las mismas condiciones de siempre. La pregunta política es inevitable y merece una respuesta clara: ¿qué hicieron durante más de veinte años de gobierno para que esta situación dejara de repetirse?

No estamos frente a un fenómeno desconocido. Las grandes inundaciones forman parte de la historia de Concordia desde hace décadas. Justamente por eso resulta difícil comprender cómo, después de tantos años administrando la ciudad, aún existen barrios enteros expuestos, familias que vuelven a perder todo y una infraestructura que sigue demostrando enormes limitaciones para enfrentar una emergencia que ya no puede calificarse como inesperada.

La realidad adquiere una dimensión todavía más dramática si se observa el contexto social. Concordia fue ubicada en reiteradas oportunidades por el INDEC entre las ciudades con mayor pobreza de la Argentina, llegando incluso a ocupar el primer lugar del país en distintos informes. Esa realidad convierte cada inundación en un golpe mucho más duro para miles de vecinos que ya viven en condiciones de extrema vulnerabilidad. Cuando pobreza estructural e inundaciones permanentes se combinan, el resultado deja de ser solamente una emergencia climática para transformarse también en el reflejo de décadas de ausencia de políticas públicas capaces de modificar el escenario de fondo.

Mientras el agua continúa avanzando, vuelven a aparecer los mismos interrogantes de siempre. ¿Existe un plan integral de evacuación conocido por toda la comunidad? ¿Cuáles serán los centros habilitados? ¿Quién coordina cada operativo? ¿Qué recursos humanos estarán disponibles? ¿Qué dispositivos sanitarios y sociales se pondrán en marcha una vez que el agua retroceda? Hasta ahora las respuestas públicas siguen siendo insuficientes y la sensación predominante vuelve a ser la improvisación.

La situación genera aún más preocupación cuando se observa que distintas áreas operativas del municipio fueron reducidas durante los últimos meses. En una ciudad que convive históricamente con inundaciones, los equipos de limpieza, mantenimiento, higiene urbana y asistencia territorial no constituyen un gasto accesorio, sino una parte esencial del sistema de respuesta frente a una emergencia. Resulta razonable preguntarse si esas decisiones fortalecen o debilitan la capacidad de reacción del Estado municipal.

Pero el verdadero debate excede a una gestión puntual. Durante aproximadamente dos décadas Concordia estuvo gobernada por dirigentes pertenecientes al mismo espacio político. Esa continuidad también implica responsabilidades políticas acumuladas. Por eso corresponde formular preguntas que aún esperan respuestas: ¿cuántas familias fueron relocalizadas definitivamente?, ¿qué obras estructurales se ejecutaron para reducir el impacto de futuras crecientes?, ¿qué planificación urbana impidió nuevas ocupaciones en zonas inundables?, ¿qué proyecto productivo permitió disminuir la pobreza que hace todavía más vulnerables a miles de concordienses?

Nadie puede responsabilizar a un gobierno por las lluvias que caen en la cuenca del río Uruguay. Lo que sí corresponde evaluar es si, después de tantos años de administración, la ciudad está mejor preparada para enfrentar una situación que se repite periódicamente. Esa es la verdadera discusión política.

También corresponde señalar que las responsabilidades no terminan en el municipio. La Provincia debe explicar qué obras estratégicas priorizó para una de las ciudades con mayores problemas sociales de Entre Ríos, mientras que el Gobierno nacional tampoco puede permanecer ajeno cuando una emergencia hídrica afecta a miles de argentinos. Las catástrofes naturales requieren coordinación entre los distintos niveles del Estado, planificación permanente y decisiones de largo plazo, no solamente respuestas cuando el agua ya ingresó a los barrios.

Concordia necesita mucho más que operativos de emergencia. Necesita un proyecto de ciudad que piense los próximos treinta años, que combine desarrollo económico, infraestructura, planificación urbana y políticas sociales capaces de romper el círculo vicioso entre pobreza e inundaciones. Porque si después de más de veinte años las mismas familias vuelven a inundarse en los mismos barrios, la pregunta ya no apunta solamente al comportamiento del río. La pregunta apunta directamente a la política.

Y esa pregunta sigue esperando una respuesta que hasta hoy nadie ha querido dar: ¿qué hicieron durante más de veinte años para que Concordia dejara de vivir, una y otra vez, la misma tragedia?