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El Club del Helicóptero: Plan C

Al notable ritmo de un plan golpista por año, el Club del Helicóptero estrena en estos días su tercera conspiración. El Plan A, la “Operación Gobierno Ilegítimo”, anunciado cuando Cristina se negó a entregar el bastón y explotada en un marzo de fuego con la Capital cooptada por piquetes, la marcha de la CGT que terminó a los bastonazos y el Helicóptero de cartón que desfiló aplaudido por los organismos supuestamente defensores de la democracia y los derechos humanos, naufragó cuando el primero de abril de 2017 cientos de miles de ciudadanos salimos a apoyar no al Gobierno de Cambiemos, sino a la democracia.

El Plan B, la “Operación Gordo Bazooka”, tuvo lugar a fines de 2017. La excusa fue una reforma previsional que evitó el default del Estado al mismo tiempo que mantuvo las edades jubilatorias y protegió las jubilaciones actualizándolas según la inflación. Fueron 15 las toneladas de piedras que las huestes trosco-kirchneristas arrojaron entonces a la cabeza de los policías en su intento de entrar a lincharnos al recinto de Diputados, mientras los honorables representantes del trosco-kirchnerismo, unidos a los del peronismo reciclador, intentaban hacer caer una sesión regular con 11 pedidos que fueron rechazados por ínfima mayoría. Tampoco funcionó.

Ahora estamos viendo el Plan C, que consiste en promover por todos los medios la repetición de uno de los peores momentos vividos por este país. La “Operación 2001”, que así se llama, es un movimiento de pinzas desarrollado en dos frentes: el político (la “Operación Que-se-vayan-todos bis”) y el frente económico (la “Operación cepo y default”). Miles de operadores políticos y mediáticos trabajan sin descanso en ambas, tratando de hacernos creer que existen las condiciones para otra debacle que le permita al populismo hacerse con el poder por otros 15 años, como cuando el populismo desorganizado de los cacerolazos, las marchas y las asambleas populares de 2001 le abrió el camino al populismo organizado por la vasta oligarquía escondida detrás de los retratos de Evita y el general Perón.

La Operación 2001, o Plan C del Club del Helicóptero, es burda y evidente, pero su defecto crucial es que no tiene posibilidades de concreción. En primer lugar, por más que se esfuercen por instalar la idea de que los políticos son todos iguales, de que no hay esperanza de salir del pantano de la corrupción y de que todos los gobiernos chorean, la mayor parte de los argentinos les sacó la ficha y ve la realidad. De aquel lado, la mafia que saqueó sistemáticamente el país por 12 años mientras se aseguraba la impunidad agarrando del cogote a los jueces. De este lado, el Gobierno de Cambiemos que dejó las manos libres a la Justicia, sancionó la ley del arrepentido que destapó la olla y se somete a la Justicia cada vez que uno de sus funcionarios es acusado. De un lado, quienes gobernaron desde 2007 la Capital, y del otro, los que desde 2007 gobernaron el país, con consecuencias inocultables que exceden el escándalo de la corrupción. De este lado, los que votaron una ley de extinción de dominio que permitiera recuperar lo robado y, del otro, la bancada del peronismo de Miguel Ángel Pichetto y el Frente para la Gloria que la cajonearon dos años y ahora la transformaron en un proyecto ridículo e impotente. De aquí, los que desaforamos a Julio de Vido y quisiéramos hacer lo mismo con Cristina y Menem. De allá, los senadores peronistas que los protegen temiendo que mañana les toque a ellos.

El contraste entre las miles de personas que se movilizaron el 21A y las minúsculas demostraciones de apoyo a Cristina en la puerta de su departamento dejan al descubierto el tradicional “error” de evaluación de las consultoras que patean siempre para el mismo lado, el del Mal. La gente puede estar más o menos de acuerdo con este gobierno, pero sabe distinguir un gobierno de una mafia, y las imágenes obscenas del saqueo del peronismo kirchnerista de estos años la ayudan a ver lo que por años, mientras duraban la soja por las nubes y las tasas del dólar por el piso, nadie quería ver. Los que suponen que el escándalo desatado por los cuadernos no tendrá repercusiones electorales son los mismos que le aconsejaron a Cristina que pusiera a Aníbal de candidato en 2015. “Total, con Vidal gana lo mismo”, le deben haber dicho. Así les fue.

De manera que no parece estar desarrollándose otro “Que se vayan todos” sino más bien una exigencia mucho más madura y racional de que se acaben los privilegios de casta de los políticos y de los empresarios; que es exactamente lo que está comenzando a suceder hoy. De allí a que el Gobierno capitalice el logro de haber apostado por la República hay un gran trecho, desde luego. Pero nadie puede ocultar que están pasando cosas que hasta ayer les parecía imposibles a los escépticos de siempre: funcionarios de primerísimo nivel, incluido un ex jefe del Ejército y un vicepresidente de la Nación, pasan sus días en la cárcel a la espera de sus condenas definitivas, y empresarios que se creían intocables desfilan por los tribunales de Comodoro Py. Sería bueno que las penas fueran más altas, claro. Falta la jefa de la banda, sí. No se puede confiar del todo en los actuales jueces, tampoco. Nada es perfecto, desde luego. Pero no ver el paso enorme que está dando el país es de ciegos, y es un insulto clasista y discriminatorio sostener que la gente es incapaz de comprender las consecuencias económicas de que la obra pública cueste hoy 40% menos que en 2015. A quienes así piensen, así les va a ir.

La otra pinza de la Operación 2001 es la económica, la “Operación cepo y default”. La encabeza el frente perionístico que, cuando se batían récords de venta de autos, motos y propiedades y de ocupación hotelera, decían que la situación era mala, y ahora que es mala apuestan al colapso, al cepo y al default. Sería gracioso si no fuera porque son los mismos que en 2015 reivindicaban el cepo y el default como herramientas fundamentales para pelear contra los fondos buitres del imperialismo. Y sería más creíble, además, si cuando pronostican que se viene el fin del mundo, lo hicieran simulando cara de preocupación y no con las sonrisas y la voz de entusiasmo que exhiben hoy.

Pero la pregunta es simple: ¿hay posibilidades de default? Y la respuesta es no. No hay posibilidades de default porque el Gobierno está cumpliendo con las metas fiscales planeadas, mientras que en 2001 sucedió lo contrario, porque no hay cambio fijo como en 2001 y, por lo tanto, la situación puede empeorar pero no provocar un crack, porque no hay depósitos en pesos contra dólares, porque lo que resta conseguir en el mercado (menos de 10 mil millones de dólares) hasta terminar el mandato es poco y porque el respaldo internacional que tiene este Gobierno es enorme. Por otra parte, los datos económicos son malos, pero ni de lejos tienen la gravedad que se pretende. Tomemos los peores: baja de la actividad del 6,7% interanual en junio, inflación proyectada de 34% para 2018, y aumento de la pobreza y el desempleo para lo que falta del año. Vamos de a uno.

De los 16 sectores económicos, hay cinco en verde (crecimiento), cuatro en amarillo (variaciones menores al 1%) y siete en rojo. Si el total da -6,7%, es porque uno de ellos, el agropecuario, pierde 31% contra 2017 por culpa de factores exclusivamente climáticos, ya que la siembra había sido récord pero la sequía seguida de diluvios la arruinó. Esa baja explica el 3,59% del descenso total, que queda así reducido a 3,1% interanual, una cifra mala pero mucho menor a las que pasamos varias veces durante el kirchnerismo sin que el perionismo gritara histéricamente y los liberalotes compitieran para darles material. Por ejemplo, en 2008-2009, el PBI perdió 4,5%, 9,7%, 11,6% y 6,2% en cuatro trimestres consecutivos sin que ningún perionista se desmayara en cámara, contra el -1,3% mayo-junio que los hace espantarse hoy. Y en 2009 sufrimos una baja del PBI de 5,9% interanual, contra el -1% que los peores pronósticos anticipan hoy.

¿Es un buen resultado el -1% del PBI previsto para 2018? No, especialmente porque se esperaba revertir el serrucho que desde 2010 hace que Argentina crezca en los años eleccionarios y entre en recesión los años pares; pero es el mejor resultado en un año par desde 2010. ¿Son buenos los datos, por lo tanto? No, pero hay una enorme diferencia entre un semestre recesivo y la crisis terminal que describen los perionistas. ¿Cometió errores el equipo económico? Sí, pero lo determinante ha sido el combo terrible compuesto por la peor sequía en cincuenta años, la suba del petróleo, la baja de las commodities y la suba de tasas de la FED. Calamidades agravadas recientemente por la corrida al dólar generada por la guerra comercial Estados Unidos-China, los tuits de Donald Trump contra Turquía, la devaluación del real y el parate de la obra pública causada por los cuadernos Gloria de la mafia K.

En cuanto a la inflación, lo mismo: el dato del 34% es muy malo y refleja un fracaso innegable de los planes del Gobierno. Aún así, 34% es un valor mejor que el de los años pares anteriores, 2014 y 2016, que rondaron el cuarenta por ciento. Aún así, la inflación combinada de dos años consecutivos (2017-2018), que incluye uno par y uno impar, sería la menor desde 2012-2013. Además, con tarifas que tienden gradualmente a la normalidad y sin cepo ni default ni otro tipo de doping financiero. Otra vez: ¿es un buen resultado? No, pero tampoco se ve por qué quienes callaron durante años, mientras la Reina Cleopatra ni pronunciaba la palabra “inflación” en sus discursos, lucen escandalizados hoy.

Finalmente, las variables sociales que tanto preocupan a los que se robaron todo y sus encubridores, que hoy se presentan al público convertidos en San Franciscos de Asís bajados de un plato volador. Y bien, según el Observatorio de la UCA, institución insospechable de macrismo, desde el 24,7% de 2011, la pobreza bajo el Gobierno de Cristina registró un aumento promedio de un punto porcentual anual hasta llegar al 29% en 2015. Coincidentemente, según el informe del CEDLAS (Universidad Nacional de La Plata) y el Conicet, pasó del 27,7% del primer semestre de 2012 al 30,5% del primero de 2015, atravesando un pico de 32,7% en el segundo semestre de 2014. La sola continuidad de esa tendencia (un punto porcentual más por año) debería haberla llevado a alrededor de 33% en 2018. La última medición del Indec recuperado para la civilización midió 25,7% para el segundo trimestre de 2017, con una disminución de seis puntos y medio respecto del 32,2% de un año y medio atrás. Resumiendo, el pico de pobreza causado por la salida del cepo y el default en 2016 no superó el de 2014, la tendencia ha sido desde entonces declinante y el descenso de 6,5 puntos en un año y medio fue un logro espectacular.

Y, sin embargo, en casi ningún medio se oyó una palabra de elogio. Mucho alagentenolealcanza y hayquieneslaestánpasandomal. Si eso pasó entonces, imaginemos ahora, cuando se espera un crecimiento del índice debido al shock devaluatorio. Aunque difícilmente se supere el valor dejado por Cristina después de 12 años de abundancia de soja y dólares, el perionismo augura un colapso social. ¿Será por la desocupación? Si se exceptúan los datos truchos del Indec de Guillermo Moreno, el 9,1% de desocupación y el 42,4% de tasa de empleo obtenidos en el primer trimestre de 2018 son los mejores datos de ocupación desde 1992. Que la situación siga siendo mala y que empeore en los próximos meses nos preocupa y ocupa a todos; pero las lágrimas de cocodrilo y las incitaciones a terminar con el gobierno de los ricos siguen siendo lo que son: operaciones comandadas y financiadas por los que ven cada día más cerca los barrotes de la prisión.

Es el Plan C del Club del Helicóptero, cuyos deseos imaginarios pretenden olvidar lo obvio: ni hay ni habrá una situación similar al 2001, con más del 38% de pobreza, ni los saqueos del 2001 obedecieron al hambre, que puede crear el ambiente social propicio favorable, pero no actúa por sí sola (en efecto, a fines de 2002 la pobreza había subido el 58%, pero como gobernaba el peronismo bonaerense no hubo saqueos. Acaso, porque la Policía Bonaerense de Carlos Ruckauf y Felipe Solá no declaró a la provincia territorio liberado como sí hizo en diciembre de 2001).

Quédense tranquilos, compañeros. Nada de eso va a suceder. Aunque hablen de crisis de confianza los mismos que lograron poner al allanamiento de una ex presidente en la tapa de The Wall Street Journal, el Plan C del Club del Helicóptero está destinado al fracaso, como los otros dos. No sucederá tampoco un Que-se-vayan-todos tan injusto como generalizado, ni un colapso de la economía como los que sufrimos cuando gobernaban los hipercríticos de hoy. Lo que habrá, lo que ya está habiendo, es un semestre duro y recesivo y un 2019 de recuperación, ya que muchas de las variables que era necesario enderezar para permitirlo han sido corregidas y se siguen corrigiendo, desde el tipo de cambio hasta las tarifas energéticas y el déficit fiscal. Y en 2019 Macri será el primer presidente civil no peronista que concluye su mandato desde 1928, y los ciudadanos iremos libremente a las urnas y votaremos al gobierno que se nos antoje. Al fin y al cabo, esto no es Venezuela. Ustedes perdieron.

Por Fernando Iglesias para Infobae

El autor es diputado nacional (Cambiemos).

María Florencia Prieto: una médica concordiense que honró su profesión y hoy es orgullo ciudadano

En tiempos donde la confianza en las instituciones parece desmoronarse, aún existen profesionales cuya integridad y compromiso marcan la diferencia. Una de ellas es la doctora María Florencia Prieto, infectóloga de Concordia, quien también se desempeñó como subsecretaria de Salud del municipio. Su paso por la gestión pública se vio truncado cuando fue obligada a renunciar tras fuertes controversias con el entonces secretario de Desarrollo Social, Ing. Agr. Sebastián Arístide.

A pesar de las presiones políticas, Prieto se mantuvo fiel a su juramento: defender la salud pública por encima de cualquier interés.


Una voz científica que no calló

Su nombre trascendió a nivel nacional en numerosas oportunidades, participando de entrevistas en los principales medios del país. En cada intervención puso en evidencia la precariedad de los mecanismos de control de medicamentos en Argentina. Tanto fue así, que en 2024 publicó un artículo en la Revista sociedad argentina de infectología, dejando registro del episodio que protagonizó en Concordia y que hoy cobra una vigencia inesperada.

En esa oportunidad, la doctora relató el caso de seis pacientes oncológicas que debieron suspender sus tratamientos tras detectarse bacterias adheridas a los catéteres de quimioterapia. El hallazgo fue decisivo: el equipo médico descubrió que las ampollas de dexametasona de un lote de la farmacéutica HLB estaban contaminadas.

Con rigor profesional, Prieto y su equipo realizaron cultivos, analizaron medicamentos y notificaron a la ANMAT, organismo que respondió con un dictamen burocrático y sorprendente: el producto “resultaba aceptable”.

La infectóloga lo explicó con una metáfora tan clara como contundente:


La importancia de haber hablado a tiempo

Gracias a la rápida acción del equipo, no hubo fallecidos, aunque las pacientes debieron atravesar cirugías y la interrupción de sus terapias. “Hicimos mucha autocrítica, pero demostramos que el problema no estaba en la atención médica sino en los insumos”, relató la doctora.

La denuncia de Prieto, ignorada en 2023, hoy vuelve a cobrar relevancia tras el escándalo por la contaminación de fentanilo, que provocó muertes en Argentina. Aquella advertencia temprana podría haber sido la clave para evitar una tragedia sanitaria de mayor alcance.


El reconocimiento que Concordia le debe

Más allá de su paso por la función pública, muchas veces opacada por la política local, la doctora Florencia Prieto se consolidó como un ejemplo de profesionalismo y valentía cívica. Su firmeza frente a la indiferencia estatal y su capacidad de liderazgo en equipos médicos en contextos críticos, son motivo de orgullo para Concordia.

En un país donde tantas veces se premia la obediencia antes que la honestidad, Prieto eligió el camino más difícil: decir la verdad.

Hoy, un grupo de allegados amigos y desde Análisis Litoral, queremos expresar públicamente nuestro reconocimiento a esta médica que defendió la vida de sus pacientes por encima de cualquier cálculo político. Su historia no solo honra a Concordia, sino que también ilumina la importancia de tener profesionales comprometidos con la verdad y la salud pública.

Redacion Análisis Litoral https://www.analisislitoral.com.ar/

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La metamorfosis de la opinión pública: de la centralidad mediática a la crisis de credibilidad

La opinión pública ha sido definida y discutida a lo largo del siglo XX y XXI como un factor decisivo en la vida política y social. Walter Lippmann (1922) la consideraba un “pseudomedio ambiente”, es decir, una representación simbólica de la realidad que condiciona la acción política. Jürgen Habermas (1962) la situó en el marco de la esfera pública, como un espacio de deliberación racional, aunque rápidamente colonizado por intereses económicos y mediáticos. Pierre Bourdieu (1972), en cambio, fue más escéptico al sostener que “la opinión pública no existe” en términos homogéneos, sino que es una construcción producida por dispositivos de poder y comunicación.

Hoy, a más de treinta años de distancia de la hegemonía de los medios tradicionales, el concepto no solo sigue vigente, sino que se ha transformado profundamente. La evolución tecnológica, la irrupción de las redes sociales y la pérdida de confianza en periodistas y comunicadores han modificado el modo en que la opinión pública se instala, se consolida y se percibe.

Opinión pública hace tres décadas: centralidad mediática

En la Argentina de los años 90, la opinión pública era, en gran medida, el resultado de la agenda marcada por los medios tradicionales: televisión abierta, radio y prensa escrita. La teoría de la agenda-setting (McCombs y Shaw, 1972) explica este fenómeno: los medios no decían a las personas qué pensar, pero sí sobre qué pensar.

La convertibilidad, las privatizaciones o la “modernización” del Estado no fueron solo proyectos económicos, sino relatos legitimados por la narrativa mediática. El ciudadano promedio difícilmente podía contrastar esa información: la concentración de medios generaba un consenso donde la voz crítica era marginal o quedaba reducida a círculos académicos.

En ese contexto, la opinión pública se configuraba como un bloque relativamente estable y homogéneo, donde el poder de instalación residía en editoriales televisivos o en las tapas de los grandes diarios.

Evolución y transformaciones actuales

La irrupción de Internet, y en particular de las redes sociales en la primera década del siglo XXI, alteró radicalmente este modelo. La opinión pública dejó de ser un fenómeno centralizado y pasó a ser un campo fragmentado, inmediato y volátil.

Hoy, cualquier usuario puede convertirse en emisor y disputar la narrativa dominante. Las teorías clásicas deben ser revisadas: la agenda-setting convive con fenómenos como la viralización espontánea, el trending topic y el efecto multiplicador de los algoritmos.

Esta transición también generó un cambio en la percepción social: mientras antes el ciudadano “confiaba” en lo que transmitía un medio, hoy la opinión pública suele cuestionar, confrontar y hasta desmentir en tiempo real lo que se publica.

El clima de opinión y la espiral del silencio

Elisabeth Noelle-Neumann (1974) introdujo el concepto de espiral del silencio, que describe cómo las personas tienden a callar sus opiniones si perciben que son minoritarias. Este mecanismo produce un “clima de opinión” que refuerza a la mayoría y margina a la disidencia.

Actualmente, este clima ya no se configura únicamente en los medios tradicionales ni en las encuestas publicadas. También emerge de los focus groups, de las tendencias en redes sociales y de la percepción generalizada que los ciudadanos construyen sobre “lo que la mayoría piensa”.

Un ejemplo reciente en Argentina muestra que alrededor de un 56% de los ciudadanos —según encuestas con trayectoria y seriedad metodológica— expresa rechazo hacia alternativas políticas ligadas al kirchnerismo y se inclina hacia discursos de cambio. Más allá de la variación entre consultoras, esa cifra se ha instalado como un dato compartido, repetido y amplificado, generando un clima de opinión que condiciona no solo la estrategia de gobierno, sino también las de la oposición.

La pérdida de credibilidad mediática

Uno de los fenómenos más notorios en esta evolución es el creciente descreimiento hacia los medios y periodistas. Según registros de Latinobarómetro y estudios de consultoras locales (2023-2025), menos del 30% de los argentinos afirma confiar plenamente en la información difundida por la televisión y los diarios.

Los recientes datos empíricos refuerzan con crudeza la crisis de credibilidad mediática. Una encuesta de Trends (mayo 2025) aún muestra un 59 % de confianza general en los medios, pero ese indicador contrasta con los registros del estudio ‘La tensa estabilidad de la Argentina libertaria’ (abril 2024), donde sólo el 14,2 % confía en los medios como instituciones, y el 79,2 % desconfía de los periodistas ScribdLa Arenarealpolitik.com.ar. Además, la mayoría de la población no los ve como contrapeso al poder: apenas el 28,3 % considera que los medios tienen capacidad para limitar al Gobierno, y solo el 43,6 % tiene esa percepción respecto de los periodistas realpolitik.com.ar. A estas dificultades simbólicas se suman condiciones materiales que afectan la percepción pública: más del 60 % de los trabajadores de prensa en el AMBA gana por debajo de la línea de pobreza, y un cuarto fue víctima de agresiones —físicas o digitales— en el último año elDiarioAR+1.”

Esta caída de credibilidad está vinculada a la distancia entre la experiencia directa del ciudadano y el relato mediático. Mientras un noticiero puede insistir en la “recuperación económica”, el ciudadano percibe inflación, desempleo o precariedad. Esa disonancia refuerza la sospecha de manipulación y erosiona la autoridad del periodista como mediador de la realidad.

Bourdieu advertía que la opinión pública es, en muchos casos, una construcción forzada. Hoy ese diagnóstico se refleja en la percepción social de que “los medios responden a intereses” antes que a la búsqueda de la verdad.

Conclusión

La opinión pública ha transitado, en tres décadas, de un modelo centralizado a una estructura dispersa, dinámica y desconfiada. Los medios tradicionales ya no gozan de la hegemonía que tuvieron en los 90: su credibilidad ha sido socavada por la proliferación de fuentes alternativas, por la experiencia directa de los ciudadanos y por la sospecha de intereses corporativos.

Sin embargo, la instalación de climas de opinión persiste, ahora reforzada por encuestas, redes sociales y algoritmos que configuran burbujas informativas. El desafío contemporáneo consiste en distinguir entre opinión pública como expresión genuina de la sociedad y opinión pública como producto artificial de manipulación comunicacional.

En esa tensión, la democracia se juega buena parte de su futuro: si la opinión pública se consolida como un espacio de deliberación crítica y plural, puede fortalecer la vida democrática; si se degrada a mera ingeniería simbólica, corre el riesgo de transformarse en un simulacro que erosiona la confianza social.

Por: Alejandro Monzon para https://www.analisislitoral.com.ar/

Bibliografía de referencia

  • Bourdieu, P. (1972). La opinión pública no existe. Les Temps Modernes.
  • Habermas, J. (1962). Historia y crítica de la opinión pública.
  • Lippmann, W. (1922). Public Opinion.
  • McCombs, M., & Shaw, D. (1972). The Agenda-Setting Function of Mass Media. Public Opinion Quarterly.
  • Noelle-Neumann, E. (1974). La espiral del silencio.

El enigma argentino del segundo milenio: la civilización brillante que nunca se organizó

Ensayo y espejo de una sociedad que no podremos lograr.
Un arqueólogo del año 3991 revela los hallazgos más curiosos sobre una sociedad rica en talento y afecto… pero incapaz de organizarse.

CPI, 7 de enero de 3991. En una conferencia transmitida a toda la galaxia, el profesor Louis Klaenmen IV, reconocido arqueólogo planetario, presentó las primeras conclusiones de tres décadas de investigaciones en la zona próxima al polo austral occidental de la Tierra. Acompañado por su esposa, la antropóloga Dina Klaenmen, el científico mostró piezas recuperadas, gráficos y un relato que, según él, “cierra uno de los misterios más persistentes de la historia humana”: la vida en la antigua región conocida como Argentina.

Un mundo dividido en países

Klaenmen recordó que en la época estudiada —el final del segundo milenio— la humanidad vivía exclusivamente en la Tierra, dividida en estructuras políticas llamadas “países”. Estos iniciaban tímidos intentos de cooperación, aunque persistían conflictos bélicos, algunos contenidos por la amenaza del uso de “energía nuclear”, una forma primitiva de energía física.

Una tierra privilegiada y una gente brillante

El área austral occidental, rica en recursos naturales para los estándares pretecnológicos de la época, albergaba a una población que, según los indicios, poseía una alta capacidad intelectual.
“Un porcentaje notable estaba en el más alto nivel mental relativo, considerando que en aquel tiempo el razonamiento era natural, casi sin equipamiento de soporte”, explicó Klaenmen.

Corazón cálido, pies en casa

La expedición identificó una intensa carga emocional en sus habitantes: grabaciones musicales, libros y testimonios sugieren que los argentinos extrañaban profundamente su tierra al viajar, y rara vez se establecían en otros lugares. La amistad, la familia y el sentido de pertenencia eran valores arraigados y respetados.

El gran déficit: organización

Pero el hallazgo central no fue un artefacto, sino una ausencia.
“Esta excelente gente —afirmó Klaenmen— no había incorporado el atributo ‘organización’ como parte de su sistema de valores. Carecían de una visión común y de programas concretos para alcanzarla. Con un poco de orden, podrían haber logrado cosas extraordinarias.”

El informe cierra con una frase que resonó en toda la sala de prensa interplanetaria:

“Es increíble lo que esta sociedad hubiera alcanzado… si hubiera aprendido a organizarse.”Ensayo

Texto ensayo : https://www.analisislitoral.com.ar/

Imagen: Foto de la Cueva de las Manos (Patagonia, Argentina)
Crónica futurista sobre la arqueología de “Argentina” en un contexto hipotético. Se trata de una pintura rupestre real de la Cueva de las Manos, ubicada en Patagonia, Argentina. Estas expresiones gráficas prehistóricas tienen una fuerte carga simbólica y emotiva, evocando una conexión auténtica con el pasado humano

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Padre Pío: el Santo de los milagros y la fe inquebrantable que tuvo las mismas heridas de Jesucristo. Esta es su historia

El próximo 23 de septiembre se le rinde homenaje. ¿Por qué fue tan famoso?

El catolicismo cuenta con diferentes días de celebración, en los cuales se le rinde homenaje a los acontecimientos más importantes de la religión o para recordar a las personas canonizadas por sus méritos en la vida mortal. La celebración más cercana será el 23 de septiembre por el Padre Pío. ¿Por qué fue importante?

Su canonización se dio hace poco más de dos décadas, pero desde antes se ganó la fama de ser Santo; a tal punto que más de 100 mil personas acudieron a su entierro y otras 300 mil estuvieron presentes en El Vaticano cuando fue canonizado.

La historia de San Pío es una de las más particulares en la historia moderna del catolicismo. El llamado ‘Santo de los milagros y la fe inquebrantable’ nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, Italia; con el nombre de Francesco Forgione.

Los restos del Padre Pío (1887-1968) se colocan en un ataúd de plexiglás dentro de la Basílica de San Pedro el 6 de febrero de 2016, Vaticano, fue otro de los cuerpos declarados incorruptos en la iglesia católica | Foto: Gamma-Rapho via Getty Images

Con base a la información recopilada por ACI Prensa de Lima (agencia de noticias católicas), se conoce que desde temprana edad, él estuvo altamente ligado a la religión. Con tan solo 16 años, ingresó al noviciado de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos para adoptar el nombre por como lo conocerían, Pío; en honor al Padre Pío V.

Durante toda su carrera al servicio de la religión, Pío se hizo famoso por los milagros que aseguró lograr, tales como las curaciones, bilocación, tener las heridas de Jesucristo y otros actos recordados por los creyentes.

Todo esto fue puesto bajo estudio de la Iglesia Católica y estos actos hicieron que, cuando él estaba vivo, cientos de personas acudieran a sus misas para recibir la bendición y ser testigo de sus impresionantes habilidades.

Iglesia del Padre Pío

Su imagen más comúnmente reconocida es la de un hombre mayor con una barba blanca, vestido con el hábito capuchino y mostrando los estigmas en sus manos. Varias personas en sus hogares cuentan con cuadros de su semblante.

En sus primeros años como religioso, estuvo presente en diferentes templos y catedrales, entre las cuales se fue haciendo un nombre por los presuntos milagros de su autoría. Para 1910, le mostró al mundo que tenía estigmas, las cuales son las heridas simbólicas de Jesucristo.

Si bien Pío le gustaba estar con las articulaciones tapadas, en más de una ocasión las destapó y mostró tener heridas en manos, pies y costados de los hombros. Algunas eran leves, pero otras notables y de complejo dolor. A medida que pasaban los años, algunas fueron siendo cada vez más visibles. Cuando la noticia se propagó, cientos de feligreses viajaron hasta la catedral de San Giovanni Rotondo para verlo en persona.

El prestigio que se ganó hizo que una comisión de expertos provenientes de la Santa Sede fueran a verificar lo milagroso en su accionar, además de sus estigmas. Después de meses de investigación, señalaron que las heridas no fueron provocadas por actos maliciosos ni nada relacionado.

No obstante, hubo decretos que prohibieron las visitas al padre Pío, por lo que durante una década antes de la II Guerra Mundial estuvo en completo aislamiento del planeta entero. Durante el acontecimiento mencionado, él fundó los Grupos de Oración, los cuales se multiplicaron alrededor del mundo.

Otro acto destacado fue fundar el hospital Casa Alivio del Sufrimiento, siendo una institución en su pueblo natal que hasta hoy día se mantiene vigente. Tres días después de cumplir 50 años de sufrir por los estigmas, el Padre Pío falleció a los 81 años. Su funeral duró cuatro días, para que todos sus seguidores lo acompañaran para darle el último adiós.

Tiempo después de su fallecimiento, los médicos encontraron que los estigmas cicatrizaron y él habría muerto sin las marcas. Para 1999, el papa Juan Pablo II lo beatificó y dos años después lo canonizó bajo el nombre de San Pío de Pietrelcina.