G Agreganos a Google
RADAR LITORAL ● EN VIVO
💵 Blue -- | Oficial -- | MEP -- | CCL -- | Tarjeta -- | 📊 Riesgo País -- | 🌤 Concordia --° | 🌤 Paraná --° | 🌤 Corrientes --° | 🌤 Posadas --°
Actualizando...

La fiesta que incomodó a Uruguay: mientras hablan de pobreza, en Buenos Aires desfilan el salmón, el champagne y la caviarada

Caompartir la informacion

Una recepción diplomática en la residencia del embajador uruguayo en Buenos Aires abrió una discusión que trasciende la fiesta: ¿cómo conviven el discurso de sensibilidad social y austeridad con semejante despliegue gastronómico y de invitados?

La imagen puede parecer apenas una postal más de una recepción diplomática.

Mesas repletas de comida, copas de cristal, bandejas de salmón, quesos, frutas, bebidas y una puesta en escena propia de una celebración de alto nivel.

Pero la fotografía empezó a generar otra lectura del otro lado del Río de la Plata.

La recepción realizada el 26 de agosto en la residencia del embajador de Uruguay en Argentina, Diego Cánepa, con motivo del 201.º aniversario de la Declaratoria de la Independencia, reunió a unas 500 personas entre funcionarios, políticos, empresarios, diplomáticos y figuras del espectáculo. Entre los presentes estuvo Alejandro “Pacha” Sánchez, secretario de la Presidencia de Uruguay.

Hasta ahí, protocolo.

El problema aparece cuando la postal se cruza con el discurso político.

Porque mientras buena parte de la dirigencia progresista uruguaya habla permanentemente de desigualdad, pobreza, ollas populares, vulnerabilidad social y dificultades económicas, las imágenes de una recepción de esta magnitud provocan inevitablemente una pregunta:

¿Qué siente un ciudadano común cuando ve a sus dirigentes disfrutando de una mesa de lujo mientras le hablan de sacrificio?

Y esa es, quizás, la verdadera discusión.

No se trata de cuestionar que una embajada realice una recepción por una fecha patria. La diplomacia tiene sus protocolos y este tipo de encuentros son habituales. De hecho, la residencia uruguaya en Buenos Aires históricamente ha sido escenario de grandes recepciones con políticos, empresarios, diplomáticos y personalidades de ambos países.

La cuestión es otra: la coherencia.

Porque cuando la política construye su identidad alrededor de la sensibilidad social, la imagen adquiere otro significado.

Y cuando aparecen mesas de lujo, comida abundante y dirigentes sonrientes, la pregunta deja de ser gastronómica para convertirse en política.

¿Doble discurso?

En Uruguay las críticas apuntaron precisamente a esa contradicción: discursos de austeridad y sensibilidad social por un lado; privilegios, recepciones y mesas de lujo por el otro.

La discusión no debería reducirse a cuánto costó un plato de salmón.

Debería ser mucho más profunda:

¿Cuánto cuesta la distancia entre lo que los políticos dicen y lo que hacen?

Porque la política puede organizar recepciones.

Puede brindar.

Puede celebrar.

Puede reunirse con empresarios y diplomáticos.

Pero cuando quienes participan de esas fiestas son los mismos que hablan todos los días en nombre de los que menos tienen, las imágenes dejan de ser inocentes.

Y ahí aparece la bronca.

El problema no es el salmón. El problema es la hipocresía.

Una sociedad puede aceptar que sus representantes tengan privilegios protocolares.

Lo que cada vez tolera menos es que le hablen de pobreza desde una mesa de abundancia.

La foto ya está circulando.

Y ahora queda una pregunta incómoda sobre la mesa:

¿Cuánto puede resistir un discurso de sensibilidad social cuando las imágenes muestran una realidad completamente distinta?

Porque al final, como dice el viejo dicho:

“La verdad de la milanesa” puede estar escondida debajo de una bandeja de salmón.