Las primeras reacciones del entorno de Alberto Fernández a la carta de Cristina Kirchner: “Hay que tener la cabeza fría y pensar los movimientos”

Ruptura en el Gobierno

El Presidente se enteró de la misiva cuando la publicación subió a las redes sociales.

El inicio del día alentaba la idea de que una tregua entre el kirchnerismo y la Casa Rosada era posible. La carta pública de la vicepresidenta a las 18.56 destruyó esa ilusión. Los teléfonos de los funcionarios que acompañaban al Presidente en Olivos dejaron de contestar durante varios minutos. Alberto Fernández se enteró, como el resto de la Argentina, en tiempo real. “Hay que tener la cabeza fría y pensar los movimientos a seguir”, contestaron muy cerca de Fernández sin precisar cuál será la hoja de ruta.

En el máximo hermetismo, el oficialismo cavila cómo seguir. Fernández ya había dado de baja su viaje a México previsto para el viernes. Allí, el mandatario planeaba sumarle un poroto internacional a su gestión: la presidencia de la CELAC, luego de los fracasos en el BID y a la CAF. En el medio de un cataclismo institucional, quedó sin efecto. “Hay que tener tranquilidad, pensar y actuar como hombre de Estado. Solo ellos dos -Cristina y Alberto- pueden reordenar el Gobierno”, sostuvo un funcionario, que acompaña a Fernández en Olivos.

Hasta que se publicó la carta, algunos de los asesores más próximos a Fernández deslizaban que el Presidente se tomaría unos días para resolver “sin presiones” los nuevos nombres del Gabinete. ¿Y ahora?

Cerca del Presidente le bajaron el dramatismo al hecho de enterarse en vivo de la declaración de la vicepresidenta. “Así ocurre siempre con las cartas”, explicaban. Es la tercera epístola de la vicepresidenta con críticas a la administración de Fernández, pero es la primera vez que en en el Ejecutivo -recluido en Olivos- nadie da una interpretación amistosa.

Entre los funcionarios más próximos al Presidente -que la vicepresidenta viene objetando desde hace meses- afirman que sus acciones acaban de subir tras la diatriba pública. Cristina Kirchner apuntó contra el vocero presidencial Juan Pablo Biondi, que en la práctica es mucho más que un vocero. No se sabe aún si es una expresión de deseos o un análisis realista.

Con total normalidad, la Casa Rosada distribuyó la agenda oficial con actividades de varios ministros que habían presentado su renuncia, como Tristán Bauer y Juan Cabandié.

Amanecer de un día de furia

Bien temprano en la residencia de Olivos, el jefe de Estado y el jefe de Gabinete Santiago Cafiero empezaron el día con una misión: desactivar la marcha en apoyo al Presidente que habían convocado el Movimiento Evita y las organizaciones con funcionarios en el Ejecutivo en las horas más calientes del miércoles tras la renuncia masiva de los ministros kirchneristas.

El operativo para frenar la marcha había empezado en la Casa Rosada cerca de la medianoche del miércoles. Por esas horas, los referentes territoriales de los movimientos sociales, que todavía no estaban al frente de la movida, se resistían. “¿Por qué vamos a frenar una marcha en respaldo del Presidente y pidiendo fortalecer la unidad. No hay margen para frenarlo”, inflaban el pecho.

Finalmente hubo margen aunque -cuando se tomó la decisión de frenar la marcha- varias asambleas ya se habían movilizado hasta la Ciudad. Desde la conducción del Evita cuentan que se tomó la decisión de parar la movilización en las primeras horas de la mañana, cuando vieron la mano del Gobierno, de La Cámpora y del Instituto Patria detrás de las noticias en la televisión que daban cuenta de la marcha atrás. Cafiero y el secretario de Relaciones Parlamentarias Fernando “Chino” Navarro hablaron por teléfono para evaluar el estado de situación. Convinieron en que lo mejor era desactivar la movilización para no obstruir cualquier posible acercamiento entre las tribus del oficialismo. El Presidente publicó un tweet en esa dirección.

No fue gratis, varios “coroneles” -como llaman a los referentes barriales de la organización que lidera Emilio Pérsico- hicieron saber su malestar. Fueron de los pocos sectores que aportaron músculo militante a la campaña del Presidente. La desconfianza y el recelo con La Cámpora es de larga data. En el acto del cierre nacional “Nadie habló con los chicos”, sostuvo un funcionario que visitó en Olivos a Fernández, que permaneció toda la jornada en la residencia oficial. “Los chicos”. Así se refieren en el oficialismo a la organización que conduce con mano de hierro Máximo Kirchner. El Presidente finalmente decidió contestar el desafío de las renuncias a través de un hilo de tweets y en una entrevista con Página 12. Como era de esperar, al mandatario y a su entorno no le cayó en gracia el audio “filtrado” de la diputada kirchnerista Fernanda Vallejos.

El Presidente había hablado por teléfono bien entrada la noche con Sergio Massa durante un rato largo. Poco se sabe del contenido de esa charla. El titular de Diputados, que el miércoles se entrevistó con los Kirchner y De Pedro en el Congreso, intenta ser el garante de la unidad del Frente de Todos. Cerca del Presidente le bajan el precio. “Esto lo definen Alberto y Cristina. Después que Massa decida qué quiere hacer él”, confiaban.

Fernández se recluyó en Olivos con su círculo más íntimo: Cafiero, el secretario general de Presidencia Julio Vitobello; el de Comunicación, Juan Pablo Biondi; la de Legal y Técnica, Vilma Ibarra; la vicejefa de Gabinete Cecilia Todesca; y los asesores Juan Manuel Olmos, Julián Leunda y Alejandro Grimson. Allí recibió a los gobernadores de Tucumán y San Juan, Juan Manzur y Sergio Uñac, que llegaron hasta Buenos Aires.

Desde lo más alto del Gobierno, se blanqueó fuera de micrófono que el Presidente aceptaría la renuncia de De Pedro; una hora después, Vilma Ibarra lo negó frente a las cámaras.

En la oficina contigua, en el ministerio del Interior, que había permanecido clausurado durante todo el miércoles, las puertas estaban abiertas, como si nada hubiera ocurrido. De Pedro no estaba, pero sí su número 2, José Lepere, el secretario de Interior que desafió la “norma ética” que se impuso el Presidente para intentar sin éxito que el entonces ministro de Defensa Agustín Rossi no se postulara en Santa Fe. La excusa de Lepere para continuar en el cargo fue que su candidatura no era nacional, sino municipal. En la Cartera política -acéfala- hubo movimiento de funcionarios como si nada ocurriera.

El jefe de Gabinete recibió, en una Casa Rosada donde había más periodistas que funcionarios de primera línea, a la ministra de Salud Carla Vizzotti y a varios de los secretarios que también pasaron por Olivos. Se fue a las 17.50 con una bolsa en la mano que alimentó el morbo. Otra falsa alarma: siempre lleva su computadora portátil. Regresaba a Olivos, con la idea de discutir con el Presidente el paquete final de medidas económicas que esperaban anunciar de manera escalonada; la implementación del mínimo imponible que subirá a 175 mil pesos y el envío de más ayuda para las provincias afectadas por la bajante del río Paraná. Una hora después, explotó la bomba.