La causa por presunto enriquecimiento ilícito ya se metió de lleno en el escenario electoral. Bordet no está imputado ni condenado, pero la investigación sobre su patrimonio avanza mientras la Corte Suprema acaba de cerrar definitivamente el capítulo judicial de Sergio Urribarri.
¿Se terminó en Entre Ríos la época de los exgobernadores intocables?
La pregunta puede resultar incómoda, pero después de lo ocurrido esta semana ya no parece descabellada: ¿se terminó en Entre Ríos la época de los exgobernadores intocables?
La Corte Suprema dejó firme la condena contra Sergio Urribarri a ocho años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, cerrando una larga batalla judicial por delitos contra la administración pública. Y justamente cuando Entre Ríos procesa ese terremoto institucional, otro exgobernador vuelve a quedar bajo la lupa: Gustavo Bordet.
La aclaración es imprescindible: Bordet no está imputado ni condenado. Existe una investigación judicial iniciada en 2024 por presunto enriquecimiento ilícito, en la que ya se realizaron distintas medidas. El exgobernador, además, recusó al fiscal José Arias y el planteo deberá ser resuelto por el juez de Garantías Ives Bastián.
Hasta allí, Justicia. Pero Bordet continúa siendo un dirigente políticamente activo y su nombre aparece nuevamente asociado al próximo proceso electoral. Por eso la causa ya no puede ser observada únicamente desde los tribunales: también tendrá inevitablemente consecuencias políticas.
Alrededor del expediente comenzaron además a circular relaciones, fotografías y videos vinculados al fiscal, al intendente Francisco Azcué y a personas relacionadas con la denuncia. Nada de eso, tomado individualmente, demuestra un delito. Pero en una investigación de estas características, inevitablemente genera preguntas y alimenta distintas interpretaciones.
Y aquí aparece lo verdaderamente importante.
El caso Urribarri acaba de marcar un límite. Durante años hubo recursos, apelaciones, discusiones sobre competencias y garantías. Finalmente habló la Corte y la condena quedó firme. Eso debería obligarnos a mirar de otra manera la relación entre poder político y Justicia.
No se trata de celebrar que un político vaya preso. Se trata de algo mucho más elemental: que quien haya utilizado el Estado para enriquecerse o perjudicar los intereses públicos pueda ser investigado y, si las pruebas lo demuestran, condenado, sin importar su apellido, partido o poder.
Eso debe valer para todos.
Peronistas, radicales, libertarios o cualquier otro dirigente. El dinero público no pertenece a los gobiernos: pertenece a los ciudadanos. Y cuando se lo roba o se lo utiliza indebidamente, la sociedad termina pagando las consecuencias.
Por eso Bordet deberá tener todas las garantías que corresponden, pero también deberá responder por aquello que la investigación determine. Si no hay delito, deberá quedar demostrado. Si existen responsabilidades, también.
Quizás lo ocurrido con Urribarri sea algo más que una condena individual. Quizás sea una señal de que la Justicia finalmente está comenzando a ponerse los pantalones largos frente a los grandes casos de corrupción.
Y si efectivamente es así, desde estas páginas seremos los primeros en decirlo:
ALELUYA.
Porque la Argentina está cansada de causas interminables, de privilegios, de fueros utilizados como escudo y de dirigentes que parecen vivir bajo reglas diferentes a las del ciudadano común.
No queremos una Justicia que persiga políticos.
Queremos una Justicia que no tenga miedo de investigarlos.
Y si para eso hay que romper definitivamente aquella vieja idea de que determinados nombres son intocables, bienvenido sea.
Después de Urribarri, la pregunta queda instalada en Entre Ríos:
¿Será Gustavo Bordet el próximo exgobernador en enfrentar las consecuencias de una investigación judicial?
Hoy nadie puede responderlo. Sería irresponsable hacerlo.
Pero tampoco sería responsable mirar hacia otro lado.
La causa deberá seguir su curso, con pruebas, garantías y sin privilegios. Porque si realmente estamos ante el comienzo de una nueva etapa, hay una sola regla que debería quedar definitivamente clara:
no debería haber intocables. Ni ayer, ni hoy, ni mañana.
ANÁLISIS LITORAL



