El peronismo de Concordia carga una mochila que pesa toneladas. Y por eso, hoy, ningún proyecto de candidatura puede siquiera asomar a la consideración seria de los ciudadanos.
Porque el común de los concordienses lo tiene muy en claro, muy internalizado: quiénes fueron los “Mariscales de la Derrota”. Ese mote no se lo puso la oposición, se lo ganó la propia gestión que dejó a la ciudad en el lugar más doloroso e indignante del país: el primer puesto en pobreza a nivel nacional.
Ese es el dato que no deja construir nada nuevo. Ese es el lastre que hunde cualquier globo de ensayo.
El último manotazo de Cresto
En ese contexto se inscribe la última marcha y contramarcha del ex intendente de Concordia y actual diputado provincial, Enrique Cresto.
En apenas 72 horas, pasó del efusivo lanzamiento -con bastón de mariscal y sillón de Urquiza incluidos- a una llamativa moderación. El viernes era candidato a gobernador. El lunes, aclaraba que “por ahora” no lo es y que “no hay que poner el carro delante del caballo”.
¿Globo de ensayo que se pinchó rápido? ¿Falta de apoyo interno? ¿Termómetro social que marcó rechazo? Todo indica que el ensayo le salió mal. Porque Cresto ya no sabe qué expresar para volver a ser considerado candidato por un electorado que no olvida.
Y es que hoy, en Concordia, no alcanza con levantar la mano. Hoy cualquier propuesta opositora -sobre todo si viene del mismo tronco que gobernó- debe en primer lugar lograr demostrar algo básico y elemental: que no serán más de lo mismo.
Con ideas muy claras, con autocrítica real, y con un plan concreto para sacar a Concordia del primer puesto en pobreza del país. Esa es la materia pendiente. Ese es el examen que no aprobaron.
No solo los actores principales
Pero el señalamiento de la gente no es solo para los principales actores. El repudio es mucho más amplio y alcanza también a los entornos de interés, a los aduladores de siempre, a los promotores del relato que pretendió tapar tanta miseria y corrupción que fue utilizada en nombre de los más humildes.
Ese relato se cayó. Y es particularmente eso lo que la gente expresa en las redes sociales cuando se manifiesta un posible candidato con intenciones de volver a seducir.
El electorado está en alerta. Y responde agresivamente. No hay paciencia para reciclajes. Cada vez que un nombre del pasado reciente amaga con volver, los comentarios son lapidarios, sin filtro. Porque la gente siente que se usó a los pobres como excusa para sostener estructuras, cargos y negocios.
El despertar tardío y las estructuras vacías
Este episodio de Cresto expone lo que le pasa a todo el arco opositor entrerriano. Un despertar tardío, oportunista, después de haber sido espectadores de lujo desde la comodidad de sus cargos mientras la ciudadanía sufría en soledad el ajuste y la crisis.
Hoy saltan a criticar ferozmente al gobierno de turno, pero no pueden convocar a nadie por motu proprio. No generan una respuesta orgánica ni espontánea.
Necesitan imperiosamente de terceras personas, de caras nuevas que les presten legitimidad y oxígeno, para poder armar una convocatoria medianamente respetable ante las cámaras. Sin ese préstamo, las grandes figuras del PJ corren el riesgo de quedar hablando solas en escenarios vacíos.
Y en Concordia, ese vacío es aún más grande. Porque la mochila pesa demasiado.










