Un informe del Centro de Economía Política Argentina (Cepa) registró una caída de 20 mil puestos de trabajo y la reducción de más de tres mil empleadores en Santa Fe entre noviembre de 2023 y marzo de 2026. Sin embargo, especialistas coinciden en que la provincia cuenta con recursos, infraestructura y experiencia para impulsar una nueva etapa de reconversión productiva orientada a las pymes y la innovación.
Los datos difundidos por el Centro de Economía Política Argentina (Cepa), elaborados sobre la base de información de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, muestran una disminución del 3,2% del empleo registrado y una caída del 6% en la cantidad de empleadores durante los primeros 28 meses de la gestión nacional de Javier Milei.
Análisis de la dinámica laboral y de empleadores en la provincia de Santa Fe: datos a marzo 2026 by Rosario3
La enseñanza, la industria manufacturera y el transporte aparecen entre los sectores más afectados. Sin embargo, detrás de las cifras surge una pregunta más amplia: ¿se trata solamente de una crisis o también de una transición hacia nuevas formas de producir y generar empleo?
Una provincia con capacidad para reinventarse
Santa Fe posee una de las matrices productivas más diversificadas del país. Su complejo agroindustrial, la red de puertos sobre el Paraná, la presencia de universidades, parques industriales y empresas tecnológicas constituyen activos que pocas provincias argentinas reúnen simultáneamente.
La reciente habilitación del aeropuerto internacional de Rosario para operaciones de carga y su conexión con múltiples destinos internacionales abre además una nueva ventana para las exportaciones y el desarrollo de pequeñas y medianas empresas con proyección global.
Lejos de representar una sentencia definitiva, la pérdida de 20 mil puestos laborales puede interpretarse como el desafío de reconvertir capacidades hacia sectores emergentes, nuevas cadenas de valor y actividades con mayor potencial exportador.
De la asistencia a la reinserción
Distintos especialistas sostienen que el eje de las políticas públicas debería desplazarse desde la mera contención hacia programas activos de capacitación y reinserción laboral.
La creación de centros de innovación, clusters tecnológicos y espacios de “siembra de ideas” permitiría vincular universidades, emprendedores, empresas y gobiernos locales para generar nuevos proyectos productivos.
La experiencia internacional demuestra que muchas regiones lograron superar procesos de desindustrialización apostando al conocimiento, la biotecnología, la economía del software, la logística, la agroindustria de valor agregado y los servicios profesionales.
El potencial de las pymes exportadoras
Santa Fe posee numerosos casos de pequeñas empresas que nacieron en el interior provincial y hoy comercializan sus productos en mercados internacionales.
El desafío consiste en multiplicar esas experiencias mediante herramientas que faciliten el acceso al financiamiento, la innovación y la apertura de nuevos mercados.
La provincia cuenta con infraestructura estratégica, capital humano y una tradición industrial que podría convertirse en una ventaja competitiva en un escenario económico más abierto.
Lo que no se dice
Los 20 mil empleos perdidos representan una señal de alerta, pero no necesariamente una condena permanente.
La historia económica santafesina muestra que sus principales etapas de crecimiento estuvieron asociadas a la capacidad de adaptarse a nuevos escenarios y de generar valor agregado.
Quizás el verdadero debate no pase únicamente por contabilizar los puestos de trabajo que desaparecieron, sino por preguntarse qué empleos, qué empresas y qué sectores pueden surgir si la provincia decide impulsar una política agresiva de innovación, formación y apertura al mundo.
Con sus puertos, sus universidades, sus parques industriales y la posibilidad de operar cargas aéreas internacionales desde Rosario, Santa Fe dispone de herramientas que otras regiones envidiarían. El desafío es convertir esa ventaja en una estrategia de desarrollo que permita que las cifras actuales sean recordadas más como un período de transición que como el inicio de un declive.
