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“En Concordia sí se come comida arrojada como basura en los contenedores”

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El dato surgió de una entrevista realizada en el programa Punto de Inflexión, que se emite todos los sábados de 9 a 12 por Rivadavia Concordia 106.10 Mhz. Rolo Tribulatti, integrante del Movimiento Federal Belgrano, describió una realidad que atraviesa a distintos barrios de la ciudad: personas que llegan al centro para buscar cartón y otros materiales, pero también restos de comida entre los residuos. Detrás de esa escena aparecen niños, jubilados, familias sin recursos y una red de asistencia que intenta sostenerlos.

Hay situaciones que una ciudad no debería naturalizar.

En Concordia, personas que llegan desde distintos barrios hasta la zona céntrica para buscar cartón, vidrio y otros materiales también revisan los contenedores de residuos para encontrar algo que puedan comer.

No se trata de una imagen aislada.

Así lo relató Rolo Tribulatti, integrante del Movimiento Federal Belgrano, durante una entrevista realizada en Punto de Inflexión, el programa que se emite todos los sábados de 9 a 12 por Rivadavia Concordia 106.10.

Tribulatti conoce desde hace años la realidad de los sectores más vulnerables de la ciudad. Trabajó durante dos décadas en el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y actualmente continúa desarrollando tareas sociales y comunitarias en Concordia.

Su testimonio fue directo.

“La gente se viene al centro”, explicó al referirse a quienes buscan cartón, vidrio y otros elementos.

Pero inmediatamente agregó una descripción mucho más dolorosa:

“No comen de los contenedores, claro que sí. Está todo junto, a ver si encuentra algún resto de comida.”

Según relató, algunas personas dejan pequeñas bolsas con pan u otros alimentos junto a los contenedores para que puedan ser retirados por quienes los necesitan.

La escena muestra una realidad que muchas veces queda escondida detrás de los números de la pobreza.

Ya no son solamente quienes buscan cartón

Uno de los cambios que Tribulatti observa en las calles es la multiplicación de personas que llegan al centro desde diferentes barrios.

También mencionó la presencia cada vez más frecuente de carros tirados por caballos y de personas que recorren la ciudad buscando materiales para vender o reutilizar.

Pero el problema va mucho más allá del reciclado informal.

Cuando la necesidad aprieta, los contenedores también se convierten en una fuente desesperada de alimentos.

Y allí aparece una pregunta inevitable: ¿qué está pasando para que una persona tenga que buscar comida entre aquello que otra persona decidió tirar?

Tribulatti consideró que debería existir una mayor presencia de los organismos responsables para detectar y acompañar a esas personas.

Porque detrás de quien revisa un contenedor puede haber una familia completa.

La comida caliente que puede significar mucho más que un plato

Todos los viernes, el grupo que integra Tribulatti prepara comida para personas que atraviesan situaciones de extrema vulnerabilidad.

La tarea comenzó hace años y se sostiene con recursos propios, aportes de la organización y alguna ayuda proveniente del área de Desarrollo Social.

La dinámica es sencilla, pero revela la magnitud de la necesidad.

La gente llega desde temprano. En ocasiones, desde las 14 o 15 horas ya hay personas esperando.

Y no son solamente adultos.

Hay niños de 9 o 10 años, mujeres jóvenes y adultos mayores.

Muchos llegan con recipientes improvisados para llevar la comida a sus hogares.

Algunos utilizan recipientes comprados en un bazar. Otros llevan un balde de pintura que encontraron, limpiaron y adaptaron con una tapa para poder transportar la comida caliente.

Ese detalle, aparentemente menor, probablemente sea uno de los testimonios más fuertes de toda la entrevista.

Porque muestra hasta qué punto la necesidad obliga a buscar soluciones con lo que se tiene a mano.

El problema de los sábados y domingos

Existe además un problema que aparece cuando termina la semana.

Los comedores funcionan principalmente de lunes a viernes.

Cuando llega el viernes al mediodía y comienza el fin de semana, muchas familias quedan nuevamente sin ese plato de comida.

Por eso, Tribulatti explicó que intenta entregar un poco más de comida los viernes para que pueda alcanzar para el sábado o incluso para el domingo.

La lógica es sencilla: si el comedor cierra, el hambre no lo hace.

Y esa familia que el viernes recibe una porción de comida puede ser la misma que durante el fin de semana termina recorriendo la ciudad y revisando los contenedores.

Una olla, una huerta y un lugar donde golpear la puerta

El trabajo comunitario que describió Tribulatti tampoco se limita a cocinar.

Existe una huerta, talleres y distintas actividades productivas que intentan generar alguna alternativa para las familias.

Pero quizás lo más importante sea algo mucho menos visible: la contención.

Según contó, muchas personas llegan simplemente porque necesitan hablar con alguien, pedir un poco de arroz, una verdura o algún otro alimento.

Es decir, el lugar terminó convirtiéndose en algo más que una olla popular.

Es un espacio donde alguien sabe que puede golpear una puerta cuando no tiene a quién recurrir.

Tribulatti recordó también su trabajo desde muy joven en la Gruta de Lourdes junto al padre Servín, una experiencia que marcó su vínculo con las tareas sociales.

“No solamente es una olla”

La conversación dejó una conclusión particularmente fuerte.

La asistencia alimentaria no debería ser el objetivo final.

Es apenas una respuesta inmediata frente a una emergencia social.

El verdadero desafío debería ser que una persona no necesite recurrir a una olla popular para alimentar a sus hijos, y mucho menos que tenga que revisar un contenedor para encontrar comida.

Porque cuando una familia depende de un plato entregado los viernes para poder atravesar el fin de semana, el problema ya no puede reducirse a una discusión sobre planes sociales.

Es una cuestión de dignidad.

Una realidad que también alcanza a quienes trabajan

Durante la entrevista también apareció otra preocupación: la pérdida del poder adquisitivo y la dificultad para conseguir una changa.

Tribulatti sostuvo que muchas personas tienen capacidades y conocimientos para trabajar.

“Todos sabemos hacer algo”, resumió.

Albañilería, pintura, trabajo rural, huerta, producción y diferentes oficios forman parte de los conocimientos existentes en los barrios.

El problema aparece cuando las oportunidades desaparecen.

Entonces, incluso quien tiene trabajo puede comenzar a tener dificultades para llegar a fin de mes.

Y quien perdió su empleo queda todavía más expuesto.

La pobreza que no aparece en los discursos

Hay otro dato que impacta particularmente.

Tribulatti habló de familias que viven en condiciones extremadamente precarias, incluso con un colchón colocado sobre un piso de barro.

Es una imagen difícil de conciliar con cualquier idea de progreso.

Y obliga a mirar una realidad que muchas veces queda fuera de las conversaciones cotidianas.

Mientras una parte de la ciudad discute política, economía y elecciones, en otros sectores hay familias que están pensando simplemente qué van a comer esa noche.

Animales, huertas y una comunidad que intenta sobrevivir

La entrevista también permitió conocer otras necesidades del sector donde trabaja la organización.

Se mencionó la coordinación con el municipio para cuestiones veterinarias, vacunación de perros y atención de los animales utilizados por algunas familias.

También apareció el problema del agua para sostener la huerta.

Durante determinados meses del año, la falta de agua dificulta la producción y obliga a trabajar con los recursos disponibles.

La huerta, que alguna vez permitió producir alimentos y distribuirlos entre las familias, intenta recuperarse nuevamente.

El objetivo es volver a plantar a partir de septiembre y recuperar parte de esa producción comunitaria.

No debería hacernos indiferentes

Quizás una de las frases más importantes de la entrevista haya sido una reflexión que excede a Tribulatti y a cualquier organización social.

“La realidad nos tiene que doler y nos tiene que poner rebeldes para luchar y cambiar esta realidad.”

La frase tiene un sentido profundo.

Porque el problema no debería ser solamente quién entrega la comida.

La verdadera discusión debería ser por qué hay personas que necesitan recibirla.

Y mucho más todavía: por qué hay personas que llegan hasta un contenedor de basura para buscar entre los residuos algo que puedan llevar a su casa.

Concordia frente a un espejo

La imagen de una persona buscando comida en un contenedor no necesita estadísticas para generar impacto.

Es una fotografía de una sociedad.

Puede discutirse quién tiene responsabilidad, cuánto corresponde al Estado nacional, cuánto al provincial, cuánto al municipio y cuánto a la propia sociedad.

Pero hay algo que no admite demasiada discusión:

si una persona tiene que buscar comida entre los residuos, algo está fallando.

Y si esa persona tiene hijos, si entre quienes esperan una olla caliente hay niños y adultos mayores, el problema adquiere todavía otra dimensión.

Concordia no puede acostumbrarse a esa imagen.

Porque cuando la pobreza se convierte en paisaje, la sociedad corre el riesgo de dejar de verla.

Y cuando dejamos de verla, también dejamos de preguntarnos cómo cambiarla.

El testimonio de Rolo Tribulatti en Punto de Inflexión no debería quedar solamente como una entrevista radial. Debería servir, al menos, para abrir una discusión que Concordia necesita tener: qué estamos haciendo como sociedad frente a quienes ya no encuentran qué comer.

Redaccion : Análisis Litoral