Concordia: despedir empleados sin crear trabajo es administrar el problema, no resolverlo

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La discusión que desde hace más de un año y medio atraviesa la gestión del intendente Francisco Azcué respecto de los despidos en la Municipalidad de Concordia merece un análisis mucho más profundo que la simple confrontación política.

Lo primero que debe decirse es que quienes gobernaron la ciudad durante las últimas décadas tienen escasa autoridad moral para opinar sobre esta crisis como si fueran observadores externos. El deterioro social que hoy exhibe Concordia no nació con esta gestión. Es el resultado de años de administraciones que jamás lograron construir una verdadera política de desarrollo económico. Durante décadas se administró la pobreza, pero nunca se planificó la riqueza. Se multiplicaron los empleos públicos como respuesta inmediata a la emergencia social, pero jamás se generaron las condiciones para que el sector privado absorbiera esa mano de obra mediante empleo genuino y sustentable. Ese es el verdadero fracaso.

Desarrollar una ciudad no consiste únicamente en equilibrar las cuentas municipales. Significa pensar qué producirá esa ciudad dentro de veinte o treinta años, cuáles serán sus ventajas competitivas, qué industrias podrán instalarse, qué infraestructura necesitarán los inversores y qué perfil laboral deberán tener los jóvenes. Nada de eso existe. Y lo más preocupante es que tampoco parece estar en la agenda actual.

Los despidos, por dolorosos que sean, podrían formar parte de una reorganización del Estado si previamente existiera un plan capaz de ofrecer alternativas reales para quienes dejan de depender del empleo público. Pero ocurre exactamente al revés: primero se elimina el ingreso y después se piensa qué hacer con las personas. Esa lógica condena a cientos de familias a seguir dependiendo de la asistencia social en una ciudad que desde hace años lidera los índices de pobreza del país.

La pregunta entonces resulta inevitable: ¿dónde está el plan productivo de Concordia? Porque no alcanza con hablar de capacitación laboral. ¿Capacitar para qué? ¿Qué industrias llegarán? ¿Qué cadenas de valor se pretenden desarrollar? ¿Cuáles serán los sectores estratégicos? ¿Cuál será el perfil industrial de la ciudad dentro de diez años? Nadie parece tener esas respuestas.

El enorme error de haber desperdiciado el aeropuerto

Existe un ejemplo que ilustra con claridad la falta de visión estratégica. Concordia posee un aeropuerto que podría haberse convertido en una verdadera plataforma logística para las exportaciones regionales. Sin embargo, jamás existió una decisión política seria destinada a transformarlo en un aeropuerto de cargas. Y allí probablemente se perdió una de las mayores oportunidades de desarrollo económico de la región.

Los grandes polos exportadores del mundo demuestran exactamente lo contrario. El aeropuerto de Zaragoza pasó de ser una terminal secundaria a convertirse en uno de los mayores centros europeos de carga aérea gracias al desarrollo de una poderosa plataforma logística que atrajo industrias, centros de distribución y empresas internacionales. El aeropuerto Leipzig/Halle creció alrededor de grandes operadores logísticos y hoy genera decenas de miles de empleos directos e indirectos vinculados al transporte y la industria. En Memphis, el aeropuerto internacional impulsó durante décadas el desarrollo económico regional gracias a la instalación de empresas de logística. En Miami, la carga aérea permitió consolidar la exportación de flores, frutas, pescados, medicamentos y productos perecederos provenientes de toda América Latina hacia Estados Unidos y Europa. En Sudamérica, el Aeropuerto Internacional Viracopos, en Campinas, transformó toda una región industrial gracias a la logística aérea aplicada a productos tecnológicos, farmacéuticos y de alto valor agregado.

Todos esos casos comparten una misma característica: primero llegó la infraestructura logística; después llegaron las inversiones; luego aparecieron las industrias y, finalmente, llegaron los empleos. Concordia hizo exactamente el recorrido inverso. Esperó que aparecieran las empresas sin ofrecer previamente las condiciones necesarias.

Exportar valor y no solamente volumen

Nuestra región produce alimentos, cítricos, arándanos, nuez pecán, miel, madera, arroz, carne, pescado, productos farmacéuticos y una enorme cantidad de bienes con alto valor agregado. Muchos de ellos terminan exportándose por vía marítima. Ese sistema resulta indispensable para grandes volúmenes, pero no necesariamente para mercadería perecedera o productos cuyo valor económico justifica el transporte aéreo.

La carga aérea permite llegar en pocas horas a mercados internacionales con frutas frescas, alimentos premium, flores, productos farmacéuticos, biotecnología, componentes industriales o mercadería de alto valor. Precisamente allí radica la diferencia entre vender materias primas y vender producción con mayor valor agregado.

Una oportunidad que nunca se construyó

Quizás el mayor error no haya sido no tener un aeropuerto de cargas. El verdadero error consistió en que las entidades empresariales, industriales, comerciales, financieras y de servicios nunca lograron construir una estrategia conjunta para aprovechar esa infraestructura. Durante años nadie pareció preguntarse qué rutas aéreas internacionales sobrevuelan nuestra región, qué compañías transportan carga desde Buenos Aires hacia Brasil, Chile, Estados Unidos o Europa, qué productos demandan esos mercados ni cómo insertar a Concordia dentro de esa red logística. Sin planificación, las oportunidades simplemente pasan de largo.

Cambiar el paradigma

También la sociedad deberá asumir un cambio cultural. Durante décadas el empleo público fue considerado el principal horizonte laboral. Ese paradigma ya no resulta sostenible. Ningún país desarrollado construyó prosperidad apoyándose exclusivamente en el crecimiento permanente del Estado. El empleo público cumple una función esencial, pero no puede transformarse en el único motor económico de una ciudad. La riqueza se genera cuando existen empresas, industrias, innovación, exportaciones e inversión privada. Todo lo demás termina siendo una consecuencia.

El verdadero debate

Por eso la discusión no debería limitarse a si había demasiados empleados municipales o si era necesario reducir la planta. La verdadera discusión consiste en responder una pregunta mucho más incómoda: ¿qué hará Concordia para que dentro de diez años miles de jóvenes no sigan dependiendo de un cargo público para construir su futuro?

Mientras esa pregunta continúe sin respuesta, cada despido seguirá siendo apenas un número menos en la planilla de gastos y una familia más buscando trabajo en la ciudad más pobre de la Argentina. Administrar el ajuste puede ordenar un presupuesto. Pero solamente un proyecto productivo puede cambiar el destino de una ciudad.

Facil de decir, dificil de hacer . SI con seguridad debe se hecho !!

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Por : Alejandro Monzón

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