Una señal que vale más que mil discursos
A veces las noticias más importantes no aparecen en los grandes titulares ni en las conferencias de prensa. Están escondidas en los pequeños detalles de la vida cotidiana. En una góndola de supermercado. En una etiqueta. En un producto que, inesperadamente, encontramos fuera de nuestras fronteras.
Eso ocurre hoy en Brasil, donde cada vez resulta más frecuente encontrar productos elaborados en Argentina ocupando espacios que históricamente pertenecían a marcas locales o de otros mercados.
Puede parecer una anécdota menor. No lo es.
Para un país que durante décadas convivió con crisis recurrentes, inflación, restricciones para exportar y una economía acostumbrada a mirar hacia adentro, ver productos argentinos compitiendo en uno de los mercados más grandes de América Latina constituye una señal que merece atención.
¿A qué responde este fenómeno?
La respuesta todavía no está clara.
Algunos sostienen que se trata simplemente de una cuestión cambiaria. Que la relación entre el peso y el real volvió competitivos ciertos productos argentinos.
Otros creen que hay algo más profundo detrás del fenómeno.
Una nueva generación de empresarios que comenzó a mirar la región como mercado natural de expansión.
Empresas que dejaron de pensar exclusivamente en sobrevivir y comenzaron a pensar en crecer.
Emprendedores que entendieron que la única manera de escapar de los límites del mercado interno es conquistar nuevos consumidores fuera de Argentina.
Y también podría existir un cambio cultural que lentamente empieza a abrirse paso entre dirigentes políticos, cámaras empresariales y sectores productivos: la idea de que exportar no debe ser una excepción, sino una política permanente.
Brasil: el desafío más grande
Brasil no es cualquier destino.
Con más de 200 millones de habitantes, una economía varias veces superior a la argentina y un enorme desarrollo industrial, representa el mercado más importante del Mercosur.
Penetrar comercialmente en Brasil nunca fue sencillo.
Por eso cada producto argentino que logra instalarse allí es mucho más que una venta.
Es una prueba de competitividad.
Es empleo argentino.
Es producción nacional transformándose en divisas.
Es valor agregado cruzando una frontera.
Y sobre todo es una demostración de que las empresas argentinas pueden competir cuando encuentran condiciones adecuadas.
Lo que no se dice
Durante años Argentina debatió cómo repartir riqueza antes de discutir seriamente cómo generarla.
Las exportaciones quedaron muchas veces atrapadas entre regulaciones, impuestos distorsivos, burocracia y una visión política que veía con sospecha al sector privado.
El resultado fue conocido: menos inversiones, menor crecimiento y una economía cada vez más dependiente de su mercado interno.
Por eso estas imágenes tienen un valor simbólico.
No muestran solamente un producto argentino en una góndola brasileña.
Muestran la posibilidad de un cambio de paradigma.
La idea de que el crecimiento económico sostenible no surge de imprimir dinero ni de aumentar impuestos, sino de producir más, vender más y competir mejor.
Un ejemplo que debería contagiarse
El verdadero desafío es que este fenómeno no quede limitado a unas pocas empresas.
Argentina posee capacidad para exportar alimentos, tecnología, maquinaria agrícola, software, servicios profesionales, productos farmacéuticos, biotecnología y una enorme variedad de bienes industriales.
Pero para que eso ocurra se necesita persistencia.
Persistencia de los empresarios para invertir.
Persistencia de los trabajadores para mejorar procesos.
Persistencia de los gobiernos para sostener reglas claras.
Persistencia de una sociedad que entienda que el desarrollo no llega por decreto.
Si más emprendedores argentinos se animan a mirar hacia el exterior, si más empresas deciden competir en mercados internacionales y si las condiciones acompañan, estas imágenes podrían convertirse en algo habitual.
Una esperanza razonable
Todavía es temprano para sacar conclusiones definitivas.
No sabemos si estamos frente a un fenómeno impulsado principalmente por la diferencia cambiaria o si estamos viendo el inicio de una transformación más profunda en la cultura productiva argentina.
Lo que sí sabemos es que resulta alentador.
Porque cada producto argentino que gana espacio en Brasil representa una pequeña victoria para la producción nacional.
Y porque detrás de cada envase vendido hay trabajadores, emprendedores, transportistas, comerciantes y familias que encuentran una oportunidad de crecimiento.
Quizás sea apenas una señal.
Pero en un país acostumbrado a las malas noticias económicas, ver productos argentinos cruzando fronteras y conquistando mercados es una de esas señales que invitan a pensar que un futuro mejor sigue siendo posible.
La pregunta ya no es si Argentina puede competir.
La verdadera pregunta es cuántos más estarán dispuestos a intentarlo.
Gentileza : AMMonzon R. Sul SC.Brasil