
El 3 de enero de 2026 quedó marcado como una fecha histórica en la convulsionada historia política de Venezuela: la captura de Nicolás Maduro cerró, al menos simbólicamente, un ciclo de poder autoritario que durante años condicionó a toda la región. Ese hecho, que conmocionó al escenario internacional, reabre también en la Argentina un debate pendiente: el de las responsabilidades políticas, los respaldos explícitos y los silencios cómplices que acompañaron al régimen venezolano desde el exterior.
En ese contexto, reaparecen imágenes y gestos del pasado que hoy incomodan a más de un dirigente argentino. Fotografías, declaraciones y posicionamientos públicos que, con el paso del tiempo, dejaron de ser simples expresiones ideológicas para transformarse en documentos políticos de una época.
Entre esos antecedentes vuelven a escena vínculos y admiraciones explícitas hacia el régimen venezolano por parte de dirigentes del justicialismo, incluidos referentes de Entre Ríos. Blanca Osuna y José Cáceres, figuras históricas del peronismo entrerriano, formaron parte de ese entramado político que durante años observó —cuando no celebró— la experiencia del chavismo primero y del madurismo después.
La imagen que hoy circula como prueba elocuente no es menor: actos oficiales, gestos de cercanía y una narrativa común que en su momento se justificaba bajo el discurso de la “integración latinoamericana”, pero que hoy resulta difícil de sostener frente al colapso institucional venezolano. No se trata de imputaciones judiciales, sino de hechos políticos verificables: hubo respaldo discursivo, hubo afinidad ideológica y hubo un prolongado silencio cuando la deriva autoritaria del régimen ya era inocultable.
Blanca Osuna, exintendenta de Paraná, y actual diputada nacional y dirigente de peso dentro del PJ entrerriano, construyó su trayectoria en sintonía con los gobiernos kirchneristas. En ese marco, su cercanía política con los gobiernos de Hugo Chávez y luego Nicolás Maduro no fue un hecho aislado, sino parte de una lógica compartida por amplios sectores del peronismo gobernante de aquellos años.
José Cáceres, dirigente central del PJ entrerriano y presidente del Consejo Provincial del partido durante 2024–2025, también integró ese universo político que miró a Venezuela como modelo alternativo, aun cuando los signos de deterioro democrático ya eran evidentes. Su rol actual dentro del justicialismo provincial vuelve a poner bajo la lupa esos antecedentes, en momentos en que el PJ discute su identidad, su liderazgo y su credibilidad social.
El caso entrerriano no es una excepción. Es el reflejo de una relación mucho más profunda entre sectores del poder argentino y el régimen venezolano. La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner fue una de las principales aliadas políticas de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, y hasta hoy gran parte de los acuerdos, compromisos y entendimientos entre ambos gobiernos permanecen envueltos en un manto de opacidad que la historia aún no terminó de develar.

La captura de Maduro el 03/01/2026 no solo representa un quiebre para Venezuela. También obliga a revisar, con honestidad política, quiénes acompañaron, justificaron o relativizaron un modelo que derivó en autoritarismo, pobreza y persecución. Lo que alguna vez se presentó como una “causa latinoamericana” hoy aparece, para amplios sectores de la sociedad, como una relación profundamente nociva para la Argentina.
Traer estos hechos a la actualidad no es un ejercicio de revancha ni de oportunismo. Es un acto de memoria política. Porque las fotos existen, las palabras quedaron registradas y las decisiones tienen consecuencias. Y porque, en un país que intenta dejar atrás décadas de fracasos, recordar quiénes aplaudieron modelos que terminaron en tragedia también forma parte del debate democrático.
La pregunta sigue abierta:
¿hubo autocrítica real o solo un conveniente silencio con el paso del tiempo?
El archivo, una vez más, habla.
Redacción Análisis Litoral
