El senador entrerriano evita involucrarse en la disputa interna de La Libertad Avanza y no quiere ser candidato a gobernador. Su eventual respaldo a Rogelio Frigerio abre un nuevo escenario para 2027, pero también vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué quedó de los compromisos asumidos durante la campaña con las ciudades y dirigentes que lo acompañaron?
Joaquín Benegas Lynch parece haber elegido un camino distinto al que muchos imaginaban cuando desembarcó en la política entrerriana. El senador se mantiene al margen de la interna de La Libertad Avanza en la provincia, concentra buena parte de su actividad en el Congreso y, lejos de alimentar una candidatura propia para la Gobernación, deja abierta la posibilidad de acompañar a Rogelio Frigerio si el mandatario entrerriano decide buscar su reelección.
La posición no es menor. Después del resultado electoral de 2025, Benegas Lynch quedó instalado como una de las figuras de mayor peso del universo libertario entrerriano. Su banca en el Senado nacional le otorgó visibilidad, influencia y una plataforma política que, en principio, podría convertirlo en uno de los nombres naturales para disputar la Gobernación en 2027.
Pero él parece querer despejar esa posibilidad.
Su entorno insiste en que no tiene aspiraciones de convertirse en gobernador, ni en 2027 ni en 2031. Su argumento es que llegó a la política desde el sector privado, fundamentalmente vinculado a la actividad agropecuaria, y que su ingreso respondió al pedido de Javier Milei para participar de la construcción política del proyecto liberal.
Hasta allí, una definición personal.
El problema aparece cuando esa decisión se cruza con las expectativas que su candidatura generó en distintas ciudades entrerrianas durante la campaña electoral.
El voto se pidió en el territorio; ahora también se reclama presencia
Benegas Lynch recorrió distintas localidades de Entre Ríos durante la campaña, buscó respaldos, habló con dirigentes, militantes, afiliados y sectores productivos y, como ocurre con prácticamente cualquier dirigente que sale a pedir el voto, dejó planteadas expectativas y compromisos de trabajo territorial.
Y allí aparece una de las principales críticas que comienza a escucharse en el interior provincial.
En varias ciudades donde el actual senador fue a pedir el acompañamiento electoral, dirigentes y militantes aseguran que quedaron compromisos de retorno, reuniones y presencia territorial que, una vez obtenida la banca, no tuvieron la continuidad esperada.
El reclamo, además, no se limita exclusivamente a Benegas Lynch.
Es una crítica que atraviesa a buena parte de los legisladores entrerrianos que llegaron a sus cargos bajo la bandera de La Libertad Avanza. Durante la campaña necesitaron de la estructura militante, de los afiliados, de los referentes locales y de quienes pusieron la cara en cada ciudad para conseguir los votos. Sin embargo, una vez asumidos sus cargos, muchos de esos actores sienten que quedaron relegados a un segundo plano.
La pregunta que empieza a instalarse es inevitable: ¿la política libertaria pretende construir una estructura territorial permanente o solamente necesita a sus referentes locales cuando llegan las elecciones?
Porque pedir el voto en Concordia, Paraná, Gualeguaychú, Concepción del Uruguay, La Paz, Villaguay, Federación, Colón o cualquier otra ciudad implica también asumir una responsabilidad posterior.
El vínculo con quienes acompañaron una candidatura no debería terminar el día de la elección.
Y menos aún en un espacio político que llegó al poder denunciando precisamente las viejas prácticas de la política tradicional.
La Libertad Avanza y una contradicción que empieza a preocupar
La situación genera una contradicción que los libertarios entrerrianos deberán resolver si pretenden llegar competitivos a 2027.
La Libertad Avanza construyó buena parte de su identidad denunciando a la denominada “casta”, cuestionando el profesionalismo político y prometiendo una nueva forma de relacionarse con la sociedad.
Pero si sus dirigentes comienzan a reproducir una práctica conocida —aparecer durante la campaña, pedir apoyo, asumir y luego desaparecer del territorio— el problema deja de ser exclusivamente político y pasa a ser también de credibilidad.
No alcanza con tener una banca en el Senado o una oficina en Buenos Aires para construir una representación provincial.
La política se hace también en las ciudades, en los barrios, con los productores, comerciantes, empresarios, trabajadores y militantes que sostienen una estructura cuando las cámaras de televisión se apagan.
Benegas Lynch parece haber entendido que no necesita disputar la interna libertaria para conservar influencia. Su eventual acuerdo con Frigerio podría incluso convertirlo en una pieza relevante de la ingeniería electoral de 2027.
Pero esa estrategia tiene un costo: cuanto mayor sea su gravitación, mayor será también la exigencia de quienes lo acompañaron para que explique qué piensa hacer con la estructura política que ayudó a construir.
Frigerio, una alianza que ya no parece imposible
El dato político más importante del posicionamiento de Benegas Lynch es, sin dudas, su mirada sobre Rogelio Frigerio.
El senador considera que La Libertad Avanza podría acompañar al gobernador si decide buscar la reelección, siempre que el mandatario mantenga una clara alineación con las ideas del Gobierno nacional.
La definición rompe, al menos parcialmente, con la expectativa de quienes imaginaban una competencia directa entre libertarios y Juntos por Entre Ríos.6
Benegas Lynch no parece dispuesto a ocupar ese lugar.
Por el contrario, reconoce aspectos positivos de la gestión provincial y considera que Frigerio recibió una provincia “diezmada”. También valora que algunas de las prioridades de la administración entrerriana coincidan con las del Gobierno nacional, especialmente en materia de reducción del gasto público y reforma del Estado.
Si esa posición se consolida, el escenario electoral entrerriano podría cambiar sustancialmente.
Porque una eventual alianza entre el oficialismo provincial y La Libertad Avanza dejaría a buena parte de la oposición frente a un desafío considerable: competir contra un espacio que podría reunir al aparato territorial provincial con el caudal electoral que Javier Milei mantiene en Entre Ríos.
Pero todavía falta mucho.
El verdadero desafío para los libertarios está en el territorio
La cuestión central no será solamente quién encabezará una lista en 2027.
Será saber qué estructura política quedará en pie cuando llegue ese momento.
La Libertad Avanza tiene una enorme oportunidad en Entre Ríos, pero también un problema que no debería subestimar: transformar el voto de Milei en una construcción política territorial propia.
Y para eso no alcanza con dirigentes nacionales, senadores, diputados ni fotografías de campaña.
Se necesitan referentes locales, militantes y dirigentes que sientan que sus esfuerzos fueron reconocidos y que los compromisos asumidos durante las recorridas electorales no fueron simplemente una herramienta para conseguir votos.
Si Benegas Lynch pretende mantenerse por fuera de la interna y apostar a una eventual alianza con Frigerio, está en todo su derecho político.
Pero quienes pusieron el cuerpo para conseguir los votos también tienen derecho a preguntar qué lugar ocuparán en ese proyecto.
Porque la política tiene memoria.
Y en 2027, cuando vuelvan a pedir el voto ciudad por ciudad, probablemente muchos recuerden quién estuvo cuando había que ganar y quién volvió solamente cuando hubo que volver a pedir apoyo.
