
Hay destinos que crecen a fuerza de campañas ruidosas, slogans grandilocuentes y promesas que rara vez se sostienen en el tiempo. Y hay otros —mucho más escasos— que avanzan casi sin estridencias, apoyados en una idea clara, en decisiones coherentes y en una lectura inteligente del territorio.
El área del Lago de Salto Grande, en jurisdicción de Santa Ana, pertenece claramente a este segundo grupo.
Vista desde la costa, la postal es contundente: el lago se abre como un mar interior, apenas interrumpido por un horizonte lejano que le otorga una profundidad visual poco frecuente en la región. No es exagerado afirmar que este sector del norte entrerriano comienza a consolidarse como una verdadera perla turística peninsular, todavía en formación, pero con rasgos muy definidos.
Un objetivo claro: turismo de naturaleza, descanso y escala humana
Uno de los mayores aciertos del desarrollo de Playa 52 y su entorno es que nunca perdió de vista su objetivo central:
no convertirse en un balneario masivo desordenado, sino en un destino de turismo familiar, de contacto con la naturaleza, de permanencia cuidada y experiencia tranquila.
Ese objetivo se refleja en múltiples decisiones:
- El respeto por la línea natural de la costa.
- La ausencia de grandes estructuras invasivas.
- La convivencia equilibrada entre bañistas, servicios y paisaje.
- La progresiva mejora del espacio sin rupturas abruptas.
No hay aquí improvisación total ni crecimiento caótico. Hay, más bien, lo que podría definirse como un plan de desarrollo silencioso, que avanza paso a paso, corrigiendo, probando y ajustando.
Oferta de servicios: alojamiento con identidad y categoría
Otro punto clave del posicionamiento del destino es la oferta de alojamiento.
Bungalows, casas de alquiler temporario y complejos de muy buena categoría comenzaron a multiplicarse en la zona, muchos de ellos con una estética cuidada, integración paisajística y servicios acordes a un turista que busca algo más que “pasar el día”.
Este tipo de alojamiento:
- Fomenta la estadía prolongada.
- Genera economía local directa.
- Reduce la presión sobre el espacio público en horarios pico.
- Consolida una identidad turística más sólida que el simple excursionismo.
En términos estratégicos, es un activo que debería ser articulado formalmente dentro de un plan de marketing turístico, algo que —a esta altura del crecimiento— ya no puede postergarse.
El cuidado del destino: mucho logrado, detalles por pulir
El estado general del predio, la limpieza, la señalización básica y la presencia de personal indican que existe una conciencia clara sobre la necesidad de cuidar el lugar.
Sin embargo, como todo destino en crecimiento, comienzan a aparecer tensiones propias de la demanda creciente.
Uno de los puntos más sensibles —y que merece una revisión seria— es el cobro compulsivo del denominado “estacionamiento”, que en los hechos funciona como una entrada encubierta.
El planteo no es ideológico ni opositor:
👉 para cobrar un servicio, debe existir una prestación concreta.
Hoy, si se cobra estacionamiento:
- Deberían garantizarse espacios claramente delimitados.
- Mejorar la trama vial interna, que se satura en jornadas de alta afluencia.
- Ordenar accesos, egresos y circulación.
No se trata del monto —que individualmente no resulta significativo— sino de la lógica: la suma de pequeños cobros, multiplicados por cientos o miles de visitantes, constituye un ingreso relevante para el municipio, que debe reinvertirse de forma visible y directa.
El rol del personal y la gestión cotidiana
Un aspecto positivo a destacar es la capacidad de orientación y presencia del personal en el lugar.
La indicación, el orden y el acompañamiento al visitante son elementos clave en destinos que aspiran a consolidarse sin perder calidad.
Aquí hay una base interesante, que debería fortalecerse con:
- Capacitación continua.
- Protocolos claros en temporadas altas.
- Información turística más desarrollada.
Planificación: la etapa que no puede demorarse
Playa 52 y el entorno del Lago Salto Grande están ingresando en una fase crítica:
la del salto de crecimiento.
Es el momento en el que muchos destinos fallan.
Crecen rápido, se llenan durante algunos veranos, pero no escuchan las demandas insatisfechas del visitante. Y cuando ese visitante no vuelve, ya es tarde.
Por eso, resulta imprescindible que quienes administran este espacio avancen hacia:
- Un plan integral de marketing turístico.
- Definición clara de público objetivo.
- Capacidad de carga del lugar.
- Estrategias de sustentabilidad ambiental y social.
No como un lujo técnico, sino como una herramienta de supervivencia a largo plazo.
Cuando se quiere, se puede (y se sostiene)
Como señalaba una nota anterior destacada en Análisis Litoral:
“Cuando se quiere, se puede. Y en Santa Ana lo demostramos de nuevo. Playa 52 — uno de los rincones naturales más hermosos a orillas del Lago Salto Grande, elegido por familias y turistas que buscan descanso y contacto con la naturaleza — sigue creciendo y mejorando para todos quienes la visitan.”
La frase no es solo una consigna optimista: es una advertencia positiva.
El crecimiento ya está ocurriendo.
La diferencia la marcará cómo se administre de ahora en más.
Si se planifica, si se escucha al visitante, si se cuida el entorno y se ordena la prestación de servicios, Playa 52 puede consolidarse como uno de los ejemplos más interesantes de desarrollo turístico sustentable del norte entrerriano.
Todavía está a tiempo. Y eso, en materia de turismo, no es un detalle menor.








