
Maquillaje nuevo, viejas trampas y un electorado al que intentan volver a engañar
Lo que se intenta presentar como una novedad política no es más que una maniobra conocida, repetida y previsible. Guillermo Michel, dirigente entrerriano de estrecha vinculación con Sergio Massa, ensaya su alejamiento del PJ tradicional para promover un supuesto “panperonismo amplio”, edulcorado y sin conflicto, que en los hechos funciona como un engaño al electorado y una operación clásica de reconfiguración del poder por fuera de las estructuras partidarias.
Nada nuevo bajo el sol. El mismo método, los mismos operadores y la misma lógica que ya fracasó.
Michel no es un actor menor ni un recién llegado. Fue director general de Aduanas, uno de los cargos más sensibles del Estado argentino, desde donde se controlan el comercio exterior, el acceso a divisas y los mecanismos de importación y exportación. Desde allí construyó una relación de extrema cercanía con Sergio Massa, convirtiéndose en una pieza clave del engranaje económico-político del massismo.
Durante ese período, la Justicia puso la lupa sobre presuntas maniobras irregulares que involucraron a la AFA, empresas importadoras y funcionarios aduaneros. La hipótesis investigada —reflejada en actuaciones judiciales y coberturas periodísticas— describe un mecanismo ya conocido en la Argentina del saqueo: la obtención de dólares al tipo de cambio oficial mediante operaciones de importación con documentación presuntamente irregular, para luego desviar esas divisas y volcarlas al mercado paralelo, obteniendo ganancias millonarias fuera de la ley.
Dólar oficial para pocos, dólar blue para el negocio.
Un esquema que habría contado con facilitación interna en Aduana, uso de papeles dudosos y desvío de fondos, configurando posibles delitos de contrabando, evasión fiscal y lavado de activos. No se trata de rumores ni operaciones mediáticas: se trata de investigaciones judiciales en curso y de un patrón que se repite cada vez que el Estado queda capturado por redes de poder.
Lejos de marcar una ruptura, la figura de Michel encaja perfectamente en la lógica política de Sergio Massa: ampliar por afuera, vaciar por adentro y negociar siempre por detrás. El “panperonismo” que se intenta vender no es unidad, es licuación ideológica. No es renovación, es reciclaje de estructuras agotadas. No es amplitud, es fragmentación funcional.
El elenco es conocido. Vuelven a aparecer nombres como Pichetto, Masot y otros operadores que supieron ser furgón de cola del macrismo cuando hizo falta disciplinar al peronismo, bloquear debates o garantizar gobernabilidad ajena. Hoy regresan con otra escenografía, el mismo libreto y el mismo objetivo: dividir para condicionar.
No hay error ni ingenuidad. Hay coherencia. Coherencia con una forma de hacer política basada en la rosca cerrada, la trampa elegante y la traición sistemática. Michel no construye poder social ni político: opera. No suma voluntades: fractura espacios. No representa a una base militante: responde a intereses cruzados.
Su trayectoria lo define mejor que cualquier discurso. Un profesional del armado táctico, funcional siempre a proyectos personales y profundamente útil cuando el sistema necesita vaciar de contenido al peronismo real, territorial y popular.
Esta “nueva aventura” no tiene nada de nueva. Cambian los sellos, cambian los slogans, pero el fondo permanece intacto: confusión política, fragmentación y negocios para pocos. Detrás de la careta masista, como tantas otras veces, vuelve a asomar la mano del macrismo, beneficiado cada vez que el campo popular se divide y se desorienta.
La pregunta ya no es si el electorado va a creer el relato.
La pregunta es cuánto daño más puede soportar la política argentina a fuerza de simulaciones, reciclajes y panperonismos de cartón.
ANALISIS LITORAL
