
La visita de jóvenes entrerrianos de La Libertad Avanza al Congreso de la Nación no fue un simple recorrido institucional ni una postal para redes sociales. En un escenario político atravesado por el descreimiento, el hartazgo y la ruptura generacional con los partidos tradicionales, la presencia de militantes jóvenes del espacio libertario en el corazón del poder legislativo adquiere una carga simbólica que va más allá de la agenda formal.
Se trata de una generación que no se formó al calor del Estado benefactor, ni bajo la lógica del empleo público como refugio, ni de la militancia rentada como vía de ascenso social. Por el contrario, muchos de estos jóvenes crecieron viendo cómo el sistema político se alejaba de la realidad productiva, mientras las provincias del interior —Entre Ríos incluida— quedaban atrapadas entre promesas incumplidas, estructuras partidarias cerradas y una dirigencia más preocupada por conservar privilegios que por generar oportunidades.
El paso por el Congreso funcionó, para ellos, como una instancia de contacto directo con el funcionamiento institucional, pero también como un contraste. Allí donde durante décadas se consolidaron acuerdos opacos, leyes hechas a medida y consensos de espaldas a la sociedad, hoy irrumpen jóvenes que interpelan ese orden desde una mirada crítica, disruptiva y, en muchos casos, incómoda para la política tradicional.
No es un dato menor que esta visita se produzca en un contexto de reconfiguración del mapa político nacional, con un oficialismo libertario que plantea una reducción drástica del Estado, la eliminación de privilegios corporativos y una revisión profunda del rol de la dirigencia. Para los jóvenes entrerrianos, el Congreso deja de ser un espacio lejano o intocable y pasa a ser un territorio a disputar, no desde la rosca, sino desde las ideas.
En una provincia históricamente marcada por el peso del peronismo y por una cultura política basada en el aparato, la emergencia de cuadros juveniles libertarios introduce una variable nueva: la politización sin intermediarios, la formación política por fuera de los partidos tradicionales y una narrativa que conecta con el cansancio social. No hay bombos, no hay sindicatos detrás, no hay promesas de cargos. Hay convicción, identidad y una lectura crítica del pasado reciente.


La visita al Congreso, en ese sentido, también expone una tensión latente: mientras muchos jóvenes siguen emigrando o resignándose a la precariedad, otros deciden involucrarse y disputar sentido desde adentro del sistema, con la intención explícita de cambiarlo. Resta saber si la política institucional estará a la altura de ese desafío o si, una vez más, intentará absorber, diluir o neutralizar a quienes llegan con una lógica distinta.
Por ahora, el dato es claro: los jóvenes entrerrianos de La Libertad Avanza no fueron al Congreso a mirar vitrinas. Fueron a marcar presencia, a aprender cómo funciona el poder y, sobre todo, a dejar en claro que una parte de la nueva generación ya no está dispuesta a aceptar que la política sea un club cerrado para los mismos de siempre.

