
Mientras las escuelas entrerrianas acumulan problemas estructurales, salarios que corren detrás de la inflación, edificios deteriorados y una formación docente que muchas veces depende más del esfuerzo individual que de una política sostenida, la conducción de AGMER vuelve a elegir otro camino: el de la militancia ideológica internacional, ajena —y hasta ofensiva— a su función principal.
Este 3 de enero de 2026, la comisión directiva central del gremio docente emitió un comunicado en el que denuncia una supuesta “intromisión de Estados Unidos en América Latina”, repudia un “ataque imperialista a Caracas” y habla del “secuestro del presidente de Venezuela”, en una defensa implícita —y sin matices— del régimen de Nicolás Maduro, un gobierno señalado internacionalmente por violaciones sistemáticas a los derechos humanos, persecución política, censura y represión.
La pregunta es inevitable:
¿qué tiene que ver todo esto con la educación entrerriana?
Ideología antes que escuela
AGMER no es un partido político ni una organización de geopolítica internacional. Es —o debería ser— un gremio docente, con responsabilidades concretas y urgentes:
- discutir salarios dignos,
- exigir condiciones edilicias seguras,
- promover capacitaciones reales y de calidad,
- defender a los docentes sin someter a las familias y a los alumnos a extorsiones recurrentes.
Sin embargo, una vez más, el sindicato parece cómodo en el rol de tribuna ideológica, repitiendo consignas de manual, citando la Doctrina Monroe y hablando de “patios traseros”, mientras evita cualquier autocrítica sobre su propio accionar local.
Resulta, como mínimo, vergonzoso que quienes tienen influencia directa en la formación de niños y adolescentes naturalicen —o justifiquen— regímenes autoritarios, (con mas de 900 detenidos políticos incluso niños ) cerrando los ojos frente a la realidad venezolana: éxodo masivo, presos políticos, pobreza estructural y un Estado capturado por una élite gobernante.
Febrero: la vieja historia
El contraste es aún más irritante cuando se recuerda el patrón repetido año tras año:
silencio durante meses, y cuando llega febrero, paro, presión y conflicto, con la educación como rehén y las familias atrapadas en disputas que podrían —y deberían— haberse trabajado antes.
¿Por qué no hay comunicados encendidos en octubre o noviembre reclamando presupuesto educativo?
¿Por qué no hay el mismo énfasis discursivo para exigir planes de infraestructura, conectividad, formación continua o evaluaciones serias del sistema?
La respuesta parece clara: la ideología rinde más que la gestión.
Un llamado de atención
No se trata de censurar ideas, sino de ubicar prioridades. Cuando un gremio docente se pronuncia con fervor para defender a un dictador extranjero, pero no logra resolver —ni anticipar— los problemas básicos de la educación provincial, algo está profundamente mal.
AGMER debería preguntarse si representa a los docentes entrerrianos o a una agenda política que nada tiene que ver con el aula, el pizarrón y el futuro de los chicos.
Porque educar no es adoctrinar,
defender derechos no es justificar autoritarismos,
y la escuela no puede seguir siendo rehén de quienes confunden sindicalismo con militancia partidaria.
