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Un año después del Pacto de Julio: promesas que no arrancan

Redacción 18 agosto, 2025
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A un año del Pacto de Julio, Francisco Azcué parece haber abandonado el consenso que prometía
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A un año del Pacto de Julio, Francisco Azcué parece haber abandonado el consenso que prometía para refugiarse en un monólogo cada vez más autoritario y ensimismado. Ajuste, despidos, enfrentamientos con distintos sectores y un relato que se apaga entre el abrazo libertario y la soledad política. El intendente que venía a cambiarlo todo, todavía no arranca.

Lo que empezó como una promesa de renovación terminó convertido en una caricatura de poder solitario, donde la autoridad se confunde con el autoritarismo, y el liderazgo con el capricho. Como si gobernar fuera una cruzada personal y no un acto de responsabilidad colectiva.

La política —como la vida— no se hace en soledad. Pero Azcué parece convencido de que puede manejar la ciudad sin oposición, sin interlocutores, sin molestias. En esa fantasía de control absoluto, dejó de responder pedidos de informes, ignoró los mensajes del Concejo, evitó hablar con la prensa incómoda y eligió blindarse en un mutismo institucional.

El 17 de agosto de 2024, en un salón decorado de buenas intenciones, nacía el “Pacto de Julio”, su ceremonia de comunión, émulo del “Pacto de Mayo” de Milei y gobernadores. Allí, «frente a un centenar de instituciones», Azcué prometía “espacios de diálogo y búsqueda de consenso”, mesas de trabajo sectoriales, escucha activa y compromiso ciudadano. El intendente hablaba de “pensar en nuestros hijos y nietos”, de “construir en un marco de respeto incluso con quienes no coincidimos” y de una “conversación pública productiva que pusiera fin a una larga era de conflictos e impotencia”.

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La foto oficial del Pacto de Julio: Supremacía de funcionarios y concejales oficialistas

Un año después, el contraste no puede ser más evidente. Lo que se presentó como una base para la planificación colectiva y la cohesión social terminó siendo un compromiso incumplido, casi una estafa emotiva. Donde debía haber mesas de trabajo, hay decretos exprés. Donde se invocaba diálogo, reina el silencio. Donde se prometía respeto a las instituciones, hay choques permanentes y ninguneo.

Azcué eligió mostrarse duro, pelearse con todos. Con los trabajadores, con los gremios, con comerciantes y profesionales. Con los periodistas. Con los que lo votaron. Con los que no. Cambió una sonrisa de dientes perfectos por un gesto seco y una mirada helada. Y así nació el personaje del “Sheriff Azcué”, un Clint Eastwood del subdesarrollo.

El problema es que el “Sheriff” no dialoga. Dispara. Refugiado en la trinchera del enojo y la desconfianza. En tiempo récord logró la hazaña de unir gremios que no se saludaban ni el Día del Trabajador Municipal. Su política de despidos y recortes cayó como piedra en un vidrio fino. Despidió a decenas de trabajadores de los más pobres, monotributistas y contratados con pagas miserables. Dejó esperando y sin respuestas a movimientos sociales, a trabajadores, a instituciones preocupadas por los flagelos sociales.

Además, buena parte de esos despidos terminaron —y siguen— en juicios laborales. Incluso hay causas abiertas que hablan del maltrato institucional. La radio pública cerrada de un portazo. Sin aviso. Sin diálogo, como tantas otras medidas tomadas en estos últimos meses.

El “mileismo municipal” no se limitó a recortes y despidos: incluye persecuciones, señalamientos y prejuicios, sumados a un modo de gobernar sostenido en decretos, atropellos y escaso apego al diálogo. Nada nuevo -puede ser-, pero muy lejos de lo que se prometió al llegar.

Eso sí, entre gallos y medianoche, “la mayoría automática” en el Concejo aprobó reformas del COUyT (Código de Ordenamiento Urbano y Territorial), cambios normativos, autorizaciones, excepciones y condonaciones por pedido del ejecutivo y a medida de algunos privados, y se sumaron cuestionamientos por adjudicaciones exprés, compras directas, el aterrizaje de fundaciones antiderechos, ONGs con tufillo a negocios y asesorías ajenas y lejanas a la ciudad.

El frente político que lo sostuvo también empezó a crujir. El pacto con Cresto, que parecía la columna vertebral de la gobernabilidad, se quebró luego de idas y venidas. Referentes de Evolución Radical y el PRO usados, maltratados y descartados. Lo que empezó como un coro de voces, como una alianza para gobernar distinto a los anteriores,  terminó en una municipalidad dividida en parcelas y una conducción que parece un soliloquio sostenido por algoritmos porteños y cálculos fríos.

No parece un liderazgo audaz, sino la soledad del que se va encerrando en un círculo rojo o en alguna otra forma geométrica “de hierro”.

Sin obras importantes, mala recaudación, sin inversiones, con una situación social que empeora y una economía planchada, la falta de respuestas de gestión parece buscar la salida enrolándose en la narrativa libertaria de la mano dura, de atacar tanto a la oposición como a cualquier crítico. “Cínicos y perversos”, los llamó. Así, se convierte en una serpiente que se devora a sí misma, desgastando su propio capital político casi tan rápido como el relleno sanitario del Campo el Abasto.

Desde Paraná lo siguen con una preocupación casi alarmante: “Encima que la cosa está difícil, se pelea con todos al mismo tiempo”.

Y mientras tanto, el eslogan de la calle se afianza y no perdona: «No arranca», se escucha con sorna. Una frase que incomoda, pero que resume el desánimo y la impaciencia de muchos. Porque después de un año y medio de gestión, siguen culpando a la anterior… O tal vez como me dijo un colega: «Yo no diría que no arranca, me parece que lo que pasa es que arrancó mal y parece ir por la banquina. Para la mierda, pero arrancó. No es un gobierno que no hace. Hace y mucho daño».

La distancia entre aquel discurso solemne de agosto de 2024 —cuando Azcué prometía consensos, mesas de diálogo, respeto y planificación de largo plazo— y la realidad actual de una gestión aislada, cerrada y autoritaria, confirma que el Pacto de Julio fue más un gesto de marketing político, un primer guiño al libertario mayor, que una práctica de gobierno.

Fuente: Diario Junio Digital

Tags: Paraná
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