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La confirmación oficial por parte del municipio de la existencia de “episodios” de contaminación vinculados a la empresa EGGER volvió a encender las alarmas en el barrio Las Tejas y zonas aledañas al Parque Industrial de Concordia . No se trata de un reclamo aislado ni reciente: los vecinos aseguran que la situación se repite desde hace tiempo y que, lejos de resolverse, se habría intensificado en las últimas semanas, exponiendo a la población a posibles riesgos sanitarios y ambientales.
La empresa EGGER —actual operadora de la planta que años atrás funcionó bajo la razón social Masisa— se dedica al procesamiento industrial de grandes volúmenes de madera, una actividad que implica el uso de calderas de gran porte, sistemas de combustión y procesos químicos asociados a resinas, adhesivos y secado industrial, cuyas emanaciones deben ser estrictamente controladas bajo normas ambientales nacionales, provinciales y municipales.

El reclamo vecinal: “No es la primera vez”
En diálogo con un diario local , Marcelo Fernández, vecino del barrio Las Tejas, explicó que la comunidad se encuentra organizada y movilizada para exigir respuestas concretas. “Nosotros estamos reunidos con la comunidad vecinal para reclamar por el tema de la contaminación que genera la empresa EGGER”, afirmó, subrayando que no se trata de un hecho aislado ni de una primera denuncia.
Según relató, este lunes se presentó una nota formal ante la Dirección de Saneamiento Ambiental, recibida por la División de Control de Ambiente, en la que se exige la activación de protocolos de control y monitoreo. “Se ve claramente la contaminación”, remarcó Fernández, aludiendo a la presencia constante de partículas en suspensión que se depositan en autos, viviendas, vidrios y espacios públicos, lo que tambien estaría siendo respirado en el entorno por los vecinos.
Respuestas informales y sin respaldo técnico
Uno de los puntos más preocupantes del conflicto es la falta de documentación oficial, firmada y con responsables técnicos identificables. Según el testimonio vecinal, la empresa habría enviado un archivo en formato PDF, sin firma ni aval profesional, en el que sostiene que el material que se dispersa en el aire sería “fibra de madera”, de carácter orgánico y “no respirable”.
Sin embargo, los vecinos ponen en duda esa explicación. “Estas condiciones se ven todo el tiempo y en los últimos 20 días incluso con mayor intensidad”, señalaron, alertando que lo que se respira no puede reducirse livianamente a polvo inofensivo, especialmente en una planta que trabaja con adhesivos industriales, resinas sintéticas y procesos térmicos de alta temperatura.

Fallas técnicas y ausencia de controles públicos
Desde la empresa se habría reconocido una falla en uno de los sistemas de captación de partículas, conocido como “ciclón”, que habría sido reemplazado el 2 de diciembre de 2025 pero sin funcionar correctamente. Actualmente, según indicaron, estarían a la espera de poner en marcha otro dispositivo.
Mientras tanto, la emisión de material particulado continúa, sin que exista —según los vecinos— una comunicación directa, clara y documentada por parte del municipio. “Hasta el día de la fecha, nadie de la municipalidad se ha comunicado con nosotros”, denunció Fernández.
Este dato no es menor: expone una posible falencia en los mecanismos de fiscalización ambiental, que son responsabilidad indelegable del Estado municipal, especialmente cuando se trata de industrias de alto impacto instaladas en zonas linderas a barrios residenciales.
Montículos de aserrín, chimeneas activas y dudas sobre lo que se respira
El reclamo vecinal va más allá de lo visible. Fernández describió la existencia de montículos gigantes de aserrín, “del tamaño de un edificio”, que al combinarse con viento y actividad industrial generan una nube constante de partículas. A esto se suma lo que emana de las chimeneas de la planta, cuya composición exacta —según afirman— nadie ha informado oficialmente.
“Estamos pidiendo a Medio Ambiente que active el protocolo y nos digan qué es lo que se está liberando”, reclamó. Según los vecinos, el material que se deposita en superficies “parece un tipo de pegamento”, ya que una vez adherido resulta difícil de remover, lo que refuerza las sospechas sobre la presencia de componentes químicos y no solo residuos orgánicos.
Antecedentes: una planta con historia de conflictos ambientales
La actual preocupación no puede analizarse de manera aislada. La planta, cuando operaba bajo la firma Masisa, ya había sido objeto de cuestionamientos ambientales en distintos puntos del país, relacionados con emisiones atmosféricas, manejo de residuos industriales y cercanía a zonas urbanas.
A nivel nacional e internacional, la industria de tableros MDF y aglomerados de madera ha sido señalada en múltiples estudios por la emisión de material particulado fino (PM10 y PM2.5), compuestos orgánicos volátiles y formaldehído, sustancias que pueden generar efectos adversos en el sistema respiratorio, irritaciones, alergias y, en exposiciones prolongadas, patologías más severas.
Posibles consecuencias legales
Ante la falta de respuestas claras y controles efectivos, algunos vecinos ya mencionan la posibilidad de avanzar por la vía legal para resguardar el derecho a la salud y a un ambiente sano, consagrado en el artículo 41 de la Constitución Nacional. La eventual constatación de síntomas compatibles con exposición a contaminantes podría derivar en acciones judiciales, pedidos de peritajes independientes y medidas cautelares.
La reunión vecinal prevista para el 6 de enero, en la parroquia del barrio, será un nuevo punto de inflexión. El intendente fue invitado formalmente, aunque hasta el momento no confirmó su asistencia.
Lo que está en juego
Más allá del caso puntual, el conflicto expone una discusión de fondo: el equilibrio entre desarrollo industrial, control ambiental y calidad de vida urbana. La radicación de empresas en parques industriales no exime a los municipios de ejercer controles rigurosos, transparentes y permanentes, especialmente cuando la actividad involucra procesos potencialmente contaminantes y poblaciones directamente expuestas.
La confirmación oficial de “episodios” de contaminación no debería ser un punto final, sino el inicio de auditorías ambientales serias, monitoreos públicos y comunicación clara hacia la comunidad. De lo contrario, la desconfianza seguirá creciendo, al mismo ritmo que las partículas que, según los vecinos, continúan flotando en el aire.
Redacción Análisis Litoral, con info de Diario Rio Uruguay

