
La reciente finalización del último tramo de la costanera norte de Concordia dejó una sensación ambigua: por un lado, la satisfacción por una obra largamente esperada; por el otro, la sorpresa —y para muchos, el malestar— por la ausencia total de una inauguración formal o comunicación institucional clara. Si existió algún acto oficial, lo cierto es que no trascendió públicamente. Un silencio que, para vecinos y observadores, se inscribe en una práctica que suele reprocharse a la actual administración municipal: la información llega tarde, incompleta o directamente no llega.
La no inauguración formal no es un detalle protocolar: es un síntoma. Si hubo acto, no fue comunicado; si no lo hubo, el silencio institucional confirma la percepción de que la comunicación pública se administra con cuentagotas. Y aquí aparece la primera paradoja: estamos ante una obra positiva, concreta, que mejora la conectividad urbana y amplía el frente ribereño. Parte de su impulso proviene de una etapa anterior, cuando el proyecto avanzó bajo la gestión del ex intendente interino Alfredo Francolini. La continuidad administrativa permitió que el tramo finalmente se completara, reforzando una idea saludable para cualquier política urbana: las obras estratégicas deberían trascender coyunturas partidarias. Sin embargo, el cierre del proceso careció de algo elemental: transparencia, apropiación social y construcción de relato público.
Luces y sombras de una obra necesaria
Más allá del valor estructural de la costanera, emergen detalles que no son menores. El tramo medio presenta falencias de iluminación que contrastan con el inicio —sector Coldaroli— y con el sector recientemente concluido. No se trata solo de estética: la iluminación incide en la seguridad, la apropiación social del espacio y su potencial uso turístico nocturno.
Pero el déficit no es únicamente técnico ni comunicacional. El problema de fondo es conceptual: la obra aparece como infraestructura aislada cuando podría ser el punto de partida de una planificación integrada. Una costanera no debería pensarse solo como paseo lineal, sino como plataforma de desarrollo urbano, turístico y productivo.


Una oportunidad turística que aún no se planifica
Durante recorridas nocturnas, el paisaje hacia Salto Chico y las visuales hacia la ciudad uruguaya de Salto evidencian un potencial escénico notable. En bajantes del río, el espectáculo natural adquiere una dimensión que cualquier destino turístico sabría capitalizar.
Sin embargo, no se observa —al menos públicamente— una convocatoria a sectores estratégicos que podrían potenciar el área: paradores gastronómicos, muelles recreativos, playas con protección basáltica, miradores integrados al paisaje y circuitos deportivos. La articulación con inversión privada no implica resignar lo público; significa diseñar un esquema donde la actividad económica genere empleo, dinamismo y valor urbano. Eso exige gestión integrada, algo que hoy aparece más como intención que como política concreta.


El problema estructural: erosión y defensa costera
Existe además una cuestión silenciosa pero crítica: la erosión sostenida de las barrancas en el entorno del Parque Rivadavia, conocido popularmente como Parque Zancadas. En años recientes se registraron pérdidas significativas de costa producto de crecientes y desmoronamientos. La ausencia de una defensa ribereña sostenida no solo implica pérdida territorial: limita el desarrollo futuro del corredor.
Allí surge otra oportunidad estratégica: la creación de miradores panorámicos vinculados visualmente con el histórico Castillo San Carlos, integrando paisaje, turismo y protección ambiental. La eventual continuidad del corredor hacia la Ruta Nacional 015 permitiría articular aeropuerto, autódromo y barrios en expansión bajo una lógica territorial moderna.
Una crítica que también es propuesta
La conclusión es clara: la obra existe, funciona y suma valor urbano. Pero sin planificación integral, sin convocatoria a actores clave y sin una política pública de largo plazo, su impacto quedará reducido. La infraestructura está; la visión todavía no.
Propuesta concreta de posible y discutible plan turístico para la costanera
Quizás según nuestro humilde entender transformar la costanera norte en un corredor turístico-productivo sustentable.
Infraestructura inmediata (0–2 años)
- Falta mas iluminación integral LED
- Señalética turística
- Circuitos peatonales y de recreacion
- Seguridad y monitoreo
- Convocatoria a la inversión privada
- concesiones transparentes de paradores
- Muelles recreativos y náuticos
- Playas artificiales creadas con murallones de conformación basáltica
- Miradores panorámicos
- Polo gastronómico ribereño
- Ferias productivas regionales
- Agenda cultural permanente
Protección ambiental (permanente)
- Defensa costera técnica
- reforestación de barrancas
- monitoreo hídrico
Resultado esperado: empleo, turismo continuo y valorización urbana.
Una ciudad no se transforma solo con cemento; se transforma cuando ese cemento se integra a un proyecto. La costanera norte demuestra capacidad de ejecución, pero también evidencia una dificultad histórica: convertir obras en políticas de desarrollo.
No inaugurar —o no comunicar— una inversión pública es renunciar a construir ciudadanía. El desafío real no es cortar cintas, sino conectar infraestructura con visión estratégica. La costanera ya está. Falta decidir si será un paseo más… o el inicio de un nuevo modelo urbano.

por : Alejandro Monzon para Análisis Litoral
