El massismo, liderado a nivel nacional por Sergio Massa, concretó un movimiento estratégico para hacer pie en Entre Ríos a través de una convocatoria encabezada por el exgobernador y actual diputado nacional Gustavo Bordet en Concordia. El encuentro, realizado el jueves 20 de agosto en la sede del gremio de La Bancaria, reunió a más de doscientas personas entre exfuncionarios, exlegisladores, dirigentes municipales y referentes del peronismo provincial.
La convocatoria no fue solamente una demostración de fuerza territorial. También constituyó una señal política dentro de la disputa por la futura conducción del Partido Justicialista entrerriano, particularmente por la ausencia de los sectores identificados con Axel Kicillof, entre ellos dirigentes concordienses como Enrique Cresto y Ángel Giano.
El dato adquiere mayor relevancia porque tanto Cresto como Giano aparecen entre los nombres que buscan posicionarse en la discusión por el futuro político de Concordia, mientras el denominado kicillofismo viene desarrollando reuniones y recorridas por la provincia junto a intendentes y dirigentes que pretenden construir una alternativa interna.
En ese escenario, Gustavo Bordet ratificó que no será candidato a intendente de Concordia y habló de la necesidad de reconstruir la unidad del peronismo. Sin embargo, detrás de ese discurso de unidad aparece una disputa mucho más profunda: quién tendrá la capacidad real de ordenar el PJ, definir candidaturas y conducir la estrategia electoral de 2027.
La experiencia de 2023 dejó al peronismo entrerriano fragmentado y fuera del gobierno provincial. La reconstrucción que ahora intenta Bordet busca evitar que aquella dispersión vuelva a repetirse, pero también puede interpretarse como un intento de recuperar para su sector el protagonismo que perdió frente a otras corrientes internas.
Massa vuelve al tablero, pero con un pasado que pesa
El movimiento entrerriano tampoco puede analizarse separado de la estrategia nacional de Sergio Massa, quien intenta volver al centro de la escena peronista y disputar espacios de poder frente al esquema que encabezan Axel Kicillof y el kirchnerismo.
El problema para Massa es que su regreso no ocurre sobre una hoja en blanco. Su paso por el Ministerio de Economía durante el gobierno de Alberto Fernández dejó numerosos cuestionamientos sobre los resultados económicos. Durante su gestión se profundizaron la inflación, las restricciones cambiarias y la pérdida de reservas, mientras el dólar paralelo alcanzaba niveles récord. Un análisis del IAE Business School advertía en agosto de 2023 que la inflación acumulaba 115,6% interanual y que las reservas habían retrocedido más de US$13.800 millones desde el comienzo de su gestión.
A eso se sumó una campaña presidencial en la que Massa intentó presentarse como garantía de estabilidad y orden económico, pese a que llegaba a la elección como ministro de una administración que terminaba con una economía profundamente deteriorada. Incluso algunos de sus planteos electorales fueron posteriormente cuestionados por verificadores de datos por contener afirmaciones engañosas o exageradas.
Pero ahora aparece un nuevo elemento que puede resultar políticamente todavía más incómodo.
El viaje de US$400.000 que vuelve a poner a Massa bajo la lupa
Apenas días después de reaparecer en las conversaciones del peronismo nacional, Massa y su esposa, Malena Galmarini, viajaron a Barbados junto a un grupo de amigos para celebrar sus 30 años de matrimonio.
El viaje se realizó en un Gulfstream G-500 perteneciente al grupo empresario de Francisco De Narváez. Según registros y reconstrucciones periodísticas, el costo de los vuelos involucrados rondaría los US$400.000, cifra a la que incluso podrían agregarse otros tramos del recorrido. Desde el entorno de Massa explicaron que se trató de una invitación personal de De Narváez, amigo del exministro.
Y allí aparece el problema político.
Más allá de que no existe, hasta el momento, una determinación judicial que establezca que se trató jurídicamente de una dádiva, el episodio genera inevitablemente cuestionamientos porque estamos hablando de un beneficio privado de un valor extraordinariamente elevado otorgado por un empresario a una pareja que ocupa un lugar relevante dentro de la política argentina.
La pregunta política es inevitable: ¿qué relación existe entre semejante obsequio y el vínculo entre un dirigente político y un empresario de enorme poder económico?
El contraste adquiere todavía mayor fuerza cuando se recuerda el discurso histórico del peronismo sobre las desigualdades, las grandes fortunas y los privilegios de los sectores económicamente poderosos. El episodio ofrece, como mínimo, una imagen difícil de compatibilizar con ese relato.
Y ocurre, además, en un momento particularmente sensible: Massa intenta regresar a la primera línea de la política y construir una alternativa frente a Kicillof. El viaje a Barbados, por lo tanto, no es simplemente una cuestión privada. Se convirtió en un problema político porque expone nuevamente la distancia entre determinados discursos y el estilo de vida de algunos de sus protagonistas.
Entre Bordet, Massa y la disputa que viene
En Entre Ríos, mientras tanto, el massismo comienza a mostrar sus cartas. Guillermo Michel, Rosario Romero, José Eduardo Lauritto y Adrián Fuertes aparecen entre los nombres que pueden adquirir protagonismo en el armado futuro, mientras Bordet intenta consolidar una estructura propia que le permita negociar desde una posición de fortaleza.
Fuertes, además, tiene un antecedente particularmente significativo: fue candidato a gobernador por el espacio de Sergio Massa y conserva una larga vinculación con el Frente Renovador.
La disputa, entonces, no parece reducirse a una cuestión de nombres. Es una pelea por el futuro del peronismo entrerriano y por su alineamiento nacional.
Por un lado, Kicillof busca construir una estructura propia y convertirse en referencia del peronismo opositor. Por otro, Massa intenta recuperar el protagonismo perdido y presentarse nuevamente como un dirigente capaz de ordenar una parte del peronismo no kirchnerista.
Y en Entre Ríos, Bordet parece haber entendido que quien llegue tarde a esa discusión podría quedar fuera de la mesa donde se decidirán las candidaturas.
El multitudinario encuentro de Concordia fue, en ese sentido, mucho más que una reunión partidaria: fue una demostración de que la vieja estructura todavía conserva capacidad de movilización y pretende volver a ocupar el centro de la escena.
La incógnita será si esa capacidad de movilización alcanza para recuperar el poder político o si, por el contrario, el electorado entrerriano vuelve a mirar hacia otras alternativas.
Porque el peronismo puede reorganizar sus estructuras, reunificar dirigentes y recuperar viejas alianzas. Lo que todavía no puede ordenar es la relación entre su discurso, sus dirigentes y el creciente cuestionamiento social a una dirigencia que durante años administró el poder y ahora pretende presentarse nuevamente como la solución a los problemas que ella misma contribuyó a profundizar.
FUENTE : ANALISIS LITORAL
