
Si algo le faltaba al manual del desgobierno municipal en Federación, era el capítulo final: endeudarse después de vaciar la caja. Y ese capítulo acaba de ser anunciado con sonrisas, fotos institucionales y un silencio tan espeso como preocupante.
El gobierno del intendente Ricardo Bravo vuelve a quedar en el centro de la escena tras comunicar gestiones para acceder a créditos bancarios, luego de haber aplicado aumentos de hasta el 400% en las tasas municipales, una carga que golpeó de lleno a vecinos, comerciantes y pymes locales. El dato no es opinable: las ordenanzas están ahí y los recibos también.
Lo llamativo —o directamente alarmante— es el timing. Durante años, el municipio recaudó como nunca. Sin embargo, el balance visible en la ciudad es desolador: servicios deteriorados, obras inconclusas, mantenimiento ausente y un parque automotor municipal prácticamente inoperante. Máquinas fuera de servicio, equipos abandonados y una capacidad operativa que hoy parece más un recuerdo que una herramienta de gestión.
Frente a ese escenario, la respuesta oficial no fue una auditoría, ni un informe detallado de gastos, ni un plan de recuperación con recursos propios. La respuesta fue salir a buscar crédito.
La reunión con el Banco Hipotecario fue difundida con prolijidad comunicacional, pero sin un solo dato esencial: no se informaron montos, tasas, plazos, garantías ni destino específico de los fondos. En cualquier administración ordenada, esa omisión sería grave. En una gestión cuestionada por sus resultados, es una señal de alerta.
Porque la pregunta no es ideológica ni partidaria. Es básica:
👉 ¿Para qué necesitan endeudarse si durante años cobraron más que nunca?
👉 ¿Dónde está ese dinero?
👉 Qué se hizo con los recursos que debían sostener servicios, maquinaria y obras?
Federación no necesita más deuda sin explicaciones. Necesita rendición de cuentas, controles externos, informes públicos y transparencia real. Endeudar una ciudad que ya fue exigida al límite no parece una solución: parece una huida hacia adelante, un intento de trasladar el problema a los vecinos del futuro y a las gestiones que vendrán.
Gobernar no es patear el desastre para adelante con un crédito debajo del brazo.
Gobernar es hacerse cargo.
Y hoy, la pregunta que flota en el aire ya no es si este camino puede terminar bien.
La pregunta es cuánto más puede soportar Federación antes de pagar una factura que nadie explica.
