
La Municipalidad de Concordia y el Centro de Comercio, Industria y Servicios avanzan en una prueba piloto para extender el uso peatonal del microcentro, en el marco del proyecto denominado “Centro Comercial a Cielo Abierto”. La iniciativa, presentada como un primer paso hacia la revitalización urbana, se apoya en un relevamiento reciente que, según se informó oficialmente, refleja una aceptación mayoritaria de la propuesta.
Sin embargo, más allá de los anuncios y del optimismo institucional, el proceso abre una serie de interrogantes que merecen un análisis más profundo y realista, especialmente en una ciudad atravesada por altos índices de pobreza, consumo retraído y un comercio históricamente golpeado.
Un relevamiento limitado y poco representativo
Según datos oficiales, el relevamiento se basó en 77 encuestas realizadas mayoritariamente en calle Entre Ríos y arterias transversales, de las cuales el 77% manifestó estar de acuerdo con la extensión peatonal los fines de semana y el 69% consideró que la ciudadanía “se apropiará y disfrutará” del espacio intervenido.
El primer cuestionamiento surge de manera inevitable: una muestra de estas características carece de rigor científico y representatividad social, especialmente cuando se la utiliza como respaldo para decisiones que impactan en la dinámica urbana, comercial y logística de toda una zona céntrica.
Inferir que “la ciudadanía en general” adoptará y disfrutará el espacio a partir de un número tan reducido de consultas resulta, cuanto menos, apresurado y metodológicamente endeble, más aún en una ciudad con profundas desigualdades sociales y hábitos de consumo fragmentados.
Concordia: contexto social y consumo real
Cualquier política de revitalización comercial debería partir de una premisa básica: Concordia es una de las ciudades con mayores niveles de pobreza estructural del país. Pensar que la mera ampliación de una peatonal generará por sí sola una reactivación sostenida del comercio implica desconocer la realidad económica local.
El comercio concordiense no atraviesa una crisis por falta de veredas o bancos, sino por la caída del poder adquisitivo, la baja circulación de dinero y la ausencia de propuestas atractivas que convoquen a distintos públicos etarios y turísticos.
Falta de servicios y de un “combo integral”
Otro punto crítico es la ausencia de servicios complementarios que hagan viable la apropiación real del espacio:
- No existen baños públicos adecuados.
- La oferta gastronómica es limitada y poco integrada a una propuesta urbana común.
- No hay espacios pensados para entretenimiento, arte, música en vivo o actividades culturales regulares.
- La insatisfacción de jóvenes y adultos respecto al uso del centro es un dato reiterado en distintos diagnósticos urbanos no oficiales.
Sin estos componentes, la peatonal corre el riesgo de convertirse en un espacio estático, sin vida propia, limitado a la circulación ocasional y sin impacto económico real.
Mirar ejemplos que funcionan
Existen experiencias exitosas, tanto en Argentina como en el exterior, que muestran que un “Centro Comercial a Cielo Abierto” no se construye solo con macetas e iluminación.
Un ejemplo cercano es la Calle Techada de Capilla del Monte (Córdoba), donde la peatonalización se integró con:
- Agenda cultural permanente
- Espectáculos callejeros
- Arte urbano
- Gastronomía diversa
- Servicios básicos garantizados
En ciudades como Medellín, Barcelona o incluso algunas zonas de Montevideo, estos espacios funcionan porque combinan comercio, turismo, cultura, previsibilidad de estacionamiento, zonas claras de carga y descarga, y una planificación pensada a largo plazo.
Logística, estacionamiento y comerciantes
Otro aspecto ausente del debate público es la logística comercial:
- ¿Dónde estacionarán los clientes?
- ¿Cómo se garantizará la carga y descarga de mercadería?
- ¿Qué impacto real tendrá en los comerciantes que dependen del tránsito vehicular?
Sin respuestas claras, la peatonal puede transformarse en un obstáculo más que en una solución.
Más que una prueba piloto, una discusión de fondo
Extender la peatonal puede ser una herramienta válida, pero no puede presentarse como una solución en sí misma. Sin un plan integral, sin estudios amplios, sin participación real de todos los actores y sin una mirada turística y cultural, la iniciativa corre el riesgo de quedar reducida a una acción simbólica.
Una planificación seria y sustentable debería aspirar a crear un espacio vivo, que no solo ordene el tránsito o embellezca una cuadra, sino que genere identidad, actividad económica real y atractivo urbano, algo que hoy, con los datos disponibles, aún está lejos de demostrarse.
por Alejandro Monzon para Análisis Litoral
