El drama del té: se paga menos, del exterior no llegan buenas noticias y los productores ya lo tiran al suelo

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Tras dos años de sequía, en esta actividad clave de Misiones hay una sobreproducción que no logra ser absorbida por el mercado.

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Algunos pequeños productores tealeros de la provincia de Misiones están tirando miles de kilos de brotes de té, ante la falta de compradores suficientes para absorber toda la cosecha que, tras dos años de sequía, creció más de 30% contra la zafra pasada.

“Tantos años de sequía sacando tan pocos kilos y ahora que hay buenos rendimientos, estamos paseando con las máquinas horas y horas, es muy angustiante”, dijo el productor tealero y expresidente de la Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones (APAM), Cristian Klingbeil.

El productor, oriundo de la localidad de Oberá, posteó en sus redes sociales dos videos de productores de Jardín América y Alem, arrojando la carga de té que habían cosechado. Sucedió la semana pasada. Las imágenes se viralizaron.

“Tenemos sobreproducción, duplicamos el brote de este año con respecto al anterior, y los productores están desesperados porque los industriales no compran, pero los industriales no encuentran nuevos mercados. Hablé con distintos empresarios, se está apuntando a Egipto y Arabia Saudita, ya tengo agendadas reuniones en las embajadas”, señaló Facundo Sartori, ministro del Agro y Producción de Misiones.

Ante los bajos precios, los productores que no tienen incentivos para seguir apostando a este cultivo en muchos casos desmontan sus teales para plantar yerba. Actualmente se paga 61 pesos el kilo de brote de té con un rendimiento de entre 10.000 y 12.000 kilos por hectárea. En total hay entre 3500 y 4000 productores, el 80% tiene menos de 10 hectáreas.

El té misionero representa el 95% de la producción total del país, el otro 5% se hace en Corrientes. La Argentina es el 7° productor mundial y representa el 5% de la producción total. Estados Unidos es el principal comprador del té argentino y concentra casi el 70% de los envíos. Además, la Argentina fue durante años el principal vendedor de té a ese mercado, pero en los últimos tiempos fue desplazado como proveedor número uno. “Kenia está vendiendo el té muy barato a un dólar y el precio nuestro es de US$1,2”, explicó Sartori.

Los datos muestran claramente cómo el sector tealero está declinando desde hace una década. Los compradores pagan cada vez menos por el té argentino y, además, los exportadores tuvieron que lidiar con un atraso cambiario que le trasladan a los pequeños productores con valores muy bajos por su brote.

En 2013 se exportaron 77.300 toneladas de té por un valor FOB de US$116 millones , según datos de la Secretaría de Agricultura de la Nación. En 2022 se vendieron al exterior 72.000 toneladas por apenas US$80 millones. A diferencia de commodities como la soja o el petróleo, el precio del té surge de una negociación entre el comprador que siempre lleva las de ganar. Y los compradores norteamericanos, además, están al tanto de cualquier noticia que surge en la Argentina, dispuestos a sacar partido. Ahora que se devaluó fuerte el dólar oficial, van a buscar pagarle menos a los exportadores, y quitarles parte de la rentabilidad extra que los aliviaría después de años de atraso cambiario.

A pesar de que logró zafar de las retenciones que impuso el ministro Luis Caputo tras devaluar, el té argentino no podrá escaparse de la dura negociación de los norteamericanos, que cada año importan de la Argentina, China, India, Sri Lanka y otros países unos US$500 millones en té que utilizan, sobre todo, para bebidas frías.

“Las exportaciones están en baja”, explicó Carolina Okulovich, de Don Basilio SRL, una de las cuatro principales exportadores. Las otras tres son Casa Fuentes (controlada por la inglesa Finlays), El Vasco y Urrutia.

Para Okulovich, las imágenes que circularon con productores tirando los brotes de té no representan lo que está sucediendo y se trata de un hecho aislado. “Estamos trabajando normalmente, incluso con más té en comparación al año pasado, ahora el clima está ayudando, y se está pagando normalmente al precio acordado”, dijo Okulovich, extitular de la Cámara de Exportadores de Té de Argentina (CETA).

El brote de té

El brote de té se corta con unas cosechadoras que se diseñan y producen en Misiones, en la zona centro de la provincia, el epicentro de la zona tealera. Pero el corte de los brotes tiene que ser muy preciso en el tiempo, si la planta está demasiado crecida, ya no es de buena calidad y puede ser rechazada en los secaderos e industrias radicadas sobre el eje de la ruta nacional 14 que atraviesa el territorio misionero en paralelo, a 50 kilómetros, del río Uruguay.

Las industrias le dan turno a los pequeños productores de té para que, una vez cosechados los brotes, trasladen la producción a los secaderos. Como con la yerba, todo se tiene que hacer en pocas horas para que la planta no pierda calidad.

“No te reciben los secaderos, no te dan turno y se te va pasando el brote, si el té queda muy grande el secadero no quiere porque se le dispara el porcentaje de palo y baja la calidad”, expresó Klingbeil.

“Se está tirando té, vino una cosecha con un 30% más de lo normal. El brote llega a su tamaño y hay que hacer la recolección, no puede seguir brotando. Pero brotó tanto que no hay fábrica que pueda absorber el brote cuando está en su tamaño ideal, entonces se pasa y hay que tirarlo, no se puede hacer mala calidad”, dijo Renzo Klimiuk, director de Klimiuk Infusiones, de la zona de Campo Viera.

“Pero, además, Estados Unidos bajó un 10% los precios que paga en dólares y compró un 30% de volumen, ellos dicen que tienen recesión y bajó el consumo y tienen mucho stock”, agregó Klimiuk, cuya firma integra un consorcio de seis empresas medianas que se aliaron para buscar mercados alternativos como Rusia, Alemania o la India.

“En los Estados Unidos, la suba de las tasas de interés de la Reserva Federal repercutió de manera significativa en Misiones con compradores que bajaron sus stock no solamente en el té sino también en los productos forestales”, explicó el consultor y exportador Gustavo Cetrángolo. Al aumentar el costo del capital, las empresas norteamericanas achican sus stocks para bajar el costo financiero. Desde marzo de 2022 la Fed puso fin a su largo período de tasas bajísimas.

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