
La escena vivida en la sesión preparatoria de la Cámara de Diputados de Entre Ríos dejó expuesta una tensión interna dentro del bloque de La Libertad Avanza que, lejos de poder reducirse a un simple cruce personal, revela una discusión más profunda sobre conducción, representación y legitimidad política dentro de un espacio que viene de protagonizar uno de los triunfos electorales más significativos del último ciclo provincial.
El intercambio entre Roque Fleitas y Débora Todoni giró en torno a la presidencia del bloque. Fleitas sostuvo su continuidad en el cargo, mientras Todoni marcó que la definición no había sido sometida a votación interna. El episodio, aunque breve, se convirtió en un gesto público de una discusión que —como toda dinámica partidaria en consolidación— refleja ajustes de funcionamiento más que una ruptura estructural.
Para comprender el trasfondo, es necesario mirar el escenario electoral reciente. El desempeño libertario en Entre Ríos no fue un fenómeno aislado ni improvisado. La articulación política con el Movimiento de Integración y Desarrollo y el liderazgo provincial de Rogelio Frigerio generaron un armado competitivo que permitió ampliar representación institucional. En ese marco se inscribe la llegada a la Legislatura de Andrés Laumann, hoy diputado nacional, consolidando una red política que trasciende nombres individuales y responde a una estrategia de construcción más amplia.
Desde esa perspectiva, la postura de Fleitas puede leerse como una defensa de una conducción que entiende contar con respaldo partidario y legitimidad política surgida del proceso electoral. No se trata simplemente de una disputa de egos, sino de la tensión habitual entre institucionalización interna y dinámica de crecimiento de un espacio joven que aún ordena sus mecanismos de decisión.
Esto no invalida una observación clave: la exposición pública de diferencias internas siempre genera costos políticos. Más aún cuando se trata de un bloque reducido, donde cada gesto adquiere magnitud simbólica. En términos estratégicos, este tipo de desencuentros suele resolverse puertas adentro para evitar alimentar lecturas opositoras que magnifican fisuras que, en rigor, forman parte de cualquier proceso de consolidación partidaria.
La política entrerriana ha mostrado históricamente que los espacios emergentes atraviesan etapas de ajuste institucional. El desafío para el bloque libertario no es evitar el debate —que es inherente a toda construcción política— sino administrar sus formas para sostener cohesión y proyección.
Lo ocurrido, más que un escándalo, puede interpretarse como una señal de transición: un espacio que pasó rápidamente de la irrupción electoral a la responsabilidad legislativa y que ahora enfrenta el proceso inevitable de ordenar liderazgos, reglas internas y representación pública.
Queda pendiente, además, una discusión más amplia sobre los desprendimientos y reacomodamientos dentro del universo libertario provincial —tema que merece un análisis específico— para comprender cómo evoluciona un armado político que todavía está escribiendo su propia arquitectura interna.
