Verás que todo es mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa Yira, yira….

El tiempo pasa y la gente se cansa. Se cansa de los relatos y se cansa de vivir en un país que no le da chances al 99% de sus habitantes.
Se cansa de no poder pagar, de pelear, de ver pelear. Se cansa del desprecio por el esfuerzo del otro.

Se cansa de ver como siempre terminamos pagando la fiesta de los errores de los otros -y fundamentalmente de aquellos que con gestos elegantes y palabras sofisticadas nos engañaron tomando créditos que nos hipotecan a cien años-, que, además, siempre funcionan como excusas para no hacer lo único que tenemos que hacer: un pacto urgente, que imponga temas de Estado, y que ningún gobierno las pueda modificar por 20 años. Como lo hicieron todos los demás países del mundo.

En lugar de correr hacia esos objetivos, siempre volvemos a los mismos lugares lúgubres, donde nada es verdad y nada es mentira.
O peor, todo es un «loop» insoportable de medias verdades y medias mentiras, que sirven para acusar de nuestros males al otro. A los otros. A los demás. Nunca a nosotros mismos.

Por eso somos lo que somos hoy: un país pobre, con una desigualdad inexplicable y una enorme incapacidad para promovernos un sueño común.

Podríamos discutir una ley de educación pública que ponga a todos los pibes en doble turno, en las escuelas. Que los saque de la calle y los prepare para competir, en un mundo donde quien no tiene conocimiento está condenado a la esclavitud de las sobras.
Pero no.

Nos seguimos peleando como chicos. Nos acusamos de no amarnos y ahora, de odiarnos. Quizás, alguna vez, dejemos de “yirar…”
Con todos y todas únicamente lo lograremos.

Luca Prodan

para concordia345

 

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