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Una maniobra histórica lanzará esta noche a la nave OSIRIS-REx hacia la Tierra

La sonda de la NASA abandona el asteroide Bennu y emprende un viaje de dos años con una valiosa muestra de material a bordo

Esta noche, después de dos años y medio en órbita, la nave OSIRIS-REx de la NASA abandonará el asteroide Bennu, situado a unos 300 millones de kilómetros, para poner rumbo a la Tierra con una preciada carga a bordo: más de 60 gramos de material de gran interés científico. La secuencia de salida será la maniobra más arriesgada de la misión desde su llegada en 2018 y el viaje de regreso también supondrá un desafío, ya que la sonda deberá dar dos vueltas al Sol antes de llegar a nuestro planeta en 2023.

OSIRIS-REx fue lanzada en septiembre de 2016 desde Cabo Cañaveral (Florida) y llegó a la órbita de Bennu el 3 de diciembre de 2018. Entonces se dedicó a estudiar y fotografiar el antiguo asteroide, del tamaño del Empire State Building de Nueva York, con el objetivo de arrancar una muestra en un cráter de 140 metros de diámetro llamado Nightingale. Lo consiguió en octubre de 2020, cuando su brazo robótico tocó la roca durante apenas unos segundos y recogió tantas muestras que desbordó el sistema de recolección.

Ahora, después de un sobrevuelo final realizado hace tres meses para tomar las últimas imágenes, ha llegado el momento de partir. Pasada la madrugada (hora peninsular española), la sala de control ubicada en Lockheed Martin, en Littleton, Colorado (EE.UU.), recibirá la confirmación de que la nave espacial ha disparado sus propulsores principales para alejarse de la órbita del asteroide. La maniobra de alejamiento durará siete minutos y será completamente automatizada. «Va a ser muy emocionante. Todo tiene que salir perfecto. Un solo fallo podría enviar a Osiris-Rex a otro sistema solar», explica desde Gerónimo Villanueva, científico planetario del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA.

Los propulsores de la nave cambiarán de un estado de inercia, al mínimo funcionamiento, a alcanzar una velocidad de 958 kilómetros por hora. Pero para llegar a la Tierra con el ángulo y la velocidad de entrada perfectas, el viaje no será en línea recta. La nave recorrerá 2.300 millones de kilómetros, lo que incluye dos vueltas alrededor del Sol.

El sitio de Nightingale antes de la recogida de muestras. El círculo rojo indica una roca que se mostró desplazada durante el evento. La misma roca se muestra en un círculo rojo en la imagen posterior.
El sitio de Nightingale antes de la recogida de muestras. El círculo rojo indica una roca que se mostró desplazada durante el evento. La misma roca se muestra en un círculo rojo en la imagen posterior. – Goddard
El sitio de Nightingale después del evento de recogida de muestras. La 'X' roja indica la ubicación aproximada donde OSIRIS-REx entró en contacto con la superficie del asteroide. El círculo rojo muestra la misma roca que estaba rodeada en la imagen anterior
El sitio de Nightingale después del evento de recogida de muestras. La ‘X’ roja indica la ubicación aproximada donde OSIRIS-REx entró en contacto con la superficie del asteroide. El círculo rojo muestra la misma roca que estaba rodeada en la imagen anterior – Goddard

Ciencia durante generaciones

OSIRIS-REx está programada para regresar a la Tierra en septiembre de 2023, cuando lanzará la cápsula de retorno de muestras (SRC) en paracaídas al desierto de Utah. El botín es el más grande recolectado por una misión de la NASA desde que los astronautas del Apolo trajeron rocas lunares. El objetivo era recuperar 60 gramos de rocas y arena de la superficie de Bennu, pero los científicos creen que probablemente se ha conseguido mucho más. «Un desafío será mantener las muestras lo más prístinas posibles durante el viaje, soportando cambios térmicos que puedan alterarlas», dice el investigador.

Una vez recuperada, la cápsula sellada será transportada al Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston, donde se retirarán las muestras para su distribución a laboratorios de todo el mundo. El 75% se reservará para que las generaciones futuras las estudien con tecnologías aún no creadas. «Contestarán preguntas que todavía no somos capaces de formular», asegura Villanueva.

Bennu, el objetivo celeste más pequeño jamás orbitado por una nave espacial, es muy antiguo, por lo que puede dar una gran información sobre los orígenes de nuestro sistema solar y el desarrollo de la Tierra como un planeta habitable. «Una de las grandes preguntas es por qué tenemos agua y vida. Bennu es una cápsula del tiempo que nos dice cómo eran las condiciones hace 4.500 millones de años», explica el investigador. No solo eso. Bennu es considerado potencialmente peligroso para nosotros por su cercanía y tamaño. «Conocer de qué esté hecho este asteroide y cómo se comporta puede ayudarnos a tomar medidas en caso de que se acerque demasiado en el futuro», añade.

[La NASA invita al público a ver cómo su primera misión de retorno de muestras de asteroides comienza un viaje de dos años a la Tierra a partir de las 10 de la noche].

 

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