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Los doce años de prisión de Sergio Urribarri por corrupción y el peronismo

No hubo ni una marcha en tribunales, de esas que todos los días se juntan aunque sea en un puñado de personas para reclamar justicia. Ni siquiera un breve comunicado de ningún dirigente o “dirigenta” de su partido, de alguna agrupación.

Nadie, absolutamente nadie salió a bancarlo, ni menos a proclamar su inocencia, denunciando la persecución que él se encargó de señalar que existía. Lo dejaron solo de toda soledad. Absolutamente en Pampa y la vía.

Todo el peronismo se disfrazó al mismo tiempo de frialdad. Un espeso manto de silencio e indiferencia cubrió el episodio del juicio, ampliamente difundido por un periodismo bancado por el poder actual. Ese silencio que en éste caso fue impiadoso, el gobierno lo usó para decir “que no interfiere en la justicia” mientras nombra a Schumacher. En otras palabras, lo declaró culpable, cualquiera que sea el veredicto. Le dio la toda la liturgia del “cocinado”, de quien ya no tiene recuperación. Es como que, desde lo gestual, lo entregó.

Ninguno de quienes eran su equipo de Gobierno movió un dedo para manifestar pesadumbre, tristeza o solidaridad. Como por ejemplo Angel Giano, Ballay, Rodríguez Signes, Laura Stratta, Adan Bahl, Navarro, que cobraron y colaboraron con él y que aún siguen colaborando o cobrando con Bordet, la mayoría de ellos codo a codo, brazo a brazo, metro a metro. Contrastó con lo que pasó con Cristina Fernández, en donde miles de dirigentes y militantes se pronunciaron por distintos medios convencidos de que era totalmente honesta.

Esos que se hacen los otarios y otarias, son los mismos que disfrutaron y cobraron también con él las mieles del poder. Ni amagaron a decir que creían en su inocencia. Al fin y al cabo, defenderlo sería más allá de un compromiso ético o moral derivado de la amistad, lo natural, pues de lo contrario se podría inferir con toda lógica y derecho que si no lo hacen, que a sabiendas, formaban parte de un gobierno corrupto y que ellos también serían corruptos. Que no tienen valores, ni principios; que lo único que les importa es el poder, y “el calor de la billetera”.

Recién habrá sentido Urribarri lo que describió en el memorable “Yira Yira” Enrique Santos Discéplolo: “la indiferencia del mundo, que es sordo y es mudo”; vio en primera persona “que todo es mentira que nada es amor”; aprendió que están “secas las pilas de todos los timbres entrerrianos” que aprieta, Experimentó en carne propia que al menos políticamente, lo dejaron “tirao”.

Ni los que se mostraban más ultras o fantáticos suyos, como la gente de justicia legítima, como Maxi Benítez, ni la Cámpora, los Urribarri boys con sus chupines y zapatos puntiagudos, desparramados en todas las áreas del Gobierno, de Tomás Ledesma, el diputado K. No hubo ni lealtad, ni nobleza, ni amigos o amigas que lo ayuden en éste trance.

El Gobierno, que es genéticamente idéntico en su composición al suyo, que es el resultado exclusivo y cantado de lo que él mismo alimentó, con una actitud claramente de querer “lavarse en lavandina” con su culpabilidad o sepultarlo políticamente , festejó. “Vieron que no tenemos nada que ver, no influimos en la justicia”.

En el percance ahora parece que es mala palabra, que lo ven “orejano”, “sin la marca”, como en la canción que interpretaba el genial Jorge Cafrune, “En el pago” ahora los que le lambían las botas, los arrastrados y arrastradas que se pasaban de alcahuetes, “le tienen idea”, se dieron “vuelta” como una media, sin ningún disimulo.

Pero dicen que Urribarri, que ya se dio cuenta como Evaristo Carriego en el poema “Tu Secreto” que de todo se olvidan, que tienen “cabeza de novia”, tiene íntima memoria. Quizás sea cierto lo que dicen algunos, que repite la frase: “la traición de los que se sienten condenados pierde toda culpa”, y murmuran que hay varias carpetas que viajarán a tribunales.

Fuente: P.de R.David

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