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Lluvia de detenciones en Estados Unidos después del asalto al Capitolio

A medida que pasan los días y avanzan las investigaciones, aparecen más detalles de las identidades de quienes atacaron el Congreso. Los demócratas buscan el impeachment acelerado del presidente pero ni los tiempos ni los números los favorecen.

Aunque inédito, el ataque al Capitolio de Estados Unidos no parece ser una sorpresa. Durante días, los seguidores más extremistas de Donald Trump publicaron sus planes en las redes sociales y en otras plataformas digitales. Dieron a conocer planos del edificio del Congreso y llamaron a otros a sumarse. El asedio se gestó a simple vista y aún así a ninguna de las fuerzas de seguridad del país con mayor presupuesto de defensa del mundo le pareció que ameritaba un operativo mayor.

A medida que pasan los días y avanzan las investigaciones, aparecen más detalles de las identidades de quienes atacaron el Congreso en Estados Unidos cuando las dos cámaras se reunieron para certificar a Joseph Biden como presidente electo. Un ex integrante de la Fuerza Aérea condecorado que se radicalizó en los últimos años. Múltiples legisladores republicanos de distintos estados. Dos efectivos de la Policía de la ciudad de Seattle que cruzaron el país para sumarse a las protestas. Una multitud acompañada de emblemas racistas, extremistas y antisemitas, desde la bandera confederada hasta buzos con referencias a Auschwitz.

Muchos de estos personajes ya fueron arrestados o enfrentan denuncias en su contra. El más famoso tal vez sea Jacob Anthony Chansley, detenido este sábado, el hombre de Arizona que irrumpió en el Capitolio con la cara pintada con los colores de la bandera estadounidense y con cuernos en la cabeza. También conocido con el nombre de Jake Angeli, está asociado con el grupo de teorías conspirativas QAnon. Según el Washington Post, el hombre le dijo al FBI que se había trasladado a la ciudad de Washington como respuesta “al pedido del presidente de que todos los ‘patriotas’” se acercaran a la capital” el miércoles pasado. Fue detenido en Phoenix, Arizona, después de que el propio Chansley llamara a la policía y le confesara con lujo de detalles su participación en la toma del Capitolio. Chansley fue acusado por la fiscalía del distrito de Columbia de “entrar o permanecer a sabiendas en un edificio o terreno restringido sin autoridad legal, y por la entrada violenta y conducta desordenada en las instalaciones del Capitolio”.

Otro de los fanáticos arrestados que tuvo su momento de fama durante el ataque es Adam Johnson, un hombre del estado de Florida que aparece en las imágenes del miércoles con el atril de la Cámara de Representantes a cuestas. Arrestado el viernes, Johnson está acusado de entrar y permanecer en un edificio restringido, robo de propiedad del gobierno y conducta violenta en los terrenos del Congreso.

También fue detenido el hombre que entró a la oficina de la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, fue fotografiado con los pies sobre el escritorio de la líder opositora y presumió en una imagen de haber robado un sobre dirigido a ella.

No parece haber sido muy difícil para los investigadores encontrar a estos personajes. No solo la invasión fue televisada y alcanzó récords de audiencia. Muchos de los fanáticos transmitieron el asalto en sus propias redes sociales o, como Johnson, sonrieron alegremente para las cámaras de los fotógrafos. Algunos entraron con las credenciales de las empresas en las que trabajan. Todo eso figura en las imágenes registradas.

En Twitter, un investigador de la Universidad de Toronto pidió asistencia para identificar dos personas que parecían tener esposas plásticas y habían logrado entrar al recinto de la Cámara de Representantes. A partir de los símbolos que podía identificar en las fotografías, pudo dar con uno de ellos, Larry Rendall Brock, un veterano de la Fuerza Aérea estadounidense. “El presidente pidió que sus seguidores estuvieran ahí y asistieran y yo sentí que era importante estar dado lo mucho que amo este país”, le dijo el hombre a la revista The New Yorker.

No por fallido el caos estuvo menos planificado. Las palabras “asaltar el Capitolio” fueron mencionadas 100.000 veces en los 30 días anteriores al 6 de enero, según publicó el New York Times en base a un análisis de la empresa Zignal Labs. En distintas plataformas digitales, los simpatizantes de QAnon discutieron qué tipo de armas llevar, recaudaron fondos para los que no podían afrontar los gastos del viaje a Washington y se alentaron con palabras como “patriotas”. “Va a ser algo salvaje”, les había prometido a sus seguidores el propio mandatario en su cuenta de Twitter, esa que ahora fue suspendida.

Después del caos, las plataformas decidieron eliminar cuentas y temas asociados con el extremismo trumpista. En Reddit, el grupo r/DonaldTrump fue removido. Aunque era una de los espacios digitales más convocantes para los seguidores del presidente, no era un espacio oficial. Google quitó Parler, una red social utilizada por los simpatizantes de Trump, de su tienda de apps y Apple amenazó con hacer lo mismo si la plataforma no presenta un plan para moderar el contenido. El canal de Trump en Twitch también fue desactivado y hasta Shopify dio de baja las tiendas en línea asociadas con el presidente.

En distintos pedidos, el Partido Demócrata reclamó al Departamento de Justicia que informe cuáles son las investigaciones que está llevando a cabo el FBI sobre quienes “instigaron, planearon y ejecutaron el ataque terrorista mortal al Capitolio de Estados Unidos”, en el que murieron cinco personas. También demandan saber cómo se preparó la agencia para encarar las protestas del miércoles y conocer si se investiga el rol de Trump.

Por “incitar a la insurrección”, el presidente estadounidense enfrenta también la posibilidad de un segundo juicio político, cuando faltan diez días para que termine su mandato. El congresista demócrata de California Ted Lieu anunció este sábado que presentarán el pedido el lunes y que lo firmarán 180 legisladores. La iniciativa también está apoyada por una republicana, la senadora por Alaska Lisa Murkowski, quien dijo a los medios que Trump “ha causado demasiado daño”.

El juicio político fue mencionado como posibilidad por Pelosi un día después de los desmanes en el Capitolio. La líder demócrata había amenazado con el pedido si no se ejecuta la Enmienda 25 de la Constitución estadounidense, que permite remover a un presidente de su cargo. No obstante, quienes deben aplicar esa norma son el vicepresidente y el gabinete, algo que no parece estar en los planes del saliente Mike Pence ni de los secretarios actuales.

Si los demócratas logran avanzar con el juicio político en este corto período que le queda a la presidencia de Trump, el magnate será el primer mandatario estadounidense en atravesar ese proceso. El anterior sucedió hace menos de un año. Si el Senado finalmente lo encuentra culpable, la Cámara alta también podría votar para prohibirle presentarse a un cargo público nuevamente.

Ni los números ni el tiempo están a favor de la iniciativa demócrata. Por un lado, necesitan 17 votos republicanos para condenar a Trump. Por el otro, el líder republicano en el Senado consideró que una votación no podría ocurrir antes del 19 de enero, un día antes de la asunción de Biden.