La semana en que Cristina Kirchner volvió al centro de la escena política y Alberto Fernández quedó desdibujado

El operativo «Todos con Cristina» alineó al PJ detrás de la vice, mientras la figura de Alberto Fernández fue sinónimo de polémica y blanco de críticas y hasta de dos pedidos de juicio político. ¿Qué esconde el conflicto con el Poder Judicial? ¿Hay riesgo de crisis institucional, como denuncia el PJ?

La penúltima semana de agosto quedará en la historia como el período en el que Cristina Kirchner volvió a ocupar como nunca el centro de la escena política del país, en medio de un clima enrarecido por el pedido de 12 años de prisión que tuvo que afrontar en el marco de la Causa Vialidad.

En paralelo, pese a sus esfuerzos por recuperar la imagen, Alberto Fernández terminó con un rol desdibujado, revelando presuntas amenazas de muerte, soportando pedidos de juicio político por sus dichos contra el fiscal Diego Luciani y parado frente a un peronismo que vuelve a mirar a la vice como la única jefa de la coalición de gobierno.

Fue una semana donde toda la atención mediática estuvo alrededor de Cristina, al punto que Alberto suspendió su agenda oficial y se concentró en Olivos y en su despacho de la Casa Rosada para diseñar con ella la estrategia de defensa de todo el Gobierno y el peronismo.

Mientras, la tercera pata de la coalición, Sergio Massa, quedó solo a cargo de la crisis económica que, por la dimensión de la crisis política en puerta, quedó relegada de la tapa de todos los portales y diarios.

La Casa Rosada decidió separar el conflicto político de la economía e intenta preservar a Massa como la alternativa para sostener al gobierno, según admitió la portavoz Gabriela Cerruti, ante la consulta de A24.com.

Este fin de semana, tras ratificar el ajuste fiscal con la eliminación de $210.000 millones en partidas presupuestarias en áreas clave como Educación y Salud, y subsidios al transporte y tarifas que el kirchnerismo no le permitió a su antecesor, Martín Guzmán, Massa prepara su viaje la próxima semana a Estados Unidos. Allí, buscará negociar con el FMI el desembolso de fondos especiales para financiar la crisis, y buscar apoyo financiero de bancos para intentar reforzar las reservas del Banco Central.

El Gobierno impulsa medidas ortodoxas porque necesita evitar una devaluación, una opción que, según consideran en la Casa Rosada, generaría enormes complicaciones para la gobernabilidad.

Por ahora, Massa logró frenar la corrida cambiaria, pero no consiguió todavía convencer a los exportadores agropecuarios de que liquiden los 5000 millones de dólares de la soja que mantienen retenida. Las medidas serían anunciadas los próximos días, antes de su partida el 6 de septiembre a Washington.

El operativo #TodosConCristina y el rol singular de Alberto Fernández

La senadora Juliana Di Tullio afirmó que preparan una masiva marcha en apoyo a Cristina Kirchner.

La senadora Juliana Di Tullio afirmó que preparan una masiva marcha en apoyo a Cristina Kirchner.

Luego de que el lunes se conociera el alegato del fiscal Diego Luciani y el pedido de condena a 12 años de prisión, y tras el posterior descargo en su «derecho de defensa», Cristina Kirchner contraatacó y apuntó contra fiscales, jueces y al macrismo, en este último caso con acusaciones de estar vinculados también a casos de corrupción.

La respuesta del kirchnerismo, además, fue salir a las calles en defensa de la líder y advertir sobre una posible escalada del conflicto en las calles. «Si la tocan a Cristina, qué quilombo se va a armar«, fue el mensaje que se escuchó repetidas veces.

La movida empezó con militantes de La Cámpora que rodearon la manzana del barrio de Recoleta donde vive la vicepresidenta, y en una típica demostración de fuerza del peronismo, finalmente les ganaron la calle a los manifestantes opositores.

Alberto Fernández decidió suspender toda su agenda oficial y ordenó que todo el Gobierno y el peronismo estuviera a disposición de la defensa de la vicepresidenta.

Hasta la portavoz presidencial, Gabriela Cerruti, convocó a una improvisada conferencia de prensa para leer un duro documento del Gobierno para denunciar «persecución mediática judicial contra la Vice» en el marco de un presunto lawfare que comparó con los golpes de Estado en Bolivia, Perú y la causa que llevó a una «proscripción de Lula» Da Silva en las anteriores elecciones presidenciales en Brasil.

Alberto Fernández, en tanto, esperó a escuchar el alegato del fiscal Luciani y llamó por teléfono el mismo lunes a la tarde a Cristina. En esa charla de más de 20 minutos, ella le anticipó su estrategia de politizar la defensa y acusar al fiscal de impulsar una condena «sin pruebas» en una causa «armada para proscribir su futura candidatura» en 2023.

Alberto Fernández y una desafortunada frase sobre el fiscal Diego Luciani. (Foto: Télam).

Alberto Fernández y una desafortunada frase sobre el fiscal Diego Luciani. (Foto: Télam).

Ambos acordaron la estrategia de defensa que, con el correr de las horas, consistió en que cada uno de los ministros, funcionarios, legisladores y dirigentes del Frente de Todos saliera a denunciar en todas las redes sociales al Poder Judicial y a la oposición de Juntos por el Cambio de pretender un golpe institucional.

«No es una condena a Cristina kirchner, esto es para todo el peronismo» pone en riesgo el «estado de derecho», dijo el PJ en un comunicado luego de que la Justicia no le permitira a la vice ampliar su declaración indagatoria en un juicio que tendrá su vedericto final recién a fin de año.

El operativo contra la «proscripción» de Cristina en 2023 fue tomando fuerza con el correr de las horas, en una cadena frenética de reuniones presenciales y virtuales del PJ nacional y el PJ bonaerense, que terminó aglutinando a todo el peronismo, empezando por el propio Presidente, detrás de la Vice.

«Ya no quedan dudas de quién es la jefa del movimiento nacional y popular y del Gobierno», se escuchó esta semana en los pasillos de la Casa Rosada, que quedaron casi vacíos de funcionarios, con el Presidente concentrando su actividad en reuniones privadas en Olivos y en su despacho del primer piso de la Casa Rosada.

Cristina recuperó así la centralidad del escenario político ante una oposición que optó por atacar a Alberto, quien cuando intentó ocupar un rol protagónico lo hizo de la peor manera.

Los fallidos de Alberto y las críticas del kirchnerismo

La fallida entrevista en el canal TN, donde realizó una polémica comparación entre la muerte de Alberto Nisman y el fiscal Luciani («Nisman se suicidó, espero que Luciani no haga lo mismo»), no solo le valió cuestionamientos de la oposición, sino también del propio Frente de Todos.

Para contrarrestar el error, después apuntó contra los discursos del odio y reveló que él también sufre amenazas de muerte, aunque evitó profundizar sobre estas supuestas intimidaciones.

Mientras desde la oposición calificaron la frase como un «mensaje mafioso» y pidieron juicio político contra el Presidente -que difícilmente pueda prosperar porque no le dan los números en el Congreso- la polémica hizo ruido en el entorno de la vicepresidenta. En ese aspecto, vale detenerse en las declaraciones de la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, quien salió a pedir que Alberto Fernández «hable menos».

Desde el kirchnerismo, además, le recriminan a Alberto Fernández haber quedado enredado nuevamente en sus propios errores de ecomunicación, con frases que ponen en duda su comprensión sobre la repercusión política y la importancia institucional que tiene la palabra presidencial.

A tal punto quedó desdibujado el rol presidencial que a la suspensión de la agenda oficial, la Casa Rosada tuvo que salir a desmentir que en medio de la grave crisis política y económica que vive el país, el Presidente haya pensado en tomarse unas minivacaciones junto a su familia en Tierra del Fuego.

El estado de «alerta y movilización» del PJ en las calles construyó el nuevo escenario político que le permitió a Cristina volver a la centralidad, al punto que el caso por presunta corrupción traspasó las fronteras. Así, por ejemplo, además de cosechar los apoyos de líderes latinoamericanos, el canciller Santiago Cafiero tuvo que salir a defender a Cristina ante las críticas de un senador norteamericano que le reclaman al gobierno estadounidense que sancione a la vicepresidenta por «corrupción» y le prohíba su ingreso a ese país.

Alberto Fernández quiso encabezar el operativo clamor en defensa de Cristina, pero también su convocatoria para el 16 de septiembre quedó desdibujada: Máximo Kirchner se anticipó y convocó a otro acto del PJ bonaerense para el sábado 3 en Merlo, corazón del conurbano y principal bastión político del peronismo. Allí, Cristina Kirchner tendrá la oportunidad de ser la oradora de cierre.

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