ENTRE LA DESVERGUENZA Y LA IGNORANCIA.

Son muchos los graves problemas que afronta la sociedad argentina en su conjunto y nuestra querida ciudad de Concordia en particular. Desde el crecimiento exponencial de la pobreza, pasando por la precarización laboral, desempleo, marginación social, faltante alevoso en vastos sectores sociales de servicios esenciales, etc.

Entre medio de todo esto, los sectores “beneficiados” de esta situación que son los mismos de siempre, a quienes además, se les suman los componentes de la llamada “viveza criolla”, que en nuestra sociedad es prácticamente una institución.

Desvergonzados profesionales que se olvidan de juramentos y códigos de ética para la profesión, en aras de obtener suculentas ganancias con muy poco esfuerzo. Es cierto que hay excepciones, pero lamentablemente, las mismas confirman las reglas.

Decía que muchos son los graves problemas que tenemos, pero a mi entender hay uno que es el mayor exponente y principal responsable del estado de situación imperante en nuestra sociedad y tiene que ver con la tremenda caída de la educación, otrora faro de referencia para otros pueblos que intentaban imitar la excelente enseñanza que en las aulas argentinas se brindaba a los estudiantes nuestros y extraños donde muchos jóvenes de los países vecinos lo hacían en escuelas y facultades de nuestro país, por la enseñanza que se les brindaba.

Los factores que concurren para que esto ocurra son varios y van desde la misma situación laboral de los trabajadores y el escaso alcance del poder adquisitivo del salario, que hace que cada vez más la mujer que antes era la “reina de la casa”, porque el aporte del jefe alcanzaba para mantener la familia, y ella se podía quedar en casa, contribuyendo a la formación primaria de los hijos, que hacía más fácil la tarea de los docentes primarios, dando muy buen comienzo al joven estudiante.

Los mismos docentes actuales que en muchos casos carecen de la vocación necesaria para impartir la enseñanza, transformando lo que antes era VOCACION, en una mera salida laboral, con los resultados mas o menos conocidos y no solo dicho por quien suscribe, sino también por organismos especializados que miden esta actividad, mas otros factores no menos importantes, que en total confluyen en la caída generalizada de la enseñanza.

Como el enfermo que para curarse tiene que empezar por reconocerse enfermo, aquí también como sociedad, debemos comenzar por convencernos que estamos enfermos socialmente hablando y que debemos recuperar valores fundamentales de toda sociedad que nuestros mayores supieron inculcarnos, como la “cultura” del trabajo y darle a la educación y el conocimiento la importancia que realmente tiene, dejando de lado tantos festejos y feriados “truchos” que solo benefician a mezquinos sectores minoritarios y en cambio perjudican a muchos mas. Como dice en uno de sus párrafos la hermosa canción de “el Sabalero”, “A MI GENTE”, “El tamboril se olvida y la miseria no”.

Juan Jose Cornú

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