Cristina Kirchner y una estrategia de doble filo

Bajo el criterio de Cristina Kirchner, no harían falta más elementos para dar por comprobado que se asoció con Lázaro Báez para robarle al Estado

La estrategia de “todo hace juego con todo” que Cristina Kirchner despliega para explicarle al público que hay una conspiración contra ella para meterla presa es un arma de doble filo que puede resultar en un efecto búmeran. La Vicepresidente une con flechas personajes y situaciones, y encuentra relaciones que, para ella, no arrojan otra interpretación que la existencia de un complot entre sectores políticos, judiciales y mediáticos que tiene como fin no sólo castigarla por haber procurado junto a Néstor Kirchner “los mejores 12 años de la historia de los argentinos”, sino además encubrir a los verdaderos villanos de esta historia. Eso es, según la lectura de CFK, lo que hay detrás del juicio oral que la tiene sentada en el banquillo de los acusados por presuntamente haber direccionado durante sus mandatos la obra pública en la provincia de Santa Cruz en favor del empresario Lázaro Báez. La fiscalía pidió esta semana la pena de 12 años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos para la Vice por encontrarla responsable de los delitos de asociación ilícita y defraudación a la administración pública.

La Vicepresidente pidió prestar otra vez declaración indagatoria en el marco del juicio. Pero ante la negativa del tribunal decidió hacer una presentación pública a través de su canal de YouTube. En su oficina del Senado se montó un improvisado estudio de televisión desde el que ejerció un “derecho a la defensa” que, denunció, se le había negado. Allí argumentó a su favor y acusó al macrismo de estar detrás de sus desventuras judiciales. Entre los elementos que para la Vicepresidente comprueban que hay animosidad en su contra se encuentra que el juez Rodrigo Giménez Uriburu, integrante del tribunal que la juzga, es hijo de quien fuera edecán de los dictadores Leopoldo Galtieri y Reynaldo Bignone. CFK dice que la sentencia en su contra “ya está escrita” porque responde, en parte, a “una revancha” de sectores vinculados a la última dictadura por la política de reapertura de los juicios por delitos de lesa humanidad, a pesar de que el capitán de la Marina retirado Héctor Giménez Uriburu no es investigado en ninguna causa, según consignó el diario Página12. En ese juego de relaciones, para CFK también es prueba de la supuesta antipatía del juez García Uriburu que esté, según las palabras de la Vice, “casado con la nieta del que fuera el coronel responsable de la masacre de Margarita Belén”“No les falta nada”, gritó desde el despacho del Senado.

En esa línea Cristina Kirchner inscribió un mensaje de condolencias que el señalado operador judicial del macrismo Fabián ‘Pepín’ Rodríguez Simón publicó en 2018 en el diario La Nación por el fallecimiento de Manuel Abelleyra, ex directivo de DirectTV y Wall Mart, quien resultó ser cuñado de Diego Luciani, el fiscal que encabezó los alegatos en contra de la Vicepresidente en el juicio por la causa ‘Vialidad’ y solicitó la pena. “Todo sigue haciendo juego con todo”, tuiteó la Vice, para quien no hacen falta más pruebas. Rodríguez Simón, que sigue prófugo de la justicia argentina en una causa por supuestas presiones al Grupo Indalo, dijo que no conocía a Luciani y que el mensaje desempolvado estaba dirigido a la viuda y a los hijos de su amigo Abelleyra. En este álbum en el que la Vice colecciona conexiones de todo tipo que constituirían pruebas a su favor ya estaba incluida una denuncia contra Luciani y García Uriburu porque integraron un mismo equipo de fútbol que competía en campeonatos celebrados en la estancia ‘Los Abrojos’, propiedad de Mauricio Macri. Todos estos elementos, para la Vice, ponían bajo un manto de sospecha la imparcialidad tanto del fiscal como del juez, por lo que pidió su apartamiento y la anulación de todo lo actuado en el juicio. El tribunal lo rechazó.

Colapso

Con la unión de ese y otros puntos es que Cristina Kirchner pretende desbaratar el juicio en su contra. La sospecha por los partidos en ‘Los Abrojos’ fue descartada en los tribunales. Las “vinculaciones” del juez García Uriburu con la última dictadura y del fiscal Luciani con Rodríguez Simón, en cambio, se jugaron a nivel comunicacional. A nivel del relato. Aquí es donde la estrategia del “todo tiene que ver con todo” colapsa. Si un obituario en el que ni se lo menciona es prueba de que Luciani actúa en función de los pedidos del macrismo, ¿qué debe decirse entonces de la histórica relación personal y comercial de Lázaro Báez con la familia Kirchner? ¿Qué corresponde pensar cuando un contratista de la obra pública nacional en Santa Cruz construyó el faraónico mausoleo en el que descansan los restos de Néstor Kirchner? ¿O qué insinúa que sus empresas hayan alquilado habitaciones en los hoteles de los Kirchner? Bajo el criterio de la Vicepresidente, no harían falta más elementos para dar por comprobado que existió una sociedad entre esos actores para robar fondos públicos. En la pulseada por el cómo se cuenta, el esquema de la Vice sufre un contrapeso inmediato, más en la era de las redes sociales, en las que circulan a gran velocidad las imágenes de Néstor, Cristina y Máximo Kirchner junto a Báez o los recortes de noticias sobre las maniobra sospechosas que los vincula. Eso sin mencionar los elementos desplegados por el fiscal Luciani en sus alegatos, que aún deben ser sopesados por los jueces luego de las exposiciones de las defensas de los imputados. Afortunadamente para Cristina Kirchner, Báez y el sistema democrático hace falta más que una foto o una vinculación comercial para demostrar culpabilidad ante un tribunal. De hecho, es lo que declaman la defensa y los voceros de la Vice: que no hay pruebas contundentes que la incriminen.

 

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