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Conspiraciones en el Frente de Todos: Una Ascochinga para Alberto

Cuando días atrás Jorge Asís sugirió el nombre de Ascochinga –la localidad riojana donde Isabel Martínez fue alojada durante dos meses en 1975, por “razones médicas”- como destino recomendable para Alberto Fernández a fin de garantizar la gobernabilidad en la segunda mitad del gobierno, no hizo más que blanquear lo que era un secreto a voces.

A excepción de quienes dependen de su continuidad para seguir medrando, la mayoría -líderes, dirigentes, militancia, votantes- no soporta más al presidente. Lo tildan de incapaz, de megalómano, de pato de campo. Y muy pocos imaginan cómo sería aplicar un programa de ajustes severo como el que impondrá el FMI con un sujeto de tales características en la primera magistratura.

“No hay crisis de gobierno sino presidencial. El único que no está a la altura es el presidente”, aseguró, palabras más, palabras menos, Asís. Tampoco es novedad: Guillermo Moreno y Santiago Cúneo lo vienen afirmando hace rato. La mayoría del universo del Frente de Todos lo piensa pero aún no lo proclama.

Al presidente se le objeta también su total desinterés en la campaña electoral. No se involucra y sigue con sus tradicionales “metidas de pata” sin solución de continuidad. La última fue su desmentida de las expresiones del ministro de Educación, Nicolás Trotta, sobre el caso de la docente de La Matanza. También desconocía que el político baleado por un sicario en Corrientes era diputado de su propio espacio.

Alberto vive en un universo paralelo”, confían desde la conducción del Frente de Todos. “Lo peor es que cada vez que abre la boca nos quita votos y nos pone a la opinión pública en contra”.

La fractura al interior del Frente de Todos es indisimulable, a punto tal que no hay una campaña común en la provincia de Buenos Aires, sino varias campañas paralelas. Todos tratan de posicionarse para forzar cambios en el gabinete el día después de las elecciones, más allá del resultado. Tal vez se gane, tal vez no. Pero los últimos dos años serán durísimos, y tal vez imposibles de transitar con Alberto y buena parte de staff actual.

Los candidatos del Frente de Todos se ven obligados a participar de actos acompañados por referentes del cafierismo y de la alianza entre Máximo Kirchner y Sergio Massa, pero nunca en unidad. Días atrás, camporistas y cafieristas terminaron con heridos tras un cruce de equipos de campaña en Lanús, y esto sólo parece ser un aviso de lo que vendrá en los próximos días. La Cámpora quiere heredar ya los feudos de los intendentes y estos se resisten a pasar a retiro. Y la vocación de diálogo ya se ha esfumado.

¿Aceptará Alberto la recomendación de tener su propia “Ascochinga”, o insistirá en ocupar el centro de la escena como hasta ahora?

Entre sus íntimos aseguran que no tiene voluntad alguna de dar un paso al costado. Pero, tal vez, los videos e imágenes que se prometieron para las próximas jornadas le exijan reconsiderar esa posición.

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