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Confirmado: la peor decisión económica de Alberto Fernández

La prohibición para exportar carnes que duró un mes entre mayo y junio, hicieron que los precios subieran más que la inflación general. Se perdieron más de U$S 200 millones en ventas al exterior; y se frustró la reconciliación con el campo.

El Gobierno nacional cerró durante 30 días (entre la última semana de mayo y la última de junio) las exportaciones de carne al exterior. De manera total. La decisión se cumplió a rajatabla; y, durante ese período, no se envió al exterior ni un sólo corte a ningún destino.

El jueves pasado, el Indec publicó su tradicional informe de evolución de los precios correspondiente a junio, donde el alza del IPC se ubicó en el 3,2%, con un acumulado anual de 25,3%. En el análisis sectorial se desprende que el sector de alimentos y bebidas no alcohólicas registró un alza de 3,2%; porcentaje es igual al alza general del mes pasado. Sin embargo, en el desagregado del rubro, se desprende que los cortes de carne que mide el instituto se ubicaron en un promedio de 5%. Esto es, por encima del índice general y el de todo el sector.

Si se toman los datos de mayo, el incremento del IPC en ese mes sumó un 3,3%, acumulando 21,5% con un alza de 3,1% en alimentos y bebidas no alcohólicas. Ese mes el alza de la carne llegó al 5% promedio; nuevamente un porcentaje superior al del IPC general del mes y del sector. Si se suman las alzas promedio en los cortes de carne del bimestre mayo y junio, se muestra un alza de entre 8 y 10%, dependiendo del producto que haya medido el Indec. En el mismo período la inflación sumó 6,5%.

La comparación indica que los precios de la carne, en el último bimestre medido por el Indec, arrojó un incremento de entre 3 y 4 puntos superior. Nada grave, en el panorama general. Hubo rubros que superaron largamente ese promedio, como, en general, los servicios. Sin embargo, se trata del período de tiempo donde los precios de la carne deberían haber bajado sustancialmente; ya que se trató del plazo de tiempo donde las exportaciones de todos los cortes estaban prohibidas.

Al menos para esto se había tomado la decisión de suspender las ventas al exterior del rubro, según justificó el mismo Alberto Fernández. Los precios de la carne, al no ser vendida al exterior, deberían haber bajado entre el período de restricciones. Sin embargo, subieron.  Y más que el índice general.

¿Qué había pasado en abril, el período de tiempo en el que el gobierno registró el alza de la carne? Fue un muy mal mes para el IPC. El alza de los precios alcanzó el 4,1%, con un 4,3% en los valores de los alimentos y bebidas no alcohólicas. En el rubro carne, el promedio mostró un alza de 4% promedio. Esto implica que en el mes anterior a la decisión de restringir las exportaciones de carne, los cortes también habían aumentado, y mucho; pero al ritmo de todo el sector de alimentos.

En definitiva, durante el período de restricciones a las exportaciones de carne, los precios subieron en relación al resto de los alimentos, aún más que en el mes anterior a la medida y por encima del promedio general de suba de precios. La primera conclusión es simple: si la intención era que el precio de la carne suspenda su alza y baje, el efecto logrado fue el contrario.

Según los datos oficiales y los de los privados, las ventas de carne al exterior le aportan al país, unos 3.000 millones de dólares anuales. Sin embargo en el ejercicio 2021, las exportaciones deberían subir ante el incremento de la demanda y los precios internacionales; con lo que el volumen de ventas debería alcanzar los 3.500 millones de dólares.

Argentina logró en el rubro carnes algo que es difícil de lograr en las muy mal manejadas políticas de apertura al comercio internacional: abrir mercados (y en algunos casos recuperarlos), consolidarlos y comenzar a incrementar las ventas al exterior.

Anualmente la carne generaría ingresos de divisas extras de entre 200 y 500 millones de dólares, en un rubro exportador casi sin techo para el país; dado que se trata de un sector ampliamente competitivo para los productores criollos. Siempre y cuando se den las condiciones locales inversión.

La decisión de cerrar las exportaciones de carne tomada durante 30 días del bimestre mayo y junio, le hizo perder al país ingresos por unos 200 millones dólares. No se recuperarán, ya que la medida de reapertura anunciada por el gobierno para dejar atrás de las restricciones a las ventas al exterior, implican hasta hoy una reapertura de sólo el 50% de los volúmenes vendidos hasta antes de las trabas. Y contabilizando como liberación el 31 de agosto. Nuevamente con la intención de bajar los precios con el cierre de las ventas al exterior.

Entre la traba de 30 días entre mayo y junio y la restricción de exportar al 50% en el segundo semestre del año, el país perderá mercados y disminuirá los rendimientos del rubro exportador de carne. Habrá que esperar a los valores finales que se anunciarán entre febrero y marzo del próximo año; pero es seguro, al menos, que la marca de un nuevo récord de 1.500 millones dólares no se logrará. Un nivel razonable sería ubicarlo en 1.000 millones dólares; con lo que el país se habrá perdido de ingresar divisas por unos 500 millones dólares.

Quedó claro esta semana que uno de los principales problemas de restricción cambiaria y fiscal que tiene el gobierno es el de la limitación extrema en el ingreso de divisas. El 2021 es un buen año para el Banco Central, donde en el primer semestre el número superavitario alcanzó los 6.000 millones dólares. Es un buen dato. De lo mejor que puede exhibir el gobierno. Sin embargo, escaso.

El país necesitará en pocos años (concretamente 2025), muchos miles de millones más si quiere estar en pleno desarrollo y recuperación, y además tener en sus cuentas unos 15.000 millones de dólares necesarios  para poder cumplir con los vencimientos de deuda de los bonos reestructurados en agosto del año pasado. No es que el dinero deba ponerse sobre la mesa para cumplir con el compromiso. Pero lo que sí debe detentar el Central para esa ápoca es una solidez lo suficientemente clara como para que los mercados perciban que le pueden volver a prestar al país para cumplir con los pagos.

Para esto, sólo se necesita un mensaje: Argentina es un mercado de capitales muy superavitario en divisas, fruto de un comercio exterior ampliamente expansivo y generador de dólares. El mensaje de cerrar mercados exportadores donde los productores locales son ampliamente competitivos, es la señal exactamente incorrecta. Es ir directamente hacia el otro lado.

Uno de los mensajes que Alberto Fernández prometió traer en su gobierno era un cambio radicalizado en la relación entre el kirchnerismo y el campo. Llamó directamente a una reconciliación general, a producir y a abrir una nueva y proactiva etapa de creación de divisas, empleo e ingresos para el país. Dejó en claro que las retenciones no serían una parte de la política activa del gobierno (algo que los productores ya descartan), pero prometió reglas claras y, fundamentalmente, previsibilidad. Es exactamente lo que el productor ganadero necesita. Apostar por la industria de la carne exportadora, es invertir al largo plazo.

Se calcula que un inversor en este rubro necesita entre tres y cinco años para poder obtener una ganancia que justifique la opción; en lugar de, por ejemplo, derivar dinero a la especulación financiera; que suele dar resultados más beneficiosos y rentables en mercados inestables como el local. La decisión intempestiva de cerrar las exportaciones de carne, representó exactamente lo contrario. Representó atormentar la confianza del productor ganadero, bombardear la alternativa de una inversión a largo plazo y la posibilidad de una opción de largo plazo. Exactamente lo contrario de lo que necesita un inversor. Y de lo que se le había prometido al campo.

En conclusión, las trabas a las exportaciones de carne no provocaron una disminución en los precios; sino lo contrario. Los valores subieron más que la inflación general durante el período de trabas a las ventas externas. Se perdieron divisas por no menos de 200 millones de dólares, pero podrían llegar a los 500 millones dólares; en un país que lo que más necesita para una economía ordenada y cambiariamente tranquila son divisas. Y, finalmente, rompieron la confianza entre el productor agropecuario y el oficialismo; cuando lo que se había prometido era restablecer los lazos con el campo.

En estas columnas se dijo el 23 de mayo pasado, que Alberto Fernández, quizá, haya tomado con esas trabas a las exportaciones de carne la peor medida económica desde que llegó al gobierno en diciembre de 2019. No por las consecuencias en la coyuntura, sino por lo que, de sostenerse, podrían haber provocado esas restricciones en el mediano y largo plazo.

Se dijo además que “sólo la posibilidad de convertirse en una decisión coyuntural y de corto plazo de aplicación, da esperanzas para que la restricción a las exportaciones de carne vacuna por 30 días no se transforme en el peor tiro en el pie de la gestión presidencial. Al menos en términos económicos”. Se insistió también en que “se podrá considerar una mala decisión, pero sectorial y apuntada a un único rubro o sector particular; con lo cual no podría considerarse la peor. Más teniendo en cuenta cuestiones de fallas estructurales como la indomable inflación. Sin embargo, el haber avanzado sobre la prohibición de las exportaciones de carne vacuna, y de la forma en que se anunció y aplicó la medida; es una decisión casi indigna de un jefe de Estado en crisis. Quién además demostró cierta templanza en momentos más duros y con temas más complejos como la negociación de la deuda con los acreedores”.

En aquella columna se recordó también que la decisión replicaba un error anterior del 2006, donde el gobierno de entonces había restringido también las ventas de carne al exterior, cerrando mercados y provocando pérdidas incontables para las cuentas de la balanza de pagos del país. Se mencionó además que todo el gabinete económico estaba en contra de prohibir las exportaciones; incluyendo la secretaría de Comercio Interior y el ministerio de Agricultura; las dos reparticiones que más deberían intervenir en una cuestión de este tipo.

En síntesis, se confirmó entonces que haber prohibido durante 30 días las exportaciones de carne al exterior, fue la peor decisión económica de toda la gestión de Alberto Fernández. Resta sólo aprender del error. Y no repetirlo.

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