Análisis Litoral

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ARGENTINA Y SU IMPOSIBLE RECONSTRUCCIÓN

NOTA DE OPINION
Por una vez al menos, partiré esta Nota, tomándome para ello desde una mayúscula utopía, ergo que, en el amanecer de hoy, me ofrecieron la Presidencia, el Poder Absoluto y la facilidad -igualmente ficta- que, tendría manos libres para formar gobierno y un gabinete de ministros.
 
Mi primera medida sería establecer una suerte de censo poblacional, al único y excluyente efecto de mensurar cuánta gente adulta, podría constituir una fuerza laboral, digamos, homogénea, a los fines de incorporarlos al servicio del Estado.
 
Ordenaría en esa mismo DNU, el minucioso conteo de la cantidad de ñoquis que, perciben monumentales salarios y ni siquiera se molestan en ausentarse de sus viviendas, para recibir sus mensuales brevas.
 
Para estimar con bastante certidumbre, y bajo la cobertura de la misma norma, cuántos millones adicionales de vagos y haraganes disfrutan de los Planes.
 
Estimo que, uniendo ambos grupos, unas veinticinco millones de “vivos”, sería más o menos un resultado cierto.
 
Bien, ¿que se podría hacer con tamaño número de holgazanes para reinsertarlos en la
cultura del trabajo?.
 
Bueno, lo esencial e inmediato, sería la supresión in tótum de dichas y deleznables daciones, jubilaciones y pensiones graciables.
 
Durante el interregno que iría, entre contabilizarlos a todos, pues, separarlos por edad, sexo y experiencia laboral pretérita, si es que contasen con alguna, para luego, dividirlos en grupos de ramas productivas.
Demasiado sabido es que, anoticiados todos estos lumpens sobre ese fin de fiesta, de seguro, ganarían las calles con barricadas y toda forma conocida y desconocida de una vandálica erupción.
Por lo que, como medida previa a publicitar ese blanqueo, inexorable devendría, una total e integral reestructuración de las Fuerzas de Seguridad Federales, a las que se les
incorporarían, las provinciales.
Y que, luego de un mínimo entrenamiento y desechados los eternos inútiles “con carpeta” –léase con cuasi perpetuas licencias médicas y pleno goce de haberes-, serían federalizadas.
 
En el paralelo, algo similar, pero con menos complicaciones, implementaría en las Fuerzas Armadas.
Con más, equipamiento suficiente, para lo disuasivo y de ser necesario e inevitable, lo represivo.
Conforme nuestras estimaciones, depurada de elementos indeseables, una Fuerza Conjunta y bajo una sóla Unidad de Comando, podría nuclear en su seno a unos ciento ochenta mil efectivos.
 
Los que serían distribuidos, en todas las provincias, equitativamente y en orden a la cantidad de población en todas ellas.
Más una Fuerza de Despliegue adicional de diez/quince mil tropas, con facilidades de desplazamiento aéreo, para concurrir en auxilio de posibles e inmanejables disturbios que pudiesen desbordar a las locales.
Cubierto así, el plano de contención social, todo el plexo de medidas gubernamentales, se
tomarían de forma un tanto más armónica.
Lo suficiente, para que a continuación del relevamiento de cuántos y de dónde perciben sus salarios todos los parásitos, bien, arribaría la hora de dos etapas, siendo la primera, sus comparecencias judiciales en virtud a esos ilícitos enriquecimientos.
 
Y clasificándolos a todos, con más, notificándolos que a partir de ese momento, quedarán a disposición del Poder Ejecutivo.
Y en segundo orden, para que comiencen a prestar materiales y reales servicios en los lugares y actividades que se les indiquen.
Más allá de quedar sujecionados penalmente por todo lo que ilícitamente percibieron.
Con una masa laboral así disponible, sólo restaría incorporarlos en un plan de reeducación y enseñanza de oficios  -albañilería, gas, electricidad, carpintería, etc-.
Para, a medida que sus cursos concluyan, asignarlos a equipos de construcción de viviendas sociales que, en varias etapas, deberían de erigirse en un número, nunca menor a las cinco millones de unidades habitacionales.
 
Entre las cuáles, estarían las de esos mismos jornaleros y, facilitando las cosas al gobierno, para que pools de topadoras, derriben las una y diez mil villas miserias, con un bautismo de fuego en la 31.
 
La meta de un megaproyecto de tal envergadura, ocuparía a todos, quienes no pudiesen acreditar ocupación conocida.
Con la erradicación de tantos asentamientos emergentes, la salud, escolaridad, profilaxis y el asistencialismo alimentario irían en un pronunciado ascenso y en sentido diametralmente inverso, el índice de criminalidad y la desnutrición infantil.
Cierto es que, para cumplir cabalmente esos megaplanes, la industria abastecedora de insumos para tales efectos constructivos, demandaría a su vez, ingente mano de obra 
que, saldría precisamente de esos bolsones de nuevos obreros, egresados de esa suerte de escuelas estatales de formación.
Sin la canonjía y erogación de casi un millón de dólares anuales que, al Erario Público, le ocasiona cada legislador nacional y por accesión, los provinciales y municipales, cuanto menos, unos dos mil millones de dólares, se ahorrarían e invertirían en la hydra de falta de viviendas dignas para todos.
En concomitancia con ello, restan por pavimentar, alrededor de unos setenta mil kilómetros de rutas -actualmente de tierra- que, dinamizarían enormemente, el tránsito vehicular, y respecto del transporte de cargas, se mutaría el terrestre por el ferroviario.
Que en estado de un criminal abandono, aún cuenta con su traza física que, es lo más relevante de esa ruindad.
 
Resultando así que, el renacimiento de otro ítem que también lo es, nos permitiese que, con sólo tres líneas de larga distanciavolveríamos a unir las fronteras de Bolivia y todo el NOA, con el Belgrano, Chile y el corredor Asia Pacífico con el San Martín, y el NEA, Brasil, Uruguay y Paraguay con el Urquiza.
Lo que se conoce como circulación monetaria, se optimizaría con dinero legítimo, proveniente de la masa salarial, no del espúreo emisionismo pro planeroy las restantes e impías deformaciones del juego clandestino, mercadeo de narcóticos, ni los colectivos de invertidos, tendrían razón de ser.
 
Precisamente porque el ocio social que, hoy pulula por doquier, bueno, simplemente no tendría cabida en una Sociedad con pleno empleo.
 
Las protestas y anarquías citadinas de los piquetes, tampoco.
Ignoro si merced a estas simples ecuaciones, arribaríamos a un Mundo Felíz, pero de seguro, nos podríamos eyectar de la contemporánea cloaca argentina.
 
Estimados Lectores, contamos con todas las cartas del mazo, para ganar por supresión, esta partida entre fulleros, con simplemente, subordinarnos a una muy patriótica neo política desarrollista.
 
Tan cobarde y vilmente abandonada en marzo 28 de 1962, con el derrocamiento de Arturo Frondizi.
 
Pero claro, existen titánicas fuerzas que se anteponen a ese simple y rudimentario despegue.
 
Deviniendo la abyecta recua de políticos cómo la más interesada que de este brutal status quo jamás emigremos.
 
El pedorrismo, del todo afín al actual estado anárquico, porque de unos u otros, siempre cobran.
 
El sindicalismo, toda vez que, con esta postración, pueden y muy graciosamente, cobrar las no huelgas y en líneas generales, seguir manejando alegremente sus consorcios empresariales.
Y finalmente, el argentino promedio que es, bueno, simplemente un idiota útil.
 
Como podrán observar y serenamente, este simple y modesto proyecto no sólo es plausible, sino de enorme facilidad para comenzar a erigirlo, porque tenemos a la mano TODO LO REQUIRENTE, sin necesidad ninguna de importar tecnología ni recursos para cristalizarlo.
 
La dificultad infranqueable y que, hará permanecer a éste, mi módico ejercicio hipotético en otra más de las miles de quimeras que granjean nuestra anatomía, es la total imposibilidad de metabolizarlo entre la gente de bien.
 
Porque quienes así piensan, pues, NO TIENEN NI TENDRÁN PRENSA.
 
Ya que, el concurso de todos estos generadores e inoculadores de los carcinomas culturales que, de lleno impactan al muy debilitado cuerpo de la Patria, después de todo no es más que el hacedor de la…
ARGENTINA Y SU IMPOSIBLE RECONSTRUCCIÓN.
Colaboración :  Carlos Belgrano.-

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